El educador de hoy es un funcionario con instrumental y un intermediario. Cabe señalar la diferencia que el profesor Jesús Martín Barbero hace entre intermediario y mediador: el primero es un informador y repetidor de esquemas; el segundo, un propiciador de espacios de sentido nuevos y esperanzadores. El educador que medía, yo diría el maestro que provoca imaginarios, es aquel que pone por encima de cualquier cosa la educación TOTAL de la persona, el que estimula la originalidad, la alegría, la iniciativa, la invención, la espontaneidad, la creatividad, la expresión de la propia conciencia, el respeto por el OTRO.
Hasta ahora hemos creído que describir más explicar es igual a comprender, pero esto es un error que nos ha costado años de envilecimiento. La realidad más que conocida desea ser comprendida, ha expuesto el músico y economista chileno Manfre Max Neef, pero los educadores insisten en acumular más información sobre la realidad del mundo que apropiarse de ella esforzándose por comprenderla. El describir y explicar es parte del conocimiento de la ciencia, el comprender es un saber profundo, un espacio de imaginación que desborda la teoría como puesto de observación voyerista. No es tampoco evitar la ciencia, esto sería un contrasentido, sino repensar sus paradigmas metodológicos y criterios de verdad, comprender que la razón además de racionalista es imaginativa. Si en vez de centrarnos en la evolución de las capacidades lógico-matemáticas nos hubiéramos ocupado también del desarrollo de las imaginativas, quizá el perfil de evolución intelectual fuese distinto (K. Egan:1994). La comprensión se desliza por las esferas sensoriales puesto que es experiencia creadora, honda, iluminadora. Es el umbral de la imaginación siempre renovado de la vida. ¿Qué importa saber y explicar lo que es el amor, la libertad, la solidaridad, la tolerancia... si no podemos sentirlos?