La prensa política como fiel expresión de la libertad durante el trienio. La década ominosa: Los estertores del absolutismo. Romanticismo y costumbrismo en el quehacer periodístico.
En 1814, tras la expulsión de los franceses de la península, Fernando VII regresa a España como monarca soberano y absoluto, aclamado por las masas (“Vivan las caenas” ). Los liberales, que tanto habían luchado para hacer sus reformas desde las Cortes de Cádiz, ven estupefactos cómo las masas piden a gritos la vuelta del Absolutismo y el final de la política liberal.
Fernando VII va a gobernar desde 1814 hasta 1820 (el llamado Sexenio Absolutista) de modo absoluto, ignorando todas las reformas liberales y retrocediendo hasta la política de 1808. Las represalias contra los liberales de las Cortes de Cádiz son frecuentes y duras. Los periódicos han de cerrar ante la presión institucional de las fuerzas del Orden.
El pensamiento liberal se ve obligado entonces a pasar a la clandestinidad, en dos ámbitos bien diferenciados:
· Ámbito burgués: Relaciones privadas de la burguesía urbana.
· Sociedades secretas: Fundamentalmente eran de dos tipos: carbonarios y logias masónicas
Estas sociedades, además de ejercer el pensamiento liberal, conspiran contra el poder. A través de la conspiración conseguirán en 1820 desencadenar un proceso revolucionario en toda Europa occidental (las revoluciones de 1820) que, al menos de forma transitoria, lucha contra el orden establecido de las monarquías absolutas.
Durante estos seis años comprendidos entre 1814 y 1820 el periodismo se caracteriza por el silencio publicístico. Hablar de periodismo en esta época es hablar de la nada. El periodismo ha sido aniquilado y la única prensa que sale a la calle es la prensa oficial.
En 1820 triunfa el levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan (Sevilla), cuando un destacamento que iba a América a aplacar una insurrección se levanta en armas contra el absolutismo de Fernando VII. El levantamiento tarda tres meses en triunfar, debido en parte a los problemas que hubo para informar sobre él (en Madrid no se tuvo constancia de él hasta mes y medio después de que se produjera). Al movimiento de Riego, organizado por una conspiración de la que son copartícipes todas las sociedades secretas, le suceden otros parecidos por toda la península (aunque no se ha informado de él, lo conocen porque han participado en su planeamiento).
Socialmente, las sociedades secretas se componen de:
· Miembros de la burguesía
· Militares. El ejército tiene, después de la Guerra de la Independencia, una composición heterogénea, sin restricciones clasistas de ningún tipo. El ejército es por entonces el encargado de luchar contra los enemigos externos (defienden las fronteras –conjunción Nación-Estado-) e internos, que quieren destruir el desarrollo del país. El ejército tiene un carácter eminentemente liberal y se refugia en sociedades secretas durante el Sexenio Absolutista para intentar devolver el liberalismo a España.
Tras el levantamiento de Riego se obliga a Fernando VII a jurar la Constitución. Los absolutistas, que hasta entonces habían tenido en el monarca un guía, critican al rey por su debilidad a la hora de aceptar la Constitución. Tras este hecho, la facción absolutista, sin Fernando VII, queda descolocada. Desestima además la oportunidad de presentar candidatura a Cortes, lo que hace que las Cortes del Trienio sean totalmente liberales. No se presentan porque no tienen cabeza visible que los representantes, tras la deserción de Fernando VII
Los absolutistas van a utilizar formas de comunicación no institucionalizadas, como la comunicación oral (rumores, sermones del clero). El objetivo de los absolutistas con esto es el de llamar a la ciudadanía a la desobediencia civil. A través de estos vehículos de comunicación oral se transmite un discurso que más que una ideología (no tiene coherencia interna ni parte de ningún tipo de pensamiento para serlo) es una contraideología, pues su única función parece ser la de ir en contra de las ideas liberales. Instrumentalizan además la religión con fines políticos y se sataniza todo lo liberal. Es muy frecuente en el discurso absolutista el recurrir a mitos como el del soberano, el de la autoridad divina, el del orden como fruto de la autoridad divina, etc... Equiparan la Constitución y todo lo liberal con el caos y la anarquía.
Además, los absolutistas, viendo que el ejército es en su mayoría liberal, acuden a fuerzas militares exteriores (Cien Mil Hijos de San Luis, de la Sta. Alianza), para que intervengan contra el levantamiento de Riego (en 1820 acaban con él).
Los absolutistas, al no poder contar ya con la figura de Fernando VII, busca su referencia en su hermano Carlos María Isidro (de ahí que a una de las facciones absolutistas comience a denominarse carlista). El sustrato ideológico del carlismo está en el Antiguo Régimen.
Los liberales, por su parte, concurren a las Cortes del Trienio, lo que supone una progresiva escisión en sus filas en dos facciones: la moderada y la exaltada o progresista. Los moderados son los llamados doceañistas y son en su mayoría diputados mayores que ya habían participado en Cádiz (también había muchos que habían sido afrancesados durante la Guerra de la Indepedencia). Son más retraídos y conservadores que los exaltados, también denominados veinteañistas, más jóvenes. Éstos últimos piden modificar radicalmente la Constitución de 1812, mientras que los primeros prefieren dejarla tal y como está.
La organización de estas facciones tiene lugar en dos ámbitos:
· Cortes (comunicación institucional)
· Cafés: En ellos se gesta lo que Gil Novales llama “primeras formas de asociacionismo político”. Allí emerge una forma de vinculación política, al formarse las sociedades patrióticas, cuyo nombre se toma de los cafés donde se reúnen.
PUBLICACIONES MÁS DESTACAS DURANTE EL TRIENIO: Casi todas las cabeceras son de carácter liberal.
-Moderados:
· “El Universal” : Conocido popularmente como sabanón por sus medidas (31 x 21 cm. –no era formato sábana, era del tamaño de un folio, pero para la época era un tamaño gigantesco-)
· “El Censor” : No tenía nada que ver con el anterior de Cañudo y Pereira. Éste está dirigido por Alberto Lista.
· “El imparcial” : Durante la Guerra de la Independencia la cabecera estuvo dirigida por Alcalá Galiano y fue muy criticado por mantener una posición neutral en la contienda. Durante esta época, la publicación la dirigió Javier de Burgos, posterior ministro –a él se debe la actual división de provincias del Estado español-.
· “El periódico de las damas” : Siendo prensa femenina, hace un llamamiento político a las mujeres, para que inculquen a sus hijos los valores de la Constitución. Se le atribuye a la protagonista del espacio doméstico conocimiento sobre los asuntos del espacio público, al que nunca ha tenido acceso, lo que es toda una contradicción. Esta actitud liberal de inculcar a los niños los valores constitucionales intentaba contrarrestar la habitual influencia que la Iglesia, totalmente instrumentalizada por los absolutistas, tenía en los procesos educativos. Esta publicación rompió así con el carácter clásico de las publicaciones femeninas, aunque fracasó y no duró más de tres números.
-Exaltados:
La prensa liberal exaltada introduce un elemento novedoso en la prensa española: la expresión gráfica (caricaturas y chistes con connotaciones políticas). Se utilizan los gráficos para la difusión política.
· “El eco de Padilla” : Órgano de expresión de la sociedad secreta de los Comuneros.
· “El Zurriago” : Fue uno de los periódicos más radicales, muy crítico y sátiro; transgredió el orden y las normas hasta lo máximo permitido a través de las caricaturas.
En 1820 se proclama la liberta de imprenta a través de un decreto directamente inspirado en la Ley de 1810 (en las Cortes había mayoría moderada, que impedía las reformas que los veinteañistas hicieran las reformas que pedían para esa ley). Debido a los efectos de esa ley, todo lo que no era prensa ordinaria (folletos, hojas volanderas) pasa a la clandestinidad. En 1822 se reforma el decreto y se tipifican todos los delitos posibles en la actividad periodística (calumnia, injuria). También en 1822 se confirma (ya aparecía enla lLey de 1820) el juicio por jurado popular para delitos de imprenta. La magistratura era eminente antiliberal y por ello el Gobierno liberal se ve obligado a tomar esta medida, para proteger las publicaciones. Además, si la ciudadanía es sujeto político activo, ha de juzgar los actos que ocurran en esa esfera. Entre 1829 y 18243 prácticamente no se procesó a ningún periodista.
En 1823 vuelve a cambiar el panorama político con la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis en defensa del absolutismo. Vuelve al absolutismo representado por la persona de Fernando VII. Se producen entonces los mismos actos de represión, cierres de cabeceras y represión de liberales de 1814.
Sin embargo, en 1828 Fernando VII inicia un tímido aperturismo, provocado sobre todo por la cuestión carlista (ha de ganarse a los liberales en su lucha contra su hermano Carlos María Isidro). A partir de esa fecha, se permite la publicación de cabeceras costumbristas y románticas, lo que significa que el pensamiento liberal está intentando salir del ahogo al que le ha sometido el monarca a través de iniciativas periodísticas socio-culturales y no políticas.
PUBLICACIONES ROMÁNTICAS:
“El duende satírico del día” Mariano José de Larra, 1828
“El pobrecito hablador” Mariano José de Larra, 1831
PUBLICACIONES COSTUMBRISTAS:
“El curioso parlante” Mesonero Romanos, 1831
“Semanario pintoresco” Mesonero Romanos, 1835
Grosso modo, ambas publicaciones coinciden en que las dos hacen crítica de costumbres. El costumbrismo de Mesonero conecta con la tradición de crítica de costumbres del periódico “El Pensador” (de Fajador). La corriente romántica de Larra, por su parte, conecta con la acidez, la mordacidad y el sentimiento de desengaño de “El censor” . El costumbrismo es un movimiento muy del gusto de los liberales moderados. Es el suyo un discurso inmovilista que no pretende ninguna transformación social, que da por bueno el panorama social a pesar de sus injusticias. Busca sólo entretener a la burguesía más acomodada, ofreciendo una visión plural y acomodaticia de la sociedad. Son frecuentes las burlas hacia los sectores más populares de la sociedad, para regocijo de las clases burguesas.
¿Quién es el público y dónde se encuentra? Mariano José de Larra
El tema fundamental del artículo es el intento de Larra de resolver la cuestión que se plantea en el título. Larra busca infructuosamente el público, o al menos el público que el desea: un público racional que discuta y llegue acuerdos sin apasionamientos ni tópicos ni prejuicios. El público que él observa (o las masas a las que algunos llaman público), el que ve en los cafés o teatros capitalinos, se caracteriza precisamente por aquellas características que él aborrece. Llega a la conclusión de que el público es una masa completamente heterogénea, que no es más un pretexto para fines concretos.