El sector terciario ha crecido en importancia dentro de la actividad económica, este sector es de gran trascendencia dentro de la estructura económica española con un incremento de la población dedicada a él en detrimento de la empleada en funciones productivas, así como su repercusión en el PIB (producto interior bruto).
Los procesos que han influido en la terciarización de la economía y la sociedad española no se pueden contemplar de una forma genérica ya que se deben a la agrupación de diferentes elementos, como son las distintas ramas que lo forman no han sido homogéneas en el tiempo, además de no observarse el mismo desarrollo en ellas. Tampoco ha sido afín su crecimiento, ni su distribución espacial en las distintas regiones, con diferentes grados de intensidad y composición interna.
Observando dichos procesos desde un análisis ocupacional se observa que existe una distinción importante entre los procesos de mera terciarización y los relacionados con la reestructuración del aparato productivo, que además ha tenido gran incidencia en los espacios metropolitanos y su distribución espacial. Su trayectoria tenemos que contemplarla bajo diferentes aspectos: su producción en pesetas, la población ocupada y su incidencia en el PIB. Y a partir de los años sesenta se observa que la economía y la sociedad española ha sufrido una clara terciarización, siendo desde esa época este sector el principal beneficiario de los cambios estructurales de nuestro país.
Los cambios antes citados no son lineales, así entre 1960 y 1973 la economía española experimentó un crecimiento anual inusitado (7%), siendo el sector primario el menos favorecido y el secundario y la construcción los que impulsaron el desarrollo. Entre 1973-1985 la economía entró en época de recesión económica con una tasa de crecimiento del 2,7%, pero no todos los sectores se desarrollaron con esta tónica, ya que mientras la construcción tiene signo negativo, los servicios alcanzaron una tasa del 3,2%, y la población ocupada en este sector experimentó también aumento, mientras que en el resto de sectores la pérdida fue de 1,7 millones de empleos. Por último, entre 1985-1990, se considera que es una etapa expansiva de la economía, con una tasa del 6,1%, y siendo el sector de la construcción el de mayor empuje, con una tasa del 13%.
Por todo lo anterior, se observa que los tres tipos de sectores que componen la economía española han tenido un comportamiento distinto, mientras que el primario es descendente, irregular el secundario, con alzas y bajas debidas a la coyuntura, el terciario ha registrado un crecimiento sostenido, influyendo en el PIB así como en el acceso a este sector de mano de obra que se había perdido en el resto de los sectores productivos.
Los motivos del crecimiento del sector, en términos absolutos, desde la década de los sesenta son dos:
• La elevación del nivel de vida de la población, con una renta familiar más alta, con lo que se posibilita un mayor consumo de servicios.
• El crecimiento industrial previo, que originó una mayor renta per capita.
En otro orden de cosas, en las Comunidades Autónomas se percibe una elevada desagrarización mientras que la terciarización ha sido notable, con hegemonía de las actividades de servicios, aunque esta evolución no ha sido similar en todas las comunidades, así en Asturias, Extremadura y Cantabria este sector ha sido el refugio del destruido aparato productivo, en Valencia, Navarra o Rioja ambos sectores han experimentado una evolución favorable, debiendo verse estos cambios como de carácter estructural y no coyuntural.
Modernos estudios referentes al sector terciario, deben adoptar una nueva clasificación de las actividades económicas que lo componen, y según el profesor Bailly se diferencian cuatro funciones básicas:
• Producción, es decir, extracción de materias primas y su transformación.
• Distribución al por mayor y menor de bienes y prestación de servicios personales.
• Circulación, actividades que asumen el papel de organizar flujos físicos (personas y mercancías), financieros y de información.
• Regulación, con actividades que tienen como función reglamentar y controlar el sistema económico.
Teniendo en cuenta estas cuatro funciones, y viendo la evolución de las distintas provincias se observa que existen fuertes contrastes entre ellas y si las estudiamos bajo el punto de vista sectorial clásico, existiendo algunas más orientadas hacia el sector de circulación y regulación y otras en las que el sector de la distribución es el que ha experimentado un incremento mayor en el empleo. Por ello el proceso no ha sido homogeneizador, dándose diferencias en las dinámicas provinciales.