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La imaginación poética: Afectos y efectos para una pedagogía - El suspenso y el deseo

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Curso gratis creado por Julio César Goyes Narvaez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/imagina.html
28 de Agosto de 2006
FilologíaPoesía

9 - El suspenso y el deseo

La erótica de la razón poética es un imaginario que pretende demorar la satisfacción o mantener en vilo al sujeto, es decir anunciar algo de lo que se ha de decir pero demorando al mismo tiempo el momento de decirlo; así se consigue mantener la atención, creando una espera para la cual deseamos solución. Hacer para la educación un espacio afectivo y efectivo desde la pedagogía de la imaginación poética, consiste en concebir la imaginación como el dispositivo de todo conocimiento y saber posible, derivando la relación lógica e instrumental entre lo real y lo imaginario, entre lo lúdico y lo creativo, entre lo amable y lo digno, porque lo que activa la imaginación no es lo real cotidiano en su dimensión práctica, sino la propia imaginación provocada por la ensoñación y el deseo; de allí que lo real práctico resulte absurdo e irónico de tan lejano (Pere Salabert, 1996:53). En Cien años de soledad, "Remedios, la bella" sube al cielo envuelta en sábanas que se deslizan. En el cuento "continuidad en los parques" de Julio Cortázar, el personaje-amante se dispone a asesinar a su rival que es a su vez el lector que lo lee. En Juan Darién de Horacio Quiroga, el niño despreciado y humillado por el pueblo vuelve a convertirse en tigre. Podríamos citar otros ejemplos, no obstante, si estas acciones narrativas producen fascinación, catarsis, no es porque podemos ver como asciende y levita "Remedios, la Bella" o se consuma al asesinato del lector que lee su propia muerte (Aureliano adivinándose en los pergaminos de Melquiades), o capturar el instante en que en medio del fuego un niño conminado vuelve a su animalidad felina; sino porque detrás de la acción, en otro momento, en otro lugar que no podemos ver, la imaginación poética se ha tornado real, independiente de nuestra voluntad.

Este desequilibrio, esta estética de lo fragmentario, del suspenso y del deseo; éste mirar mirando al margen, desviando la atención produce el dinamismo del imaginario. De manera que una pedagogía de la imaginación poética debe guiar el adiestramiento matemático, la experimentación constructiva de la ciencia, la cultura física, la formación del pensamiento reflexivo. Entre otras cosas, porque como enseña Kieran Egan respecto del uso que el maestro puede hacer del cuento para la enseñanza, tenemos que desmontar los principios "ad hoc" que pretende el desarrollo educativo como un proceso que va de lo concreto a lo abstracto, de lo simple a lo complejo, de lo conocido a lo desconocido, de la práctica manual a la experiencia simbólica (K. Egan: 1994:26). La imaginación poética transgrede el orden y pone en evidencia destruyendo las representaciones estereotipadas de la realidad cotidiana, suscitando en el hombre (primero en el niño) una dinámica creativa, renovadora del mundo. De ahí la necesidad de que el lenguaje poético se convierta siempre en una propuesta iniciativa, ritual, carnavalesca. Los científicos más importantes del orbe reafirman la importancia de los poetas, porque jamás habrá sabios sino hay poesía, sostiene Amalia Wischnievsky, y agrega que la investigación científica no es posible sin el sueño epifánico del poeta (Perriconi y Wischnievsky: 1988:23).

Una educación moderna y sobre todo humana debe replantear la pedagogía y el curriculum. Este último tiene que acontecer interdisciplinar, imaginativo y poético. La creatividad del niño que "entra" en un poema debe conservarse, debe ser continua e incluir sin duda el cuerpo, el juego y tal vez, debe ser capaz de desembocar un día en el re-conocimiento del poema. Si las instancias oficiales quisieran colaborar en ello, no habría ningún obstáculo importante para considerar la actividad poética, desde la escuela de párvulos hasta la universidad, como un enriquecimiento activo y continuo de la imaginación (Georges Jean: 1990: 36-43). Esta visión del mundo es imprescindible para activar la energía creadora dormida sobre pupitres y pasillos. Devolvámosle a la imaginación la dignidad gnoseológica y ontológica de la que fue privada por la doctrina clásica occidental, quedando relegada a una "facultad inferior de error y falsedad", privilegiando el pensamiento conceptual y "el auténtico conocimiento directo" (Gilbert Durand: 1982). La teoría clásica dicotomiza al hombre por una ruptura o distinción radical entre cuerpo y alma, entre clara conciencia racional y fenómenos psíquicos tenebrosos, corruptos, hasta que la definición aristotélica de "el hombre es un animal racional" retumbó por los siglos dándole un nuevo impulso Descartes y su ruptura epistemológica que intenta demostrar mediante el raciocinio que la imaginación y los sentidos son engañosos. El ascetismo intelectual de Descartes le da toda la legalidad al "Cogito". En este siglo, hombres como Gastón Bachelard, hacen caer en la cuenta de ese "obstáculo epstemológico" y sientan las bases de una imaginación autónoma y original; con el autor de "la poética del espacio" se cierra la fisura entre conocimiento experimental y saber especulativo, validando cada uno como parte de una unidad más global llamada razón imaginaria. Entre Descartes y Bachelard pasando por Nietzsche, hay una serie de filósofos y movimientos estéticos importantes que han recuperado y profundizado en la concepción y práctica creativa de la imaginación; entre estos últimos tenemos el Barroco, el Romanticismo, el Simbolismo y el Surrealismo. No es lugar adecuado para hacer una historia moderna de la imaginación, queda apenas esbozado. De lo que se trata, entonces, es de revalorar la imaginación y el cuerpo (su textura, su olor, su volumen, su serpenteo), superando el dualismo exacerbado en una concepción más unitaria y global que contempla la totalidad de la psique como integrada a la función simbólica.

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