La especie humana: Pasado, presente y futuro - Pasado
09 de Mayo de 2005
Biología
Proceso de hominización
Tratemos de contestar en primer lugar a lo primero. Las tendencias evolutivas que se observan en los homínidos se engloban dentro del llamado proceso de hominización, que se caracteriza por:
1) Una tendencia al bipedismo o postura erguida, que en la especie humana se alcanza plenamente. Esta tendencia, parece ser se ensayó también en otros primates fósiles de tipo antropomorfo, que vivían en los árboles y se ha conseguido de forma imperfecta en antropomorfos actuales como gorilas y chimpancés. Quizá el cambio de hábitat de nuestros antepasados, es decir el paso de la selva arbolada a la sabana, con grandes espacios abiertos para caminar, como consecuencia, probablemente, de un cambio climático, favoreció esta tendencia bípeda, aunque ya se apuntaba en primates arborícolas. Otra teoría apunta la existencia de una fase acuática o semiacuática del antepasado humano hace unos 5 -6 m.a., nada más separarse de los restantes antropomorfos, al quedar inundadas las tierras africanas al sur de Etiopía por el mar; en este ambiente anfibio, nuestros antepasados adquirirían el bipedismo, la falta de pelo y la mayor capa de grasa respecto a los demás mamíferos de la sabana. Esto explicaría la gran cantidad de grasa de los bebés humanos y su facilidad para moverse sumergidos en el agua. La reducción de la cola es probable que esté relacionada con la adquisición del bipedismo.
2) Una liberación del suelo de las extremidades anteriores, a consecuencia del bipedismo, que se transformaron en superiores. Estas se pudieron utilizar para agarrar y coger alimentos y utensilios, lo que favoreció la construcción de herramientas y contribuyó al desarrollo de la inteligencia.
Con el tiempo las manos se fueron haciendo menos toscas y con dedos más finos si las comparamos con las de otros antropomorfos. Además, el pulgar, perfectamente oponible a los restantes 4 dedos, se hizo mas largo en relación con el resto de los dedos. Las uñas tendieron a reducirse y la piel de los dedos, en especial de las yemas, acumuló mayor cantidad de corpúsculos sensitivos, haciéndose fina y delicada, muy sensible.
3) Un desarrollo progresivo de la capacidad craneana, de 400 c.c. en chimpancés a 1.400 c.c. en la especie humana, con el consiguiente aumento de volumen del encéfalo, en relación con el resto del cuerpo y el consiguiente aumento del número de neuronas. El número de estas células se vio favorecido por otra tendencia paralela de la superficie cerebral que ya aparece en otros mamíferos: el aumento de la superficie cerebral de la corteza al invaginarse ésta y dar lugar a las circunvoluciones cerebrales; con esta estrategia se consigue un gran aumento de superficie con mucho menor aumento de volumen y la naturaleza la ha utilizado en otras estructuras animales como por ejemplo en las vellosidades intestinales, repliegues pulmonares, etc. Con este espectacular aumento de neuronas en la corteza cerebral se consiguió una mayor inteligencia. Se consiguió empaquetar mucha información en un mínimo espacio. Todos los animales con cierta inteligencia, tienen cerebros grandes y con circunvoluciones (en el caso de los mamíferos). El desarrollo de la inteligencia acarreó de forma paralela el desarrollo de un sistema de comunicación complejo: el lenguaje hablado; es el sistema más elaborado de emisión de sonidos en la comunicación animal que se conoce, aunque otros animales, como pájaros, delfines, ballenas, etc., también han desarrollado lenguajes complicados de comunicación, pero éstos aunque puedan ser más potentes en la comunicación a grandes distancias, no tienen la capacidad de expresión de hechos tan diversos como la tiene el lenguaje humano.
4) Una creciente neotenia, es decir los seres humanos conservan de adultos caracteres infantiles. Esta tendencia favorece una mayor plasticidad y totipotencia en las células lo que permite una mayor flexibilidad y adaptabilidad evolutiva respecto a los cambios ambientales.
5) Una progresiva falta de pelo en el cuerpo. Esto parece ser consecuencia de la protección del cuerpo con ropas y pieles, debido a un mayor desarrollo intelectual, o bien debido a la fase acuática del antepasado humano.
6) Una transformación de la cara. La visión binocular y estereoscópica no es exclusiva del hombre, pues esta se alcanza en otros animales y en todos los simios, incluidos los homínidos. Los ojos adoptan una posición en un plano frontal. Se consigue una visión en relieve aunque se pierde campo de visión (se abarca menos espacio visual) y para ver a los lados hay que girar la cabeza. Los arcos mandibulares se hacen más gráciles y pequeños con reducción de dientes. Esta tendencia está relacionada con la evolución de los hábitos alimenticios. El hombre se hace omnívoro, con lo cual los dientes, ya de por si poco especializados en los primates se especializan menos todavía en el hombre. Al preparar y cocinar los alimentos se facilita su desmenuzamiento y los dientes se hacen menos poderosos y se reducen en tamaño y en número (muelas del juicio en regresión). Además, las manos sirven para llevarse los trozos de alimento a la boca y los dientes y mandíbulas no tienen que arrancarlos de sus lugares de origen; esto lo hacen las manos. De esta forma, de caras con ojos pequeños, frentes estrechas y mandíbulas grandes y prognatas se pasa a caras con frentes anchas y despejadas, ojos grandes y mandíbulas reducidas y bocas pequeñas. Las caras pasan de ser anchas por abajo y más estrechas por arriba a lo contrario: anchas y voluminosas por arriba, en la frente y estrechas por abajo, en las mandíbulas y boca.
7) Respecto a los órganos de los sentidos, la especie humana tiene éstos con un desarrollo propio de sus antepasados primates.
Los ojos permiten relacionarse con el medio interpretando la energía luminosa visible. Son los órganos de los sentidos de mayor potencia en un medio aéreo, ya que son los de más largo alcance y los más rápidos (la información ambiental a través de la luz viaja a enormes velocidades); por eso se puede decir que son de los más perfectos. Son los ojos los órganos de máximo desarrollo de todos los sentidos en el hombre. Los hombres son animales diurnos y como tales han logrado ver colores. En los mamíferos esto se consigue en primates, algunos carnívoros como perros y gatos, aunque de forma incompleta y más torpemente en rumiantes. Por regla general, los animales que tienen cuerpos y libreas de colores, ven éstos. Aparte de en los mamíferos indicados, la visión de colores está desarrollada en animales diurnos tales como muchas aves (pájaros, rapaces, etc), en determinados reptiles, peces, insectos, etc. También, como primates que son, tienen visión estereoscópica, quizá como una herencia de los primates arborícolas. Sin embargo no han desarrollado una gran agudeza visual ni tampoco una gran visión en la lejanía ni abarcan mucho campo de visión, logros conseguidos por determinadas aves, como las rapaces y otras aves que tienen grandes desplazamientos aéreos. Por otro lado el hombre solo abarca el llamado espectro de luz visible, de frecuencia media, y no ve la luz ultravioleta ni la infrarroja, como sí lo hacen otros animales.
El oído permite relacionarse con el medio a través de las ondas sonoras que viajan a través de un medio fluido, por ejemplo la atmósfera o el agua al presionar estos medios. En un medio acuático, es un órgano más eficaz que el de la vista o el del olfato. Esta información viaja a una velocidad más lenta que en el caso de la luz. El oído tiene un desarrollo medio en el hombre. Éste no es capaz de oír sonidos ni muy graves, caso de ballenas, ni muy agudos (ultrasonidos) como hacen los murciélagos. Además su agudeza auditiva (capacidad de distinguir sonidos diferentes) y su potencia auditiva (capacidad de oír sonidos lejanos) está moderadamente desarrollada. La especie humana, al ser un animal visual, y en menor grado auditivo, tiene los otros sentidos menos desarrollados.
El olfato, el más primitivo, es relativamente escaso, si lo comparamos con otros mamíferos como los perros, gatos, rumiantes, etc. El tacto es el justo para un animal sobre todo visual, aunque el hombre tiene zonas corporales con un mayor desarrollo táctil, debido al uso. Me refiero a la cara y sobre todo a las manos. El gusto también está discretamente desarrollado aunque es muy versátil como corresponde a un animal omnívoro.
En definitiva, el ser humano tiene órganos sensoriales típicos de un animal terrestre, diurno, con antepasados de hábitos arborícolas pero que han pasado a desplazarse en terrenos más abiertos, tipo sabana, y que su inteligencia le ha llevado a colonizar todo tipo de hábitats terrestres.
8) Otra tendencia que se observa es un lento pero gradual incremento en la estatura, quizá como consecuencia de una cada vez mejor alimentación.
Evolución como animal vertebrado
Por otro lado hay que considerar la evolución del hombre en el contexto de la evolución de los vertebrados.
Un gran hito evolutivo se produjo en el Devónico, hace unos 370 m.a. (millones de años), cuando poblaciones de peces de aletas lobuladas conquistaron el medio terrestre y se transformaron en los primeros vertebrados terrestres, los anfibios. Posteriormente, en el Carbonífero, hace unos 300 m.a., a partir de poblaciones de anfibios, aparecieron los primeros reptiles, que se diversificaron durante el Mesozoico, originando, entre otros, los dinosaurios y reptiles afines como pterosaurios, que fueron los vertebrados terrestres dominantes de la era.
La evolución de los dinosaurios merece un comentario aparte. Este grupo de reptiles es muy particular. Engloba gran variedad de formas muy diversificadas y adaptadas a prácticamente todos los hábitats terrestres de la época. Su radiación adaptativa se la puede comparar a la de los mamíferos en el Cenozoico. Tuvieron más de 150 m.a. para evolucionar y diversificarse, pues surgieron a comienzos del Triásico, hace unos 230 m.a. y se extinguieron a los 65 m.a., a finales del Cretácico, parece ser que como consecuencia del impacto sobre la Tierra de un gran asteroide. No es de extrañar, por lo tanto, el grado de complejidad y de adaptaciones que alcanzaron. Muchas formas carnívoras alcanzaron la homotermia (igual que las aves y mamíferos posteriores); a diferencia del resto de los reptiles, la mayor parte de los dinosaurios no reptaban, sino ambulaban, es decir levantaban el vientre del suelo al caminar, por lo que estaban provistos de poderosas extremidades organizadas para tal fin. Además, muchas formas, en especial las depredadoras, alcanzaron una especie de postura bípeda, caminando sobre las patas traseras y apoyándose en su fuerte cola, dejando en libertad unas débiles extremidades anteriores, dotadas con poderosas garras, que podrían ser utilizadas para atacar a sus presas, entre otras funciones. Estos dinosaurios carnívoros y bípedos, a diferencia de otros cuadrúpedos y vegetarianos, debieron tener un metabolismo elevado y ser de movimientos rápidos, como la mayoría de los actuales mamíferos y aves. La capacidad visual debió de ser elevada, y es probable que pudieran ver colores, ya que se cree tenían cuerpos cubiertos de vistosos colores, al menos bastantes especies. Muchos tenían hábitos sociales; otros, en cambio, eran solitarios. Algunos paleontólogos creen que si los dinosaurios no se hubiesen extinguido, algunos de ellos, quizá las formas bípedas, carnívoras y ligeras, habrían alcanzado mayor grado de inteligencia... ¿Tuvieron tiempo de alcanzarla algunos?
De formas ligeras de dinosaurios carnívoros y bípedos, surgieron las aves, a finales del Triásico, hacia los 200 m.a. Estos grupos de dinosaurios se lanzaron a la conquista del medio aéreo, para lo cual las cortas extremidades anteriores se fueron transformando gradualmente en alas para volar y las extremidades posteriores se hicieron más delgadas y ligeras, adaptándose a un bipedismo característico de las aves, en el que más que caminar, saltan, salvo los avestruces, que corren. Por otro lado su cuerpo se cubrió de plumas protectoras e impermeables y se fue haciendo gradualmente más pequeño y ligero. Todo su organismo se fue adaptando para vuelos más o menos prolongados.
A finales del Pérmico, hace unos 250 m.a., surgieron los Terápsidos, reptiles ambulátiles, que a semejanza de los dinosaurios, no arrastraban el vientre al caminar; de estos reptiles mamiferoides surgieron, en el Triásico, los mamíferos. Estos lograron una serie de adaptaciones al medio terrestre, más eficaces que las de sus predecesores los reptiles y análogas a las de las aves, tales como la homotermia, la sustitución de las escamas de la piel por pelos, (plumas en las aves) más eficaces para conseguir la homotermia, y una mayor protección para sus crías (placentación y alimento lácteo). Los mamíferos mesozoicos fueron pequeños y su vida en el medio terrestre debió de ser dura, pues tuvieron que competir con el mundo reptiliano que dominaba el medio terrestre, en especial con los dinosaurios. Es probable que fueran de hábitos nocturnos. Con la extinción de los dinosaurios, en la crisis cretácico - paleocena, a finales del Cretácico, los mamíferos aprovecharon su oportunidad y ocuparon los hábitats vacíos dejados por las formas extintas, teniendo una radiación adaptativa similar a la de los gigantes reptilianos, durante todo el Cenozoico.
De esta forma, en cuanto a los vertebrados se refiere, el medio terrestre fue dominado por los mamíferos, mientras el medio aéreo fue dominado por las aves, los más próximos descendientes de los dinosaurios. Si comparamos ambas diversificaciones evolutivas, la de los dinosaurios en el Mesozoico y la de los mamíferos en el Cenozoico, notamos que la primera transcurrió a lo largo de mucho más tiempo que la segunda: 150 m.a. frente a 65 m.a. No obstante los resultados evolutivos de la diversificación de los mamíferos han sido más espectaculares, si cabe, que los de los dinosaurios. El ritmo evolutivo se ha acelerado en esta segunda radiacción, de vertebrados terrestres y las formas resultantes han sido de menor tamaño aunque con adaptaciones similares. Es probable que en estos procesos evolutivos hayan influido cambios climáticos y geológicos: el clima se ha ido haciendo más frío, los continentes se han ido separando, procedentes de la fragmentacion de la Pangea II, a comienzos del Triásico, ha sobrevenido la orogenia alpina, con sus etapas más intensas en el Cenozoico y la consiguiente glaciación cuaternaria, en las postrimerías de esta orogenia. Todos estos factores han determinado la evolución de los seres vivos, en especial de los vertebrados que nos ocupan. No se olvide que los dinosaurios evolucionaron en un periodo, el Mesozoico, relativamente estable desde un punto de vista climático, con climas bastante cálidos y húmedos. También debemos tener en cuenta que los seres vivos evolucionan más deprisa si están sometidos a ciertas presiones de selección que les obligan a cambiar y esto se consigue por ejemplo cuando hay cambios climáticos, geológicos y geográficos que sean lo suficientemente importantes pero no demasiado rápidos ni bruscos, pues entonces los organismos no los resisten y se extinguen.
Evolución como animal humano
Y es de un grupo de mamíferos poco especializados, los primates de los que surge el hombre. Su separación de los primates antropomorfos se debió de realizar hace unos 6 - 5 m.a. en África ecuatorial. Los primeros homínidos, los australopitecinos, evolucionaron y se diversificaron en África y fue hace unos 1,5 m.a. cuando el género Homo salió de Africa y se expandió por Eurasia. En la última oleada africana surgió el Homo sapiens, es decir el hombre actual, hace unos 200 mil años. Esta especie tuvo que superar los sucesivos periodos glaciares de la actual glaciación y este hecho contribuyo, sin duda, a marcar su evolución.
Una vez que el Homo sapiens sapiens fue colonizando los diferentes continentes, se fue adaptando a sus peculiaridades climáticas y geográficas y fueron surgiendo las diferentes razas humanas. Esto acaeció a partir de los 40-30 mil años. También sus costumbres y modo de vida fueron cambiando. Los primeros pueblos debieron ser nómadas, cazadores y recolectores de vegetales. El descubrimiento de la agricultura y de la ganadería debió marcar la posterior evolución de las sociedades humanas. Rápidamente, se debieron extender estas prácticas por gran parte del mundo y es probable que surgieran en varias zonas geográficas independientemente, como una consecuencia de la evolución del intelecto humano. Con estas prácticas, las poblaciones humanas se hicieron sedentarias y aparecieron los primeros poblados estables. Estas aldeas se fueron organizando cada vez más, con la consiguiente división de trabajo, se fueron jerarquizando las sociedades que vivían en ellas, fueron aumentando de tamaño y fueron naciendo los pueblos y después las ciudades. Enseguida se inventó el lenguaje escrito y se fueron desarrollando los diferentes campos del saber, como las matemáticas, filosofía, astronomía, etc. Las diferentes religiones también debieron estar ligadas a la especie humana desde muy temprano, marcando un conjunto de normas y valores en la conducta humana y dando un sentido a la existencia del hombre.
Los medios de transporte que los diferentes pueblos tuvieron fueron fundamentales en las interrelaciones e intercambios comerciales de las poblaciones. Los primeros hombres debieron desplazarse caminando y corriendo. Es probable que pronto descubrieran la utilidad de animales como el caballo y otros similares, dependiendo de la zona geográfica, para sus desplazamientos, quizá a la par que la ganadería. La utilización estos animales y también la de carros movidos por ruedas y tirados por animales contribuyó de forma decisiva a los movimientos migratorios de pueblos y a la eficacia de luchas y batallas. Paralelamente, se debieron inventar los primeros barcos, al principio, tablas de madera, luego balsas de maderos y más adelante, canoas de remos; a las dos últimas se les pondrían después velas. De esta forma tuvieron lugar también los primeros desplazamientos a través de los ríos y del mar.
Los medios de transporte, aunque se fueron perfeccionando, no sufrieron grandes avances hasta la revolución industrial; se inventó el caballo de vapor en la segunda mitad del siglo XVIII, que pronto se aplicó a los barcos y a los coches, y el motor de combustión, en la segunda mitad del siglo XIX, que revolucionó de forma más decisiva los transportes. Desde entonces los avances tecnológicos han sido imparables y vertiginosos a pesar de los conflictos sociales y bélicos, siendo los siglos XIX y en especial el XX, periodos en los que la cultura tecnológica y científica de la humanidad se ha disparado de forma muy acelerada, con inventos como los submarinos, aviones, cohetes, radio, teléfono, TV, ordenadores... etc.
Tratemos de contestar en primer lugar a lo primero. Las tendencias evolutivas que se observan en los homínidos se engloban dentro del llamado proceso de hominización, que se caracteriza por:
1) Una tendencia al bipedismo o postura erguida, que en la especie humana se alcanza plenamente. Esta tendencia, parece ser se ensayó también en otros primates fósiles de tipo antropomorfo, que vivían en los árboles y se ha conseguido de forma imperfecta en antropomorfos actuales como gorilas y chimpancés. Quizá el cambio de hábitat de nuestros antepasados, es decir el paso de la selva arbolada a la sabana, con grandes espacios abiertos para caminar, como consecuencia, probablemente, de un cambio climático, favoreció esta tendencia bípeda, aunque ya se apuntaba en primates arborícolas. Otra teoría apunta la existencia de una fase acuática o semiacuática del antepasado humano hace unos 5 -6 m.a., nada más separarse de los restantes antropomorfos, al quedar inundadas las tierras africanas al sur de Etiopía por el mar; en este ambiente anfibio, nuestros antepasados adquirirían el bipedismo, la falta de pelo y la mayor capa de grasa respecto a los demás mamíferos de la sabana. Esto explicaría la gran cantidad de grasa de los bebés humanos y su facilidad para moverse sumergidos en el agua. La reducción de la cola es probable que esté relacionada con la adquisición del bipedismo.
2) Una liberación del suelo de las extremidades anteriores, a consecuencia del bipedismo, que se transformaron en superiores. Estas se pudieron utilizar para agarrar y coger alimentos y utensilios, lo que favoreció la construcción de herramientas y contribuyó al desarrollo de la inteligencia.
Con el tiempo las manos se fueron haciendo menos toscas y con dedos más finos si las comparamos con las de otros antropomorfos. Además, el pulgar, perfectamente oponible a los restantes 4 dedos, se hizo mas largo en relación con el resto de los dedos. Las uñas tendieron a reducirse y la piel de los dedos, en especial de las yemas, acumuló mayor cantidad de corpúsculos sensitivos, haciéndose fina y delicada, muy sensible.
3) Un desarrollo progresivo de la capacidad craneana, de 400 c.c. en chimpancés a 1.400 c.c. en la especie humana, con el consiguiente aumento de volumen del encéfalo, en relación con el resto del cuerpo y el consiguiente aumento del número de neuronas. El número de estas células se vio favorecido por otra tendencia paralela de la superficie cerebral que ya aparece en otros mamíferos: el aumento de la superficie cerebral de la corteza al invaginarse ésta y dar lugar a las circunvoluciones cerebrales; con esta estrategia se consigue un gran aumento de superficie con mucho menor aumento de volumen y la naturaleza la ha utilizado en otras estructuras animales como por ejemplo en las vellosidades intestinales, repliegues pulmonares, etc. Con este espectacular aumento de neuronas en la corteza cerebral se consiguió una mayor inteligencia. Se consiguió empaquetar mucha información en un mínimo espacio. Todos los animales con cierta inteligencia, tienen cerebros grandes y con circunvoluciones (en el caso de los mamíferos). El desarrollo de la inteligencia acarreó de forma paralela el desarrollo de un sistema de comunicación complejo: el lenguaje hablado; es el sistema más elaborado de emisión de sonidos en la comunicación animal que se conoce, aunque otros animales, como pájaros, delfines, ballenas, etc., también han desarrollado lenguajes complicados de comunicación, pero éstos aunque puedan ser más potentes en la comunicación a grandes distancias, no tienen la capacidad de expresión de hechos tan diversos como la tiene el lenguaje humano.
4) Una creciente neotenia, es decir los seres humanos conservan de adultos caracteres infantiles. Esta tendencia favorece una mayor plasticidad y totipotencia en las células lo que permite una mayor flexibilidad y adaptabilidad evolutiva respecto a los cambios ambientales.
5) Una progresiva falta de pelo en el cuerpo. Esto parece ser consecuencia de la protección del cuerpo con ropas y pieles, debido a un mayor desarrollo intelectual, o bien debido a la fase acuática del antepasado humano.
6) Una transformación de la cara. La visión binocular y estereoscópica no es exclusiva del hombre, pues esta se alcanza en otros animales y en todos los simios, incluidos los homínidos. Los ojos adoptan una posición en un plano frontal. Se consigue una visión en relieve aunque se pierde campo de visión (se abarca menos espacio visual) y para ver a los lados hay que girar la cabeza. Los arcos mandibulares se hacen más gráciles y pequeños con reducción de dientes. Esta tendencia está relacionada con la evolución de los hábitos alimenticios. El hombre se hace omnívoro, con lo cual los dientes, ya de por si poco especializados en los primates se especializan menos todavía en el hombre. Al preparar y cocinar los alimentos se facilita su desmenuzamiento y los dientes se hacen menos poderosos y se reducen en tamaño y en número (muelas del juicio en regresión). Además, las manos sirven para llevarse los trozos de alimento a la boca y los dientes y mandíbulas no tienen que arrancarlos de sus lugares de origen; esto lo hacen las manos. De esta forma, de caras con ojos pequeños, frentes estrechas y mandíbulas grandes y prognatas se pasa a caras con frentes anchas y despejadas, ojos grandes y mandíbulas reducidas y bocas pequeñas. Las caras pasan de ser anchas por abajo y más estrechas por arriba a lo contrario: anchas y voluminosas por arriba, en la frente y estrechas por abajo, en las mandíbulas y boca.
7) Respecto a los órganos de los sentidos, la especie humana tiene éstos con un desarrollo propio de sus antepasados primates.
Los ojos permiten relacionarse con el medio interpretando la energía luminosa visible. Son los órganos de los sentidos de mayor potencia en un medio aéreo, ya que son los de más largo alcance y los más rápidos (la información ambiental a través de la luz viaja a enormes velocidades); por eso se puede decir que son de los más perfectos. Son los ojos los órganos de máximo desarrollo de todos los sentidos en el hombre. Los hombres son animales diurnos y como tales han logrado ver colores. En los mamíferos esto se consigue en primates, algunos carnívoros como perros y gatos, aunque de forma incompleta y más torpemente en rumiantes. Por regla general, los animales que tienen cuerpos y libreas de colores, ven éstos. Aparte de en los mamíferos indicados, la visión de colores está desarrollada en animales diurnos tales como muchas aves (pájaros, rapaces, etc), en determinados reptiles, peces, insectos, etc. También, como primates que son, tienen visión estereoscópica, quizá como una herencia de los primates arborícolas. Sin embargo no han desarrollado una gran agudeza visual ni tampoco una gran visión en la lejanía ni abarcan mucho campo de visión, logros conseguidos por determinadas aves, como las rapaces y otras aves que tienen grandes desplazamientos aéreos. Por otro lado el hombre solo abarca el llamado espectro de luz visible, de frecuencia media, y no ve la luz ultravioleta ni la infrarroja, como sí lo hacen otros animales.
El oído permite relacionarse con el medio a través de las ondas sonoras que viajan a través de un medio fluido, por ejemplo la atmósfera o el agua al presionar estos medios. En un medio acuático, es un órgano más eficaz que el de la vista o el del olfato. Esta información viaja a una velocidad más lenta que en el caso de la luz. El oído tiene un desarrollo medio en el hombre. Éste no es capaz de oír sonidos ni muy graves, caso de ballenas, ni muy agudos (ultrasonidos) como hacen los murciélagos. Además su agudeza auditiva (capacidad de distinguir sonidos diferentes) y su potencia auditiva (capacidad de oír sonidos lejanos) está moderadamente desarrollada. La especie humana, al ser un animal visual, y en menor grado auditivo, tiene los otros sentidos menos desarrollados.
El olfato, el más primitivo, es relativamente escaso, si lo comparamos con otros mamíferos como los perros, gatos, rumiantes, etc. El tacto es el justo para un animal sobre todo visual, aunque el hombre tiene zonas corporales con un mayor desarrollo táctil, debido al uso. Me refiero a la cara y sobre todo a las manos. El gusto también está discretamente desarrollado aunque es muy versátil como corresponde a un animal omnívoro.
En definitiva, el ser humano tiene órganos sensoriales típicos de un animal terrestre, diurno, con antepasados de hábitos arborícolas pero que han pasado a desplazarse en terrenos más abiertos, tipo sabana, y que su inteligencia le ha llevado a colonizar todo tipo de hábitats terrestres.
8) Otra tendencia que se observa es un lento pero gradual incremento en la estatura, quizá como consecuencia de una cada vez mejor alimentación.
Evolución como animal vertebrado
Por otro lado hay que considerar la evolución del hombre en el contexto de la evolución de los vertebrados.
Un gran hito evolutivo se produjo en el Devónico, hace unos 370 m.a. (millones de años), cuando poblaciones de peces de aletas lobuladas conquistaron el medio terrestre y se transformaron en los primeros vertebrados terrestres, los anfibios. Posteriormente, en el Carbonífero, hace unos 300 m.a., a partir de poblaciones de anfibios, aparecieron los primeros reptiles, que se diversificaron durante el Mesozoico, originando, entre otros, los dinosaurios y reptiles afines como pterosaurios, que fueron los vertebrados terrestres dominantes de la era.
La evolución de los dinosaurios merece un comentario aparte. Este grupo de reptiles es muy particular. Engloba gran variedad de formas muy diversificadas y adaptadas a prácticamente todos los hábitats terrestres de la época. Su radiación adaptativa se la puede comparar a la de los mamíferos en el Cenozoico. Tuvieron más de 150 m.a. para evolucionar y diversificarse, pues surgieron a comienzos del Triásico, hace unos 230 m.a. y se extinguieron a los 65 m.a., a finales del Cretácico, parece ser que como consecuencia del impacto sobre la Tierra de un gran asteroide. No es de extrañar, por lo tanto, el grado de complejidad y de adaptaciones que alcanzaron. Muchas formas carnívoras alcanzaron la homotermia (igual que las aves y mamíferos posteriores); a diferencia del resto de los reptiles, la mayor parte de los dinosaurios no reptaban, sino ambulaban, es decir levantaban el vientre del suelo al caminar, por lo que estaban provistos de poderosas extremidades organizadas para tal fin. Además, muchas formas, en especial las depredadoras, alcanzaron una especie de postura bípeda, caminando sobre las patas traseras y apoyándose en su fuerte cola, dejando en libertad unas débiles extremidades anteriores, dotadas con poderosas garras, que podrían ser utilizadas para atacar a sus presas, entre otras funciones. Estos dinosaurios carnívoros y bípedos, a diferencia de otros cuadrúpedos y vegetarianos, debieron tener un metabolismo elevado y ser de movimientos rápidos, como la mayoría de los actuales mamíferos y aves. La capacidad visual debió de ser elevada, y es probable que pudieran ver colores, ya que se cree tenían cuerpos cubiertos de vistosos colores, al menos bastantes especies. Muchos tenían hábitos sociales; otros, en cambio, eran solitarios. Algunos paleontólogos creen que si los dinosaurios no se hubiesen extinguido, algunos de ellos, quizá las formas bípedas, carnívoras y ligeras, habrían alcanzado mayor grado de inteligencia... ¿Tuvieron tiempo de alcanzarla algunos?
De formas ligeras de dinosaurios carnívoros y bípedos, surgieron las aves, a finales del Triásico, hacia los 200 m.a. Estos grupos de dinosaurios se lanzaron a la conquista del medio aéreo, para lo cual las cortas extremidades anteriores se fueron transformando gradualmente en alas para volar y las extremidades posteriores se hicieron más delgadas y ligeras, adaptándose a un bipedismo característico de las aves, en el que más que caminar, saltan, salvo los avestruces, que corren. Por otro lado su cuerpo se cubrió de plumas protectoras e impermeables y se fue haciendo gradualmente más pequeño y ligero. Todo su organismo se fue adaptando para vuelos más o menos prolongados.
A finales del Pérmico, hace unos 250 m.a., surgieron los Terápsidos, reptiles ambulátiles, que a semejanza de los dinosaurios, no arrastraban el vientre al caminar; de estos reptiles mamiferoides surgieron, en el Triásico, los mamíferos. Estos lograron una serie de adaptaciones al medio terrestre, más eficaces que las de sus predecesores los reptiles y análogas a las de las aves, tales como la homotermia, la sustitución de las escamas de la piel por pelos, (plumas en las aves) más eficaces para conseguir la homotermia, y una mayor protección para sus crías (placentación y alimento lácteo). Los mamíferos mesozoicos fueron pequeños y su vida en el medio terrestre debió de ser dura, pues tuvieron que competir con el mundo reptiliano que dominaba el medio terrestre, en especial con los dinosaurios. Es probable que fueran de hábitos nocturnos. Con la extinción de los dinosaurios, en la crisis cretácico - paleocena, a finales del Cretácico, los mamíferos aprovecharon su oportunidad y ocuparon los hábitats vacíos dejados por las formas extintas, teniendo una radiación adaptativa similar a la de los gigantes reptilianos, durante todo el Cenozoico.
De esta forma, en cuanto a los vertebrados se refiere, el medio terrestre fue dominado por los mamíferos, mientras el medio aéreo fue dominado por las aves, los más próximos descendientes de los dinosaurios. Si comparamos ambas diversificaciones evolutivas, la de los dinosaurios en el Mesozoico y la de los mamíferos en el Cenozoico, notamos que la primera transcurrió a lo largo de mucho más tiempo que la segunda: 150 m.a. frente a 65 m.a. No obstante los resultados evolutivos de la diversificación de los mamíferos han sido más espectaculares, si cabe, que los de los dinosaurios. El ritmo evolutivo se ha acelerado en esta segunda radiacción, de vertebrados terrestres y las formas resultantes han sido de menor tamaño aunque con adaptaciones similares. Es probable que en estos procesos evolutivos hayan influido cambios climáticos y geológicos: el clima se ha ido haciendo más frío, los continentes se han ido separando, procedentes de la fragmentacion de la Pangea II, a comienzos del Triásico, ha sobrevenido la orogenia alpina, con sus etapas más intensas en el Cenozoico y la consiguiente glaciación cuaternaria, en las postrimerías de esta orogenia. Todos estos factores han determinado la evolución de los seres vivos, en especial de los vertebrados que nos ocupan. No se olvide que los dinosaurios evolucionaron en un periodo, el Mesozoico, relativamente estable desde un punto de vista climático, con climas bastante cálidos y húmedos. También debemos tener en cuenta que los seres vivos evolucionan más deprisa si están sometidos a ciertas presiones de selección que les obligan a cambiar y esto se consigue por ejemplo cuando hay cambios climáticos, geológicos y geográficos que sean lo suficientemente importantes pero no demasiado rápidos ni bruscos, pues entonces los organismos no los resisten y se extinguen.
Evolución como animal humano
Y es de un grupo de mamíferos poco especializados, los primates de los que surge el hombre. Su separación de los primates antropomorfos se debió de realizar hace unos 6 - 5 m.a. en África ecuatorial. Los primeros homínidos, los australopitecinos, evolucionaron y se diversificaron en África y fue hace unos 1,5 m.a. cuando el género Homo salió de Africa y se expandió por Eurasia. En la última oleada africana surgió el Homo sapiens, es decir el hombre actual, hace unos 200 mil años. Esta especie tuvo que superar los sucesivos periodos glaciares de la actual glaciación y este hecho contribuyo, sin duda, a marcar su evolución.
Una vez que el Homo sapiens sapiens fue colonizando los diferentes continentes, se fue adaptando a sus peculiaridades climáticas y geográficas y fueron surgiendo las diferentes razas humanas. Esto acaeció a partir de los 40-30 mil años. También sus costumbres y modo de vida fueron cambiando. Los primeros pueblos debieron ser nómadas, cazadores y recolectores de vegetales. El descubrimiento de la agricultura y de la ganadería debió marcar la posterior evolución de las sociedades humanas. Rápidamente, se debieron extender estas prácticas por gran parte del mundo y es probable que surgieran en varias zonas geográficas independientemente, como una consecuencia de la evolución del intelecto humano. Con estas prácticas, las poblaciones humanas se hicieron sedentarias y aparecieron los primeros poblados estables. Estas aldeas se fueron organizando cada vez más, con la consiguiente división de trabajo, se fueron jerarquizando las sociedades que vivían en ellas, fueron aumentando de tamaño y fueron naciendo los pueblos y después las ciudades. Enseguida se inventó el lenguaje escrito y se fueron desarrollando los diferentes campos del saber, como las matemáticas, filosofía, astronomía, etc. Las diferentes religiones también debieron estar ligadas a la especie humana desde muy temprano, marcando un conjunto de normas y valores en la conducta humana y dando un sentido a la existencia del hombre.
Los medios de transporte que los diferentes pueblos tuvieron fueron fundamentales en las interrelaciones e intercambios comerciales de las poblaciones. Los primeros hombres debieron desplazarse caminando y corriendo. Es probable que pronto descubrieran la utilidad de animales como el caballo y otros similares, dependiendo de la zona geográfica, para sus desplazamientos, quizá a la par que la ganadería. La utilización estos animales y también la de carros movidos por ruedas y tirados por animales contribuyó de forma decisiva a los movimientos migratorios de pueblos y a la eficacia de luchas y batallas. Paralelamente, se debieron inventar los primeros barcos, al principio, tablas de madera, luego balsas de maderos y más adelante, canoas de remos; a las dos últimas se les pondrían después velas. De esta forma tuvieron lugar también los primeros desplazamientos a través de los ríos y del mar.
Los medios de transporte, aunque se fueron perfeccionando, no sufrieron grandes avances hasta la revolución industrial; se inventó el caballo de vapor en la segunda mitad del siglo XVIII, que pronto se aplicó a los barcos y a los coches, y el motor de combustión, en la segunda mitad del siglo XIX, que revolucionó de forma más decisiva los transportes. Desde entonces los avances tecnológicos han sido imparables y vertiginosos a pesar de los conflictos sociales y bélicos, siendo los siglos XIX y en especial el XX, periodos en los que la cultura tecnológica y científica de la humanidad se ha disparado de forma muy acelerada, con inventos como los submarinos, aviones, cohetes, radio, teléfono, TV, ordenadores... etc.
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