La fase final de la república romana - La intervención de Pompeyo en la política romana
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18 de Febrero de 2006
Historia
4 - La intervención de Pompeyo en la política romana
4.1 La figura de Pompeyo
Cneo Pompeyo se había formado a la sombra de su padre y de Sila, que le encomendó la represión de las fuerzas de Mario en Sicilia y África. Lo hizo con tal eficiencia que, a su vuelta, Sila le otorgó el triunfo añadiendo a su nombre el exagerado título de Magnus (el Grande), sin reunir los requisitos para ello.
Fue excluido del testamento político de Sila por el apoyo que inicialmente prestó a Lépido. Posteriormente, reprimió la rebelión de Lépido y tomó el mando de la guerra contra Sertorio en Hispania, al que se habían unido los partidarios de Lépido.
Durante este tiempo se las arregló tanto para robar el protagonismo a Metelo Pío, que ya había hecho progresos contra Sertorio, como para establecer sólidos vínculos clientelares en Hispania. A su vuelta a Italia se alió con Craso, si bien esta alianza tampoco impidió que le sustrajera a éste el mérito que había tenido en la guerra contra los esclavos de Espartaco.
Durante estos años se había granjeado no pocas enemistades entre la nobilitas por su actitud política poco fiable, consecuencia de su propensión a la traición. La familia de Pompeyo no era de rancio abolengo, y la mayor parte de sus seguidores eran hombres de muy poca distinción social.
Pompeyo consideró que la vía más segura para acceder al consulado era situarse al lado de los populares y coaccionar al Senado con la presencia de su ejército acantonado en Italia, por lo que la elección como cónsules en el 70 a.C. de Craso y Pompeyo puede ser considerada como un golpe de estado incruento.
Craso, hombre inmensamente rico, tenía gran ascendiente financiero sobre muchos senadores, aunque al igual que Pompeyo era propenso a las intrigas y políticamente cambiante.
Procedieron a desmantelar la constitución silana. Restauraron la potestad tribunicia, favor que los tribunos devolvieron a Pompeyo en la persona del tribuno Gabinio, que logró le fuera concedido a su benefactor un amplio mando contra los piratas en el mediterráneo (Lex Gabinia).
En esta ley estaban también de acuerdo los caballeros, que necesitaban que se restableciera la seguridad marítima para el desarrollo de su comercio. Las operaciones de Pompeyo contra los piratas se desarrollaron con gran rapidez y un éxito rotundo, volviendo de nuevo la paz a los mares.
Reformaron la composición de los tribunales, dando participación en éstos a los caballeros, y resucitaron el cargo de censor.
Al año siguiente (66 a.C.) otro tribuno de la plebe, Manilio, logró la aprobación de una ley que confería a Pompeyo el mando de la guerra contra Mitrídates y el gobierno de todas las provincias asiáticas. De nuevo se planteaban problemas de orden constitucional. Cicerón elaboró un discurso apoyando la rogatio de Marilio y Pompeyo, y reemplazó en la dirección de la guerra mitridática a L. Licinio Lúculo, hombre de confianza de Sila.
Durante su ausencia, dos hombres se impusieron a la atención de Roma. Uno de ellos, Cicerón, accedió al consulado, y el otro, César, se preparaba prestando sus servicios a Craso y situándose en la que entonces era la causa de los mejores, la de Pompeyo.
4.2 La conjuración de Catilina
i) La figura de Catilina
Catilina, perteneciente a la familia de los Sergios (nobles empobrecidos), había sido partidario de Sila, ocupando diferentes puestos desde el 78 al 66 a.C. En el 65 a.C. presentó su candidatura al consulado, pero por una acusación de malversación de fondos, Catilina y el otro aspirante fueron sustituidos por dos cónsules optimates. Esta acusación le impidió presentarse a las elecciones del 64 y del 63 a.C., año en que accedió al consulado Cicerón.
ii) Causas de la conjuración
La conjuración de Catilina evidencia la falsa dicotomía entre optimates y populares y la amplitud y relajación de los modos en que se luchaba por el poder. Catilina decidió incluir en su programa al consulado leyes agrarias en favor de los desheredados, condonación de deudas, etc. Pero al no lograr acceder al cargo, perpetró un complot cuyos objetivos parece que eran asesinar a los dos cónsules en ejercicio y constituirse en dictador.
iii) Características y vínculos de unión de los implicados en la conjura
La mayoría de los implicados en la conjura presentan rasgos de frustración personal o política que parecen constituir el auténtico vínculo, más que la defensa de ningún tipo de programa común. El propio Craso parece que estuvo implicado a medias en la misma, así como C. Antonio Hybrida, antiguo silano de familia ilustre, con dificultades económicas.
Endeudados y ambiciosos eran también los nobles que le rodeaban: M. Calpurnio Bestia (tribuno encargado de iniciar los disturbios en Roma) y Léntulo (intentó concluir un tratado con los alóbroges para invadir la ciudad).
César mantuvo una posición independiente. En el 63 a.C., la acción de los populares le hizo alcanzar el pontificado máximo, y si bien parece que apoyó inicialmente a Catilina, nada pudo probarse al respecto.
iv) El final de la conjuración
El ejército reclutado por Catilina se componía tanto de campesinos arruinados por las expropiaciones de Sila como de los propios colonos silanos oprimidos por las deudas. Catón el Joven, líder de la nobilitas senatorial, y Cicerón fueron quienes dirigieron la acción contra Catilina, que huyó. Sus partidarios en Roma fueron descubiertos y encarcelados, y poco después, Catilina se suicidó tras la derrota de su ejército. Su antiguo alumno, Antonio, fue el encargado de dirigir el ejército contra él.
v) Consecuencias de la conjuración de Catilina
El fin de la conspiración de Catilina llevó a Cicerón a la cúspide de su carrera política. Durante este breve tiempo fue aclamado como el salvador de Roma y llegó a creer que había conseguido la anhelada concordia ordinum. El Senado había salido fortalecido de todo este proceso y habían emergido nuevas figuras políticas como Catón el Joven. César se iba convirtiendo en inspirador de los populares, aunque era consciente de que manteniendo su independencia aumentaba su precio.
Cicerón, durante su consulado, había adoptado diversas disposiciones importantes que reforzaban la autoridad del Senado. Una de ellas era que los decretos del Senado tuvieran fuerza de ley, sin intervención de los comicios, y que si un poder igual o superior se impusiera, los senado-consultos quedaban registrados.
4.3 La vuelta de Pompeyo a Oriente
i) Las pretensiones de Pompeyo a su vuelta
Hacia finales del 62 a.C. volvió Pompeyo como invencible general que había dado fin a la amenaza de Mitrídates, había doblegado Armenia y sometido a Siria y Judea. Pompeyo recibió un magnífico triunfo, y pidió que le Senado ratificase en bloque todos los tratados de paz, las provincias que había creado, los reyes que había situado o depuesto en el Este y que revocaban muchas decisiones anteriores de Lúculo.
Igualmente pretendía que se repartiera entre sus veteranos y los ciudadanos necesitados de Roma e Italia ager publicus, tomándolo del suelo itálico (incluida la Campania) y de las provincias. Pero pudo ver que, si bien había llegado a convertirse en Princeps en el Imperio de Roma, no sucedía lo mismo en la propia ciudad, y comprobó que la recompensa por disolver su ejército fue la pérdida de poder.
ii) El rechazo de las propuestas de Pompeyo
Catón pidió que cada uno de los actos de Pompeyo fuese discutido separadamente. Lúculo volvió al Senado indignado contra Pompeyo para discutir las medidas tomadas por éste en Oriente. La propuesta de Catón y Lúculo salió adelante, apoyada entre otros por Craso. Su segunda propuesta fue hecha pedazos por Cicerón, que argumentó que las rentas del campo de Camapnia proporcionaban la fuente de ingresos públicos más segura y más próxima.
iii) El conflicto de los órdenes
El conflicto de los órdenes volvía a quebrarse inevitablemente una y otra vez. Catón no sólo se había enfrentado a Pompeyo, sino que había ofendido a los caballeros al amenazar la larga inmunidad que éstos disfrutaban contra la persecución por sobornos en los jurados ecuestres, y oponiéndose a que los publicanos que habían pujado por los contratos de recaudación de tasas en Asia lograsen la rebaja que solicitaban del Senado.
iv) La postura de César
César, que había mantenido unas buenas relaciones con Pompeyo, prefirió retirarse temporalmente a la Hispania Ulterior como propretor. Allí derrotó a algunas tribus rebeldes occidentales y logró ganarse una reputación militar y reunir bienes suficientes para pagar sus deudas a Craso.
Cuando retornó a a Italia, en el 60 a.C., halló una situación favorable para él. Pompeyo, con sus actas aún no ratificadas y sus leales veteranos solicitando su recompensa, se sentía frustrado y colérico. Estaba dispuesto casi a cualquier cosa para vengarse de los nobiles, y César se prestó a servirle de consejero.
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