El Dictador murió en 1975 y se abrió una etapa de incertidumbre. La inmensa mayoría de la población española, como se demostró con las elecciones, querían la libertad y la democracia. Era necesario instaurar un régimen democrático. Había dos opciones: ruptura o reforma. El Rey de España era contemplado como una imposición de Franco, aunque se había encargado de hacer que llegaran mensajes suyo personales sobre su firme voluntad democratizadora. Los reformistas querían desmontar el entramado a partir de las propias instituciones y convocar unas Cortes Constituyentes para aprobar una Constitución.
Al inicio de 1976, la opción política de futuro resultaba clara para muchos: era indispensable la instauración de un régimen democrático a través de una nueva Constitución que garantizara a todos un nuevo sistema de convivencia en paz y libertad, que tuviera, además, una vocación de permanencia en el tiempo.
El principal mérito y novedad de la Constitución de 1978 fue que el sistema constitucional que estableció fue elaborado y aceptado sobre la base de un consenso político extraordinariamente mayoritario. Fue el resultado de una transacción entre diferentes proyectos y concepciones de la organización de los poderes del Estado, pero sin la imposición de una mayoría sobre la minoría.
El rasgo más característico de la Constitución de 1978 fue precisamente que pretendió acabar con casi dos siglos de agitación y enfrentamientos en España en torno a cuatro cuestiones decisivas:
- Naturaleza y dimensión de los derechos fundamentales y libertades públicas
- Modelo socioeconómico que debe servir para la creación y distribución de la riqueza
- Modelo de Estado: Monarquía o República
- Organización territorial: el respeto a la pluralidad de nacionalidades y regiones, y a la consecuente diversidad cultural y lingüística.
Para conseguir todo esto era necesario un pacto de todas las fuerzas políticas. Es la primera Constitución de nuestra historia que ha logrado una convivencia pacífica entre todos los españoles, estableciendo unas reglas de juego que se observan tanto como se respetan, a pesar de las discrepancias, lógicas en cualquier democracia. Es una Constitución que tiene en cuenta el pasado, pero sobre todo mira al futuro y permite que se pueda ir renovando y mejorando con su desarrollo legislativo.
Ha sido considerada la obra nacional de consenso entre todos los partidos políticos y todas las partes territoriales del Estado. De ahí que tenga una autoridad política y moral y una proyección histórica superior al resto de Constituciones que han estado vigentes en España.
El consenso que permitió alcanzar una Constitución que reconoce como valores supremos de nuestro ordenamiento político la libertad, la justicia, la igualdad, y el pluralismo político en el marco de un Estado social y democrático de Derecho, al fin consiguió superar los viejos demonios familiares del constante enfrentamiento civil, lo cual comportó un cambio radical en la historia del constitucionalismo español.
Los constituyentes elaboraron un texto normativo plenamente adecuado a las estructuras del constitucionalismo contemporáneo, haciendo que España dejara de ser una excepción entre los países de su entorno europeo. Es la primera vez que se ha consolidado en España un Estado de Derecho sobre unas bases y unos principios que responden a los postulados del constitucionalismo occidental. Es un texto plenamente normativo que sirve de instrumento jurídico y como medio de convivencia de todos los ciudadanos.
Los factores que facilitaron este nuevo planteamiento en la historia del constitucionalismo español fueron que:
1) La estructura económica y social de España a mediados de la década de los setenta no tenía nada que ver ni con la de la Constitución de 1876 ni la de 1931. Las condiciones de estabilidad y relativa prosperidad permitieron un planteamiento inequívocamente democrático.
2) La confluencia entre un sector decididamente reformista del régimen anterior y la oposición democrática. Se llegó al consenso constitucional ya que supieron anteponer oportunas iniciativas pragmáticas a fidelidades doctrinarias.
3) La política de consenso se desarrolló al margen de tensos debates y grandilocuentes discursos parlamentarios. El consenso en torno a la elaboración de la Constitución y al tratamiento que habían de recibir las cuestiones más polémicas, fue realizado mediante una táctica política de círculos reducidos y las decisiones finales se adoptaron por acuerdos privados entre los máximos representantes de los principales partidos.
No obstante, la labor de los constituyentes estaba muy condicionada por la tensión circundante: la crisis económica, la alarmante inflación y el crecimiento del desempleo podían disparar los conflictos sociales. Asimismo, el terrorismo de ETA y del GRAPO, podía excitar los ánimos de los sectores más reaccionarios a la Transición.
La Constitución de 1978 corrigió los errores en que incurrieron las precedentes, fue consensuada entre todos y aceptada por todos y consiguió ajustarse adecuadamente a la estructura social, cultural, económica y política de España de la época pero con una visión de futuro.