Geografía de España I - La distribución de la población española
Curso gratis creado por Adela Girado. Extraido de: http://www.geocities.com/CollegePark/Pool/2741/
18 de Febrero de 2006
Geografía
28 - La distribución de la población española
La estructura de la población española presenta multitud de variantes en cuanto a composición por edades, diferencias de sexos, grados de envejecimiento, etc. estas diferencias están íntimamente ligadas no sólo con la distribución de los grupos humanos en el territorio, sino con el ritmo con el que se han producido los desplazamientos poblacionales; característicos en la segunda mitad del siglo en España, éstos se configuran como su fenómeno demográfico más significativo pese a la política de los primeros anos del régimen de Franco que defendió a todo trance la ruralidad, incluso en el preámbulo de la Ley del Suelo de 1956 se indicaba que la acción urbanística había de preceder al fenómeno demográfico, y, en vez de ser su consecuencia debía ser encauzada hacia los lugares adecuados, había de limitarse al crecimiento de las grandes ciudades y vitalizarse en cambio, los núcleos de equilibrado desarrollo en los que se armonizasen las economías agrícola, industrial y urbana formando unidades de gran estabilidad económica y social.
Sin embargo, la realidad fue otra y se produjo el paso de esas regiones homogéneas las que preceden a la industrialización, a la región funcional; de la aldea y la comarca como espacios de intercambios de autosubsistencia, a otras economías de espacios más abiertos, especializados.
En el mapa de densidades de España por términos municipales de 1991 vemos que aparece una correlación inversa entre altitud y ocupación del territorio por población: Pirineos centrales, Huesca, Lleida y parte de Navarra, el Sistema Ibérico, con los Cameros riojano y soriano casi vacíos, al igual que sucede con el sur de Zaragoza y alrededores de Teruel; la Cordillera Cantábrica, parte de la Penibética y del Sistema Central y en cierta forma Sierra Morena dan un conjunto de municipios donde las densidades están por debajo de los 5 hab./km2. Son las densidades más bajas: de España, junto con las grandes extensiones relativamente planas de las Submesetas norte y sur o el desierto monegrino, donde su carácter anacorético ha sido propiciado más por la escasez de precipitaciones y lo exiguo de los rendimientos agrícolas que por las dificultades de la topografía.
Hay que destacar un hecho en estos grandes vacíos poblacionales, y es que además de su vinculación íntima con un medio físico difícil, cuentan con un, segunda condición: el alejamiento de los grandes centros urbanos, pues la Cordillera Costera Catalana, parte de Cantabria y hasta incluso la Penibética que guardan aún mayores dotaciones poblacionales, es debido a las diferentes posibilidades que tiene el territorio en función del alejamiento o proximidad de los centros urbanos dinámicos.
Con densidades entre 5 y 10 hab./km2 siempre por debajo del nivel mínimo que garantiza una presencia eficaz del hombre en el territorio, aparecen el resto de los territorios castellano-leoneses y manchegos, con las excepciones en las cabeceras comarcales o centros de comunicaciones vitalizados por la red general de carreteras o por la presencia de algún río que garantiza mejores posibilidades para el regadío o desarrollo de otras actividades complementarias.
En el extremo opuesto pues, los grandes hogares poblacionales españoles de 1991 están en las zonas litorales, con alguna excepción, donde la montaña llega hasta el mismo mar, pero el resto puede afirmarse que toda la línea de la costa, tanto en el Cantábrico como en el Mediterráneo, presentan valores superiores a la media nacional (80 hab./km2), mientras que los valores superiores, por encima de los 500 hab./km2 se dan en espacios clara mente urbanos, en las aglomeraciones: madrileña, catalana, gran parte del país valenciano, toda la Costa del Sol, Bahía de Cádiz, entorno sevillano y eje del Guadalquivir, Rías Bajas gallegas y bahía de La Coruña, Asturias o el P. Vasco, Zaragoza, algunas ciudades castellano-leonesas.
Estos mapas es un modelo gravitatorio en que cada célula contable de 5 x km. se referencian dos sumandos: l) la población efectivamente residente 2) un número teórico que mide la posible influencia que en razón de su proximidad o lejanía de las grandes concentraciones demográficas, recibe cada una de las células contables.
De esta manera se consigue una clasificación. en la que pueden diferenciar se
– los espacios de gran fuerza poblacional per se y que corresponden con las grandes concentraciones demográficas;
– espacios con bajas densidades poblacionales y alejados de espacios urbanos
– los que aún contienen do bajas densidades, sin embargo, por su proximidad a los grandes hogares de la población española, pueden recibir efectos inducidos de aquellos y o los comprendidos en situaciones intermedias.
Con estas claves se pueden distinguir a) las grandes dasicoras, aerocoras anacoras de la población española; b) las áreas de influencia teórica de las grandes metrópolis y c) los grandes ejes en torno a los cuales se articula la distribución de la población española.
Las diferentes Comunidades Autónomas han experimentado variaciones substanciales en su comportamiento migratorio a 1 largo del periodo (1971/1986) tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. Entre 1970 y 1975 son Cataluña y Madrid las grandes receptoras, con cerca de 200.000 inmigrantes de saldo, luego Valencia con algo más de 100.000 y el P. Vasco y provincias insulares, mientras que los principales proveedores de emigrantes eran Andalucía, Castilla Mancha, Castilla-León y Extremadura.
En 1980 era la Comunidad madrileña la que recibía mayores contingentes poblacionales, pero en una proporción inferior al quinquenio anterior, aventajando Valencia a Cataluña y cambiándose el signo migratorio en el P. Vasco mientras continuaba con cierta moderación su ascenso Baleares y Canarias, siendo Andalucía, Castilla y Extremadura los grandes proveedores tradicionales de inmigrantes, pero ahora con menor intensidad que al principio de los 70.
A principio de los 80 Andalucía, la Comunidad Valenciana y Madrid pasan a ser por este orden los principales receptores, siendo lo más sobresalen te el cambio de signo operado en el sur de España; Extremadura casi llega equilibrar sus saldos migratorios y Murcia refuerza su tendencia positiva, así como también Galicia, Navarra, La Rioja, Aragón, Asturias, etc. que junto con las Islas describen los espacios dinámicos quedando definitivamente relegado el P. Vasco a su papel migratorio, en el que ahora le acompaña Cataluña y Castilla.
De lo que puede denominarse la España dinámica en el sentido demográfico podrían destacarse 3 componentes esenciales
– La consideración del eje mediterráneo y su continuación por la costa atlántica en toda la Andalucía Occidental. Este eje sólo aparece interrumpido allí donde el relieve y la ausencia de núcleos urbanos rectores impone sus limitaciones, como ocurre en la Costa Brava, desembocadura del Ebro y Maestrazgo castellonense, o los sitios en que el Sistema Penibético se acerca en Almería hasta la misma línea de costa, cerca del Campo de Dalias.
– El gran peso que Madrid sigue teniendo en la dinámica poblacional de la España interior peninsular, pues aunque es cierto que Madrid ha perdido población, su área metropolitana es uno de los espacios con mayor índice de crecimiento de la Península.
– Existencia de pequeños centros urbanos dinámicos dispersos por todo el territorio nacional, se corresponden casi siempre con capitales de provincia o núcleos urbanos de importancia.
Estos tres apartado puede verse participan del denominador común de continuar en la tendencia a la concentración urbana que fue la tónica dominante durante las décadas de los años 50 y 60. observando la distribución de estos espacios interiores de dinámica positiva aparecen una serie de ejes interiores que se apoyan en los espacios urbanos y que no tienen la continuidad del eje mediterráneo, pero en los que necesariamente debe cimentarse la organización del territorio español. Entre estos ejes interiores estarían: los del Ebro y Guadalquivir, el que enlaza Francia con Portugal por Vitoria, Burgos, Valladolid, Salamanca; el que va desde Asturias Galicia a Madrid por León y Valladolid, o el que conduce siguiendo la autopista gallega desde Vigo a la Coruña. Hay otros ejes dinámicos menores, la Vía de la Plata, el Cantábrico y otros aún menores.
El Eje del Corredor del Ebro es excesivamente puntual en sus desarrollos positivos que quedan reducidos a las ciudades, y entre Zaragoza y Logroño falta vitalidad demográfica. Sólo algunos núcleos como Tudela, Alfaro, Calahorra o Arnedo presentan valores superiores a la media nacional del período. Por otra parte tiene una cierta discontinuidad, y entre Zaragoza y Fraga queda roto por todo el desierto monegrino. Además, es excesivamente estrecho aunque hay otra serie de subejes paralelos (Somontano oscense) que pueden complementar dicha demografía.
El Eje del Guadalquivir, de gran dinámica y fuerza poblacional entre la desembocadura del río y Sevilla, se desvirtúa entre la capital hispalense y Córdoba y casi desaparece en su tramo superior, aunque los datos de los últimos años parece están cambiando a un mejor ritmo, tanto por la disminución de los movimientos migratorios como por la economía de subvenciones que acaba fijando la población al territorio en época de crisis, pero después de este aislamiento del alto Guadalquivir se entra en pujante eje mediterráneo que tiene en Alicante y Murcia los espacios más dinámicos del conjunto peninsular en la década de los 80.
El Eje Francia Portugal a través de Valladolid, centro a su vez de la comunicación con el Cantábrico por León, deja también entrever muy claros vacíos poblacionales, al igual que sucede con el eje que une Asturias con Madrid o Galicia con Madrid. Todos ellos tienen en común atravesar uno de los espacios más regresivos de la España Peninsular. Interesa destacar que este eje Francia Portugal a través de Burgos, Valladolid y Salamanca tiene una fuerza poblacional y una dinámica de la que carece la pretendida conexión Madrid Lisboa. Pues también desde Portugal se reconoce la conveniencia y mayor operatividad de esta unión a través de Oporto, antes que la de Madrid Lisboa en la que además de atravesar un vacío demográfico similar al de los páramos y campiñas castellanos, en este último eje ni siquiera existen núcleos urbanos dinámicos en los que se pueda apoyar.
El Eje Norte Sur de la Galicia costera también queda reducido a núcleos puntuales dinámicos en Vigo, Santiago y La Coruña, pero tiene la ventaja de atravesar espacios de grandes densidades poblacionales, lo que no se da en el eje de la Vía de la Plata, donde no se dan poblaciones dinámicas positivas y por ello, aunque sea de importancia para la repoblación del territorio nacional probablemente va a sufrir una dura competencia desde el eje atlántico que se configurará a lo largo de la Andalucía Occidental para engarzar con Galicia por la costa lusitana.
Se llega a la conclusión de que mientras que todos los ejes mencionados están apoyándose en núcleos urbanos dinámicos, el eje mediterráneo es un continuo de células contables, todas con una dinámica superior a la media española.
En el lado negativo llaman la atención, además de los ya conocidos vacíos demográficos de ambas Castillas, Extremadura y Aragón, los de la Galicia interior y Alto Guadalquivir, donde continúa, aunque lento, el proceso migratorio en un goteo poblacional, donde los medios rurales agrícolas no ofrecen alicientes para los más jóvenes.
También llama la atención el fuerte descenso de la Cornisa Cantábrica, en concreto Guipúzcoa y Vizcaya, así como la mayor parte de Asturias con sectores industriales y extractivos básicos de incierto futuro. También las zonas de topografía más difícil de Canarias, que no han podido competir con los núcleos turísticos de la costa. Entre las que tienen un comportamiento negativo, vale la pena diferenciar al menos dos casos:
– las regiones que en 1970 tenían un fuerte potencia poblacional (Galicia interior, Andalucía del Alto Guadalquivir, ambas Castillas y Extremadura)
– aquellas otras que ya en 1970 casi se habían vaciado de su contenido demográfico (como sucede en buena parte del Aragón pirenaico y turolense), donde lógicamente el ritmo de disminución ha sido menor por el propio agotamiento al que habían llegado. Las estructuras demográficas resultantes en ambos casos, dentro del envejecimiento general siguen presentando diferencias y el ritmo de abandono de pueblos es muy superior en estas últimas; en las primeras aún hay sitios, como en la Galicia Costera, que aún pueden seguir expulsando población si continuara las tendencias hacia lo urbano que parecen caracterizar nuestra sociedad.
Como norma general puede afirmarse que los espacios urbanos presentan ritmos positivos siempre y cuando se encuentran en espacios que en conjunto pueden definirse como positivos, pero también pueden darse casos de ciudades de tipo medio cabeceras comarcales, que después de aglutinar en un primer momento la emigración de su comarca, con crecimientos positivos, se encuentran ahora en trance de recesión por el envejecimiento producido.
En las grandes ciudades españolas, entre 1970 y 1991 se ha producido una reducción de sus efectivos demográficos, tendencia que continuaba entre 1981-91, de tal forma que los 6 mayores municipios españoles que pasaban de medio millón de hab. en conjunto habían perdido peso en el conjunto nacional (un 1%) mientras que había un incremento sustancial (2%) respecto al total español en el grupo de los de 100.000 a 500.000 hab. aunque esto quizá sea debido en parte a la incorporación estadística de algunas nuevas ciudades (de 44 en 1981 a 49 en 1991)
Las principales disminuciones ya no han afectado, como era lógico, a las Comunidades que habían sido las principales proveedoras de emigrantes en los periodos anteriores, y esto es as porque muchas de ellas habían quedado ya vaciadas de su población en fases anteriores y además ahora tienen densidades inferiores a 5 hab./km2 y de población envejecida.
Otra cosa que también llama la atención es el freno producido en el proceso migratorio y el cambio de signo operado, que en algún caso guarda relación con las diferentes políticas de ordenación territorial, el caso andaluz es paradigmático.
Otra reflexión podría ser el que el crecimiento actual se localiza en el entorno de las ciudades grandes o medianas y es porque se ha producido una disminución de los movimientos campo ciudad, pero un incremento de la importancia de desplazamientos interurbanos que está alcanzando habitualmente a los municipios situados en la isocrona de una hora (distancia a la ciudad), lo cual se traduce en una pérdida de importancia de los desplazamientos definitivos que han sido sustituidos por un incremento de la movilidad ésta afecta no sólo a los puestos de trabajo, sino a la distribución de los equipamientos; esto aclara o explica que cada vez sean más frecuentes los recorridos discrecionales de autobuses para alumnos de institutos, universidades, diferentes colectivos de trabajadores, etc.
Todo ello incide directamente sobre la estructura y el dinamismo del sistema de asentamientos y sobre la estructura interna de nuestras ciudades.
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