El turismo surge de la existencia misma de recursos naturales y socioculturales y en consecuencia, depende más de cualquier otra actividad de la calidad del medio ambiente. Prevalece una interpretación del territorio y de los recursos como un bien de consumo. No ha habido estrategias globales de planificación turística y, en consecuencia, no se han planteado las repercusiones territoriales y medio ambientales que podían haber previsto el impacto futuro de la actividad.
Se plantea la conveniencia de establecer una planificación regional integrada que permita :
• La optimización en el uso del suelo.
• La compatibilidad entre actividades.
• La preservación de áreas singulares.
• La definición de umbrales de actividad y de capacidad de acogida turística,
• La asignación de recursos básicos, con el objetivo de maximizar los efectos sociales del desarrollo regional desde verdaderas estrategias ambientales.
Desde el punto de vista del análisis geográfico, se entiende el turismo como factor que da sentido y permite el entendimiento de la compleja organización del espacio en las áreas receptoras.
En consecuencia, son las áreas insulares y las costas mediterráneas las que presentan la mayor complejidad, derivada de la masividad, presentándose de forma desordenada la ocupación turística.
Pero no hay que olvidar el interés del poblamiento turístico en zonas de montaña (Pirineos, cordillera Cantábrica, Sierra Nevada, cordillera Central), en zonas de segunda residencia (sierra de Madrid) o a menor escala, las especializaciones como núcleo de verano de municipios interiores ante el aumento de una demanda urbana próxima.
Se debe valorar las formas de estructura preturística a la hora de configuración de un nuevo modelo de organización territorial y urbana.
Tanto en las costas mediterráneas como en las comunidades insulares, la implantación y cotización de la oferta, con carácter masivo, ha estado guiado por las imposiciones de la demanda y la lógica de los agentes sociales, especialmente de los promotores inmobiliarios, ya que los empresarios del sector se concentran en núcleos como Benidorm, Torremolinos, Sitges, etc.
Pero escasean las intervenciones directas en planificación de áreas turísticas. El papel del planeamiento urbanístico municipal, como instrumento de regulación del suelo, se ha limitado al de una normativa para la transformación inmobiliaria.
La realidad del urbanismo turístico ha sido un proceso continuado de configuración de áreas pseudourbanas que llevan a hablar de verdadera instrumentación del turismo por el sector inmobiliario.
Las repercusiones económicas han centrado las preocupaciones sobre el turismo, pero los efectos negativos de la incidencia medio ambiental no se han hecho esperar tras la fase expansiva. Cristaliza de este modo una conciencia ambiental, pero se ha llegado a hablar del turismo como actividad autodestructora aunque no es más dañino en sus efectos ambientales que otros usos; el problema está en la falta de planificación y de previsión de sus impactos, a lo que no son ajenos la permisividad de la Administración, la obsolescencia de la anterior legislación y el papel de los agentes económicos que quieren rentabilizar a corto plazo sus inversiones.
Entre las actividades turísticas y el medio ambiente existe una relación bidireccional que introduce un enfoque peculiar respecto a los impactos que generan otras actividades económicas.
Entre las medidas que componen una estrategia ambiental para el desarrollo turístico se integran las siguientes actuaciones:
– Elaboración de directrices territoriales, con criterios de asignación de uso del suelo, densidad, índices de ocupación y asignación de uso del suelo, densidad, índices de ocupación y límites de capacidad de acogida del territorio.
– Valoración de impacto ambiental, mediante la Técnica de Evaluación de Impacto Ambiental, Integración del análisis coste-beneficio en los proyectos.
– Preservación de identidades territoriales, paisajísticas, culturales del área afectada.
– Integración del turismo en otras actividades productivas.
– Mejora de la escena urbana, equipamientos y espacios libres en áreas congestionadas.
– Solución adecuada a los problemas de dinámica litoral, mediante prohibición de transformaciones que alteren el perfil costero.
– Puesta en marcha de medidas correctoras para sanear espacios deteriorados: infraestructuras, regeneración paisajística, recuperación de fachadas marítimas, control de vertidos.
Estos supuestos constituyen los principios del desarrollo sostenible SUSTENIBLE TOURISM que supone la definición de criterios y principios para un turismo respetuoso con el medio ambiente, como fundamento de su propio futuro.
Los estudios realizados sobre regiones y áreas turísticas muestran la incidencia, más o menos directas del desarrollo del turismo, como conjunto de actividades económicas, en el crecimiento de la población.
La caracterización demográfica de áreas turísticas deberá prestar atención a las tasas de crecimiento de la población, pero también a los saldos migratorios, estructura por edades y composición socioprofesional de la población activa.
Se ha utilizado el ejemplo de la Costa Blanca, espacio consolidado por el turismo, que integra diferentes modelos de desarrollo, desde el citado Benidorm, hasta núcleos convertidos en residencia de la tercera edad europea. En esta zona la razón básica del incremento de la población ha sido la irrupción del turismo. En 1960 esta franja litoral concentraba el 47,8% de la población absoluta de la provincia y en 1986, los mismos municipios alcanzaban el 60 % del total de la población. El aumento responde a las siguientes situaciones:
– ruptura del modelo económico tradicional (a decir, combinación del detrimento de la actividad marítima y pesquera).
– ausencia de una agricultura rentable y modernizada.
– escasa mano de obra en las explotaciones salineras.
Tal situación impulsaba a los efectivos humanos a la emigración bien a Europa o a las ciudades alicantinas en pleno auge fabril (Elche, Elda, Alcoy).
El despegue poblacional de los diferentes municipios turísticos litorales no se produce en el mismo momento. Benidorm se adelanta al resto de su propia comarca; quiere esto decir que el despegue de población se vio favorecido y beneficiado por la atracción de mano de obra en la construcción y los servicios turísticos, mientras que el tramo sur de la franja costera inicia su auge en el decenio de los años sesenta, para reafirmarse en los ochenta.
Lo verdaderamente importante es que el éxodo migratorio de la etapa anterior, se transforma, con el turismo en un aporte de inmigrantes.
El turismo invertía el proceso, de manera que el aflujo de inmigrados y el propio crecimiento vegetativo, disparan las tasas de crecimiento de la población, que llegan a situarse por encima de las tasas que generaba la industria en otras ciudades.
Los movimientos migratorios son la clave del proceso de transformación de la estructura sociodemográfica, pudiéndose distinguir:
– municipios con índices de atracción muy altos (superiores al 31%)
– moderados (16-30 %)
– débiles (menores de un 16%)
Pero desde la perspectiva de la incidencia demográfica del turismo, interesa resaltar la existencia de dos corrientes inmigratorias paralelas, que han llevado a distintas repercusiones económicas y sociales:
– los grupos de adultos jóvenes y
– los flujos de inmigrados que incrementan los grupos de adultos viejos o mayores de 65 años.
En el primer caso se trata de la atracción de población por motivos laborales. Geográficamente centrado en regiones más atrasadas, con altas tasas de natalidad y fecundidad. Se trata de la mano de obra del turismo, dedicada a la actividad de los servicios turísticos y la construcción.
En el segundo existe otra corriente de foráneos que se establecen permanentemente en el litoral, atraídas por motivos de ocio, terapéuticos o empresariales. Proceden de las zonas más desarrolladas de España y también del extranjero. Su comportamiento demográfico resulta diferente al de los municipios con inmigrados laborales.
Es particularmente notable el volumen de inmigrados extranjeros, atraídos por factores ambientales o por el mismo negocio turístico.
Por último, es muy significativa su incidencia en la composición socioprofesional de la población activa, ya que más de la mitad de la fuerza laboral está integrada por inmigrados.
En la distribución sectorial, los municipios costeros albergan porcentajes de ocupación en los servicios por encima de la media provincial; lo mismo ocurre en el subsector de la construcción. Pero los efectos del mercado de trabajo del turismo se difunden hacia la zona interior de la provincia. Surge así el espacio llamado "segunda línea", que es la reserva de fuerza laboral, mientras que en la costa el sector terciario es el más dominante.
Las políticas de intervención deben partir de un criterio global y multidimensional del turismo. De ello derivan dos hechos esenciales:
– Si enfocamos el turismo solamente hacia la hostelería, sería limitado y no nos darla idea de la importancia del tema.
– las variables de análisis del turismo son diversas y requieren un enfoque integrado de la planificación del turismo
En consecuencia, es función de la política turística ordenar la oferta para adaptarla a las expectativas que se presentan y aumentar la cuota de mercado de nuestros productos turísticos.
Los objetivos prioritarios en materia de desarrollo turístico se concretan en:
– Distribución de los beneficios entre la población autóctona, impidiendo que las ganancias escapen a un lugar diferente de donde se generan,
– La estrategia del desarrollo turístico debe tender a hacer máximos los efectos sociales, de modo que se beneficie a la población y no solamente a los grupos inversores.
– La competitividad hará que, en el futuro, se basará la calidad ambiental. Las nuevas pautas del consumo turístico supondrán la utilización de conceptos como el de capacidad de acogida del territorio, el impacto de las actuaciones, las soluciones restrictivas y de control, la ecointegración de los nuevos desarrollos, la repercusión del paisaje, y sobre todo, la necesidad de hacer compatibles los recursos medioambientales y desarrollo del turismo, Aunque es evidente la aportación económica turística.
– Necesidad de controlar la expansión de las áreas turísticas, regulando el uso del suelo. Esto incluye la asignación de recursos básicos (agua) y la compatibilidad con otras actividades (agricultura).
La consecución de estos objetivos y su coordinación se enmarcan en una planificación a escala regional. criterios físico-ecológicos, administrativos, conjunción de intereses públicos y privados, son razones que sustentan el apoyo de los objetivos anteriormente señalados.
Por todo ello, son necesarias intervenciones en organización del territorio, medio ambiente, transportes, etc. Todos estos cometidos deberán estar contenidos en la política turística. Dos aspectos que no deben ser olvidados porque repercuten de manera decisiva en la calidad de los servicios turísticos son:
– La formación de recursos humanos,
– Las nuevas Tecnologías, en colaboración con centros de investigación, así como el reciclaje tecnológico, que es una de las claves de la modernización de la industria turística.
En conclusión: el modelo de crecimiento de la demanda, desde los años 60, constituye una de las claves del desarrollo económico español y de transformación de la estructura social.
La política turística ha de articular las actuaciones, reconociendo en los recursos, los puntos débiles y fuertes para definir un modelo turístico alcanzable a partir de una demanda que sea potencialmente alcanzable.
Por último: cada vez está más claro que el medio ambiente será el elemento nuclear de la planificación turística. Se impone una nueva cultura de consumo turístico, sobre la base de desarrollo sostenible de la actividad, cuyas premisas son:
– La integración territorial
– La evaluación de la capacidad de recepción turística, ambos aspectos entran de lleno en el ámbito geográfico.