La
crisis de la deuda no es otra cosa que las resistencias de los gobiernos nacionales a seguir cancelando la deuda en los términos en los cuales están estructurado los pagos que sólo amortizan intereses y nunca capital, incrementándose día a día la deuda a pesar de los desembolsos que se hagan. Los pagos de la deuda crean en las economías de los países subdesarrollados profundos desequilibrios presupuestarios que comprometen el cumplimiento de las propias metas de desarrollo establecidas por los organismos internacionales.
Estas resistencias obligan a crear y revitalizar instancias de concertación entre los acreedores como el club de Londres y el club de París. En la medida que un país posee mas recursos las propuestas de estas instancias pueden ser maquilladas mucho mejor. El boom petrolero, una izquierda dedicada a la agenda parlamentaria y un conjunto de organizaciones revolucionarias y movimientos populares volcados esencialmente sobre las posibilidades de “toma del poder” impiden visualizar de manera oportuna y en su magnitud la crisis en ciernes. Y es que la crisis de la deuda de los ochenta afecta a Venezuela, que aún con los inmensos recursos derivados de la explotación petrolero se ve obligada a iniciar un ajuste estructural en dos tiempos:
1) En el año 1983 se produce la primera devaluación significativa de la moneda en lo que se conoció como el viernes negro. Esta devaluación implicó una disminución significativa del ingreso del venezolano que posibilitó que en 1988 Carlos Andrés Pérez ganara la Presidencia al proponer un programa demagógico de nuevo boom económico. 2) En Febrero de 1989 Carlos Andrés Pérez asume por segunda vez la presidencia de la República y, en un acto faraónico de “asunción” comunica que el ejecutivo bajo su mando se apresta a iniciar un conjunto de medidas de ajuste estructural que pasan por la revisión de los programas sociales a los cuales se les colocará un techo dentro del presupuesto nacional, la aplicación de un conjunto de impuestos a las transacciones bancarias y comerciales, así como un redimensionamiento del aparato del Estado (achicamiento) que procuran darle salida a la crisis de la deuda y fundamentan su intención de alcanzar un refinanciamiento de la deuda que no sólo “corre la arruga” sino que establece a futuro porcentajes de pago que comprometen la propia estabilidad del modelo de democracia representativa.
Carlos Andrés Pérez apoyado por la socialdemocracia internacional intenta crear un frente de renegociación con otros países, especialmente Perú. Pero el capitalismo no conoce solidaridades y tanto el Fondo Monetario Internacional cómo el Banco Mundial y sus instancias asociadas expresan su desacuerdo con la creación de lo que se conoció como el “club de los países deudores” en referencia directa al papel que venia jugando tanto el club de París como el club de Londres.
La deuda social
La democracia representativa resultó incapaz de utilizar la bonanza petrolera para producir una distribución más equitativa de la riqueza nacional que le permitiera contar con consumidores que realmente mantuvieran el propio ciclo de acumulación capitalista. Si bien durante las décadas de los setenta y comienzos de los ochenta en el país circularon enormes volúmenes de capital que potenciaron el consumo, en una etapa que se conoció popularmente cómo “
está barato, dame dos” esta oportunidad no fue aprovechada para sentar las bases de un sistema productivo nacional de largo aliento.
En medio de esta bonanza petrolera sectores de la izquierda persistían en tácticas insurreccionales, de foco guerrillero que no empalmaban con las condiciones objetivas de la población. Allí identificamos una de las grandes causales de la derrota de los residuos de foquismo guerrillero de los setenta y ochenta.
Poco tiempo transcurriría para que la Venezuela de los petrodólares quede relegado a los recuerdos, la brecha entre ricos y pobres se acentuó. La crisis de la valorización y acumulación del capital venezolano comienza a tocar fondo y las tesis liberales comienzan a aplicarse en términos de la implementación de recetas económicas formuladas por el FMI y BM.
A comienzo de los ochenta a la par que se consolidaba la clase media fueron surgiendo cinturones de miseria, sectores sociales excluidos de los beneficios de la renta petrolera que constituyeron el inicio de fuertes bolsones de resistencia contra lo injusto y por la propia sobrevivencia. Esta es una etapa esencial para la comprensión de la inteligencia social124.
La distribución desigual de la riqueza se comenzó a expresar en la reaparición de epidemias que se consideraban totalmente erradicadas en el país, el surgimiento de una franja importante de desnutridos, analfabetos y neo-analfabetas, la precariedad del sistema de educación laboral, la irrupción del la delincuencia juvenil asociada a las drogas como rasgos constitutivos de la violencia ciudadana que se instaló en las ciudades, el encarecimiento y creciente privatización del sector salud, la crisis de la vivienda, entre otros muchos males sociales.
Con el incremento de la pobreza crítica, la marginalidad y la exclusión social, la escena estaba servida en función de configurarse un cuadro pre revolucionario como consecuencia directa de la acrecentada deuda social.
Cómo lo señalara Marx, en la propia esencia del capitalismo residen los gérmenes que generan las condiciones sociales y materiales para su derrota y el surgimiento de un modelo alternativo. La crisis d la deuda en el marco de la superación de la fase imperialista hacia la fase imperial como fase superior del capitalismo a las puertas del siglo XXI devela la certeza de ésta máxima marxista. Los pueblos comienzan a rebelarse contra las medidas de ajuste y Venezuela no tendría por que ser la excepción.
Reaparece la rebeldía estudiantil
Quien mejor que los estudiantes para expresar el creciente descontento. En los ochenta los sectores juveniles vivieron una nueva etapa de politización que significó un reavivamiento de las luchas estudiantiles. La novedad se expresaba en la articulación de este sector con las luchas barriales, obreras y de los diversos movimientos de resistencia social.
A ello contribuyó el hecho que un importante contingente de cuadros revolucionarios de las diversos fracciones y corrientes pacificadas o en armas incursionó en el campus de las principales universidades públicas venezolanas. Profesores, empleados, obreros y estudiantes universitarios comprometidos con la transformación social del país iniciaron un proceso de activación política desde las trincheras de la academia. Situación que contribuyó con que se erigieran importantes referentes culturales y corrientes de opinión pública crítica al interior de las casas de estudio superior.
Decadencia económica, corrupción, cordones de miseria, luchas reivindicativas, entre tantas otros argumentos, abonaban el terreno de la rebeldía estudiantil, permeada por el influjo revolucionario de la docencia militante.
Muy pronto comenzaron a plantearse entre los estudiantes reivindicaciones de tipo gremial y político. La Revolución Cubana, Albanesa, China, Coreana, así como la insurgencia centroamericana, colombiana y peruana inspiraron en distintos grados a importantes franjas de los movimientos estudiantiles que se organizaron a todo lo largo y ancho de la geografía patria.
Desde los referentes de la Renovación Universitaria125 se alimentan las nuevas utopías académicas y políticas de la juventud. Ondean con entusiasmo las banderas de la autonomía universitaria, la libertad de cátedra, la gratuidad de la enseñanza y el cogobierno de estudiantes y egresados junto con el estamento docente. El nuevo despertar de la renovación buscaba la democratización de la vida universitaria y de hecho logró abrir las puertas de las casas de estudio a la política. Los estudiantes se convirtieron en los portavoces no sólo de sus propios intereses sino de todos aquellos que hasta ese momento no se podían expresar públicamente.
La movilización estudiantil tomó las calles nuevamente en los ochenta. Estas luchas expresaban y contenían dinámicas diversas y complementarias de conflictividad social. Si bien esto era un hecho cíclico a lo largo de diferentes procesos sociopolíticos en nuestra historia reciente, en esta oportunidad evidenciaba una iracundia y politización anti sistema sin precedentes.
La respuesta gubernamental una y otra vez fue la represión, las manifestaciones estudiantiles pusieron en evidencia que el capitalismo en descomposición es incompatible con la educación y con el más mínimo progreso social.
La experiencia callejera edificada desde las barricadas estudiantiles dieron lugar a un acumulado pedagógico de rebeldía que reflejaba los nuevos aprendizajes de la desobediencia de los oprimidos e insumisos. Las multitudes fueron perdiendo el miedo a calle, lo público se fue convirtiendo en el espacio para la protesta ciudadana. Las estadísticas de movilizaciones sociales y acciones violentas presentan un significativo incremento durante los convulsionados años ochenta y comienzos de los noventa.
La masacre de Yumare
El 8 de mayo de 1986 el país se estremeció con la noticia de un nuevo abuso policial mejor conocido como la masacre de Yumare126. En un hecho policialmente oscuro127 fueron asesinadas nueve personas por un comando de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip).
Estos ciudadanos en su mayoría luchadores sociales y revolucionarios fueron ejecutados extrajudicialmente. La lista de asesinados la componían: Rafael Ramón Quevedo Infante, Ronald José Morao Salgado, Nelsón Martín Castellano Díaz, Dilia Antonia Rojas, Luis Rafael Guzmán Green, José Rosendo Silva Medina, Pedro Pablo Jimenes García, Simón José Romero Madriz y Alfredo Caicedo Castillo. Se señala que estos combatientes bolivarianos fueron detenidos, torturados y, posteriormente, ejecutados, colocándoles después prendas militares para hacerlos aparecer como guerrilleros.
Primeras persecuciones al movimiento militar boliviano
El MBR-200 desarrolló una amplia labor organizativa al interior de las fuerzas armadas. Durante los años 1982, 1984 y 1985 lograron incorporar a valiosos oficiales y cuadros político-militares, además de generar simpatías en amplios sectores de los distintos componentes castrenses.
Era inevitable que a pesar de su carácter clandestino la conformación del MBR-200 llegara al oído de los generales y altos oficiales comprometidos con el liderazgo de la IV República. En el año 1986 se genera la primera persecución contra el MBR-200. Aunque no encontraron pruebas objetivas los generales Ochoa Antich, Heinz Azpúrua y Peñaloza desataron una persecución en los cuarteles contra el movimiento bolivariano. Así comenzarían a templar sus espíritus para los acontecimientos de los años siguientes.
La masacre del amparo
En octubre de 1988 en el pequeño pueblo de El Amparo, estado Apure, se produce una masacre en la que mueren 15 pescadores. La operación es ejecutada por miembros del Comando Específico José Antonio Páez, integrado por fuerzas militares y elementos civiles de los organismos de seguridad del Estado que vigilan la región. El marco en el cuál se produce la masacre del Amparo es la presunta presencia de guerrilleros colombianos en el sur occidente venezolano, argumento con el cuál el gobierno de turno pretende justificar este hecho al acusarles de bandoleros políticos.
Sin embargo, los hechos los desmienten:
1. Las ropas que visten son las que utilizan los pobladores de la localidad y, no son propias de unidades guerrilleras; 2. la ausencia de armas en las ropas u objetos personales de los cadáveres y, 3. el testimonio de dos sobrevivientes
Estos incidentes colocan en evidencia el rasgo represivo del gobierno de Jaime Lusinchi (AD) y la aplicación de la doctrina Reagan en materia de contrainsurgencia. Los familiares, el pueblo del Amparo y políticos revolucionarios demandan al Estado Venezolano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (OEA) por violación del derecho a la vida. La decisión de esta instancia judicial regional obliga al gobierno nacional a pagar una indemnización monetaria a los familiares de las víctimas, destinada a resarcir los daños materiales sufridos
Es necesario destacar que en toda la razia represiva de los ochenta un personaje siempre aparece asociado a la desaparición de revolucionarios. Ese personaje es el Comisario de la Disip Henry López Sisco (el mismo a quien se le responsabiliza de la muerte de Jorge Rodríguez)
Incidente con los tanques
En 1988 Chávez estaba destacado en el Palacio de Miraflores y se presentó el incidente de las tanquetas que se movilizaron hacia Miraflores. Las mismas fueron dirigidas por el mayor Soler Zambrano. A pesar que siempre se asoció esta movilización “irregular” al MBR-200 y especialmente a algún grado de vinculación con Hugo Chávez, nunca se llegó a comprobar tal especie.
Independientemente de si este incidente se inscribía o no dentro de una estrategia golpista, lo que si devela el tratamiento que se le dio es que la agitación en los cuarteles era cada día mas evidente.
Auge de la causa R (LCR)
La concepción de “movimientos de movimientos” y la incapacidad de la izquierda venezolana para renovar su discurso permitió que Causa R fuera una organización en permanente crecimiento durante los setenta y ochenta.
Esta concepción de "movimiento de movimientos", en la que insisten todavía hoy, tanto los líderes de La Causa R como los del Patria Para Todos128, sin duda, fue uno de los factores que les permitió ser percibidos por la población venezolana, en el período crítico de 1989-1993, como una alternativa al sistema político tradicional y sus actores hegemónicos.129
Con esta filosofía, la Causa R crece como alternativa política de orientación izquierdista, su base de sustentación reposaría, fundamentalmente, en los sectores más marginados y excluidos de la sociedad. Logra importantes resultados electorales expresados en las Gobernaciones de los estados Bolívar y Zulia, la Alcaldía de Caracas, diputados al entonces Congreso de la República, entre otras.
Esta organización se alejaría progresivamente de los sueños populares que cobijó su crecimiento, al doblegarse a los intereses del capital y sucumbir ante la tentación del reparto secular de las riquezas nacionales a manos de las minorías oligárquicas, que hacen sombra tras el poder político nacional.
De la claudicación de sus postulados fundacionales, la organización sufriría un división significativa , y con ella nacerá el PPT, organización que a la fecha ha reivindicado el legado de Maneiro y se ha mantenido en alto las banderas de la revolución Venezolana.
124 Ver Bonilla-Molina y El Troudi (2004)
Inteligencia social y sala situacional. Ediciones de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela y la Universidad Bolivariana de Venezuela. Imprenta comala.com. Caracas- Venezuela
125 Movimiento de Renovación Universitaria de 1969-1970, Universidad Central de Venezuela, sofocado mediante la intervención militar de dicha casa de estudios y la sustitución del rector Jesús María Bianco, por parte del gobierno demócrata cristiano de Rafael Caldera.
126 En la población de Yumare, del Distrito Bolívar, en el estado Yaracuy.
127 Las autoridades policiales indicaron que se trató de un "enfrentamiento armado entre un grupo de funcionarios de la Disip, con un grupo guerrillero (...) con el saldo de nueve guerrilleros muertos y un funcionario de la Disip herido (
).
128 Partido político nacido tras la división de La Causa R.
129 López Maya, Margarita. 1995: "El ascenso en Venezuela de la Causa R", Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, N° 2-3, abril-septiembre, pp. 205-239.