La pedagogía de la imaginación poética como afecto está más acá de la didáctica de los esquemas y la instrumentación; como efecto se sitúa más allá de su información disciplinaria, integrando una dimensión más amplia que la estricta "didáctica" e "historiográfica" vinculada al conocimiento teórico del código de la lengua, al aprendizaje de las normas, a la aplicación de métodos y a la información reductivista de las generaciones, períodos y escuelas. La pedagogía de la imaginación poética no se desvincula de ese aprendizaje, pero intenta ir más allá, comprendiendo y configurando la dimensión poética y social de la lengua desde tres enfoques: primero, desde su propio saber-ser y saber-hacer comunicativo y estético, como medios para crear una pedagogía pensada desde la infancia y su poeticidad, en una perspectiva interdisciplinaria. Segundo, desde el espacio que despliega la interproyección educativa con los imaginarios de la cultura y su espacio histórico. Tercero, desde el estudio de los registros del lenguaje y de sus enunciados, productos de la práctica social, como lo enseñan Bajtín y Vigoskii. Los hombres y las mujeres se expresan en una heterogeneidad de géneros discursivos y de procesos que exceden la rutina hacia la creación; por ello necesitan tener conciencia de su espacio, de los efectos y los afectos que restringen y determinan su base: la imaginación.
Una pedagogía de la imaginación desborda las didácticas del "bien hablar y la correcta escritura", el "tufo de literato" y el "jobi de lector de obras", a partir de una concepción de la enseñanza como TALLER, como artesanía, como experimentación y reconocimiento de experiencias pedagógico-poéticas del niño-adulto, discente-docente, bajo la dialogía, la heterogeneidad, el espacio abierto a la significación, el disenso, la pluralidad de voces. George Jean en su libro "Bachelard, la infancia y la pedagogía", nos da un lección a este respecto: "Toda enseñanza debiera tender a vivir perpetuamente adelante de sí misma. Todos los pedagogos debieran a veces considerarse como conquistadores de lo posible, no como los archivistas y repetidores de lo ya conocido. El niño es un ser por hacer" (1989: 113).
Una pedagogía de la imaginación poética busca centrarse en la problemática del lenguaje y el cuerpo, proponiendo y determinando los nexos que unen las señales verbales y no verbales, analiza su papel en función de su situación y de su influencia recíproca en la constitución de un mensaje global. Las investigaciones experimentales paralingüísticas y fonoestilísticas, las etnologías psicoanalíticas perciben las relaciones del cuerpo y la palabra y arrojan luces sobre cómo comprender y practicar una nueva relación lectoescritural.
La imaginación poética está en el centro de la perturbación del conocimiento y del saber total. La atención no debe ubicarse en la episteme del proceso cognitivo que es ropaje nuevo del antiguo psicologismo (pasos, niveles, jerarquías, sistematizaciones, conclusiones, resultados, preconceptos, conceptualización y aplicación, etcétera.); si no en la urdimbre del lenguaje, en su tejido poético (metáforas, simbologías, homologías, analogías, ubicuidades, intertextos, parodias, absurdos, gestos, mimos, ritmos, serpenteos, silencios, intersticios, misterios, incógnitas, ensueños, etcétera.); lugares donde las imágenes juegan plenas de vida y saber, y cuando constelan o interactúan configuran el imaginario.