John Zerzan y la confusión primitiva - El comunismo no puede ser "primitivo''

4 - El comunismo no puede ser "primitivo''

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20 de Diciembre de 2005
La ideología de Zerzan no es más que la enésima aparición de un antiguo romanticismo primitivista, que se remonta hasta Rousseau e, incluso, antes que él, a Montaigne (cfr. Essais; Des Cannibales). Descansa sobre el postulado que afirma que nuestra cultura sería ``mala, puesto que habría perdido el ``contacto con la naturaleza que constituiría la autenticidad de las culturas primitivas (``Los Lotanticos son flores que brotan en los libros, tal como Pañol pone en boca de Ugolin). Esta actitud es la de un colonialismo invertido, que haría de nuestra cultura la única cultura ``verdadera, es decir, el mal encarnado.
Hemos visto antes que, desde el inicio, la humanidad no se ha ``liberado de los constreñimientos del medio natural, como diría una concepción marxiana-utilitarista de las sociedades, pero se ha desarrollado independientemente de él. Lo cual no significa que los hombres vivan sin lazos respecto a su entorno, cosa que sería absurda, sino que son las estructuras simbólicas de las sociedades humanas las que condicionan su relación con el medio natural y no al revés. Así pues, desde este momento no se puede hablar de ``proximidad o de alejamiento de la naturaleza en ningún momento de la historia humana, sino tan solo de diversos tipos de relaciones con el medio que los humanos mantienen en el seno de sus sociedades, de su modo de vida en el sentido extenso del termino.
Presentar la vida de los cazadores-recolectores como más ``natural que la de los sedentarios no tiene ningún sentido. El simple hecho que los cazadores-recolectores hayan tenido una vida más fácil, con más ``tiempo libre y más socialidad ``gratuita, que los sedentarios, no constituye en sí mismo un argumento. Por otra parte, existen sociedades sedentarias que practican la agricultura y disponen de un ``tiempo libre muy comparable al de los cazadores-recolectores, que practican la subexplotación y mantienen una baja densidad de población. Podemos mencionar los Chimbu de Nueva Guinea, que explotan solamente el 60% de la tierra cultivable; los Yagaw de las Filipinas o los Iban de Borneo, que mantienen su población entre el 30 y el 40% por debajo de la densidad que les permitiría una agricultura más intensa. En estas culturas, podemos observar ``jornadas de trabajo muy cortas, 4 o 5 horas, seguidas generalmente de varios días de descanso. Entre los Papus Kapauku, los hombres consagran de media 2h. 18 min. por día a la producción agrícola, y las mujeres 1 h. 42min. Hay otros ejemplos, pero se haría pesado citarlos todos.
La agricultura, contrariamente a las ecuaciones simplistas del tipo agricultura/crianza = domesticación de la naturaleza = dominación social, no es portadora del ``mal absoluto
que Zerzan querría detectar.
Sin duda existirán también personas empeñadas en la investigación del Mal que querrán ir a encontrarlo en el almacenamiento (manifestación de la ``conciencia del tiempo y del numero, según Zerzan), supuesto ente prefigurativo de la acumulación capitalista y puerta de entrada en la vida humana del pecado de avaricia. Mas, ay, comprobamos asimismo que muchos cazadores-recolectores practicaban la acumulación como fácilmente podemos imaginar. A menos de tomar a los primitivos por imbéciles, mal haríamos creyendo que iban a contentarse recogiendo lo que hallaban, satisfaciendo su hambre inmediata para acostarse enseguida beatíficamente a la sombra del Árbol de la Abundancia. Bellotas de encina, nueces, castañas silvestres y demás serán recogidos por los cazadores-recolectores en instrumentos de cestería y puestos a secar (la aparición tardía de la cerámica no significa que no se conocieran anteriormente otros tipos de receptáculos, sino que no disponemos de vestigios de estos recipientes tejidos, hechos de materiales perecederos), en previsión de un posterior consumo. La nocion zerzaniana del ``presente perpetuo recibe un golpe, ya que todo esto significa una anticipación a una larga duración de necesidades y la puesta en marcha de una estrategia para subsistir.
Sea lo que sea, el Mal absoluto no se halla ni en el almacenamiento, ni en la agricultura, ni en las formas de organización más o menos complejas o ``abstractas (¿qué hay más complejo y abstracto que los sistemas de linaje transversal del parentesco en algunas culturas primitivas?), y aun menos en la conciencia del tiempo, en las matemáticas o en el lenguaje. De hecho, no hay ``mal absoluto. Abandonemos un poco el quehacer de la moral.
Zerzan es un feroz enemigo de cualquier organización. Para él, toda acción concertada y orientada hacia un fin preciso comporta la alienación. Ve brujos por todas partes. Lo que le disgusta de las sociedades modernas es, básicamente, su organización. Que ahora esta alienada, no ofrece ninguna duda. Pero, ¿debemos subscribirnos a este anarquismo bruto, que ve en toda agrupación de más de tres personas un factor de dominación o alienación?
Zerzan habla de una ``sociedad cara a cara, de una ``sociedad de amantes. Nos trae a T. Kaczynski, conocido como Unabomber, que en su Manifiesto declara que ``el individuo se halla frustrado por lo que llama su ``auto-realización, ``cuando las decisiones colectivas son tomadas por un grupo demasiado extendido para que el rol de cada uno tenga alguna significación. Zerzan sueña en los cazadores-recolectores, Kaczynski en los conquistadores del Oeste. En ambos casos, pequeños grupos aislados, con unas tasas de población muy débiles.
Esta ideología señala un deseo muy característico del individualismo de masas: el deseo de auto-valorización, el deseo de ser reconocido por el otro. Este deseo pone de manifiesto una falta muy real, pero que, como producto de la alienación, expresa su lenguaje. Es el ser humano separado el que habla así, pues en su separación todo lo que le queda es su propia soledad, lo que él llama su ``individualidad
. Privados como estamos de toda acción colectiva consciente, ni siquiera a1canzamos a imaginar que una tal acción sea posible.
Por el contrario, es necesario afirmar que ese tipo acción es posible, y lo es porque en el punto en que hoy nos hallamos es necesaria. La sociedad del ``cara a cara, la sociedad de los ``pequeños grupos, son productos del individualismo agraviado, de la bolsa de provisiones aislada que quiere existir ``por y para sí mismo, junto con algunos compañeros. Los problemas que plantea hoy el capitalismo, y que éste no resolverá, ya que sólo nosotros, como comunidad humana, somos capaces de resolver, no se solucionarán al nivel del ``pequeño grupo. Cuando, por ejemplo, la revolución este realizada (cosa que, seguramente, no puede tardar) nos ocuparemos de reforestar inteligentemente los millones de hectáreas destrozadas por la agricultura industrial y esto no será posible por la acción de ``pequeños grupos aislados. Y si, en tanto que individuo, tengo la dicha de participar en esta acción colectiva, no me preocuparé mucho de grabar mi nombre en cada árbol que haya plantado y que, por otra parte y sin duda, jamás veré en su madurez. Por ello no me sentiré menos individuo.
Lo que Zerzan y Kaczynski sugieren es la muy democrática idea según la cual la organización de los grupos humanos por sí mismos sería imposible debido al grado de población hoy alcanzado. Como todos los demócratas, no conciben en modo alguno que una sociedad integrada por millones de individuos pueda ser ``gestionada
de otra forma que la actual, es decir, por los Estados, por la delegación, por el control policial.
No conciben la comunidad humana como superación de las condiciones actuales ni de las situaciones del pasado, sino como una regresión hacia este pasado. Y su pensamiento, que se cree revolucionario, constituye una regresión.
Pero el objetivo de este texto no es el de proponer una nueva teoría de la revolución. Simplemente nos hemos propuesto hacer una crítica del ideólogo Zerzan, y creemos que lo hemos hecho. También nos hemos propuesto abrir un debate sobre bases concretas. Ahí están las bases, el debate puede empezar.

Alain C., con la inestimable colaboración de Marielle (contacto : ``en attendant. 5 rue du Four, 54000 Nancy).

Este artículo fue traducido y publicado en castellano por la revista Etcétera, número 22.
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