El principal impulso del turismo de masas es la búsqueda del sol y la playa "mediterránea", además de otros factores estructurales.
El factor que explica el reparto de regiones y zonas turísticas es el factor de localización geográfica, que engloba el componente ambiental climático. De ahí la preferencia por unas regiones y zonas turísticas .
Estas razones son de tipo externo y justifican las preferencias por España en comparación con otros países. El atractivo cambio a "sol y costa", otro componente ocupación de espacio y calidad de alojamiento más la importancia de las comunicaciones.
La finalidad está en un turismo cualitativo
La potencialidad turística de un país o región suele venir expresada a partir de la cifra de plazas disponibles que se agrupan en hoteleros y extrahoteleros:
– HOTELEROS; se diferencian los hoteles, los hostales y las pensiones.
– EXTRAHOTELEROS; campamentos turísticos, apartamentos y viviendas de uso turístico. El nº de plazas extrahoteleras es menor que la oferta real pero a través de la Secretaria General de Turismo se ha calculado un nº superior a dieciséis millones de plazas extrahoteleras no legales en las que hay que agrupar todas las viviendas de “real uso turístico" entendidas como tales aquéllas que sin formar parte de un establecimiento comercial, son usadas de forma continua o espontánea como segunda residencia o como alquiler turístico.
La oferta de alojamiento en España para 1991 sumaba más de 975,000 plazas en establecimientos hoteleros, 578.278 en campamentos de turismo y 16 millones en viviendas de "real uso turístico”. Esto significa que el grueso de la oferta no esta controlada oficialmente, porque escapa al ámbito administrativo turístico y constituye un grave problema para el sector a consecuencia de la competitividad que se desarrolla de forma desleal.
La evolución, explotación, gestión, y expectativas futuras de todos los grupos de oferta son bastante diferentes, a saber:
– La función hotelera de las zonas turísticas (áreas costeras) atraviesa malos momentos; se ha llegado a decir que la crisis del turismo exterior es en realidad, la crisis de los hoteles de playa, Causas: la obsolescencia y escasa renovación de la industria hotelera a lo largo de los años pero pesan otros factores como dependencias respecto a los “TOURS OPERATORS” y su sistema, que consiste en el abaratamiento de los precios, exigiendo mejores prestaciones. De ahí el deterioro en la calidad en la mayor parte de los establecimientos turísticos.
También hay que añadir la competencia desleal de apartamentos y viviendas turísticas, que no tienen control legal sobre ciertos hoteles de Canarias, Valencia y Cataluña, de ahí su estancamiento.
La caída mayor se produce en establecimientos de menor categoría, mientras crecen los de tres estrellas oro, que gracias a las ayudas de los Ayuntamientos. mejoran su calidad.
En establecimientos de superior categoría, la disminución es debida a la competencia de otra ofertas extrahoteleras para el turismo de más calidad.
Toman auge las grandes cadenas de empresas hoteleras. Por lo que atañe a la oferta extrahotelera no declarada (viviendas y apartamentos de real uso turístico) constituye el gran volumen de las plazas ofertadas, que actúan en relación con el turismo nacional y extranjero. El crecimiento de estas oferta presenta una directa vinculación con la construcción y la promoción inmobiliaria que se disparó entre 1985 y 1989, en un proceso conjunto de demanda autóctona y especulación inmobiliaria, que genera construcción de conjuntos residenciales y bloques de apartamentos en áreas costeras. En este tema no son ajenas las inversiones de dinero negro procedentes de otras actividades.
Por último, hay que prestar atención en el análisis global de la oferta, al incremento de plazas en campamentos turísticos a lo largo de los últimos 15 años, colmatándose un crecimiento del 2608% entre 1976 y 1989, en el que sobresalen Cataluña y la Comunidad Valenciana.
El papel de las Comunidades del área mediterránea en la oferta turística es evidente, ya que Baleares, Cataluña, Valencia y Andalucía suman el 67,4% del total de las plazas hoteleras de España. A ello hay que añadir un 658% de los alojamientos extrahoteleros no legales.
Canarias concentra casi un 10% de plazas de alojamiento en hoteles y un 8% de extrahoteles (fig. 9.5,)
El resto del alojamiento turístico se reparte de forma desigual entre las regiones atlánticas y cantábrica, y en el interior.
Como única excepción los campamentos de turismo distribuidos por todo el litoral español, con un 39% de las plazas en Cataluña. El resto de las mismas no pertenecen a ninguna Comunidad Autónoma.
Otro indicador que confirma la especialización turística, a escala regional, son las pernoctaciones en establecimientos hoteleros, la zona que más se dedica a este tipo de turismo es Baleares, con el 213 % de las pernoctaciones.
La acusada especialización del Mediterráneo y las islas está basado en los componentes físico-ecológicos de renta de situación de estas zonas respecto a los países emisores, pero es necesario profundizar en los factores económicos y territoriales que explican la desigual distribución interna de la oferta en ese ámbito, por tanto, evaluaremos los siguientes factores:
– La accesibilidad (necesidad de buenas infraestructuras en comunicaciones):
Si comparamos el litoral de Murcia y la costa oriental de Andalucía, frente a la Costa Blanca alicantina, esta última cuenta con grandes ventajas por la autopista A7 y el aeropuerto internacional, haciendo de Reino Unido su mejor mercado. Lo mismo ocurre con Cataluña, que se benefició de la proximidad de Europa por carretera y su aeropuerto de Barcelona.
Aunque la conexión entre países emisores por vía aérea no es determinante en las costas mediterráneas, puesto que el papel principal para el turismo, parece estar desempeñado por la carretera. Ejemplo de ello es el eje que supone la N-340, con trazado a lo largo de todo el litoral mediterráneo.
– La propia imagen social de algunas ciudades españolas: ya desde el siglo XIX se configuran como núcleos de veraneo para la clientela nacional. Es el caso de San Sebastián y Santander en el Cantábrico. Estos casos, sobre todo en los mediterráneos, suponen unos importantes focos emisores que se vinculan a los habitantes de Madrid, con el ferrocarril como punto favorecedor.
Pero todos estos factores aunque son relevantes de por sí, no explican los contrastes de ocupación que se observan desde Cataluña a Málaga. La respuesta a tales contrastes vendrá condicionada por la estructura preturística, porque la especialización es consecuencia directa de la debilidad de la base económica existente en cada zona. De ahí que las zonas de regadío, especialmente el naranjal, rechazaron el cambio de un sector seguro y capitalizado más rentable y que comportaba la venta de tierra, como sucede en Valencia desde Castellón a Gandía.
Las áreas de secano, con escasos rendimientos, y las áreas marítimas que mantenían problemas de emigración, interpretaron el turismo como panacea y volcaron la explotación de esta actividad, que se convertía rápidamente en el elemento de transformación del uso del suelo.
– La Costa Brava es la principal zona turística de Cataluña tanto en oferta de playas como por la concentración de la mayor parte de afluencia extranjera. Los servicios de ocio y tiempo libre se refuerzan por la proximidad de Barcelona.
La mayor especialización corresponde a la comarca de La Selva, donde se da un importante fenómeno de concentración en playas y contiles (Platja de Aro, S. Feliú de Guisols y Lloret de Mar). Dándose en algunas zonas ocupaciones más selectivas asociadas a equipamientos náutico-deportivos.
– Hacia el sur de la aglomeración de Barcelona se desarrolla un espacio turístico que se extiende por la Costa Dorada, desde Garraf hacia Sant Salvador. En Tarragona es importante la ocupación turística en municipios como Salou y Cambrils. En la desembocadura del Ebro el desarrollo turístico es muy débil por el momento.
– En la Comunidad Valenciana el espacio turístico se reparte de manera desigual entre el N. de Castellón, pero aquí, el espacio más significativo es la Costa Blanca o litoral levantino, Aparece segmentado entre el tramo norte: la Marina especializada en turismo extranjero residente en Jávea, Moraine, Calpe, Altea, y además itinerante (Benidorm), y el sur, hasta Torrevieja, zona de segunda residencia para las clases medias madrileñas.
– En la región de Murcia, decrece la especialización turística del Mediterráneo, El único espacio importante el la Manga del Mar Menor, relacionada con clientela nacional en aumento.
– Andalucía ha experimentado un crecimiento desbordante de su espacio turístico costero en los últimos diez años, situándose en el tercer puesto en alojamiento hotelero y extrahotelero. En esta comunidad las áreas turísticas están perfectamente diferenciadas, interiores y costeras. Las provincias interiores de Jaén, Córdoba, Sevilla y Granada [[#_ftn1 [1]]], suman el 24,6 % de las plazas hoteleras, por el atractivo histórico de sus ciudades y el crecimiento de la capital autonómica a raíz de la Exposición Universal celebrada el 1992.
La Andalucía mediterránea representa casi el 70% de las plazas de alojamiento hotelero; el restante 15% corresponde a Cádiz y Huelva. Es importante destacar el papel de los parques naturales en el interior.
Galicia: su ocupación turística es aún reducida, ya que no responde a las motivaciones del turismo masivo. Sus 34.000 plazas hotelera satisfacen una demanda en pleno crecimiento, ya que cuenta con gran variedad de recursos naturales, históricos y culturales, Más del 90% de las plazas están en municipios costeros, especialmente en las rías bajas y altas. También se da una importante concentración en Santiago de Compostela, centro de peregrinación. El alojamiento combina núcleos de segunda residencia con un aparato hotelero de dimensiones familiares.
– El litoral Cantábrico, desde la costa de Lugo hasta Castro Urdiales, ha experimentado un realzamiento reciente, que responde a una sensibilización por el medio ambiente. Se valora el paisaje rural y natural de las áreas costeras e interiores.
El turismo constituye una alternativa a la decadencia de estas zonas y a la crisis industrial. Prueba de ello es el auge veraniego de centros como Castropol, Luarca y Cudillero en la costa occidental asturiana y Llanes y Ribadesella en la oriental. se registra un gran éxito en el turismo rural en comunidades interiores (Taramundi). Zonas importantes de Cantabria: Liébano, villas costeras de San Vicente de la Barquera, Santillana del Mar, Santoña, Laredo y Castro Urdiales, además de la propia capital y los Picos de Europa.
En su conjunto Asturias y Cantabria suman menos del 3% del total de plazas hoteleras, pero se reafirma una tendencia clara al crecimiento que no se ceñirá exclusivamente al litoral.
– De entre las comunidades interiores, conviene destacar el papel de Madrid, cuya función hotelera responde a su papel de capital administrativa y económica. Adquiere gran importancia el turismo cultural y de convenciones, Otro centro interior de importancia es Salamanca con más de 5000 plazas y Toledo con casi 4700.
– Las estaciones invernales: tienen especial interés Granada (Sierra Nevada), Lérida y Huesca (en esta ciudad se registra el 36% de plazas en todo Aragón, al integrar los municipios pirenaicos de Jaca, Sabiñánigo, Ainsa y Benasque).
En suma es previsible el incremento de la dedicación turística de las comunidades de Galicia, Asturias y Cantabria donde se combinan distintos recursos. Al mismo tiempo se estanca la oferta en el Mediterráneo, algunas de cuyas áreas necesitan una verdadera reconversión.
[[#_ftnref1 [1]]] Sierra Nevada: estación de invierno