Cuando Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales de Diciembre de 1998,
Le Monde Diplomatique tituló que éste sería el
primer gobierno posmoderno del planeta. Afirmación que no deja de tener un velo de verdad. Chávez no se definía ni como comunista, ni como socialista, ni socialdemócrata, ni socialcristiano, ni liberal. Sin embargo, a Chávez lo apoyaron la izquierda democrática, los comunistas ortodoxos, facciones marxistas leninistas, disidentes socialdemócratas y socialcristianos, individualidades de la extrema derecha, entre otros.
Chávez se autodefine como un
revolucionario Bolivariano, etiqueta que
escapaba de los
cánones establecidos para catalogar a los líderes de gobiernos. No obstante, que en los comienzos designó un
gabinete ecléctico, compuesto por elementos de extrema derecha, de izquierda, ex militares, progresivamente fue estableciendo un perfil mucho más nítido para aquellos que ocuparon altas responsabilidades de gobierno:
militares conjurados, tecnocracia progresista y revolucionarios de izquierda.
En sus comienzos, hasta los opositores tenían una percepción que se aproximaba a la hipótesis de los periodistas franceses. Esta fue una característica de los años
1999 y
2000. El proceso Constituyente, la aprobación de una nueva Carta Magna, el referéndum aprobatorio y las elecciones de legitimación contribuyeron a ello. Sin embargo, el año
2001 se presentaba con una dinámica electoral, económica nacional e internacional distinta que obligaba a tomar decisiones definitorias.
Chávez orientó su gestión ese año, hacia la
liquidación de la vieja nomenclatura enquistada en el
aparato gubernamental, la revisión de las
relaciones gobierno-empresarios (Fedecamaras, Consecomercio, Fedenaga), la
Ley Orgánica de Educación (LOE) y el
enfrentamiento a la burocracia sindical, agrupada en la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), como acciones emblemáticas del periodo.
Estas
acciones generaron definiciones de las fuerzas políticas que conllevaron al
reordenamiento de los factores de oposición, pero también del
gobierno y el
emerger de un protagonismo ciudadano sin precedentes, tanto a favor como en contra del proceso bolivariano, lo cual implicaba
el inicio del ejercicio de la democracia participativa y protagónica, aunque aún limitada a los marcos inherentes a marchas y debates jurídicos, así como a expresiones incipientes de organización popular.
Chávez
dejó de ser el Presidente posmoderno para comenzar a ser reconocido como un líder con profundo arraigo popular, nacionalista y paladín del modelo de democracia participativa y protagónica, proceso que aún no le permitía romper totalmente con la vocación de contar con un gabinete variopinto.
Sin embargo, la definición de la orientación gubernamental, abiertamente opuesta al gatopardismo reformista, comenzó a encrespar las contradicciones al interior de las fuerzas políticas que venían acompañando desde 1998.
No queremos decir que la revolución bolivariana tomó partido por los senderos de la revolución socialista, proletaria o comunista. Lo que estaba claro, desde ese momento, era que Chávez lideraba un gobierno abiertamente nacionalista e imbricado a los intereses de los pobres. El riesgo lo constituía la tendencia de un sector del Chavismo a convertirse en la nueva burguesía nacional, intentando limitar la revolución bolivariana a una revolución democrática burguesa. El tiempo determinará los resultados de ésta tensión que aún permanece.
Renovación sindical
El referéndum sindical de diciembre 2000 fijó la pauta popular de promover elecciones universales para todos los afiliados a la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). La celebración de elecciones generales de la superestructura sindical limitaba la verdadera transformación desde la base, a través de la renovación sindicato por sindicato, federación por federación que concluyera con los ansiados cambios en la dirección de la confederación. Pero la suerte estaba echada.
La CTV había estado monopolizada históricamente por una rancia jerga de dirigentes sindicales adeco copeyanos. Las elecciones sindicales del 2001 serían un esfuerzo frustrado de las fuerzas bolivarianas por producir un recambio en la dirección sindical.
El liderazgo bolivariano, engolosinado con los triunfos electorales, decidió diseñar una estrategia de desplazamiento de la burocracia sindical. Esta estrategia venía siendo auspiciada desde el año anterior. Al frente de la política de renovación sindical se colocó en un primer momento a Nicolás Maduro y finalmente Aristóbulo Istúriz, líder del Partido Patria para Todos (PPT), organización que volvía a la alianza gubernamental luego de un periodo de distanciamiento por temas electorales (Gobernadores y diputados).
A nuestro juicio, muchos de los errores de método para la construcción de políticas de transformación y especialmente de políticas públicas bolivarianas, han tenido su máxima expresión errática en el proceso de renovación de las directivas sindicales.
Históricamente la izquierda revolucionaria venezolana ha planteado que
la emancipación de los trabajadores es obra de los mismos trabajadores, premisa que en táctica política se expresa en un esfuerzo sostenido de transformación de la actividad sindical desde la base, desde los sindicatos, cuestionando la política reformista de “cambio” desde arriba o desde la esfera exclusivamente partidaria y limitada a la superestructura sindical.
Sin embargo, la dirigencia del chavismo, estimulada seguramente por los continuos triunfos electorales en los procesos liderados por Chávez, prefirió apostar a unas elecciones generales, desde arriba, para ganar tiempo y saltar el engorroso proceso de construcción de liderazgos por fábrica, empresa, órgano de la administración y/o ramo.
Los resultados mostrarían no solo el error político sino la ineficacia de ésta operación política. En este sentido podemos excusar del error a Chávez, quien no tenia experiencia sindical previa, pero a la izquierda no. La izquierda Chavista mostró el abandono de lecciones históricas y, un temor sin precedentes, a presentar alternativas viables, ante decisiones que se consideraban equivocadas, aunque éstas estuviesen apoyadas por el indiscutible líder del proceso. Oponerse por principios y experiencia histórica a una táctica política defendida por el líder del proceso, no significaba ni significa desconocer el mando de Chávez. Claro es más cómodo plegarse.
Como lo señalamos anteriormente, la convocatoria a renovación y/o legitimación de las autoridades de la principal central obrera del país: la CTV (Confederación de Trabajadores de Venezuela) llevó a la conformación de una plancha inicialmente liderada por Nicolás Maduro (MVR) y posteriormente, ante la limitada acogida de esta opción en el seno de los trabajadores, se optó por colocar al frente de la misma al maestro Aristóbulo Istúriz principal líder del
Partido Patria para Todos (PPT).
La razón política de éstas decisiones pareciera fundamentarse en legitimar, mediante elecciones, la decisión de un sector calificado, pero limitado de líderes.
Lo cierto es que con esta dinámica se frenó el proceso de construcción constituyente de políticas públicas de transformación.
Un análisis serio de procesos nos permite ubicar errores de carácter operativo, fundamentados en deficiencias político ideológicas que luego se evidenciarían en comportamientos erráticos a la hora de implementar algunas políticas públicas bolivarianas.
Si bien la legitimación de la dirigencia sindical permitió aglutinar a los sectores clasitas, combativos y revolucionarios existentes en el seno de los trabajadores, las deficiencias en la táctica política limitarían el proceso de construcción de la
dirección sindical revolucionaria, aspecto que era posible solo con la continuación del espíritu y el método constituyente.
A los efectos del recorrido que estamos haciendo nos interesa destacar la importancia y significación de construcción de políticas públicas con el mayor grado de consenso posible, desde la base, con los ciudadanos, con la activa participación de los sujetos–actores asociados a la acción que se pretende emprender y desde los espacios locales concretos.
Leyes habilitantes
Desde que asumió la Presidencia de la República en Febrero de 1999, Chávez solicitó poderes especiales que habilitaran al ejecutivo, para dictar normas jurídicas especiales que demandaban una elaboración expedita. Sin embargo, estas deberían formularse luego de aprobada la nueva carta magna. Este proceso se adelantó fundamentalmente durante el año 2001, una vez que se habían superado las dos limitantes que acabamos de mencionar. Del conjunto de
leyes habilitantes debemos apuntar lo siguiente:
(a) Fueron un esfuerzo serio de construcción de síntesis jurídica mediante consulta permanente con los principales actores involucrados;
(b) su contenido no tocó la
estructura de clases pero si los
intereses de los
sectores más
poderosos de las clases dominantes, abriendo serias posibilidades de reoxigenación de discursos y representantes de éstas. La sobreestimación de las posibilidades jurídicas para el impulso de una dinámica revolucionaria y, la incomprensión de estas limitaciones y alcances, le impidió a factores claves del Chavismo revolucionario, colocar dispositivos que impidieran el resurgimiento de prácticas regresivas, entre ellas la corrupción. La nueva corrupción expresaba intentos de reconfiguración de actores y voceros claves por parte de las clases dominantes.
A nuestro juicio, Chávez y la inmensa mayoría del Chavismo, dentro del cual nos incluimos como corriente, es revolucionaria y honesta. Esta afirmación no pretende ocultar o negar la existencia en el presente de sujetos y prácticas institucionales asociadas a la cultura de la corrupción. Lo que nos interesa es puntualizar que éstas prácticas expresan la vieja institucionalidad, la anterior cultura política y sus derrota debe ser vista en la perspectiva de procesos complejos, diversos y contradictorios.
Tampoco pretendemos desconocer, que en las etapas revolucionarias siempre existe un sector que pretende utilizar la vorágine revolucionaria para penetrar y formar parte de las clases dominantes; esfuerzos que siempre estarán asociados al capital del cuál se disponga y por ende siempre intentarán -estos sectores atrasados- crear y sostener mecanismos de corrupción que les permitieran entrar en los selectos grupos de importadores, propietarios de tierras y coordinadores de la nueva casta gubernamental214.
(c) se presentaron serias limitaciones en la divulgación del proceso de elaboración de las leyes habilitantes, centrándose la divulgación mediática gubernamental en el producto, es decir, en las leyes ya elaboradas. Este error ha tenido consecuencias políticas incluso al interior de un sector de las fuerzas del movimiento bolivariano quienes interpretan que las mismas fueron elaboradas bajo un esquema conspirativo, por un grupo. Conclusión que se coloca a espaldas de la perspectiva que como corriente histórica por el cambio reivindicamos: la continuidad del espíritu, técnicas y procedimientos del proceso constituyente para garantizar el mayor grado de consenso popular en la elaboración de políticas públicas y en su implementación.
Independientemente de los errores, fallas, deficiencias y limitaciones durante el año 2001 se profundizó la revolución Bolivariana, tanto en el plano interno como en el fortalecimiento de las relaciones con los pueblos y factores de transformación a escala internacional. En éste último aspecto se destaca el lanzamiento público del convenio de cooperación entre Cuba y Venezuela.
Con las leyes habilitantes, los grupos reformistas más descarados y acomodados en el mimetismo del discurso transformador, se deslindan de los sectores alineados con los preceptos de la revolución auténtica. La imposibilidad de suavizar las tonalidades jurídicas, de leyes profundamente comprometidas con los intereses nacionales, condiciona la separación de los actores protagónicos de la contrarrevolución interna. Entre otros, Luis Miquilena iniciaría un proceso de distanciamiento progresivo con la dirección del Chavismo.
Las leyes habilitantes deben ser valoradas como instrumentos jurídicos que desarrollaron el texto constitucional en materia de tierras, hidrocarburos, pesca, entre otras áreas. La promulgación de las mismas generaría una férrea oposición por parte de la rancia oligarquía nacional.
Las “in” definiciones de la izquierda venezolana
Para la izquierda venezolana,
Chávez y su gobierno han resultado una
referencia definitoria, tanto de su perfil en el presente, cómo de su prospectiva de acción política. La clara actitud y acción revolucionaria que Chávez generó durante el año 2001 -la cuál aún persiste hoy- aceleró el proceso de definiciones en la izquierda. Estos deslindes se refieren a:
(1) el rompimiento de un sector que venía acompañando a Chávez (MAS, algunos cuadros de V República, entre otros) y su incorporación al frente común opositor con la derecha compartiendo escenarios con Bandera Roja (BR) y La Causa R (LCR);
(2) la consolidación de un nuevo tipo de izquierda en Venezuela: la izquierda chavista (PODEMOS215, LS, MVR, PCV, entre otros);
(3) intentos por configurar agrupaciones políticas de centro (VAMOS216, UNION217)
(4) el resurgimiento de un sin fin de agrupaciones revolucionarias que desde una perspectiva multidimensional enriquecen el proceso de transformaciones: Proyecto Nuestra América (PNA/M-13 Abril), Ana Karina Roter (AKR), Nueva Expresión antiimperialista, Tupamaros (MRT), para sólo citar algunos casos;
(5) híbridos entre movimientos sociales y organizaciones revolucionarias cómo Conexión Social, organización dirigida por Felipe Pérez Martí y Roland Denis;
(6) la consolidación de una pequeña referencia de izquierda antiestatal, agrupada alrededor del CRA218 y el Libertario219, ajena a las pugnas de la toma del poder. Sin embargo, el Libertario ha venido asumiendo una postura antichavista visceral, que lo aleja de sus definiciones populares y libertarias;
(7) un
reagrupamiento de los sectores sociales, tanto opositores (fundamentalmente clase media y alta) como partidarios del actual gobierno (relacionados al pensamiento transformacional, socialista, revolucionario, y de diversa índole, trabajadores informales, estudiantes, entre otros).
Estamos convencidos que en el futuro cercano, el protagonismo y las posiciones de izquierda, estarán aglutinadas alrededor de lo que hoy conocemos como la izquierda chavista, los movimientos sociales, las organizaciones revolucionarias no electorales y nuevas expresiones anarquistas.
Se reagruopa la oposición y muestra su verdadero rostro: la conspiración
Como todo fenómeno se origina por un conjunto de circunstancias históricas dadas, pareciera que uno de los factores que posibilitó el rápido reagrupamiento de los factores de oposición, fueron los
errores cometidos por en torno a las elecciones para la directiva de la CTV.
Al atacar como un todo no diferenciado a la dirección de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), el chavismo propició que la oposición se reunificara para sobrevivir. El movimiento Bolivariano lejos de golpear y dividir más a los adversarios, mediante una táctica equivocada logro reunificarlos, lo cuál les había resultado imposible desde 1997.
La política no admite vacíos. Sin embargo el chavismo pareció desconocer esta premisa cuando atacó a una instancia nacional con presencia nacional como lo es la burocracia cetevista. En la CTV hacen cuerpo todos los factores de oposición y, al atacarle como bloque se generó una unidad de todas las agrupaciones que no comparten la propuesta revolucionaria. Acción-reacción esperada. Pero esta es una apreciación con sentido histórico que sólo el tiempo confirmará o negará su validez.
Lo que intentamos subrayar en este punto, es que sólo a partir del año 2001 es cuando la oposición comienza a salir del asombro de su derrota de 1998 y decide hacerle frente al gobierno bolivariano revolucionario.
El sentido de preservación y supervivencia política de los partidos del puntofijismo, registrada durante las elecciones de la directiva de la CTV, modularon, tal como hemos referido, el reagrupamiento de los factores contrarrevolucionarios. A esto se adicionaron otros dos elementos de orden económico e internacional que facilitaron la unidad opositora:
a) los dictámenes del Pentágono y la administración Bush;
b) la aprobación de las leyes habilitantes que golpearon los intereses económicos de los sectores acostumbrados a lucrarse sobre la base de parasitar bajo la renta del Estado y
c) la presión promovida por los intereses petroleros de los Estados Unidos a la oligarquía nacional, en el sentido de reactivar la búsqueda de una salida del gobierno de Chávez por la vía que fuera.
La suerte estaba hechada y era inminente la confrontación sin medias tintas.
Resistir con la gente
Nuevamente es el líder del proceso Hugo Rafael Chávez Frías quien muestra mayor claridad sobre los mecanismos que debe utilizar una revolución que se autodefinió como pacífica, democrática y participativa en contra de la actividad conspirativa en su contra.
A mediados del 2001 Chávez llama a conformar un amplio frente de luchadores sociales que haga frente a lo que ya se dibujaba como una sostenida actividad subversiva, conspirativa de la oposición. Chávez entiende que una revolución democrática, solo es sostenible a través del tiempo, si logra generar amplios mecanismos, canales y expresiones de participación popular.
La idea de organizarse socialmente a través de
círculos bolivarianos adquiere fuerza y en sólo meses se registran más de tres millones de activistas en sus filas. En Diciembre del 2001 se juramentan en un acto de masas los círculos bolivarianos como organización social de base para la resistencia y la reconstrucción nacional.
Las torres gemelas
El 13 de Septiembre de 2001, cuando el pueblo venezolano se aprestaba a conmemorar un nuevo aniversario del golpe fascista ocurrido en Chile, que desplazó del poder al líder socialista Salvador Allende, sucedió lo inimaginable.
Estados Unidos, nación que alardeaba de su sistema estratégico de guerra de las galaxias, fue herida en su orgullo y ridiculizada en materia militar y de inteligencia, al sufrir un ataque aéreo simultáneo contra World Center.
Un avión, piloteado por suicidas árabes impactó sobre cada una de las torres gemelas y la sede del Pentágono, mientras otro fue derribado en pleno vuelo.
Estos eventos pusieron de relieve el tema del bárbaro oriental versus el civilizado americano y, con este pretexto se inició la “batalla contra el terrorismo”. Claro está, el terrorismo siempre es encarnado por los pueblos árabes y las naciones que levantan su mirada para defender los intereses nacionales contra cualquier política imperial.
El Presidente Chávez se pronunció lamentando las victimas del atentado pero se negó a condenar al pueblo árabe por una operación militar realizada por algunos de sus habitantes. Al principio se intentó hacer de las declaraciones de Chávez una “confesión” sobre sus supuestos lazos con el terrorismo internacional. Argumento que carece de todo tipo de fundamentación real.
Diciembre 2001: ensayo opositor para el paro general de abril 2002
La confrontación se hace evidente y mientras desde el movimiento bolivariano se alistan las fuerzas para combatir el embate subversivo de la oposición, en diciembre del 2001 la oposición golpista ensaya un paro general de actividades laborales que no sería otra cosa que el anuncio del derrotero que habían escogido para el año que estaba por llegar.
El pretexto para el paro opositor de diciembre de 2001 fueron las críticas presentadas por la cúpula de los sectores empresariales a diversos contenidos de algunas de las leyes habilitantes, especialmente a las leyes de tierra, hidrocarburos y pesca. Con estas leyes se avanzaba en darle utilidad social a propiedades subutilizadas, se procuraba garantizar el flujo de las rentas petroleras al presupuesto público y se protegía el ecosistema marino. Lo que era cierto es que las leyes habilitantes reducían las oportunidades de usura y aprovechamiento desmedido de las riquezas nacionales por parte de sectores capitalistas del país y extranjeros.
El paro promovido por la oposición al gobierno del Presidente Chávez, liderado por Fedecámaras con el apoyo de la CTV se produjo el 10 de diciembre del 2001 y constituyó un calentamiento de la maquinaria contrarrevolucionaria que en el 2002 se emplearía a fondo en un golpe de estado y una paro – sabotaje de la industria petrolera.
La jornada de protesta opositora que duró 12 horas fue conocida como paro empresarial, toda vez que se trató de un auto cierre del comercio y las empresas privadas. Aunque Fedecámaras adujo que se trataba de una protesta por un conjunto de medidas económicas que consideraban perjudiciales desde su punto de vista clasista, ha quedado claro para la historia, que dicho paro fue fundamentalmente una acción política, orientada a promover la salida de Hugo Chávez del poder y en consecuencia, detener las fuerzas revolucionarias.
Las reformas contenidas en las 49 leyes habilitantes comenzaban a darle piso jurídico a la Constitución Bolivariana del 99. El paro contrarrevolucionario permitió agudizar las contradicciones de clase en Venezuela. Mientras los olvidados y excluidos comenzarían a beneficiarse con las leyes habilitantes, la oligarquía nacional se vería forzada a procurar su riqueza a través del trabajo productivo y, no a partir de su tradición parasitaria de enriquecerse mediante negocios con el Estado rentista.
Carolus Wimmer220, a propósito de las implicaciones la puesta en ejecútese de las tres leyes mayormente objetadas, comenta:
La Ley de Tierras otorga al Estado el poder de tomar tierras privadas y redistribuirlas, cuyos propietarios no pueden respaldar la posesión de las tierras con los títulos legales. Esta redistribución incluye también tierras que sobrepasan 5000 ha o se considere que son improductivas. De igual manera otorga al Estado el poder de decidir el uso de la tierra agrícola para lograr así una revolución agraria que garantiza el alimento al pueblo venezolano.
La Ley de Pesca amplía la zona de protección costera de 3 a 6 millas, donde no se permite la pesca de arrastre, lo cual favorece a los pescadores artesanales y al equilibrio ecológico marino.
La Ley de Hidrocarburos revierte 20 años de liberización y privatización antipatrióticas en el sector petrolero. De acuerdo con la nueva ley, se requiere mayoría gubernamental en todas las nuevas "joint ventures" del sector petrolero y se eleva la regalía a las compañías petroleras, incluyendo las extranjeras - de 16,6% a 30% - para poder ampliar y reforzar los programas sociales populares.
Obviamente, el carácter revolucionario de estas leyes tenían que despertar al gigante capitalista, en tanto que el país espectaba sin mucha comprensión, los primeros escarceos de la hoy en día habitual confrontación entre gobierno bolivariano y sectores contrarrevolucionarios.
214 Valorada desde la perspectiva de Bordieu.
215 Al romper el MAS con la revolución Bolivariana el sector patriótico de esa organización rompe con ella y conforma la organización Por la Democracia Social (PODEMOS). De podemos se desprendería meses después VAMOS.
216 VAMOS expresaría al sector que dentro del MAS intentaba convertirse en un centro que orientara y agrupara a los sectores de avanzada de la oposición y los sectores menos revolucionarios del Chavismo. Esta alquimia política no tenia asidero en el momento histórico pero llevó al diputado Jiménez y un puñado de exmasistas a constituir esta organización. Los militantes de VAMOS tuvieron una breve pasantía en PODEMOS organización con la cuál rompieron rápidamente.
217 Agrupación política que surge al calor de la relegitimación de poderes en el 2000. Está conformada por ex militantes del MAS y otras agrupaciones de la izquierda parlamentaria de los ochenta y por algunos de los militares del 4 de Febrero y 27 de Noviembre. Su líder más publicitado es Arias Cárdenas y s presidente honorario es Pompeyo Márquez. Es un partido antichavista de centro.
218
CRA: Coordinadora de Relaciones Anarquistas.
219
El Libertario: vocero del anarquismo venezolano durante los últimos seis años
220 Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de Venezuela. Tomado de la
revista_debateabierto@yahoo.com.