El concepto de calidad ha pasado a estar en el primer plano de la agenda educativa y a cobrar una mayor atención por parte de los actores políticos, sociales y económicos.
En este sentido se puede afirmar que de la misma manera que la utopía de la universalización de la escuela primaria generada a fines del siglo XIX fue la base sobre la que se desarrollaron los sistemas educativos de la región a lo largo del siglo XX, en su postrimería están dadas las condiciones para el surgimiento de una nueva utopía, la de brindar educación de calidad en condiciones de equidad.
La puesta en primer plano del problema de la calidad de la educación tornó absolutamente insuficientes los indicadores tradicionalmente empleados para evaluar el desempeño de los sistemas educativos(evolución de la matricula, cobertura, repetición, deserción, etc.) generando nuevas interrogantes sobre las características y propósitos que deberían proyectar los sistemas educativos.
Se interrogan así una serie de supuestos establecidos, que presuponían que la calidad de la enseñanza y el aprendizaje eran elementos constitutivos del sistema, suponiendo que más años de escolaridad tenían necesariamente como consecuencia ciudadanos mejor preparados y recursos humanos más calificados y productivos.
En contraposición, la preocupación central de las últimas décadas, no estriba en cuántos y en que proporción asisten, sino quiénes aprenden en las escuelas, qué aprenden y en qué condiciones aprenden.
Ante estas interrogantes, los sistemas educativos comienzan tímidamente a “mirarse a sí mismos” en una búsqueda introspectiva de las condiciones del desarrollo profesional y conjuntamente de los logros que se iban alcanzando.
Este marco de acción conduce indefectiblemente a que con el discurso de la calidad de la educación se instale paralelamente un discurso complementario ( concomitante del otro) que es el de la evaluación de la educación. De hecho evaluación y calidad son dos conceptos que se han ido acercando en la literatura y práctica sobre funcionamiento de las instituciones educativas.
Es innegable que el discurso sobre calidad ha sido acogido en el discurso sobre evaluación, ya que se considera a la calidad como un objeto mismo de evaluación. En este sentido la evaluación institucional es, primordialmente, evaluación de la calidad del centro educativo; o sea, un mecanismo para el mejoramiento progresivo de los mismos.
Se toma como base el trabajo de GARCÍA TESKE, Eduardo (2002) sobre la Evaluación institucional: Anticipaciones para su análisis. Montevideo. ANEP/AECI, 248 pags.