La desconcentración de la industria medida en términos de producción y de empleo es innegable en los últimos 15 años, ante la desindustrialización de algunas áreas centrales y la mayor capacidad de atracción mostrada por algunos espacios funcionalmente periféricos. Pero bajo esta constatación, subyacen diversos procesos, a veces contradictorios.
El proceso de difusión espacial es uno de los que ha mostrado mayor continuidad. Iniciado ya en la primera mitad del siglo, el avance de las fábricas por el territorio afectó primero a los municipios más próximos, para incorporar luego otros más alejados. Fueron surgiendo así diversos ejes de desarrollo industrial.
Destaca la práctica desaparición de los enclaves aislados anteriores, al quedar la mayoría conectados entre sí (Béjar, Ponferrada, Riotinto, Almadén). Se consolidan los dos grandes ejes fabriles del Ebro y el Mediterráneo y se expande notablemente la red en torno a Madrid, desbordando hacia las provincias de Castilla La Mancha.
Llama la atención el desarrollo de ejes secundarios en las regiones del interior que siguen algunas de las principales carreteras autovía de Tordesillas Valladolid Palencia, N II, N. V, etc. y la incipiente formación de otros transversales a los más importantes, densificando la malla que corresponde a un sistema industrial más integrado.
Dentro del mismo pueden individualizarse varios subsistemas espaciales atendiendo al grado de desarrollo global y su dispersión/concentración:
– Subsistemas evolucionados de mayor complejidad interna, que dio origen a la formación de aglomeraciones metropolitanas, amplia difusión de las empresas y una especialización funcional de sus núcleos. Se produce un debilitamiento de las grandes ciudades y un desplazamiento hacia ciertos sectores en sus márgenes.
– Los ejes industriales en expansión surgidos en los años 60 y afianzados en la última década (litoral Mediterráneo y valle del Ebro), así como ciudades de tradición fabril y buena dotación de servicios. Ese conjunto de condiciones ha traído últimamente a numerosas multinacionales, lo que implica un desplazamiento del centro de gravedad industrial hacia el cuadrante nordeste de la Península, en detrimento del eje atlántico, en declive.
– Los enclaves castellanos, extremeños, andaluces y de los archipiélagos (no llega constituir un verdadero subsistema), cuyo origen se relaciona con la existencia de mercados de consumo y trabajo relativamente importantes en las capitales de provincia.
Uno de los hechos que mayor atención despertó en los geógrafos durante los 80, fue la aparente revitalización de las áreas rurales y la expansión de las actividades no agrarias, como resultado del agotamiento sufrido por el modelo de sociedad industrial que, al concentrar las actividad y los recursos en las ciudades, sumió al campo en una aguda crisis. El estudio de algunos casos, puso de manifiesto la superposición de procesos muy diversos, subdivididos en dos tipos esenciales:
– Responde a la relocalización de empresas procedentes de áreas urbanas y que se trasladan total o parcialmente, manteniendo sus anteriores conexiones con clientes, proveedores y servicios de esas ciudades.
– Aquellas empresas surgidas de iniciativas autóctonas y que responden a la pervivencia de actividades artesanales, surgidas cuando dominaban las economías locales y que han debido modernizarse para resistir al paso del tiempo (industria difusa) o bien a las actuales condiciones productivas, con mayores nichos de mercado (industria espontánea).
La presencia de unas densidades de población y unos excedentes laborales elevados, así como de un cierto volumen de ahorro y una tradición empresarial en la agricultura o los servicios, parecen ser factores a tener en cuenta para justificar su desigual importancia según regiones. La mayoría de las provincias mediterráneas y de la mitad sur peninsular superaba ampliamente el 10% del empleo industrial total en promedio.
El modo más sencillo en que las empresas de la periferia se integran en el sistema productivo es por medio de las numerosas firmas monoplanta que fabrican productos acabados y operan en un entorno reducido.
Se produce una creciente segmentación de tareas entre establecimientos diversos, de la misma empresa o de varias interrelacionadas. El fenómeno resulta importante en la gran empresa que abandona y subcontrata operaciones o productos de escaso valor, dando origen a multitud de PYMES (confección o metal mecánica). A veces se pueden formar verdaderas constelaciones de pequeñas firmas que operan en un sector concreto, definiendo la especialización de ciertas áreas distritos industriales, como el caso de la Comunidad Valenciana.
Tanto si el origen de la industria es exógeno o endógeno, los espacios rurales presentan una estructura productiva bastante homogénea, con predominio de pequeñas unidades poco capitalizadas, con escasa división interna del trabajo y baja cualificación.
A pesar de la creciente penetración de multinacionales en el sector agroalimentario, puede afirmarse que buena parte de la industrialización rural no rompe los vínculos de dependencia con el mundo urbano.
La referencia a una "desurbanización" o "contraurbanización", apoyada básicamente en la inversión de los saldos migratorios y la desindustrialización, encontró una primera justificación en los modelos evolutivos sobre ciclo de vida, que señalaban la primacía de las tendencias descentralizadoras, asociadas al aumento de las deseconomías de aglomeración en las fases avanzadas de evolución urbana y el protagonismo del sector terciario en la transición hacia la sociedad postindustrial.
Las pérdidas de ocupación de las industrias en el interior de las áreas metropolitanas delimitadas en los años 60, se concentraron en sus ciudades centrales y algunos núcleos monoespecializados en sectores maduros (Baracaldo, Sestao, Tarrasa, Sabadell, Getafe, etc.). Surgió una aureola de microempresas en algunas de las franjas periurbanas. Varios son los elementos que sustentan la idea de una revitalización industrial de las grandes urbes, aunque bajo formas nuevas.
La recuperación del periodo 1985-1990 ha repercutido de modo favorable en esas áreas. Tendencia idéntica se produjo en lo relativo a inversiones en nuevas industrias. La continuación de las tendencias difusoras en favor de sus respectivas periferias, contribuye a desdibujar los límites de estos espacios urbanos.
Tienen lugar al mismo tiempo modificaciones que refuerzan la funcionalidad de algunas de estas ciudades como centros dominantes en el sistema y acentúan el dualismo y los contrastes internos. Es en ellas donde tienden a concentrarse las actividades y empresas más innovadoras. También se localizan la mayoría de filiales pertenecientes e multinacionales, así como las sedes sociales, de capital nacional o los sectores más dinámicos, aunque la especialización regional continúe teniendo un elevado protagonismo. Esto favorece a una creciente terciarización de su industria, cuyo reflejo externo es la aparición de edificios industriales donde las funciones de oficina superan a las puramente fabriles.
En las grandes ciudades se asiste también a una marginación de otros sectores y empresas que resisten mal sus altos costes. Se genera una disociación entre eficiencia productiva y equidad social (destrucción creadora).