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La expansión romana por el Mediterráneo - La guerra contra Aníbal. La Segunda Guerra Púnica

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CopyLeft Curso gratis de Creative Commons - 18 de Febrero de 2006
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4. La guerra contra Aníbal. La Segunda Guerra Púnica

4.1  Cartago


Cartago fue una factoría fenicia de la costa norteafricana desde los inicios del I milenio a.C. Su importancia como potencia comercial y política se remonta al siglo VI a.C., cuando se convirtió en un Estado territorial no muy extenso en torno a su ciudad, pero con numerosos enclaves en Ibiza, costa suroriental de la Península Ibérica, islas en torno a Malta, en Cerdeña y en las costas suroccidentales de Sicilia.

Disponían de grandes extensiones de tierra cultiva por poblaciones indígenas dependientes. Sus conocimientos de agricultura fueron provechososos incluso para los romanos, pero su vocación fue eminentemente marinera y comercial. Mantenían contactos con otras comunidades de la cuenca occidental del Mediterráneo, con otras del Atlántico hasta Madeira y Canarias, y navegaban igualmente por el occidente de la Península Ibérica hasta la costa occidental de Bretaña, Inglaterra e Irlanda.

No poseemos ningún testimonio de la vida, filosofía o conocimientos cartagineses escritos por ellos mismos. La ciudad tampoco ofrece muchas claves que permitan reconstruir su esplendor y sus condiciones de vida, por la forma en que fue arrasada por Roma. Lo que de ellos conocemos nos es transmitido por fuentes romanas y griegas, que esconden una parcialidad negativa para Cartago.

4.2  Los motivos del conflicto


i)  Situación de Cartago tras la Primera Guerra Púnica


La hostilidad entre Roma y Cartago no había quedado resuelta tras la primera Guerra Púnica. La actitud prepotente de Roma y el vergonzoso comportamiento en el asunto de Cerdeña fueron motivos para que la humillada Cartago alimentase un odio que llevaría a una nueva guerra.

Cartago había comprendido que Roma sólo cumplía sus tratados cuando los considerase ventajosos. Roma no estaba dispuesta a consentir que después de 24 años de guerra fuese amenazado su papel hegemónico indiscutible, y trataba de evitar que Cartago pudiese volver a convertirse en una potencia.

ii)  La llegada a la Península Ibérica


En el 238 a.C., Amílcar Barca (que en la primera Guerra Púnica se mantuvo en Sicilia y sofocó la revuelta de mercenarios) arribó a las costas de la Península Ibérica, el objetivo era mejorar la posición de Cartago para la inevitable confrontación.

Roma vigilaba los avances de Cartago, y en el 232 a.C. mandó una embajada a Hispania para informarse de los progresos cartagineses. En pocos años, Amílcar Barca había sometido una gran extensión territorial del Sur y Este peninsular.

Fundó varias ciudades (Alicante), y tras su muerte en el 229 a.C., su yerno Asdrúbal fundó Cartago Nova. Las minas de plata españolas les permitían pagar las indemnizaciones de guerra y eran una base importante para consolidar su posición económica con vistas a una confrontación con Roma.

En el 226 a.C. Roma impuso a Cartago un acuerdo por el cual los cartagineses no podían extender su influencia al norte del Ebro, lo que no impidió que Roma estableciera un tratado de alianza con Sagunto, que estaba en la esfera cartaginesa. Cuando Aníbal ataca Sagunrto en el 219 a.C., Roma no duda en declarar la guerra a Cartago.

La estrategia usada por Roma contempló dos objetivos: la expulsión de Aníbal de Italia y la eliminación del poder cartaginés en España. Cartago jugó una baza que consistía en alimentar los sentimientos de independencia de los galos del Norte, dominados políticamente por Roma, pero cuya soberanía no estaba aún consolidada.

iii)  La invasión de Italia. La victoria de Cannas


En el 218 a.C. Aníbal atravesó los Alpes, llegó a Italia y logró sus dos primeras victorias sobre los ejércitos romanos. Los galos se unieron a él, y en el 217 a.C. cruzó los Apeninos. En el lago Trasimeno derrotó de nuevo a un ejército romano muy superior a él. Aníbal decidió abandonar Etruria y se dirigió hacia el Piceno y desde allí a la Apulia, esperando obtener el apoyo de los samnitas y lucanos.

En el 216 a.C. se produjo uno de los acontecimientos bélicos más importantes de la historia militar antigua: en la Apulia, en Cannas, el ejército cartaginés derrotó a un ejército romano que le doblaba en número, con muy pocas pérdidas. La conmoción en Roma fue tremenda. Después de Cannas, la mayor parte de la Italia meridional se pronunció a favor de Aníbal. En el 215 a.C., Aníbal concluyó un tratado de alianza con Filipo V de Macedonia (cuyo consejero era Demetrio de Faros, gran impulsor de esta alianza), por el que se comprometía a desembarcar en Italia un ejército y 200 barcos.

iv)  La reacción de Roma


La estrategia de Roma ante esta coalición consistió en:

-  Neutralizar a Macedonia, firmando en el 212 a.C. un pacto con los etolios contra Macedonia.

-  Castigar a los lugares que habían estado a favor de Aníbal para atemorizar a los otros pueblos aliados de Cartago.

-  Envío de tropas a Hispania para impedir el refuerzo de tropas cartaginesas y la ayuda económica para Aníbal.

En Hispania, al frente del imperio cartaginés estaban Asdrúbal, hermano de Aníbal, y Magón. Publio Cornelio Escipión, al mando de un ejército romano, emprendió la conquista de la zona peninsular controlada por Cartago, llegando hasta la propia Cartago Nova. En el 208 a.C., Asdrúbal abandonó Hispania intentando llegar hasta el sur de Italia, sin conseguirlo. La muy superior flota romana, que tenía cerrado todo el movimiento de tropas cartaginesas por mar, impidió el desembarco de mercenarios enviados desde Cartago a Italia e hizo imposible todo intento del rey de Macedonia de cumplir la promesa hecha a Aníbal.

v)  El fin del poder de Cartago


Aníbal resistió este cerco en los Abruzos hasta el 203 a.C., cuando condujo hacia Cartago por mar a sus últimas tropas. Al llegar, ya había desembarcado Escipión en África, y en el 202 a.C. tuvo lugar la última y definitiva batalla de la llamada segunda Guerra Púnica, en Zama. Aníbal ya no pudo ganarla y el tratado de paz impuesto por Escipión el Africano significó el fin de Cartago como poder independiente.

vi)  Consecuencias


Después de la segunda Guerra Púnica, Roma aplicó en Italia durísimas represalias a aquellas comunidades que habían apoyado a Aníbal. Unas fueron desprovistas de todo tipo de instituciones y otras fueron castigadas a proporcionar tropas en cantidades enormes. Todas ellas perdieron además territorios, que fueron a engrosar el ager publicus del Estado.

Respecto a los galos, los boyos dejaron de existir, y cenomamos e ínsubros perdieron la libertad. Gran parte de la Italia del siglo II a.C. quedó sometida al gobierno directo de Roma. La zona del Po fue sembrada de colonias militares romanas y definitvamente sometida. Gran parte de la Península Ibérica (la costa mediterránea y el sur) quedaron bajo el dominio romano.
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