Condicionadas por la CEE y GATT se producen una especialización productiva regional y comercial: seguir las actitudes de cada espacio, potencial ecológico demográfico y técnico.
España a pesar de contar con una población agraria de las más cuantiosas de la CE, ha sido durante largos años incapaz de satisfacer la demanda interna, debiendo importar grandes volúmenes compensado en parte con la exportación de frutas y hortalizas, aceites, vinos, de manera que desde 1964 el comercio exterior ha sido deficitario.
Por lo que respecta al consumo, es evidente el cambio experimentado en la dieta alimenticia a favor de los productos proteicos y dejando más al margen los feculentos. El cambio ha sido tan importante que podemos hablar de una modernización de la dieta.
Aumentan aquellos alimentos que se consideran de mejor calidad desde el punto de vista gastronómico y social. Han descendido el azúcar, patatas, carnes grasas (cerdo). Se ha mantenido el aceite de oliva y los huevos han retrocedido levemente.
Resumiendo: se observa un estancamiento de la demanda, salvo en productos de calidad con denominación de origen o con cierto grado de elaboración industrial.
En los valores de PFA, es destacada la participación valorativa del sector ganadero, con un porcentaje del 40%, frente al 50% del forestal y al 55% de la agricultura, que es el grueso productivo.
En lo anteriormente expuesto entendemos que la agricultura española está minusvalorada pero en términos absolutos, el producto interior bruto agrario a precios constantes se ha multiplicado por 1,49% en 1990, ocupando la tercera posición en la Europa Comunitaria.
No todas las regiones tienen la misma producción pues difieren bastante unas de otras. El Levante participa con unos elevados porcentajes en la PFA por su producción de frutas y hortalizas. También debemos mencionar a Cataluña como una de las regiones de mayor rendimiento por has. y mayor aportación al PIB nacional.
El comercio exterior ha variado poco, tanto en cuantía como en dirección. Seguimos exportando hortalizas, frutos frescos, aceites y vinos.
Importamos maíz y soja, madera, tabaco, textiles, leche y carne. Ha crecido la importación de trigos blancos de la CEE y animales vivos. Disminuye el maíz americano.
– Las producciones forestales y el estado de los montes.
Los montes han significado muy poco en el conjunto del producto agrario (4% de PFA) y del que 2,5% corresponde a maderas y el 0,9% a caza y pesca. Adquieren una importancia fisionómica extraordinaria. Por herencias del pasado la imagen de España es la de un país desolado; esto ha influido en la actualidad de cara a la producción forestal, insuficiente porque el grado de autoabastecimiento en madera y leña oscila en torno a un 75%, de modo que cada año se importa alrededor de una cuarta parte de la madera consumida, de ahí el desequilibrio en la balanza comercial agraria.
Las principales partidas de importación corresponden a las coníferas de latitudes frías o a las frondosas latitudes tropicales.
En la producción nacional predominan las maderas destinadas a serrerías y chapas.
Estos datos ponen de manifiesto la pobreza económica del sector forestal nacional y su escaso grado de desarrollo, aunque en los últimos años se ha advertido un importante progreso en las frondosas de rápido crecimiento como los chopos. Es previsible un aumento de la producción de frondosas junto con la de coníferas.
La repoblación forestal se centró en los años cincuenta y sesenta efectuándose una media de casi 100.000 ha/año entre 1952 y 1984, sobre todo el avance ha sido importante en las coníferas sobre las frondosas. Pero es de destacar la devastación ocasionada por los incendios, que han llegado a destruir la mitad de las hectáreas repobladas.
La superficie forestal alcanza casi 23 millones de ha, de las que tan sólo 7,5 millones corresponden al bosque y el 15% está poblado de arbustos y matorral. El terreno forestal se distribuye entre 2 millones de ha. de frondosas frente a 5,5 millones de coníferas. Las mejores masas de frondosas autóctonas se encuentran en los Pirineos y Cordillera Cantábrica; es decir, en los terrenos más ásperos y fríos de la España atlántica.
En las áreas de transición dan paso a los bosques capaces de tolerar cierta aridez estival, como los rebollares. El escaso valor económico de estas especies está causando lamentablemente su retroceso, también influye en ello el escaso valor de su madera. De ahí que estos montes tengan más valor cinegético y de pastos que maderero, en contra de lo que sucede con el eucalipto y los pinares.
El pino más extendido en España es el pino pinaster o resinero, seguido del halepensis y del silvestris. Los dos primeros son pinos mediterráneos, de lento crecimiento pero resistentes al frío y a la aridez. En Galicia, sin embargo, encuentran buenas condiciones para se desarrollo. En las Cordillera Central e Ibérica se desarrolla el tipo Valsaín
Los montes eran utilizados tradicionalmente para pastos libres y su repoblación ha dado lugar a conflictos sociales resueltos a menudo incendiando los montes.
– Producciones y espacios ganaderos de España.
Según el Censo Agrario de 1989, España disponía de un total de 8,9 millones de unidades ganaderas (cada unidad ganadera equivale a unos 500 kg. de peso vivo: una vaca lechera representa 1 UG; una oveja=0,1 UG; una cerda madre=0,5 UG; una gallina 0,014 UG) de las que un 36,6% correspondían al bovino, un 18% al ovino, un 28% al porcino y otro 11% al aviar.
Se mantiene la preeminencia del bovino, pero con un gran peso en la ganadería industrial -porcino y aviar-, que representan la principal fuente de abastecimiento de carne en el mercado español.
La ganadería industrial adquiere una gran importancia en la economía agraria de Cataluña destacando el porcino y el aviar, además de cebaderos y terneras. Esto se debe a la integración de capital por empresas agroalimentarias, que aportan la materia prima, lechones y pollitos para el engorde, y pienso; mientras el ganadero pone el establo y el trabajo. Esta ganadería industrial se da tanto en régimen de cooperativa como en privado, destacando en el primer caso la cooperativa de Guissola y en el segundo destaca la compañía Valls, una de las mayores empresas ganaderas de Europa.
En cuanto a nivel geográfico el porcino predomina en las áreas de montaña y de Cataluña Central mientras el aviar lo hace en Cataluña meridional.
La cabaña de porcino ha llegado a los 17 millones de cabezas. Las aves para carne y huevos mantienen un nivel elevado, con unos 55 millones de gallinas. Las producciones ganaderas alcanzan un valor próximo a los dos quintos de PFA, siendo el porcino y el aviar los que aportan los mayores porcentajes (51,6 y 25,6%), mientras que el bovino no llega más que a un 14% y el ovino a un 6%. Sin embargo, el bovino acapara mayor significación en la producción.
La clave hay que buscarla en los caracteres de esa ganadería industrial, que se distribuye por todo el territorio.
En cuanto a la distribución comercial, sobresale Cataluña, con el mayor número de unidades ganaderas de porcino y aviar de España, principalmente en torno a las comarcas del Urgell y Seguiá. En conjunto, la ganadería industrial adquiere una extraordinaria importancia en la economía agraria de Cataluña.
En el resto del país, la ganadería industrial aparece más dispersa, aunque con algunas concentraciones. El Valle del Ebro, Navarra y Guipúzcoa representan una prolongación del eje catalán.
Un segundo foco se localiza en Castilla-León, en la Tierra de Pinares, dedicado a la cría del cerdo en ciclo cerrado, importando más la producción aviar. En Galicia también la aviar y en Andalucía, Extremadura y Salamanca, el cerdo ibérico. La extensiva está representada por bovino y ovino.
En cuanto a los espacios que soportan la carga ganadera (espacios de acusados contrastes) están:
El prado húmedo franja atlántica, verde todo el año; dehesa de importante extensión y pastizales.
Prados bajos se extienden por la España atlántica en una franja no superior a los 400-600 m. de altitud, son los de mayor calidad. También las superficies forrajeras de la España interior tienen unos rendimientos elevados, de unos 15/tm/ha/año.
Estos espacios ganaderos de calidad ocupan poca extensión, sólo afectan 1,4 millones de prados naturales.
Un segundo tipo de espacios ganaderos está representado por los montes pastados y las dehesas, bastante extensos pero con poca capacidad productiva, debido a los malos suelos. Ocupan en total 8 millones ha, esto supone un 27% de SAU.
Otro tipo de espacios ganaderos es el de rastrojeras y el erial, superficies ganaderas de baja calidad sin embargo muy extensas aunque de baja calidad productiva
La distribución del bovino prima claramente a la España atlántica, con un segundo foco en la Cataluña húmeda y, a mayor distancia en la penillanura de oeste español, donde se trata de una ganadería mucho más extensiva, asociada a la dehesa pero está conociendo, junto al ovino, un auge considerable, basado en la exposición de l regadío forrajero.
La cabaña de vacuno de carne se localiza en las montañas y penillanuras, con variedad de razas, aunque predomina la vaca suiza. Estas vacas se explotan tanto para carne como para leche en zonas de buena comunicación, pero en los lugares poco accesibles para la recogida de leche a diario, se han especializado en la cría del ternero hasta los 400 kg. de peso.
El ovino se asocia a áreas de climas frescos a fríos y de poca humedad, cono escasa capacidad de producción de hierba, aunque con excepciones en Cataluña, País Vasco y Galicia, donde la oveja lacha tolera bien la humedad.
El ovino es generalmente extensivo, explotados por ganaderos que son dueños de su propio rebaños, frente al sistema tradicional en el que los pastores eran asalariados y malpagados.
– Producciones y espacio agrario de los secanos mediterráneos y regadíos interiores.
Los cultivos propios de los secanos se centran en la trilogía mediterránea -cereal, vid y olivo- complementada con otros de menor entidad aunque el maíz y el olivo ocupan cada vez más una superficie importante.
Es un espacio extenso y extensivo que afecta a casi todo el territorio español, aunque en el interior meseteño existan algunas concentraciones.
Los regadíos interiores representan espacios agrarios de transición entre el regadío costero y el secano meseteño, predominando el carácter de uno u otro según la integral térmica de cada sector y otras circunstancias socioeconómicas. Se caracteriza por el peso de la remolacha, la patata y el cereal regado.
De los 46,7 millones de ha. de SAU de España, tan sólo 20,2 eran tierras de cultivo en 1990, que se distribuían entre 17 millones de ha. de secano y 3,2 en regadío.
Los secanos españoles ocupan, pues, algo más de los dos quintos del territorio nacional y se reparten con regularidad por todo el país, excepto en las áreas de prado atlántico, incluidas las pirenáicas, en las montañas interiores de orientación ganadera y en la franja mediterránea costera dedicada al regadío.
Todos ellos se caracterizan por una relativamente escasa pluviosidad, una integral térmica baja, aunque más alta en las Depresiones del Ebro y del Guadalquivir, y unos suelos pobres en materia orgánica. La extensión y producción de los cultivos se ha modificado a tenor de la demanda; algunos aprovechamientos tradicionales han quedado relegados a un papel marginal, mientras que otros relativamente nuevos como el girasol han invadido los secanos, e incluso lo regadíos mediterráneos.
El grupo más importante continúa siendo el de los cereales, dada su aportación a la PFA.
En los secanos destacan los cereales con 8 millones de ha., de las que un millón se riegan, sobresaliendo las tierras de la España interior, altas y frescas, con precipitaciones anuales entre 350 y 600 mm, valoradas siempre como tierras de pan llevar.
Las mayores densidades corresponden a los páramos y campiñas sedimentarias de Castilla-León, junto con las tierras altas sorianas, los somontanos oscenses -Hoya de Huesca y las comarcas centrales de Cataluña. Secundariamente, Castilla-La Mancha, los páramos alcarreños de Guadalajara y Cuenca y la Mancha alta de Cuenca. Andalucía, a pesar del gran volumen de cereal triguero, no destaca debido a la producción diversificada en otros cultivos.
Finalmente, algunas comarcas moderadamente cerealistas deben este carácter al valor de maíz regado, como sucede en el Valle del Ebro, en las vegas del Guadiana o en los llanos de Albacete.
A pesar del área cerealista tradicional, el trigo sólo ocupa 2,3 millones de ha. La cebada y el maíz como cereales pienso lo han desplazado. Las leguminosas por el contrario, han caído en picado, debido a las dificultades de mecanización y a sus bajos rendimientos. Estos cultivos han perdido terreno frente a la soja.
Los secanos arbustivos -viñedo y olivar- han conocido mejor suerte. El viñedo, tras la crisis de los años sesenta, se ha mecanizado y se ha adaptado a un mercado más exigente. Se vio favorecido tras la entrada de España en la CE y los precios han crecido satisfactoriamente, por lo que se han aprovechado las ayudas comunitarias, etc.
Pero los excedentes de vino pueden obligar a reducciones de precios, que afectarían a comarcas como La Mancha de Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Albacete, que en conjunto producen más de la mitad del vino español, llegando algunos municipios a recoger tanto vino como por ejemplo Castilla-León o Murcia. A estas comarcas se suman las de Utiel-Requena en Valencia, Tierra de Barros en Badajoz, Jumilla en Murcia o el Condado de Huelva.
Tanto los blancos de calidad andaluces como los blancos de Rueda, los de Galicia o los tintos del Duero y de la Rioja, tienen un mercado sólido.
Los rendimientos son aceptables, en torno a 4.000 a 6.000 kg./ha de uva, cifras muy distantes a las de Burdeos o Languedoc, poco remuneradoras cuando se orientan a vinos embotellados de calidad.
El olivar, tras recesiones por la crisis de la agricultura tradicional, ha logrado afianzarse debido en gran parte a la mayor demanda de grasas vegetales de calidad.
La superficie olivarera, con unos 2,1 millones de ha. se concentra en las campiñas de Jaén y Córdoba, seguidas de las de Sevilla, Málaga y Granada. A ellas se suman las de Badajoz, Toledo, Ciudad Real y Tarragona, pero es verdaderamente Jaén, donde adquiere el carácter de monocultivo. Es donde encuentra excelentes condiciones ecológicas, tanto por la integral térmica como por el grado de humedad y buenos suelos.
Una pequeña parte se destina a la aceituna de mesa, pero el grueso de la producción va destinado a la obtención de aceites en almazaras cooperativas o privadas. En Andalucía predomina la segunda modalidad.
Fuera de las campiñas béticas, el olivar continúa teniendo importancia en las tierras bajas mediterráneas de Extremadura, Castilla-La Mancha y Levante, y un poco en el Valle del Ebro, pero va perdiendo porte y capacidad productiva.
Los rendimientos son muy variables, en función del carácter vecero del olivo. Alcanzan cotas próximas a los 2.500 kg. de aceituna/ha, muy aceptables y siempre que el árbol esté cuidado.
Los secanos mediterráneos admiten una extensa gama de cultivos adicionales, entre los que sobresalen el almendro y el girasol. El primero forma parte de los secanos, localizado en la orla interna de las llanuras regadas costeras.
La distribución del girasol sobre el espacio agrario español adquiere gran importancia como cultivo industrial. También podemos incluir dentro del secano, la remolacha azucarera andaluza. Este cultivo también se realiza en regadío, como la caña de azúcar, el lúpulo, achicoria y tabaco.
El girasol, con 1,4 millones de ha en 1992, ha conocido una acelerada expansión gracias a la reforma de la PAC que lo ha subvencionado.
Antes había ocupado los regadíos y secanos de las campiñas béticas y páramos y serranías de Cuenca y posteriormente se ha extendido por toda España.
La remolacha constituye el esquilmo más importante entre los cultivos industriales por su rendimiento económico. Comenzó su cultivo en Granada y se trasladó al Ebro para centrarse finalmente en el Duero, donde ha logrado los máximos rendimientos y calidad industrial de la materia prima.
En el Duero se siembran entre 90.000 y 100.000 ha, casi todas en regadío. Se trata de un cultivo social. Ocupa todas las vegas de los ríos, principalmente las del propio Duero, Tormes, Pisuerga, Esla-Órbigo y Páramo leonés. Es una remolacha de primavera-verano, frente a la de las campiñas del bajo Guadalquivir, donde ha predominado la de secano, sembrada en otoño y recogida en julio. Es de peor calidad industrial que la de regadío.
La caña de azúcar representa un cultivo marginal. Se localiza en las costas y tierras bajas de Málaga y Granada.
El azafrán se localiza en la Mancha de Albacete y el lúpulo en los regadíos leoneses del Órbigo-Porma-Esla. Este cultivo sólo adquiere importancia en la economía agraria de pequeñas explotaciones.
El algodón se localiza básicamente en las campiñas de Sevilla, Córdoba y Cádiz. Marginalmente en las llanuras del bajo Segura entre Alicante y Murcia y vegas del Guadiana.
El tabaco se cultiva esencialmente en la vega de Cáceres, El Bierzo, costa asturiana y riberas navarra y valenciana, así como en los regadíos toledanos del Tajo. Tanto este cultivo como el algodón dejan substanciales márgenes económicos.
– Los regadíos mediterráneos hortofrutícolas.
Destacan por su participación en la PFA, con una cuarta parte del total, no por su extensión: casi medio millón de ha las hortalizas, un cuarto de millón los cítricos y casi un millón los frutales no cítricos. El almendro se incluye en los secanos mediterráneos a pesar de que cuente con unas 45 ha regadas.
Los regadíos mediterráneos son los espacios agrarios más intensivos, de mejores condiciones ecológicas, de mayor capacidad de empleo de mano de obra y más altos rendimientos económicos, representando la meca de la agricultura mediterránea.
Se dan técnicas de agriculturas muy dispares: técnica de invernadero y enarenado con la del aire libre, grandes explotaciones capitalistas con la explotación familiar, tierras con grandes disponibilidades de agua frente a las que escasea el recurso.
Las comarcas especializadas se sitúan en las llanuras del litoral levantino, y se añaden otras de la Costal del Sol malagueña, Maresme barcelonés, costa onubense y las tierras de las vegas del Ebro, Tajo, vegas del Guadiana y algunas áreas de Galicia y el Bierzo leonés.
La costa levantina se ha especializado en la citricultura y horticultura, con buenos rendimientos y comercialización.
Es necesario mencionar la importancia de toda la costa andaluza para la agricultura bajo plástico. Gracias a ella se puede conseguir un elevado número de cosechas anuales en un mismo invernadero. Su extensión se estimaba en unas 26.000 ha de instalaciones fijas a finales de 1990, localizadas en la costa de Almería, Cádiz, Alicante y Valencia, casi todas aprovechadas mediante suelos enarenados.
Aunque toda la costa mediterránea está especializada en frutas y hortalizas, Castellón y Valencia se ha orientado preferentemente a distintos tipos de naranja y mandarina.
La fresa y el fresón se están extendiendo aceleradamente por la costa onubense. Junto a la franja costera se desarrolla hacia el interior una segunda corona de comarcas más altas y frescas, en las que predominan frutales menos termófilos como peral, manzano, ciruelo, etc.
No se puede pasar por alto el gran valor de los espacios agrarios de Baleares y Canarias, que constituyen sendas potencias en los cultivos mediterráneos.
El plátano ha supuesto un elemento de capitalización económica en el valle de la Orotava en Tenerife. Su problema es la escasez de agua porque la acapara el sector turístico. Junto a la platanera los cultivos de flores, el tomate, las "papas" y las hortalizas.
En Baleares, las producciones y espacios agrarios se asimilan a los levantinos. En unas y otras isla los secanos se valoran muy poco.
La hortofruticultura es el tipo de agricultura más progresiva y competitiva en España por sus buenos rendimientos, aunque sufre las oscilaciones de las típicas crisis de comercialización.