Propaganda y represión. La prensa del Estado como instrumento de construcción nacional. La ley de 1966. Un nuevo marco jurídico de relaciones entre el poder político y la prensa. El “desarrollismo político”. El dirigismo estatal sobre la radio y la televisión. La resistencia cultural: la prensa democrática frente a la dictadura.
ORGANIZACIÓN DE LA PRENSA EN EL ESTADO FRANQUISTA
Concepto de prensa: Va a ser concebida por el bando sublevado como un instrumento imprescindible al servicio de la construcción de un nuevo Estado y una nueva sociedad.
Uno de los conceptos claves de la ideología franquista es la nacionalización de las masas, haciendo desaparecer el concepto de clase. El concepto de nación franquista es interclasista y homogeneiza a la sociedad bajo una misma denominación e identidad. Este modelo de nación integrada y asociada aparece como opuesta a la disgregación producida por los ideales democráticos; la libertad se asocia al caos. La ciudadanía ya no tiene derechos, ahora son todos del Estado.
La prensa ha de ser la creadora de una conciencia nacional, ha de cohesionar a la ciudadanía y unirla en el régimen. Gracias a la prensa se conocen las instituciones, de ahí que la prensa legitime al Estado. La prensa favorece los tres tipos de legitimación:
· Cognoscitiva (conocer instituciones)
· Valorativa (favorece la valoración positiva)
· Estimativa (favorece la estimación de la ciudadanía)
El Estado usurpa y hace suya su identidad, lo que hace que ser español equivale a ser católico y franquista, pilares del régimen. De ahí que la oposición sea reconocida como anti-española.
A finales del siglo XIX, el Papa Leon XIII realiza la encíclica Rerum novarum , en la que afirma que el cristianismo debe tener más protagonismo en el espacio público, a través de la prensa y de diversas asociaciones. Así se pretende luchar contra el anticlericalismo liberal predominante en buena parte del mundo. En cuanto a la función de la prensa, Leon XIII habla de lo que él denomina “buena prensa”.
Para Franco, la buena prensa no sólo va a ser la confesional, sino aquella que defienda el estado totalitario.
En 1938, se promulga la Ley de Prensa Súñer, que no es sino una copia de la Ley de Prensa de Mussolini de 1935. Se basa en principios ideológicos de antiliberalismo y anticapitalismo. Regula el número y la extensión de las publicaciones periódicos (acaba con la libertad de empresa). Faculta al gobierno para designar director, con lo que éstos van a pasar a ser comisarios políticos. Se van a dar así conflictos como el del diario Ya , propiedad de la Editorial Católica, en el que su director (Juan José Pradera) va a mostrar una postura pro-nazi que contrasta con la cautela mostrada por la Iglesia en el conflicto. Algo parecido ocurrió en el ABC , donde el director nombrado por Franco se mostró muy crítico con Don Juan, lo que chocaba con el carácter monárquico de los editores del periódico. Ningún periódico podría protestar ante esto, pues el director estaba nombrado por Franco. A La Vanguardia se le obligó a cambiarse el nombre (La Vanguardia Española) ya finalizar, por supuesto, con su carácter liberal. Además, se reglamenta la actividad periodística: se necesita el carné de periodista, dispensado por el Registro Oficial de Periodistas. Se requería ser incondicional del régimen. Hay, por tanto, que depurar la profesión, expulsando y procesando a todos los periodistas rojos. También se vigila y censura la actividad periodística. Censura no es sólo igual a silenciamiento, sino también a dictar consignas.
Cerrar algunas bocas, Diario Pueblo Emilio Romero
LA LEY FRAGA DE 1966
La promulgación de la nueva ley de prensa ha de entenderse desde la nueva realidad internacional tras la II Guerra Mundial. La desaparición de los estados totalitarios y la supremacía de las democracias provocan la transformación funcional del Estado franquista, aunque sin modificar a grandes rasgos las estructuras de poder. En este contexto de aperturismo se suceden la Ley de Fueros, la Ley de referéndum o la Ley de Sucesión, personificada en la figura de Juan Carlos I. Además, la presencia de la falange en el gobienro disminuye hasta casi desaparecer, y los ministros van a proceder ahora de sociedades católicas como ACNP o Opus Dei.
Los puntos principales de la Ley del 66 son la permisividad de la libertad de empresa (en el 38 no había, pues era el Gobierno el que decidía que periódicos salían a la calle y cuáles no). Asimismo, el Estado comienza a tolerante con cierto sector de la prensa, el controlado por las familias del régimen. La ley consagra el poder gubernativo al dar al Gobernador Civil la potestad de amonestar las publicaciones y decidir qué medidas tomar a instancias de su decisión. La Ley de Prensa de 1966 ha pasado a la historia con una valoración quizá demasiado positiva. Sí es cierto que eliminaba la censura, pero también lo es que se el Gobierno se reservaba en su polémico artículo II la posibilidad de sancionar a aquellas publicaciones que publicasen informaciones que atentasen contra la moral. Lo que se consiguió con ello fue que los propios periodistas pasaron a convertirse en auto-censores ante posibles sanciones.
Cuando aparece la Ley existe ya un caldo de cultivo propicio para el aperturismo, con la presencia en la calle de de publicaciones de carácter aperturistas, críticas y democráticas. Una de ellas es Cuadernos para el diálogo, publicación de carácter socio-demócrata fundada por Ruiz Giménez. El éxito de la revista posibilitó a Ruiz Giménez la fundación de una editorial, con la pretende abrir una vía de comunicación para los franquistas aperturistas.
TRIUNFO
Triunfo nace en 1946 en Valencia como revista de cine, dirigida por José Ángel Ezcurra. Dos años más tarde la redacción de la revista se traslada a Madrid y en 1960, ante el éxito de la publicación, el Delegado de Prensa y Propaganda del Movimiento ofrece a Ezcurra la posibilidad de incorporar la revista a la Cadena del Movimiento. Ezcurra declina la oferta y comienza entonces a buscar apoyo financiero para cambiar el tono y estilo de la revista para llegar a hacer un magazine de información general. El capital lo va a encontrar en la empresa de publicidad Movierecor. En 1962 se funda, con capital de Movierecord, Prensa Periódica S.A., que va a editar el nuevo Triunfo , convertido en magazie de información general al estilo de los principales magazines europeos, como París Match. Se modificó prácticamente toda la plantilla, incorporándose firmas como Luis Carandell (responsable de la sección “Celtiberia Show”, basada en la recopilación de muestras reales de la sociedad española), Diego Galán (sección de cine), César Alonso de los ríos, Miret Magdalena (sección de religión), Vázquez Montalbán (firma una columna “La capilla Sixtina”, con el seudónimo Sixto Cámara), Eduardo Haro Tecglen (pseudónimo de Pozuelo, encargado de una columna y de una sección de análisis internacional a través de la que se va a tomar partido por temas de carácter nacional)... Triunfo logra aglutinar en torno a la publicación a gran parte de los intelectuales democrátivcos antifranquistas de la población. Triunfo ofrece una realidad diferente a la que ofrecen las publicaciones del Movimiento.
En el año 1966 Fraga intentó que la revista publicara en su portada la efigie del Caudillo. Ezcurra no sólo no lo publica, sino que dedica un número monográfico de homenaje por esas fechas a Picasso, acompañado en la portada de un poema de Alberti.
En 1971 sale a la calle un número hablando sobre la crisis del matrimonio con artículos de Jesús Aguirre, Lidia Falcón (importante feminista) , Carmen Martín Gaite... La publicación es sancionada con 250.000 (que para la época es una barbaridad) y cuatro meses de suspensión. La publicación aprovecha entonces para sacar a la calle la revista de humor Hermano Lobo. Fuentes del Gobierno justificarán la canción afirmando que así se acallaba un movimiento crítico que amenazaba con destruir los cimientos y el orden político del Estado. Es, pues, una sanción ejemplificadora.
Características de la publicación: 10 pts de precio, 600.000 ejemplares tirados
Liberalización de añoranzas Manuel Vázquez Montalbán
Uno de los miembros de la redacción de Triunfo hace balance de la trayectoria e importancia de la revista, con motivo de un congreso que sobre la publicación se celebró. Algunos de los puntos más importantes del texto están entre las páginas 172 y 174, cuando el autor señala las funciones de la publicación:
· recuperación de la identidad democrática y antifranquista. Cohesiona a todo el movimiento antifranquista, dispersado en diferentes partidos y opiniones. Comienza a dar señas de autoridad a la izquierda antifranquista.
· innovación en la formación de la agenda setting
En la última parte del texto, Vázquez Montalbán hace referencia a la situación de la revista durante la publicación (publicó su último número en agosto de 1982)