La imaginación poética no se ha considerado de sumo interés en tanto es fantaseo, goce, disfrute; pero por eso mismo es escisión, herida en el conocimiento de la realidad, asalto de afectos en la oscuridad de la sabiduría, deriva que funda saberes placenteros sobre la misma. El imaginario es goce conociendo y no goce que lleva al conocimiento, porque el goce no es instrumento ni recurso. Si el conocimiento se da a través del goce –pensemos la alocución adverbial como quiere el profesor A. López Quintás recordando un fundamento de Heidegger–, "a través" es lo lúdico interrelacionado y simultáneo, conduciéndonos desde la cátedra a través de la sala hacia la puerta, pues no estamos ni aquí(cátedra) ni allí (puerta); así quebramos la división espacio-temporal lógica y objetivista. El error de las pedagogías y proyectos curriculares es siempre acunar y adaptar, ni siquiera adoptar o re-plantear las ideas foráneas, pretendiendo alcanzar la felicidad educativa, el saber como fin, como llegada; utopía que siempre la pagaremos a un alto precio social.
Lo importante es reparar en la felicidad como camino, en la imaginación poética como práctica educativa. Esta no es principio ni llegada, sino tradición-transición-trance. Espacio y tiempo en el cual el hombre despliega su interioridad, abraza el mundo y la realidad, entra a escena ya no como espectador que ve la representación del mundo sino como acontecimiento; es decir imaginario que se excede, puesto que es espectador, actor y personaje a la vez. La imaginación poética está en el centro de la perturbación del conocimiento y del saber total. El filósofo Cornelius Castoriadis (1997) haciendo una re-lectura del "Tratado del alma" de Aristóteles y de la historia del pensamiento considera que "La imaginación radical, imaginario social constituyente", puede centrar la reflexión y reconstruir la filosofía, la historia, el conocimiento general. La atención, entonces, no debe ubicarse únicamente en el proceso cognitivo que es ropaje nuevo del antiguo psicologismo (pasos, niveles, jerarquías, hipótesis, sistematizaciones, contrastaciones, conclusiones, preconceptos, conceptualización y aplicación, etc.), sino también en la urdimbre del lenguaje, en su tejido poético lúdico (metáforas, simbologías, homologías, analogías, parodias, ubicuidades, absurdos, gestos, mimos, ritmos, serpenteos, silencios, intersticios, misterios, incógnitas, ensueños, etc.), lugares donde las imágenes juegan plenas de vida y saber, donde constelan, interactúan y configuran el imaginario que no es otra cosa que el Deseo de estar de otro modo, el juego de ser Otro siendo el Mismo.
La imaginación desacostumbra la realidad y pone en duda su existencia porque el hombre con su insaciable pulsión de hacer, tener y saber, la inventa a cada instante. La imaginación recupera el saber del otro como juego dialógico. La cultura surge es del juego, se transforma en el juego, pues éste es más viejo que la cultura, seguimos a Johan Huizinga en su estudio fundamental del juego en "El Homo Ludens"(1968). El proyecto moderno se inicia con la "idea clara y distinta" del "homo sapiens" y del "cogito" que no permite que imágenes, metáforas y analogías lo desprendan de su carácter abstracto; de allí que la educación científica sea una "purificación" de todo lo dado como potencia imaginaria al sujeto. Luego, ante la incapacidad de la razón idealista de producir valor económico se asume práctica, razonable y se desarrolla la idea del "homo faber"; ahora, ante los límites de la razón y su tiranía positivista, buscamos irremediablemente el comienzo y sostén de la vida: "el homo ludens", marginado por la cultura del martirio. Nuestro siglo rehuye lo lúdico, estableciendo una construcción coherente de la experiencia. "Se ha emprendido un inmenso esfuerzo para escamotear el azar, lo inopinado, lo inesperado, lo discontinuo y el juego. La función, la estructura, la institución, el discurso crítico de la semiología sólo tratan de eliminar lo que les aterra", escribe Jean Duvignaud, en su bello librito "El juego del juego" (1980:13). Más adelante escribe que las razones para ese ocultamiento de lo lúdico en la sociedad, se debe a las exigencias intelectuales de una economía de mercado y una tecnología incontrolada, que no dejan lugar para el "terreno baldío" de la ensoñación, de "lo impensado", de lo aparentemente fútil. A los hombres de negocios y planificadores les repugna tomar en cuenta en el balance de los recursos humanos, el "precio de las cosas sin precio", es decir, de las actividades que no justifica en absoluto "la redituabilidad". El positivismo, termina diciendo el etnólogo francés, ha logrado eliminar lo que estorba a su visión "plana" del universo. El juego que es re-invención en el adentro/afuera, entrada en "la perspectiva de la nada y lo inútil", dinamiza las relaciones humanas, anima la relación hasta convertirla en fiesta, derrotando la soledad y la agresividad esquizofrénica.
La imaginación es el beso del mundo que se integra a partir del espacio (lugar), el tiempo (duración) y el movimiento (vaivén-acción). Desde el imaginario la realidad padece una transformación irreconocible, irreconciliable e invisible que la captura, la desteje y la vuelve a tejer, ya no como utilidad ni como instrumento, si no como eficacia del afecto donde el juego construye morada espontánea, honda e iluminadora para la vida posible. La creencia en un espacio unidimensional y un tiempo exacto, es decir en una ética y una estética racionalista basada en la armonía físico-matemática del cálculo y la fórmula, el proceso cognoscitivo y la verdad moral, son abolidas por los tambores de la resonancia interior, por la correspondencia de los seres del universo, por la proliferación de lugares y su ubicuidad, por la polifonía de voces, la plurivalencia cultural. La diversidad de tiempos genera la multiplicidad espacial, rompe la identidad monologal, diferenciando las culturas en un diálogo de valores legítimos y renovadores. La fragmentación del espacio lógico cuestiona la continuidad del tiempo y la historia deja de ser anticuaria y monumental para convertirse en efecto del afecto. Por el fragmento viajamos a la totalidad, por la fugacidad sentida a la instantaneidad sacralizada. La vieja concepción de la eternidad como inmovilidad se renueva, puesto que "esto es urgente por que la eternidad se nos acaba", según el poema de Jaime Sabines. La imaginación poética se desplaza y configura en OTRA LOGICA: lógica imaginaria que no concuerda con la lógica de la realidad institucionalizada, cotidianizada, domada. Es lógicamente real que Juan Gálves se despierte, se levante animoso y se desperece al filo de la cama, vaya al baño y se afeite tarareando una canción de Benny Moré. Luego desayune y con un beso se despida en dirección a la calle que lo conducirá a su trabajo. Es realmente imaginario que Juan Galves se despierte con una tos persistente y una molestia carrasposa en la garganta, vaya al baño tarareando una canción de Benny Moré y cuando se disponga a afeitarse no encuentre su rostro en el espejo, ¿qué pasa –dirá–, acaso he muerto?
La imaginación poética irrumpe en la realidad porque es su reverso insospechado. Los imaginarios poéticos son viajes que nos hacen conocer lo desconocido, nos conducen de lo visible a lo invisible, de lo comunicable a la incomunicación, del grito al silencio, donde "el viento habla sin hablar". Por eso no hay simple construcción de conocimiento en el sentido que la ciencia asigna al constructo de la mente, sino que hay captura de lo imposible, sospecha de lo humano sacralizado, visión del misterio de la vida, lejos de cualquier dogma o creencia maníquea. Por eso la realidad se convierte en maravillosa, es decir que Es y Hace mucho más que dejarse ver, oculta algo que se ofrece a los sentidos atrayendo la escucha y la mirada ("Una palabra canta en mi corazón, susurrante/ hoja verde sin fin cayendo. En la noche balsámica,/ cuando la sombra es el crecer desmesurado de los árboles,/ me besa un largo sueño de viajes prodigiosos/ y hay en mi corazón una gran luz de sol y maravilla". Canción de la noche callada. Aurelio Arturo)
En este acontecer desacostumbrado del imaginario el objeto asombra y fascina . En ese viaje de la ausencia a la presencia hay una activación de otra lógica, puesto que es presencia pero en ausencia. De allí que cualquier objeto trivial puede acceder a la singularidad imaginaria que atrae la escucha y la mirada. Sólo un especial exceso de singularidad, un esfuerzo de originalidad, un deseo de jugar, de estar de otro modo, conduce a lo maravilloso y a la fiesta, que es el salto de la realidad en la cuerda de la infancia.