``En los estudios de laboratorio, no sólo se encontrará la clave para una comprensión sociológica de la ciencia; sino también, creo, la clave para una comprensión sociológica de la sociedad misma, porque es en los laboratorios donde se genera la mayor parte de las nuevas fuentes de poder.
BRUNO LATOUR
Si entendemos por laboratorio el espacio en el que se generan códigos y se construyen máquinas (en el sentido esbozado en la sección anterior) no es difícil comprender, desde una perspectiva tecnopolítica, cómo el laboratorio se convierte en fuente de poder. En un artículo que lleva por título ``Dádme un laboratorio y moveré el mundo9 el sociólogo de la ciencia Bruno Latour analiza cómo el estudio de laboratorio borra los límites entre las macro y micro estructuras sociales, entre dentro y fuera de las prácticas tecnocientíficas (muchas veces consideradas autónomas), ya que lo que se produce en los laboratorios (dentro o nivel micro) puede llegar a alterar las condiciones y relaciones sociales (fuera o nivel macro) y viceversa. El estudio de Latour critica así las concepciones ignénuas que postulan una idependencia de la ciencia y del laboratorio del contexto social que los rodea y a la inversa, la idea de un aséptico laboratorio que apenas interfiere en la dinámica social. Si bien el análisis de Latour se centra en el laboratorio de Pasteur y la forma en la que el descubrimiento de los microbios y las vacunas transformó las prácticas y estructuras sociales encaminadas a proteger la salud pública y la ganadería (extendiendo el laboratorio y sus resultados al entorno social e introduciendo las problemáticas sociales --epidemiológicas-- en el laboratorio), la radicalidad de sus conclusiones se amplifican en el espacio de los laboratorios de TIC.
Al margen de los grandes centros de investigación académicos y corporativos el laboratorio por antonomasia de las TIC es la Red, con los múltiples procesos de experimentación y producción desencadenados por el movimiento de software libre y la cultura hacker. Los hacklab (o laboratorios hacker) no pretenden sustituir a la Red en esos procesos de experimentación sino insertarse en ellos asumiendo explícitamente el carácter de laboratorios tecnopolíticos locales, materiales y socialmente situados y que por tanto pueden atravesar límites que la red (por su virtualidad y deslocalización) no puede.
Para entender el sentido de los hacklabs proponemos un análisis en tres movimientos: a) el que va de la sociedad al laboratorio, b) el que se produce dentro del laboratorio y c) el que va del laboratorio a la sociedad.
3.1 De la sociedad al laboratorio
En cuanto a sus contenidos de experimentación, el movimiento que va de la sociedad al laboratorio recoge problemáticas sociales y las introduce en el universo experimental y productivo hacker como objetos u objetivos del propio laboratorio. Estas problemáticas van desde la necesidad de hacer frente a un desarrollismo tecnomercatilista (que fuerza a las personas a depender constántemente de las nuevas actualizaciones tecnológicas que salen al mercado) a las necesidades telemáticas de coordinación y comunicación de diversos movimientos sociales (el movimiento de resistencia global) pasando por la alfabetización digital, el derecho de acceso a la red o la defensa de la privacidad en el espacio informacional. La naturaleza híbrida (física y virtual) del hacklab permite un input de dos espacios sociales que se superponen: el ciberespacio (global y virtual) y el espacio físico (local y presencial). Esto hace que encontremos en los hacklabs una serie de transformaciones y experimentos que no son posibles exclusivamente en la red (donde sucede la mayoría de la producción de software libre), ni exclusivamente en el espacio físico y social fuera del ciberespacio. Esto permite a los hacklab desarrollar una serie de iniciativas tecnopolíticas híbridas que no pueden desarrollar otros colectivos y organizaciones políticas tradicionales tanto del ciberespacio (como la Electronic Frontier Foundation o la Free Software Foundation) como de fuera (centros sociales okupados o colectivos políticos diversos --antimilitaristas, ecologistas, anticapitalistas, feministas, etc.). Ejemplos de estos proyectos híbridos son la creación de redes wireless o la alfabetización digital (proyectos que combinan aspectos virtuales con presenciales).
En cuanto a sus componentes, el hacklab recoge también cuerpos dispersos de indivíduos con intereses tecnopolíticos que buscan un espacio colectivo físico de experimentación y encuentro a la vez que un espacio virtual de trabajo y comunicación. También se recoge ``chatarra
tecnológica para su reutilización y reapropiación colectiva. En este sentido el hacklab re-une fragmentos dispersos de la periferia tecnológica y social para constituir un colectivo tecnopolítico experimental. Puede parecer una estupidez resaltar que un hacklab reune cuerpos alrededor de un espacio físico; eso es, al fin y al cabo, algo que sucede en todos los colectivos tradicionales; se da por supuesto. Pero en el contexto del ciberespacio y la descorporalización progresiva de la identidad humana en registros informacionales gubernamentales y corporativos, reafirmar el encuentro presencial de los cuerpos biológicos, de su experiencia encarnada, es, también, una apuesta política. 10
El ser humano siempre ha estado controlado por una serie de registros manejados por instituciones disciplinarias. Sin embargo con el aumento de la capacidad de transferencia, almacenamiento y manipulación de la información el cuerpo de datos de un ser humano (el conjunto de información personal registrada en archivos médicos, escolares, laborales, financieros, legales, etc.) amenaza con ser más importante incluso que su cuerpo biológico. En palabras del Critical Art Ensemble ``lo que tu cuerpo de datos dice de ti es más real que lo que tú dices acerca de ti mismo11. Imaginemos por un instante que alguien borrara tu cuerpo de datos, que hiciera desaparecer todos tus registros oficiales. Inmediatamente te convertirías en un fantasma social, de nada serviría el conocimiento que posees, ni los bienes, ni tu nombre, ni tu procedencia si no puedes demostrarlo a través de los registros oficiales. Esta situación supone una especie de triunfo del control a través de la representación (o información) sobre la realidad física y biológica.
Este hecho es relativamente independiente de la socialización en el ciberespacio en el que uno puede adquirir diversas identidades independientemente de su cuerpo real de datos. Por eso los hacklab no abandonan el ciberespacio como espacio legítimo de comunicación y coordinación, pero buscan resituar el cuerpo y el encuentro
presencial como un momento insustituible, como un espacio que no se puede
re-presentar completamente en el universo informacional.
En el movimiento o desplazamiento que va de la sociedad al laboratorio se recogen, pues, toda una serie de problemáticas sociales (tanto de las sociedad localizada, como del ciberespacio y de la sociedad global) y se insertan en procesos locales y virtuales que reunen a máquinas y personas en torno a un espacio presencial de encuentro y experimentación que se refuerza a traves de diversas redes de comunicación e información. La pregunta es ahora ¿qué sucede en ese espacio?
3.2 En el laboratorio
Los cuerpos dispersos con sus experiencias y habilidades diversas (ensamblados a través de máquinas y proyectos, hondas y pantallas) se unen así para crear una red de intercambio de habilidades. A través de estas redes de intercambio de habilidades el hacklab también se convierte en sujeto tecnológico y político, en un colectivo que busca superar los límites del aislamiento y la especialización tecnológica para la experimentación y la creación colectiva con fines sociales y reflexivos.
3.2.1 Objetos desperdigados en un hacklab
Un repaso por los objetos característicos que pueden encontrarse en la mayoría de los hacklabs quizás nos ayude a comprender lo que sucede dentro y la forma en la que funciona esa red de intercambio y coordinación de conocimientos y técnicas.
Procesadores 486: La renovación constante de material informático para hacer funcionar nuevos programas y sistemas operativos (sin los cuales la transferencia de archivos en formatos cerrados como Word resulta imposible) no es más que una exigencia del capitalismo para acelerar los ritmos de consumo. La socialización de las tecnologías a través del mercado impone ritmos y necesidades que no responden a las de la sociedad. Los procesadores 486 son un ejemplo del material que queda absoleto en ese proceso pero que resulta absolutamente útil, siempre y cuando la utilidad sea definida por el usuario y no por un mercado que intenta imponer estándares y modalidades de uso para el consumo de otros productos de mercado. Reciclar es una actividad permanente en los hacklab una actividad que va más allá de la mera reutilización.
Destornillador: El destornillador es una herramienta fundamental para desensamblar ordenadores y ensamblar componentes. El destornillador es el símbolo de ese reciclaje pero también de dar otros usos a los artefactos tecnológicos. El ensamblaje creativo no es sólamente el proceso de reciclar componentes para reconstruir máquinas que recuperen su funcionalidad (utilidad) original sino sobre todo para romper esa funcionalidad pre-especificada. Ese acto de ruptura y desensablaje se convierte así en un acto de liberación y el ensamblaje en una necesidad de (re)creación tecnológica.
Cable de red: Un espacio lleno de ordenadores y atravesado de cables de red es un espacio tecnológico conectado. Conectar aparatos, proyectos y otras redes es un trabajo típico del laboratorio hacker. Siempre quedan cables sueltos: las redes en los hacklab (ya sean éstas redes de ordenadores, de proyectos políticos o de intercambio de saberes y técnicas) son siempre redes abiertas a nuevas conexiones. Las redes de ordenadores de los hacklab (conectadas a internet) se convierten también en redes públicas de acceso libre (y gratuito) utilizadas por indivíduos y colectivos para sus necesidades comunicativas e informáticas. La red permite a su vez experimentar la gestión tecnológica de forma colectiva (rompiendo así con el uso y consumo individualista y aislado al que fuerza el mercado). Los sistemas UNIX, como GNU/Linux, permiten a cualquier usuario acceder a sus archivos y su configuración desde cualquier terminal de una red, se rompe así con la estructura característica de la tecnología de consumo de
un usuario, un ordenador.
Servidores: La experimentación colectiva con la red exige también decidir colectivamente la estructura del servidor, la forma de compartir archivos, de estructurar, en definitiva, la interfaz de una red para que sea accesible a todos y desde cualquier terminal. En esta línea resulta especialmente interesante el proyecto ``sinroot
del hacklab de Vallekas que busca anular la figura del administrador central de la red (el superusuario o root) y romper una de las separaciones y asimetrías de poder más enraizadas en los sistemas informáticos: el de administrador/usuario.
Una lata de melocotón en almibar: Las tecnologías wifi de conectividad sin cables permiten superar las dependencias (económicas, tecnológicas y de gestión) con las grandes operadoras de cable. El compromiso de los hacklab con las redes metropolitanas wireless (sin cable) es una apuesta por las redes de comunicación autogestionadas y autónomas, una forma de cortocircuitar el control físico de las redes. Cuando no directamente involucrados en la creación y mantenimiento de estas redes los hacklab suelen ser nodos activos de las mismas. La experimentación con el alcance y posibilidades de las tecnologías wifi, su uso como infraestructura comunicativa para acciones políticas o los talleres de creación de antenas son prácticas típicas de los hacklab.
Manuales: Una colección de manuales es típica de todos los hacklab: poner a disposición social el conocimiento necesario para la autogestión tecnológica. Pero el hacklab no sólo recicla, fotocopia o imprime manuales sino que también los genera. A diferencia de la mayoría de manuales producidos por editoriales, los manuales libres permiten la colaboración y la mejora constante, además de la libre difusión y copia.
Regrabadora de CDs: La libre difusión de conocimientos y técnicas es una de las tareas fundamentales de la cultura hacker. En este sentido las impresoras y regrabadoras de CDs son objetos característicos también de los hacklab en los que se construyen centros de copia libre de material información (documentación, música, software, vídeo, etc.) con licencias copyleft, como el copycenter del hacklab madrileño WH200112. La comunidad copyleft es un conjunto de actores y productores de software, música, literatura, ciencia, etc. que, sin renunciar a la autoría de sus obras, pone éstas a disposición colectiva a través de licencias copyright invertidas o copyleft13 (extensión de la forma jurídica del software libre al conjunto de la producción inmaterial). Los hacklab forman parte activa de esta comunidad, especialmente en su vertiente tecnológica y de software, y en la defensa de la libertad de flujo de la información tanto contra las barreras y maquinarias legales (copyright, patentes) como contra las tecnológicas (explorando los límites y las alternativas técnicas a los dispositivos de control de libre copia y distribución de información).
Sillas en círculo: Indudablemente las mesas son necesarias para apoyar cosas como los ordenadores y las sillas para permitir un postura cómoda en la que trabajar. Pero las mesas y las sillas de un hacklab no son sólo una herramienta para situarse en frente de la pantalla del ordenador; son también, y sobre todo, dispositivos para crear un espacio de reunión y discusión, de trabajo colectivo y educativo. Cursos, talleres, conferencias y debates son habituales en los hacklabs. Así, por ejemplo, una install-party (o fiesta de instalación) es una sesión en la que se instala el sistema operativo GNU/Linux en diversas máquinas mientras se comparten conocimientos sobre la instalación y uso; un evento de especial interés para quienes quieren migrar su sistema de software propietario a software libre. También se desarrollan cursos de iniciación a GNU/Linux, a redes, creación de páginas web y otros recursos telemáticos. Los talleres suelen tratar temas más específicos y técnicos como la creación de antenas, el uso de algún programa específico, lenguajes de programación, etc. Muchos talleres no incluyen un ``profesor que sepa de antemano el temario y se convierten en una especie de sesión autodidacta a escala colectiva en la que los conocimientos dispersos de los participantes y los materiales compartidos (tutoriales, manuales, howtos, etc.) son la fuente principal de un conocimiento que va tomando forma durante el desarrollo del taller. Pero las sillas en círculo son sobre todo el símbolo de la asamblea. La asamblea presencial (junto con la virtual) es el organo de decisión y coordinación principal en un hacklab, la toma de decisión se resuelve por consenso, la inteligencia es colectiva, resultado de esa red de intercambio de habilidades, conocimientos y pasiones que se da entre los participantes.
3.2.2 Producción en el hacklab: la transformación de cajas negras en herramientas sociales transparentes
La teoría de la red de actores 14 muestra como la producción tecnocientífica esconde procesos de reducción de complejidad y de relaciones de poder que dificultan una reapropiación abierta de los productos tecnocientíficos por parte de la sociedad. De acuerdo a esta teoría las comunidades tecnocognitivas están compuestas por seres humanos, aparatos, instituciones, redes electrónicas, publicaciones y un largo etcétera de mecanismos y agentes de tal modo que los seres humanos no pueden entenderse aisladamente como productores de conocimiento sino sólo insertos en una compleja red de referencias, artefactos e instituciones. Incluso el producto tecnocientífico de estas redes se reintroduce en la propia red convirtiéndose en un actor más. Sin embargo para que la red sea productiva se requiere una reducción de la complejidad. En un proceso (que los autores denomininan de
translación) sub-redes del proceso son representadas por
actantes que se convierten en cajas negras (
black-box) para los otros componentes de la red. Estos actantes comprimen la complejidad de los procesos de la subred que los genera para poder ser re-introducidos con efectividad en los procesos de una red más amplia. De esta manera los black-box o actantes se convierten en entidades unificadas que son utilizadas por otros actores de la red o se convierten ellos mismos en actores. El punto de translación se convierte así en espacio de poder y control, de tal manera que los procesos de translación se convierten en fuente de orden social dentro de la propia red, ya que determinan los ensamblajes de (re)organización de las interacciones dentro de ella. Estas cajas negras no sólo esconden la complejidad producida sino el entramado de relaciones de poder y los discursos de la subred productora. Las cajas negras pueden tener la forma de herramientas (artefactos materiales), organizaciones (cuando está representadas por un ser humano) o conceptos clave (cuando son el resultado de un proceso cognitivo). Las cajas negras son máquinas (tal como han sido descritas anteriormente) cuya estructura permanece oculta tanto para facilitar su reinserción en el sistema tecnológico como para responder a intereses de dominio y dependencia por parte de los productores.
Dos factores acentúan la jerarquización de poder en la producción tecnocientífica (financiada con dinero público pero socializada casi exclusivamente por el mercado):
- La necesidad de la tecnoeconomía capitalista de cerrar las cajas negras y dificultar el acceso a los procesos que encierran para aumentar así la competitividad en los procesos de innovación y aumentar la dependencia del consumidor. Una necesidad que se satisface a través de patentes, secretos de empresa, del código cerrado en el desarrollo de software, de tecnologías opacas, etc.
- La complejidad creciente de la producción tecnocientífica junto a la hiperespecialización que se va dando en el proceso. Un proceso de especialización que aisla al técnico en un dominio específico en el que se le exige el máximo rendimiento pero desde el que se pierde una visión de conjunto y sentido (más allá de la transacción económica del servicio prestado y el ensamblaje de su trabajo con las especialidades más próximas).
A través del uso, creación y difusión del software libre y de la experimentación con y a través de él los hacklab rompen con los privilegios de poder de los puntos de traslación en los que se producen las cajas negras que caracterizan a la producción tecnocientífica. No se trata tanto de descomprimir para siempre la complejidad de esas cajas y de hacer que todo el mundo sea experto en todo. Se trata más bien de abrir los procesos de producción de las cajas, de situarse en los procesos de traslación, de hacerlos accesibles a quienes lo necesiten y de reunir para una acción o proceso social concreto las herramientas, las habilidades y los conocimientos necesarios para que las relaciones de poder critalizadas en esas cajas puedan ser reconfiguradas deacuerdo a unos objetivos dados (determinados por las necesidades de uso social y no por los diseños preespecificados por los intereses de mercado de las grandes corporaciones tecno-económicas). Además de la libertad de difusión y copia, es el código abierto y el proceso de producción participativo lo que otorga al software libre las características necesarias para su reapropiación social. Los programas libres son potencialmente transparentes tanto en su proceso de producción como en las versiones listas para uso (a pesar de que pueda aparecer como caja negra para un usuario no experto). Es por ello que el uso, difusión y desarrollo del software libre es una característica común a todos los hacklabs.
Al mismo tiempo la experimentación tecnocientífica colectiva fuera de las intituciones laborales y de los roles allí asumidos permiten una comunicación e interacción entre especialistas que rompe con el aislamiento. Esta ruptura del aislamiento hiperespecializado, en procesos de conflicto y experimentación, permite construir una visión global de la tecnología y de sus consecuencias políticas y abre las puertas para el surgimiento de una subjetividad tecnopolítica. Una subjetividad tecnopolítica crítica, en tanto que la comunicación entre especialistas permite al creación de esa visión global, y práctica, en tanto que la red de intercambio de habilidades y la inteligencia colectiva genera un poder tecnopolítico colectivo inalcanzable para los indivíduos aislados.
3.2.3 Investigación colectiva en el hacklab: experimentación distribuida e integrada
Los productos de la reducción de complejidad en las redes de actores hacktivistas se crean y se destruyen constantemente en proyectos, espacios y acciones que se condensan y se diluyen en mútiples dimensiones, en una topología tecnopolítica dinámica en constante reconfiguración: un espacio rizomático de saberes, técnicas e intervenciones tecnopolíticas.
Al margen de las charlas, talleres y cursos específicos que tienen lugar en los hacklab, lo más interesante surge de los proyectos que engloban habilidades de diversos indivíduos, que se conectan con otros colectivos y procesos. Proyectos que comprenden momentos de acción junto a momentos de apredizaje (aprender haciendo), discusión y práctica, investigación y producción. Por ejemplo la creación de un programa que creara registros (logs) aleatorios de visitas a un servidor y la difusión del mismo programa se convierte en un punto nodal atravesado de experiencias colectivas de creación, aprendizaje, estrategia, diversión, expresión y reflexión. En el mismo proyecto convergen las habilidades necesarias para programar en perl (un lenguaje típico de scripts para el sistema operativo), el diseño del marketing político del producto, el proceso de estructuración de un programa, cursos sobre el funcionamiento del almacenamiento de datos y la reflexión sobre el control gubernamental y corporativo del flujo de datos en la red. Por lo tanto un proyecto hacktivista de un hacklab agrupa código de alto nivel, de bajo nivel y también otros códigos que atraviesan al ser humano en múltiples dimensiones (códigos asamblearios, estéticos, políticos, etc.) en un proceso que sirve de aprendizaje, socialización, producción y acción política al mismo tiempo.
3.3 Del laboratorio a la sociedad
Retomando el análisis de Latour, para que el trabajo en el laboratorio tenga un efecto sobre la sociedad, hará falta que el laboratorio se extienda, extienda sus condiciones de verificación, sus métodos de evaluación, sus procedimientos para que estos sean aplicables más allás de los muros del laboratorio. La forma habitual en la que la producción tecnocientífica se extiende a la sociedad es a través del mercado con las consecuencias obvias de ofrecer sólo cajas negras (máquinas opacas) orientadas a maximizar el beneficio económico (y la carrera de consumo) a corto/medio plazo.
Los mecanismos de extensión de los hacklab a la sociedad son quizás los más elaboradorados y suponen, sin duda, una de las características más expecíficas de los hacklab frente a otras formas de activismo tecnopolítico y sobre todo frente a los laboratorios tradicionales. El flujo que va del laboratorio a la sociedad es un aspecto muy desarrollado por dos razones. La primera es la tarea asumida de socializar y difundir herramientas tecnológicas, saberes y técnicas para facilitar una autogestión tecnológica global. La segunda es la actitud de intervenir en los sistemas tecnológicos para defender espacios de libertad, abrir nuevas posibilidades de acción y desencadenar procesos de liberación y reapropiación tecnopolítica.
Programas de radio, encuentros o jornadas entorno a las redes wireless15, charlas sobre cifrado, funcionamiento de redes o hacktivismo, cursos de instalación y uso de GNU/Linux, creación y difusión de manuales y distribuciones de GNU/Linux, son formas de transmitir y socializar las producción tecnocientífica en los hacklab. El hecho de estar, generalmente, situados en Centros Sociales Okupados Autogestionados (CSOA), facilita a su vez esta labor de socialización (así como el movimiento de la sociedad al laboratorio). Otra forma de difusión que es a la vez una máquina de uso directo es la distribución autoistalable de Debian GNU/Linux
X-Evian16 que desarrolla Fiz junto a sus compañeros de Metabolik BioHacklab (el hacklab de Bilbao). Esta distribución está orientada a activistas y mediactivistas, se autoistala en casi cualquier ordenador y no toca el disco duro con lo que puede utilizarse en cualquier equipo sin necesidad de dañarlo o modificarlo. La distribución incluye además toda una serie de programas de encriptación, edición de video, retoque fotográfico etc., además de las aplicaciones típicas de ofimática, navegador, gestor de correo, etc. La distribución incluye una página web de inicio con toda una serie de links a páginas activistas así como la documentación necesaria para hacer uso de las herramientas que incluye.
El
hacking the streets (hackeando las calles) es también una iniciativa característica de la difusión pero que también encierra aspectos interventivos. Realizado por primera vez por Kernel Panic (hacklab de Barcelona) el
hacking the streets está inspirado en el movimiento británico Reclaim The Streets y el objetivo es visualizar el desarrollo de tecnologías alternativas sacándolas de los muros de los laboratorios, empresas y universidades a la calle para mostrar su accesibilidad y el potencial de uso social que poseen. El
hacking the streets es además una forma de protesta festiva, educativa y participativa en la que se conbinan ordenadores, música, charlas e instalaciones de Debian GNU/Linux. A modo de
happening el
hacking the streets rompe con el aislamiento e individualismo característico del uso tecnológico para reclamar la calle y los espacios públicos como espacios de cooperación, intercambio y solidaridad tecnopolítica.
Las redes de intercambio de habilidades, el aprendizaje colectivo y los procesos de comunicación dentro del hacklab permiten el surgimiento de una capacidad de crítica y acción que se condensa en proyectos tecnopolíticos interventivos. Un ejemplo de ellos es la acción directa telemática17, la guerrilla de la comunicación en el ciberespacio, o la producción de programas de carácter hacktivista (como ).
Hay una frontera que los laboratorios tradicionales mantienen celosamente: la autoridad experimental y el control sobre el método. Aquí es también donde los hacklabs se enfrentan al concepto tradicional de laboratorio fomentando la actitud experimental, la autogestión tecnológica a otros espacios sociales, defendiendo que el la producción tecnocientífica de tecnologías de comunicación e información la autoridad última es siempre la sociedad que se construye desde ellas. Es por ello que los hacklab (además de compartir espacios, métodos y prácticas) encuentran en los CSOA una continuidad de experimentación y desarrollo. En palabras de Blicero (miembro del Hacklab LOA de Milán): ``Dos características fundamentales de le ética hacker son la voluntad de dar a los saberes la máxima posibilidad de circulación y el deseo de comprender el funcionamiento de los mecanismos complejos para poder, a continuación, reutilizarlos en favor de los propios deseos. Si trasladamos esas características a un medio no técnico, es muy fácil identificar a los centros sociales okupados y a los espacios autogestionados como intentos claros y evidentes de reality hacking. La convergencia de ambos motivos (el histórico y el ``comportamental
) han hecho que los hacklabs y las experiencias de autoorganización compartan espacios y recorridos.18
3.4 Hacklab como laboratorio tecnosocial
El flujo de laboratorio a sociedad, y de sociedad a laboratorio es tan intenso que apenas merece la pena hacer la distinción, aunque nos haya servido como guía para ir des-cubriendo una serie de practicas y actitudes. De hecho si observamos los dos extremos juntos descubrimos una conclusión que no puede comprenderse si los entendemos separadamente: los hacklabs son una forma de construir sociedad, pero de una forma especial: construyendo y deconstruyendo las interfaces, las redes y las herramientas informáticas para una comunicación e interacción liberadas, experimentando con ellas, en un proceso abierto y participativo que busca el conflicto social y la dificultad técnica como espacios en los que ir construyendonos a nosotros mismos.