Durante los años 1989, 1990 y 1991, el esfuerzo de cambios desde el orden establecido se concentró en los partidos políticos y las reformas jurídicas. Sin embargo, los partidos políticos, construidos sobre el paradigma de la representatividad y la racionalidad electoral fueron incapaces de interpretar las claves de los nuevos tiempos: democracia directa versus democracia representativa, intereses ciudadanos versus intereses electorales; limitándose a entender la crisis de eficacia y legitimidad desde su tradición interpretativa y sobre la base de las “recetas” del ILPES141, la CEPAL142, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), para la superación de los nudos problemáticos en la gobernabilidad.
Esta dinámica de crisis objetiva del modo de producción y la construcción capitalista en Venezuela, se vio complementada con la crisis de la izquierda, el surgimiento de una nueva logia rebelde en el seno de las Fuerzas Armadas (MBR-200) y el creciente protagonismo popular en los distintos escenarios políticos, sociales y económicos. Elementos que se convirtieron en detonantes de los acontecimientos que ocurrirían en 1992.
Durante todo el año 1991, el ciclo reivindicativo, de protestas por mejoras económicas y sociales, se agudizó y generalizó en todo el país. Progresivamente los resortes de resistencia antigubernamental, pero también de la oficialidad “leal” al poder constituido al interior de las Fuerzas Armadas se comenzaron a activar.
Una muestra del último de estos casos lo constituía la presencia permanente, desde Noviembre de ese año, de unidades militares apostadas frente a muchos de los organismos públicos, en claro lenguaje de respaldo al orden. Esto aceleró las definiciones rebeldes en el seno de las fuerzas armadas. Desde el poder constituido venía tomando cuerpo la iniciativa de reducir el número de oficiales y tropas, en el marco de la desaparición del bloque soviético, las exigencias del Pentágono norteamericano de reducir el volumen de los ejércitos nacionales y cómo un mecanismo de la oligarquía nacional para acallar la creciente rebeldía en los cuarteles.
Estas dinámicas eran generalizadas, ejemplo de ello el sector educativo. La resistencia pedagógica se expresaba cada vez con mayor nitidez en la escuela. Una creciente beligerancia de los maestros en las luchas reivindicativas, indicaba que comenzaban a rebelarse contra la representatividad, mediante una creciente exigencia de acción directa para la solución de los conflictos, siendo la forma mas popularizada el movimiento magisterial de base.
En el horizonte de estos procesos, estaba inmerso el cuestionamiento a la representatividad y la exigencia de una participación más allá de los límites electorales. Se abren espacios los colectivos horizontales y las consultas asamblearias para la toma de decisiones. Sin embargo, desde los referentes de poder se continuaba creyendo que bastaba con cambiar algunos liderazgos o hacer aparecer nuevas siglas partidarias para despertar el fervor ciudadano por la representatividad. La certeza de esta perspectiva se podrá constatar dos años adelante, con el intento gatopardista de limitar la solución al ascenso al poder de una estructura partidaria diferente al bipartidismo puntofijista143
En un sin fin de espacios sociales, a lo largo de todo el mes de enero de 2002, entre ellos la marcha del magisterio nacional, realizada en Caracas el 27 de Enero de 1992, se habla abiertamente de un inminente golpe de estado. Entre tanto, los sectores putchistas, la resistencia militar, tomaba cuerpo y hegemonizando las opciones posibles irrumpen el 4 de Febrero de 1992.
El desarrollo desigual y combinado de los procesos de transformación se expresa en los hechos del 4 de Febrero de 1992 (asonada militar liderada por Hugo Chávez). Gran parte de los esfuerzos e iniciativas de articulación entre militares y civiles fueron agenciadas por representantes o individualidades ligadas a los partidos políticos quienes no concebían otra forma de mediación que ésta, pero el movimiento popular tenía sus propios caminos de desarrollo y encuentro.
Sin embargo, es innegable la limitada participación popular el 4 de Febrero de 1992, lo cual contrastó con las amplias simpatías que generó el intento del golpe en las amplias mayorías sociales del país. El 4 de Febrero de 1992, el rebelarse contra el poder establecido y asumir los golpistas su responsabilidad en la derrota militar, se genera un quiebre en los modos maquiavélicos de la política.
Nace un símbolo de la otredad ciudadana, que reconfigura el imaginario rebelde del pueblo y se convierte en elemento clave para entender e interpretar los futuros acontecimientos en las dinámicas políticas, sociales, económicas, culturales y religiosas nacionales: Hugo Rafael Chávez Frías. Chávez es visto como uno de los nuestros, como un hijo de pueblo que estudia la carrera militar y se niega a convalidar todo aquello que fuera ilegítimo para el pueblo. Chávez es un antihéroe, un militar que es derrotado como lo ha sido la mayoría del pueblo. No es un político triunfador clásico. Es el antipolítico que dice y hace, todo aquello que ningún político de carrera seguramente diría ni haría, pero que el ciudadano común siente que sería su forma de actuar ante una situación similar.
Por ello el fenómeno Chávez atraviesa los partidos políticos, para convertirse en agenda de discusión de los grupos religiosos, de las tradiciones de resistencia cultural, de los simples, de los de abajo. Pero, con Chávez se genera también una confusión política y lo que se había avanzado en materia de protagonismo ciudadano se detiene, delegando nuevamente la representación en un hombre, en un colectivo insurgente. Lo sustantivamente diferente es que la mediación no reside ya en los partidos políticos y Chávez se convierte en una bisagra para las corrientes del pensamiento divergente.
Desde la cárcel, los militares golpistas reinician el encuentro con los sectores populares y beben de la resistencia popular el modelo de democracia directa. Por ello, llaman a no votar144 y a construir “por ahora” formas de resistencia y lucha popular. Sin embargo, en el seno de los colectivos de civiles y militares comienzan a surgir nuevas formas de interpretar la acción necesaria. Durante 1995-1996, surge la perspectiva constituyente, la opción de construcción política de nuevas formas de diálogo entre ciudadanos y Estado, mediante un proceso de constituyente originaria, que lograra impulsar la agenda requerida para alcanzar un modelo de democracia participativa y protagónica. Esta aspiración se refleja en 1996 en la denominada Agenda Alternativa Bolivariana (AAB).
El surgimiento de formas de resistencia que construyen sus propios cauces y se niegan a entrar en los canales y protocolos establecidos por el stablismenth para normalizar las protestas constituyen el elemento cualitativamente significativo de este proceso.
Los partidos políticos del sistema, los sindicatos, gremios; es decir la legalidad del orden establecido se ve superada por el emerger de formas de autoorganización y autovalidación ciudadana. Los partidos nacionalistas y de izquierda sufren la presión de las comunidades y su propia militancia para abrirse a nuevas perspectivas que les permitan realizar una lectura correcta y pertinente sobre lo que está ocurriendo. Esta actividad cismática se expresa en los escenarios sociales concretos en crisis de gobernabilidad.
A pesar de ello, los referentes e instancias de poder, el orden establecido, guardaba aún esperanzas sobre la capacidad de reforma del Estado y la modernización de sus instituciones, cambios que les permitiera retomar la conducción de los procesos sociales. Se inician (a)procesos de mutación en los partidos políticos limitadas a algunos cambios o rotación en los cargos directivos, (b)se produce la explosión, la vorágine de dinámicas políticas emergentes de lo que luego serían nuevas agrupaciones político partidarias (PV145, ABP146, PJ147, entre otras) y, de Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s148), como alternativas organizativas ante las representaciones políticas (especialmente los partidos conocidos), cuya legitimidad, eficacia política y capacidad de representación se encontraba en el ojo del huracán de los cuestionamientos sociales.
Entre contactos, reuniones clandestinas y un creciente espíritu de acuerdo para la acción, progresivamente se van hibridando las visiones y posiciones tanto de los militares rebeldes como de los activistas revolucionarios y populares. A estos últimos los acontecimientos de Febrero de 1989 le habían demostrado la precariedad de las formas organizativas construidas hasta el presente, obligando a reevaluar el papel del espontaneísmo de las masas en la transformación de las relaciones de poder.
Encarcelamiento en Yare
La prisión de Yare representa para Hugo Chávez y los militares bolivarianos una oportunidad para la reflexión y la maduración política. Durante su cautiverio de dos años, todos pero especialmente Hugo Chávez y Arias Cárdenas se dedican a leer, analizar y comprender mejor, trasdiciplinariamente a la sociedad venezolana.
Chávez se estrena como escritor para grandes audiencias y se conocen diversos artículos y ensayos políticos que dan cuenta de este hecho. Destacan entre otros "cómo salir del Laberinto" del cuál es co-autor y “del terrorismo de Estado a la guerra civil”, ambos escritos en (1992).
Lejos del aislamiento, la prisión de Yare significó un lugar de circulación e intercambio de ideas. Chávez inició una correspondencia clandestina con diversos actores de la política venezolana y latinoamericana. Sobresalen los enlaces con los "Carapintadas" de Seneildin y el sociólogo argentino Norberto Ceresole. Las tesis de Ceresole respecto al Caudillo-Ejército-Pueblo y las nociones que postulan el establecimiento de un mundo multipolar en contraposición al mundo unipolar liderado por los EE.UU causarían un profundo impacto en el ahora, líder político-militar.
El periodo de encarcelamiento de los líderes de las intentonas golpistas del 4-F y 27-N, les permite a estos establecer contacto con luchadores sociales y el movimiento popular organizado. A partir de estos acercamientos emergen contradicciones tácticas respecto a las formas de actuar en la realidad político electoral inmediata. Una tesis sostenía que para abrirle paso a la revolución bolivariana era necesario sostener una política abstencionista respecto a los futuros procesos lectorales. La otra tesis propondría la posibilidad de articular un amplio movimiento opositor al régimen que levantara una candidatura revolucionaria.
Una vez liberados por el Presidente Caldera, los líderes del movimiento golpistas del ´92, dividen su accionar táctico en cuanto a las elecciones para Gobernadores de Estado, manteniendo la unidad estratégica propia de una visión compartida de país. Mientras Arias Cárdenas (Exgolpista) se postula y por mandato popular gana la Gobernación del fronterizo Estado del Zulia, su compañero de armas Hugo Chávez, hace llamados al voto nulo y/o la abstención.
Esta estrategia política parece estar orientada a disminuir resistencias ante un eventual gobierno de las fuerzas del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200)149. Por una parte Arias evidencia con su acción al frente de la Gobernación, la sensatez de los rebeldes para gobernar y gerenciar los cambios; por la otra, Chávez afianza sus vínculos con la corriente histórico-social por el cambio.
En 1997, Chávez anunciaría su intención de participar en el proceso electoral, optando a la Presidencia de la República por la vía del sufragio, rompiendo con ello su política anti-electoral.
Los seguidores de Arias y Chávez, divididos por el tema de apoyar o no la gestión de Rafael Caldera se reunificarían, en lo que denominan la supremacía de los objetivos estratégicos. Chávez asume las banderas de un gobierno que impulse la Revolución Democrática y pacífica.
Salvo algunos sectores del Trotskismo, el anarquismo y los auto-denominados marxistas leninistas, la izquierda electoral en su conjunto se une a este movimiento que liderizan individualidades y organizaciones con amplia tradición combativa, entre los cuales se cuentan Pedro Duno, J.R. Nuñez Tenorio, Lanz, entre otros. El pacto electoral se sella alrededor de la figura del Candidato Presidencial Hugo Rafael Chávez Frías.
141ILPES: Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social
142CEPAL: Comisión Económica para la América Latina y el Caribe
143En este caso el partido Convergencia y el Frente Amplio conocido como el Chiripero
144 más adelante el propio presidente Chávez reconoce que la abstención fue un desacierto táctico que los revolucionarios supieron remendar.
145 PV: Proyecto Venezuela agrupación que actualmente lidera la familia Salas Römer.
146 ABP: Alianza al Bravo Pueblo desprendimiento de Acción Democrática, organización que en el presente lidera Antonio Ledesma, ex-alcalde adeco de Caracas.
147 PJ: Primero Justicia, organización que expresa la fusión de corrientes socialcristianas y liberales. Su liderazgo pertenece a capas sociales que durante años se beneficiaron del Estado y los gobiernos de la IV República.
148 Una de las activas en la defensa de la perspectiva neoliberal la constituye la Asamblea Nacional de Educación (ANE) liderada por Leonardo Carvajal. En un trabajo titulado abordamos en detalle las aristas de su propuesta educativa neoliberal (Ver: Bonilla-Molina, Luis (2001) Reforma Educativa, Poder y Gerencia. Editorial Tropykos. Caracas. Venezuela.