1.1 Los inicios del imperialismo
El historiador Polibio se refiere a los acontecimientos bélicos de la imparable expansión de Roma en fechas posteriores al 264 a.C., pero la fecha no es lo fundamental. No puede establecerse en ningún momento determinado el comienzo del imperialismo romano. Si existió, sus raíces están en la propia estructura de la sociedad romana y en su posterior evolución, en la que diversos factores marcaron la política exterior de Roma y posibilitaron que se convirtiese en una potencia dominadora de medio mundo.
1.2 Intereses militares
Roma, desde sus comienzos, se configuró en una sociedad militarista. La asamblea de los comicios centuriados, creada por Servio Tulio, era básicamente militar, vinculándose el poder y la riqueza al honor militar. Desde los comienzos de la República, las magistraturas más elevadas eran las militares.
Roma practicó una política militar desde sus comienzos, siendo la expansión uno de los objetivos básicos por razones defensivas, intereses económicos (nuevas tierras) o estratégicos (seguridad en las fronteras, aumento de su autoridad política, protección de aliados frente a otros agresores, etc.).
En una segunda fase, a partir del siglo III a.C., los intereses siguieron siendo los mismos, pero los éxitos conseguidos habían generado una dinámica que implicaba la continuación de su política expansionista.
1.3 Intereses de la oligarquía
La más alta ambición para cualquier miembro de la oligarquía era el triunfo. Es sabido que se dieron campañas provocadas por generales para conseguir tal triunfo, incluso antes de que el Senado perdiera el control sobre las guerras en el siglo I a.C.
La oligarquía romana adquiría, a través de la victoria militar, prestigio y clientes en las nuevas provincias dominadas. La mayoría de los propios conquistadores pasaban posteriormente a ser elegidos patronos de la ciudad o provincia por los propios vencidos. A cambio, protegían a sus clientes de los abusos, e intentaban promocionar a las elites provinciales, ahora clientes suyos, y a la ciudad.
1.4 Intereses económicos
i) Reparto del botín
Los intereses económicos jugaban un papel determinante. El botín estaba legalmente a disposición del general, aunque se entregaba parte de él al Tesoro estatal, otra parte se destinaba a obras públicas que aseguraban la gloria y popularidad del benefactor, y también era la forma más segura de pagar a las tropas.
ii) Las tierras
Los pequeños propietarios campesinos verán en las guerras la posibilidad de hacer fortuna. El Estado a veces adquirió tierras para arrendar a los ciudadanos, y las colonias de veteranos fueron después seguidas por emplazamientos para la plebe romana a gran escala. A veces las guerras eran la vía más segura para neutralizar las amenazas o revueltas internas.
iii) Los comerciantes
Los negotiatores encontraron en las guerras y las anexiones un filón que les permitió hacer grandes fortunas. Roma fue a menudo a la guerra a causa de sus mercaderes. Todo tipo de productos obtenidos en las guerras proporcionaban un constante beneficio para los comerciantes romanos y latinos. El Estado aumentó estas operaciones con la creación de puertos libres o con la exención de tasas portuarias. Sólo el comercio de grano fue siempre vigilado y controlado por el Estado, ya que la provisión de los ejércitos y el mantenimiento de la plebs romana eran objetivos prioritarios.
iv) Interés general
Económicamente, la política de guerras y de expansión contaba con el consenso no sólo del Senado y la oligarquía romana y latina, sino con la de todos los sectores sociales, incluida la clase más desfavorecida. El Tesoro estatal se hizo cada vez más dependiente de los ingresos exteriores, que eran la fuente esencial que permitía financiar los enormes gastos que las guerras suponían.
1.5 Política imperialista
Los romanos no consideraron nunca inmoral o reprobable su política imperialista. Su conservadurismo hacía de ésta un acto patriótico y necesario. En muchos casos, Roma no buscaba anexiones, como lo demuestran diversos ejemplos:
- El tratado con los etolios del norte de Grecia.
- La creación de cuatro repúblicas artificiales en Macedonia.
- El rechazo de territorios legados por testamentos, como Egipto en el siglo I a.C.
- La existencia de estados clientes, como Tracia o Mauritania.
Se atacaban a veces las guerras inspiradas por la codicia de algún oligarca (como la campaña parta de Craso o la oposición de Catón a la proyectada contra Rodas). Aún así, a veces esta voluntad era manejada, como sucedió con la expedición a Sicilia del 264 a.C.
El imperialismo romano no fue constante ni premeditado, ni tampoco el resultado de una serie de contingencias. Cada progreso aumentaba sus responsabilidades. En muchas ocasiones, Roma prefirió cambiar sus relaciones con los pueblos extranjeros por un sistema de clientela, base de la vida social y de la actividad política de la aristocracia que la dirigía.
Con el tiempo se fue relajando la fides, base de sus relaciones con los extranjeros y entre los propios ciudadanos. Su experiencia política los condujo a un mayor pragmatismo y cierta desconfianza política.
1.6 Conclusión
El impulso que llevó a Roma a la conquista del mundo mediterráneo y las formas que adoptó dicha conquista están íntimamente ligados a las instituciones republicanas. La visión actual de la expansión de Roma es bastante incompleta, al carecer de testimonios de muchos de sus principales contrincantes.
La justificación histórica de Roma se apoya en su éxito político, y éste ha determinado, como sucede generalmente, el juicio de la posteridad.