La expansión romana por el Mediterráneo - La guerra en Oriente
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18 de Febrero de 2006
Historia
5 - La guerra en Oriente
5.1 El interés de Grecia
i) Razones del interés romano hacia Grecia
La política romana hacia el mundo griego presenta particularidades que no se observan en sus relaciones con otros pueblos. Las razones son variadas, desde el sentimiento filohelénico de Roma hasta la propia voluntad de insertarse históricamente en ese mundo y vincular sus propios orígenes con la historia griega.
El Senado estaba entonces controlado por una aristocracia culta y muy helenizada: el grupo de los Escipiones, Flaminios, etc., lo que hizo más factible la cooperación entre las élites griega y romana. El saqueo de Siracusa del 212 a.C. marca el inicio del gusto por el arte griego. También la educación en Roma se había ajustado a la paideia griega.
ii) Objetivos
Roma, hasta mediados del siglo II a.C., no se planteó la posibilidad de establecer un dominio político directo ni una ocupación territorial de Grecia. La propia complejidad de la política griega aconsejó aplicar el método proteccionista o tutelar.
El objetivo principal estribaba en impedir que se creasen estados potentes (como Macedonia) y expansionistas que rompieran el equilibrio griego y pudiesen constituir un peligro para la propia seguridad de Roma.
Proclamada la autonomía de Grecia, Roma tenía las espaldas libres para enfrentarse con Oriente, mientras que en Occidente se avanzaba en la conquista de Hispania, objetivos ambos mucho más rentables económicamente para Roma.
5.2 La segunda guerra de Macedonia
i) La alianza seleúcida-macedónica
Los romanos habían tenido el primer conato de guerra contra Macedonia después de la guerra contra Aníbal, aliado con Filipo V en el 214 a.C. Roma había intervenido indirectamente reavivando las hostilidades de Macedonia con otros estados griegos, pero a su vez mantenía una alianza con Atalo, rey de Pérgamo.
Antíoco III había rehecho la unidad del reino seleúcida. En el 204 a.C. Egipto sufre una crisis interna por problemas económico-sociales, y se convierte en una fácil presa para Antíoco y Filipo, que concluyen un tratado, en el cual se establece una división anticipada de Egipto para los dos: la Celesiria y el propio Egipto serían para Antíoco, mientras que Macedonia poseería los dominios exteriores de Egipto en el Egeo, además de la Cirenaica.
Filipo, asegurada la neutralidad con Antíoco, se lanzó a una política de expansión que le permitió someter a varias ciudades del norte del Egeo y del Helesponto. Rodas solicitó, junto con Atalo de Pérgamo, la intervención de Roma. El asunto para Roma era importante, puesto que Pérgamo y sobre todo Rodas eran imprescindibles para garantizar la libertad del tráfico marítimo en la ruta de Oriente.
ii) La reacción del Senado romano
El Senado envía a Emilio Lépido a negociar con Filipo. Se le exige que no atente ni contra las ciudades griegas ni contra las posesiones egipcias, además de imponerle el pago de una indemnización a Rodas y Pérgamo. Puesto que Filipo V consideraba que sus campañas no alteraban los términos en que se había suscrito la paz de Fenice, decidió rechazar tal ultimátum.
El Senado manifestó serias dudas sobre la declaración de la guerra, y fueron sobre todo los negotiatiores que surcaban el Egeo quienes presionaron en favor de la intervención romana. También la consideración de la suerte que podría correr Egipto entraba en los cálculos romanos.
iii) La guerra
Los senadores acabaron por decidir la intervención. La primera victoria importante fue la del río Aoos, que rompió las defensas macedonias y obligó a Filipo a replegarse a Tesalia.
De nuevo se iniciaron negociaciones diplomáticas entre ambas potencias, pero la condición de evacuar tres ciudadades griegas (Calcis, Corinto y Demetrias) no fue aceptada por Macedonia. Al no acceder Filipo, se reanudó la guerra. En el 197 a.C. tuvo lugar la batalla decisiva de Cinoscéfalos, que supuso el triunfo de la táctica manipular romana. Flaminio, que había logrado la victoria, era un filoheleno que mantenía numerosos vínculos personales con las oligarquías griegas.
iv) Consecuencias
La solicitud de paz con Filipo fue aceptada por Roma. Las condiciones relegaban a Macedonia a sus fronteras naturales, retirando sus guarniciones de las ciudades griegas y cediendo su flota de guerra, excepto una cantidad simbólica para su defensa. Aquel mismo año, Flaminio, en los juegos ístmicos, proclamó la independencia de Grecia.
5.3 La liberación de Grecia
Roma decidió que tanto las ciudades de Grecia como las ciudades griegas del Asia Menor serían libres e inatacables para cualquier rey, pensando en Antíoco, aunque en la práctica su aplicación se reveló bastante difícil. Los etolios se sintieron decepcionados por Roma, puesto que ésta no atendió a ninguna de sus reivindicaciones territoriales.
Por otra parte, apenas proclamada su libertad, estalló un conflicto en el Peloponeso, motivado por Esparta. Nabis y su régimen retenían a Argos, cedida por Flaminio. Las ciudades griegas suministraron contingentes de tropas que, junto a los romanos, se dirigieron a Esparta.
Flaminio logró que Nabis renunciara a Argos, por lo que se concluyó la paz. El régimen de la ciudad se conservaba inalterado y la ciudad misma permanecía libre e independiente de la Liga Aquea. Esta solución supuso una frustración para el resto de ciudades griegas, que habían comenzado a sentir que la libertad que no les permitía el juego tradicional de alianzas, coaliciones y guerras no era una auténtica libertad.
Los problemas sociales que se producirían dos o tres generaciones más tarde, y los resquemores entre etolios y Esparta, alterarían esta situación. En el año 194 a.C., Flaminio retiró las tropas romanas de las tres ciudades que Filipo llamaba las espadas de Grecia: Acrocorinto, Calcis y Dmetrias, y no quedó ni un sólo soldado romano en la nueva Grecia liberada.
5.4 La guerra contra Antíoco III
Los movimientos de Antíoco III
Mientras Filipo vivía su aventura con Roma, Antíoco había comenzado a cumplir su parte del acuerdo con Filipo y se había preparado para la ofensiva contra Egipto, conquistando en poco tiempo la Celesiria. Uno de los estados que tendría que dominar para lograr tal propósito era Pérgamo, pero la alianza de Atalo y los romanos decidió a Antíoco a aplazar esa guerra.
Esta reconquista exigía también que Antíoco sometiera a las antiguas ciudades seleúcidas que posteriormente habían pasado al control de Macedonia y Egipto. Roma le prohibió que pasara a Europa, prohibición que no fue considerada en absoluto por Antíoco, que en el 196 a.C. se adueñó de Sesto. De nuevo, una delegación de Roma le comunicó la voluntad del Senado de verlo partir hacia Asia, lo que no entraba en los planes de Antíoco, y su dominio directo y alianzas se extendían a toda Asia y Egipto.
Cuando en el 194-193 a.C. los romanos le propusieron dejarle actuar en Asia con tal que abandonara Tracia, se aceptaba una verdadera división de los dos mayores imperios de la época. Existía el peligro de que Antíoco se convirtiera en el catalizador de todos los que albergaban sentimientos antirromanos.
Aníbal se había refugiado junto a él en el 195 a.C., y los etolios, decepcionados por la ingratitud romana, se habían convertido en irreductibles enemigos de Roma, aproximándose también a Antíoco. Estos últimos, aliados con Nabis, habían comenzado a atacar a las ciudades de la Liga Aquea, adueñándose además de Demetrias. Flaminio dedició actuar contra los etolios, pero éstos pidieron ayuda a Antíoco, que sorprendentemente aceptó.
Los historiadores antiguos acusan a Aníbal de haber convertido a Antíoco en un adversario de Roma. Antíoco esperaba que las ciudades griegas se vincularan a él más fácilmente que a Roma. A lo largo de todo un invierno no consiguió someter a Tesalia, y mientras se dirigía a Acarnania, el ejército romano desembarcaba en Apolonia. Antíoco fue derrotado y se refugió en Éfeso, para preparar la resistencia.
i) Los debates del Senado romano
En Roma se planteaba el debate sobre si continuar la campaña en Oriente o no. El grupo de los Escipiones logró convencer a la mayoría de los senadores de que la paz exigía doblegar al seleúcida y llevar a Aníbal a Roma. Poco a poco se fue abriendo paso una mentalidad claramente imperialista, lo que explica que el Senado diera el mando del ejército a L. Cornelio Escipión, actuando como legatus su hermano Escipión el Africano.
ii) Consecuencias de la derrota de Antíoco III
En el 190 a.C. comenzaron las operaciones, contando con la alianza de Pérgamo, Rodas y Macedonia. La batalla definitiva tuvo lugar en Magnesia del Sípilo, y Antíoco hubo de aceptar las condiciones de paz impuestas por Roma:
- Abandonar todas las posesiones en Asia Menor hasta el Tauro.
- Entregar la mayoría de su flota.
- Imposición de una elevada indemnización de guerra.
Aníbal logró huir a Bitinia. El tratado fue firmado en Apamea (188 a.C.). Las ciudades de Asia Menor sometidas a los seleúcidas pasaron a ser tributarias de Pérgamo, pagando así Roma su lealtad, pues el sistema moral romano implicaba que cada beneficium había de ser contrarrestado por un officium, esperando que los estados libres actuaran conforme a los deseos romanos. Este era el tipo de alianzas que Roma mantenía.
Los etolios, considerados por el Senado como aliados poco seguros, fueron obligados al pago de una indemnización y se les obligó a no tener más amigos ni enemigos que los de Roma, lo que suponía la privación de libertad política.
Las relaciones de Roma con las diversas ciudades griegas comenzaron a agriarse en la primera mitad del siglo II a.C. A partir de entonces, la política romana cambia sustancialmente respecto a Grecia, y se fue debilitando en Roma el sentimiento filohelénico.
5.5 La tercera Guerra Macedónica
i) La política de Perseo
La subida al trono de Perseo, hijo mayor de Filipo V, en el 179 a.C. tuvo como consecuencia un cambio de línea política en Macedonia. Renovó el tratado de alianza con Roma, pero le convirtieron en cabeza de toda la opsición que en Grecia iba surgiendo contra Roma.
Consiguió que las relaciones con la Liga Aquea se normalizaran. Selló un tratado con Beocia y se casó con Laodicea, hija de Seleuco IV de Siria y consolidó su prestigio en el mundo griego.Logró convencer a una parte importante de los grigos de que Macedonia constituía un contrapeso indispensable frente a Roma.
ii) La política romana en Grecia
La política senatorial romana no tardó en suscitar descontentos en Grecia. Los rodios iniciaron un acercamiento a Macedonia. La Liga Aquea decidió revocar los honores a Eumenes de Pérgamo, el principal aliado de Roma. En poco tiempo, Oriente volvió a dividirse en dos campos, los amigos y los enemigos de Roma.
Roma veía aumentar el ascendiente de Perseo en Grecia con el consiguiente peligro para el control romano de la zona. Perseo trató de evitar la guerra en el 172 a.C. por todos los medios. En este año el Senado romano envía una embajada a Grecia con el fin de sondear la disposición de las principales ciudades.
El sentimiento podía ser muy antirromano, pero los gobiernos se declararon a favor de Roma. La guerra estaba decidida, pero las hostilidades fueron diferidas por el envío de una embajada de Perseo a Roma para concluir un tratado en términos de igualdad de derecho.
iii) Inicio de la guerra
Roma inició la marcha hacia Macedonia en el 171 a.C. La primera etapa de la guerra fue difícil para Roma. Gran parte del Épiro se decantó a favor de Perseo, por lo que los contactos entre el ejército romano e Italia se hacían muy difíciles. La única victoria fue la que obtuvo en Adra la flota romana ayudada por Eumenes.
Las operaciones permanecieron estancadas durante todo el 169 a.C. En el paso del Olimpo, Perseo y su ejército ocupaban una posición fortificada que el ejército romano no lograba reducir. Las ciudades griegas participaban sin entusiasmo en la guerra, enviando contingentes sumamente reducidos. El propio Eumenes deseaba una solución negociada del conflicto.
iv) La victoria de Roma
El Senado romano cambió los mandos militares. L. Emilio Paulo logró que el rey se replegase a la ciudad de Pidna. La batalla duró poco más de una hora, tras dos años de estancamiento del ejército romano en Tesalia.
Perseo se retiró a Samotracia, pero acabó entregándose a los romanos. Con Perseo desaparecen de la historia los Antigónidas. Gentio fue hecho prisionero en Iliria. Roma era otra vez dueña de Grecia, pero su política no tenía apoyos sólidos.
v) Consecuencias de la guerra
La solución que Roma adoptó respecto a Macedonia fue la de dividirla en cuatro regiones, prohibiendo toda relación entre ellas. Iliria fue dividida en tres regiones. Ambas fueron sometidas a un tributo. En estos nuevos estados macedónicos se contemplaba la existencia de asambleas y senados.
En el 148 a.C., Macedonia fue incorporada por Roma como provincia. La construcción de la vía Egnatia en el 148 a.C. facilitó el control directo de la nueva provincia.
5.6 La sumisión de Grecia
i) Causas de la intervención romana
La hostilidad hacia Roma se propagó por todo el mundo helenístico tras la destrucción de Macedonia, alimentada por etolios y seleúcidas. La propaganda antirromana se recoge en los Oráculos Sibilinos, en los que se vaticinaba una vuelta ofensiva y victoriosa de Asia frente a Roma.
En este contexto se explican las luchas que condujeron a la destrucción de Corinto, motivadas por las tensiones sociales y políticas que sacudían a Grecia pocos años después de la muerte de Perseo. Andrisco, que se proclamaba hijo de Perseo, consiguió el apoyo de toda la Tracia y logró derrotar a los ejércitos romanos en dos ocasiones. El apoyo popular conseguido por Andrisco debió ser una de las razones que indujeron a Roma, tras la derrota de éste, a convertir a Macedonia en provincia romana.
Los hechos que condujeron a la destrucción de Corinto y al fin de la libertad griega fueron motivados por los conflictos entre Esparta y la Liga Aquea. El Senado romano exigión en el 147 a.C. que fueran declaradas libres de la estructura federal no sólo Esparta, sino otras ciudades no aqueas como Corinto, Argos, etc., lo que demostraba a los griegos que el Senado pretendía desmembrar la Liga Aquea.
La reacción de los aqueos fue de desobediencia a Roma y de enorme violencia. El movimiento antirromano se difundió con gran rapidez en las otras ciudades griegas y la revuelta amenazaba convertirse en un movimiento social en el que se conjugaban factores político-patrióticos y económicos.
ii) La destrucción de Corinto. Fin de la Liga Aquea
Los aqueos atrajeron a Beocia, Eubea y tal vez a focenses y locrios. Critolao, estratega de la Liga, dirigió la primera batalla contra el ejército romano. Tras su muerte en la batalla de Escarfea, las operaciones continuaron con el nuevo estratega Dieo, mientras que L. Mummio estaba al frente del ejército romano.
Los romanos ocuparon Corinto, la Liga fue disuelta y la ciudad saqueada e incendiada y sus habitantes convertidos en esclavos. El saqueo y destrucción de Corinto es considerado uno de los crímenes menos justificables cometidos por los romanos, táctica que en el mismo año fue aplicada a Cartago. Los dos acontecimientos van ligados y obedecen a la misma implacable política romana de mediados del siglo II a.C.
iii) Consecuencias
Los griegos quedaron sujetos a la autoridad del gobernador de Macedonia, aunque no fueron destacadas guarniciones militares en su suelo, aunque se les obligó al pago de un tributo. Grecia perdió su soberanía y libertad medio siglo después de la declaración de Flaminio.
5.7 Roma y las monarquías helenísticas
i) Pérgamo
Eumenes de Pérgamo murió en el 159 a.C. y ascendió al trono su hermano Atalo II. Las relaciones con Roma siguieron siendo estrechas y clientelares. En el 156 a.C., Prusia, rey de Bitinia, invadió Pérgamo, pero el Senado romano intervino y obligó a Prusia a retirar sus tropas del territorio de Atalo.
A la muerte de éste en el 136 a.C., ascendió al trono Atalo III, hijo de Eumenes, que firmó un testamento por el cual cedía su reino como herencia a Roma. Las razones de esta decisión no son muy conocidas, quizás debidas a amenazas externas e internas.
Jurídicamente, el testamento era válido y conforme a la naturaleza de las monarquías helenísticas, que contemplaban que el rey era el máximo propietario privado del reino. Roma se anexionó el territorio de Pérgamo y la convirtió en provincia de Asia en el 133-129 a.C.
ii) Egipto
La situación del Egipto ptolemaico tras la guerra de Antíoco era bastante confusa. El poder se dividió entre dos hermanos: Ptolomeo Filometor y Ptolomeo Evergetes. En el 164 a.C., una sublevación había derrocado a Filometor, y Roma arbitró una solución: a Filometor le correspondían Egipto y Chipre, y al hermano menor la Cirenaica. El arreglo duró poco, puesto que las luchas entre ambos continuaron.
Roma decidía e intervenía en Egipto con total libertad, pero la situación no acababa de resolverse, porque entre los senadores romanos había partidarios de Filometor y de Evergetes. Éste redactó un testamento en el 153 a.C. por el que dejaba la Cirenaica a Roma si moría sin herederos. El testamento no se ejecutó, pero es significativo respecto a la debilidad de los reinos helenísticos y de la sujección a Roma.
Filometor murió y su hermano continuó como monarca único de un Egipto convulsionado por revueltas sociales y crímenes dinásticos.
iii) El reino seleúcida
Tras la muerte de Antíoco III, el reino fue asignado a su hijo de nueve años Antíoco IV, actuando como regente Lisias. El Senado romano decidió enviar a tres senadores para actuar como tutores del niño rey, pero la actitud de éstos provocó una revuelta durante la cual fue asesinado el jefe de la delegación, Cneo Octavio, en el 162 a.C. Lisias envió disculpas al Senado, pero aunque fueron aceptadas, en Roma se fraguó un nuevo plan político para el reino seleúcida.
En Roma tenían como rehén a Demetrio, hijo de Seleuco IV, que fue enviado allí con el propósito de reivindicar la herencia de su padre. La primera medida fue el asesinato de Lisias y del joven príncipe. Demetrio sometió a su poder todo el reino y fue reconocido por Roma en el 160 a.C. Las revueltas dinásticas y los contínuos aspirantes al trono marcarán todo el proceso posterior hasta que Roma se asienta en Asia Menor, transformando Pérgamo en la provincia romana de Asia.
El último rey de la dinastía fue Demetrio II. Durante los últimos años de su reinado, las ciudades se hicieron independientes del poder real. La insumisión se extendía a lo largo del territorio de los antiguos seleúcidas y las monarquías helenísticas vivían sus últimos años en medio de una inestabilidad política total, hasta el momento de la intervención decisiva de Roma.
5.8 La conquista de Hispania
i) Causas de la conquista de Hispania
La conquista de Hispania fue una consecuencia directa de la segunda Guerra Púnica. El Senado había decidido llevar la guerra a Hispania para aislar a Aníbal de cualquier posible suministro de ayuda o tropas. Escipión llegó a Hispania en el 217 a.C. y logró los objetivos propuestos: debilitar la capacidad de presión de Aníbal, sometiendo la parte suroriental de la Península dependiente de Cartago.
Según Tito Livio, Hispania se prestaba a que la guerra se prolongara, tanto por la naturaleza del terreno como por la de sus habitantes. Fue la primera de las provincias no insulares en la que entraron los romanos y la última en ser pacificada, bajo el mando y los auspicios de César Augusto.
ii) Hispania Citerior y Ulterior
Terminada la guerra, tras las batallas de Escipión el Africano en Baecuta e Ilipa (208-206 a.C.), el Senado asignó en el 197 a.C. un gobernador a cada una de las dos zonas controladas por Roma en que éste decidió dividirlas:
- Hispania Citerior: la costa y valle del Ebro.
- Hispania Ulterior: valle del Guadalquivir o Bética.
iii) Las revueltas en Hispania
Pocos años después tuvo lugar una rebelión en la Bética (200 a.C.), la del rey Culcas, que se extendió a la Citerior. M. Porcio Catón, cónsul del 195 a.C., fue el encargado de sofocar las revueltas en Hispania. Partió desde Ampurias, donde los griegos vivían al lado de los indígenas en medio de una paz armada y llena de tensiones. Catón logró restituir el orden.
Los celtíberos acudían en calidad de mercenarios a luchar contra Roma al lado de los pueblos indígenas que les llamaran. Se hacía necesario dominar a este pueblo del interior. Catón logró una pacificación de la zona que permitió organizar la explotación de las minas de Cartagea y de la Bética. No obstante, la paz no podía ser duradera sin el control de los belicosos pueblos del interior.
Sólo una política de asimilación y civilización sistemática, como la que emprendió Tiberio Sempronio Graco, pudo dar resultados importantes en la pacificación de la Celtiberia. Fundó Gracchurris (Alfaro, La Rioja) y asentó a las poblaciones seminómadas que se dedicaban al saqueo y pillaje.
iv) El expolio de Hispania por los gobernadores romanos
Hispania fue sometida, desde que comenzó la conquista romana, a una explotación sistemática. Los hispanos se quejaron repetidamente del expolio y de los abusos de que eran objeto por una parte de los legados romanos. En el 171 a.C. llegó hasta el Senado de Roma un grupo de representantes de las dos Hispanias para dar cuenta de los niveles de extorsión a que estaban sometidos.
El Senado encargó una investigación que quedó en nada. De los tres magistrados acusados, el primero (L. Mancino) fue declarado inocente, y los otros dos (M. Titinio Curvo y P. Furio Filo) se desterraron voluntariamente.
La solución que dio el Senado a los hispanos es significativa y paradójica: les propuso que eligiesen patronos, hipotéticos defensores de los intereses hispanos, y les fueron asignados cuatro. De estos cuatro, salvo el último, los otros habían sido los conquistadores y principales saqueadores de los hispanos.
v) Los lusitanos. Viriato
En el 154 a.C. tuvo lugar la invasión de la Ulterior por los lusitanos, y en el 151 a.C. éstos consiguieron inflingir una grave derrota al ejército romano. Roma, a partir de entonces, empleó una estrategia sumamente brutal y arbitraria que violaba los más elementales principios morales. El mismo año, el pretor Licinio Lúculo atacó a los vacceos y masacró a los habitantes de Coca.
En el 150 a.C., unidas sus tropas a las del pretor Galba, vencieron a los lusitanos. En las negociaciones de paz les prometieron tierras y respeto hacia sus vidas, pero despreciando la palabra dada, masacró a los lusitanos y vendió como esclavos a los supervivientes.
Viriato estaba entre los supervivientes de la masacre y durante siete años vengó a los muertos, sublevando toda la parte occidental de Hispania. Durante este tiempo encarnó el espíritu de la libertad y el nacionalismo indígena. Murió asesinado por tres de sus amigos que habían sido comprados por los romanos. Muerto Viriato, la victoria sobre los lusitanos (139 a.C.) no revistió tanta dificultad.
vi) Los celtíberos. El asedio de Numancia
La guerra de Numancia fue el último episodio de esta larga guerra. Desde el 143 a.C. numerosos generales se sucedieron en las expediciones contra los celtíberos, y particularmente contra la ciudad de Numancia. Ante el descontento general de Roma por la sangría que estas guerras ocasionaban, el Senado recurrió al mejor general que tenían, P. Cornelio Escipión Emiliano, que diez años antes había destruido Cartago, demostrando ser experto en estrategias brutales.
Escipión atrajo numerosos voluntarios y cercó Numancia con siete campamentos. El bloqueo fue total y Numancia, tras 15 meses de asedio, sucumbió al hambre y a las epidemias. La mayor parte de sus jefes mataron a sus familias, quitándose después la vida. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos y la ciudad fue totalmente destruida. Tras este bárbaro castigo, Hispania permaneció en paz hasta finales del siglo.
vii) La política romana en Hispania
Roma no aplicó durante el siglo II a.C. una política constructiva ni sistemática de romanización en Hispania. A comienzos del siglo II a.C., Roma tenía sólo cuatro territorios provinciales fuera de Italia: Sicilia, Cerdeña y las dos provincias de Hispania.
La organización de estos territorios alejados planteaba a Roma problemas nuevos y diversos. Mientras Sicilia era un país helenizado, en Hispania la vida urbana era aún muy rudimentaria. Había algunos centros importantes, creados en época de la colonización púnica. Escipión había fundado otro, la colonia de Itálica, junto al Guadalquivir, y Sempronio Graco había fundado Gracchurris, organizada como ciudad eminentemente indígena.
Pero la mayor parte del país lo habitaban pueblos inestables que hacían muy difícil el que Roma pudiera aplicar el sistema de foedera. La progresiva romanización tuvo como uno de sus primeros objetivos la fundación de ciudades. En estas primeras etapas, el número de ciudades fundadas por los romanos no fue importante. Además de las dos mencionadas, en el 171 a.C. se creó cerca de Algeciras, la colonia latina de Carteia, y se fundaron otras como Corduba (152 a.C.), Valentia (138 a.C.) y en Baleares, Palma y Pollentia (123 a.C.).
5.9 La tercera Guerra Púnica y la provincia de África
i) Causas
La tercera Guerra Púnica es un capítulo bastante vergonzoso de la historia de Roma. Cartago se comprometió después de la segunda Guerra Púnica, en el tratado de Zama (202 a.C.), a no emprender ninguna guerra sin el beneplácito de Roma. Pero Escipión había concertado una alianza con Massinisa, rey de Numidia, para impedir cualquier intento expansionista de Cartago en el norte de África.
Este rey, vasallo de Roma, se dedicó a acosar a Cartago, y en el 150 a.C., Cartago, cansada de las provocaciones del númida, decidió defenderse. Roma acusó a Cartago de violar el tratado y exigió no sólo el cese de las hostilidades, sino también el pago a Massinisa de una indemnización de guerra.
El Senado estaba dividido en la actitud a adoptar frente a Cartago, pero se decidió también el envío de una expedición militar por razones difícilies de comprender. Entre Cartago y Roma no existía ya ninguna rivalidad comercial, y pudiera tratarse del temor o desconfianza hacia Massinisa, cuyo poder empezaba a ser demasiado grande.
ii) La guerra
Utica fue la base elegida. El ejército romano desembarcó en la ciudad en el 149 a.C. y Cartago se prestó a acceder a cualquier petición del Senado romano, por duras que fueran sus exigencias. Cuando los cónsules consideraron que la ciudad ya no podía defenderse, exigieron aún más: los cartagineses habrían de destruir su propia ciudad y la población sería distribuida entre los pueblos. Movidos por la desesperación, Cartago empleó los treinta días de plazo para responder dados por los cónsules en prepararse para la guerra.
iii) El fin de Cartago
Las fuerzas de Cartago no eran muchas, pero el asedio del ejército romano se alargaba enormemente. En Roma se tomó la decisión de investir cónsul en el 147 a.C. a Escipión Emiliano, que restableció el bloqueo de Cartago y logró reducir a los cartagineses en la primavera del 146 a.C.
El Senado decidió que la ciudad fuera arrasada y abandonada para siempre. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos y hasta los mismos dioses púnicos fueron trasladados a Roma. Cartago dejó de existir y su territorio fue convertido en la provincia romana de África.
iv) Conclusión
Si con los éxitos militares de la segunda Guerra Púnica Roma revalidó su dominio sobre Italia y amplió su control territorial con la anexión de los territorios de Hispania, el potencial demográfico y económico conseguido le permitió continuar su política expansionista hasta terminar siendo la única e indiscutible potencia del Mediterráneo ya antes del 130 a.C.
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