En primer lugar vamos a analizar lo que se ha venido en llamar la ‘prioridad de la Creación’. De acuerdo con esta posición, Dios estableció la jerarquía hombre-mujer con anterioridad a la Caída, lo cual justifica la prioridad del liderazgo de los hombres en la iglesia, la familia y la sociedad, aunque en este último caso ya no se mantenga. (Sin embargo, a principios de siglo, en pleno movimiento sufragista, todavía se apelaba a las Escrituras para negar el voto a las mujeres, por considerar que su papel de subordinadas les impedía estar en paridad política con los hombres).
Del análisis de Génesis 1:26-28 podemos decir lo siguiente:
· La designación ‘hombre’ es un genérico para ‘seres humanos’, que incluye tanto al hombre como a la mujer.
Esto se ve todavía más claro en Génesis 5:2
· A los dos se les asigna la tarea de señorear la tierra. Es por eso que el verbo en hebreo está en plural: ‘tengan potestad’. La mujer no formaba parte de la creación sobre la cual el hombre iba a tener dominio. Ambos son igualmente autorizados por Dios para actuar como sus vice-regentes en la tarea de señorear la tierra.
· Tanto el hombre como la mujer son portadores de la imagen de Dios, por lo que lo femenino refleja la imagen de Dios tanto como lo masculino.
Los llamados Padres de la Iglesia, aunque equivocados, al menos eran coherentes cuando postulaban que la naturaleza subordinada de la mujer le impedía simbolizar la excelencia de la imagen divina. Hoy día, sin embargo, los que defienden dicha subordinación mantienen que la mujer también es portadora de la imagen divina, pero en ese caso, ¿cómo puede ser uno subordinado al otro si los dos géneros están contenidos dentro de su Ser?
En este relato del proyecto creador de Dios no hay nada que indique que el propósito de la diferenciación sexual tuviera la intención de que una mitad de la humanidad gobernara a la otra mitad. Por otra parte, el hecho de que no se haga ninguna referencia a roles de autoridad entre el hombre y la mujer en un capítulo que está impregnado del concepto de organización jerárquica (el universo entero, desde las estrellas en el firmamento hasta los peces en el mar, es cuidadosamente organizado en una jerarquía de orden), indica que su relación era de igualdad y reciprocidad y que cualquier concepto de supremacía de uno sobre otro le es ajeno y no puede ser impuesto sobre él. Tal principio ni se menciona ni está implícito en el relato de la Creación.
Pasemos ahora a analizar el argumento de que Eva fue creada como ‘ayuda idónea’ para él, y que tanto subordinada a él. Como el análisis lingüístico debe preceder siempre a la interpretación teológica, vamos a pasar, en primer lugar, al análisis de la palabra ‘ayuda’.
La palabra ‘ayuda’ aparece 21 veces en el Antiguo Testamento, y se usa generalmente para referirse a Dios cuando se encuentra ocupado en actividades de socorro, alivio, consuelo o redención entre su pueblo (Exodo 18:4: Deuteronomio 33:7, 26, 29; Salmos 33:20, etc...). Si el término ‘ayuda’ implica necesariamente subordinación, en ese caso Dios se subordina a los seres humanos. En realidad, el término ‘ezer’ significa etimológicamente ‘un poder o fuerza que puede salvar’. La palabra viene de dos raíces, una que significa ‘rescatar’, ‘salvar’, y otra que significa ‘ser fuerte’. Por lo tanto, el sacar de la palabra ‘ayuda’, referida a Eva, el sentido de una persona subordinada contradice su uso constante en el Antiguo Testamento.
Por otra parte, el término hebreo ‘knegdwo’, que en español traducimos como ‘idónea’, en el original está formado por dos preposiciones y un pronombre. La primera preposición significa ‘igual’, ‘como’. La segunda significa ‘enfrente’, en el sentido de uno que está en la presencia de otro como un igual. Por lo tanto, Eva sería, como Adán, de la misma clase y especie, alguien igual a él.
Es interesante notar cómo traduce este término la Septuaginta al griego. En el verso 18 usa la preposición ‘kata’, que implica una comparación entre iguales, es decir, alguien colocado en otro lugar, ocupando la misma posición. En el verso 20 usa la palabra ‘homoios’, que significa ‘igual en fuerza’, ‘del mismo rango’.
Por lo tanto, el hecho de que en español y otras lenguas, la expresión ‘ayuda idónea’ pueda hacer referencia a personas subordinadas no debe hacernos caer en el error exegético de imponer al texto nuestro propio pensamiento.
Además, la creación de Eva no tuvo como objetivo principal resolver la soledad de Adán. En realidad respondía a una necesidad ontológica derivada de la misma naturaleza de Dios: lo femenino era también un aspecto de la ‘Imago Dei’, por eso cuando en Génesis 1:26 se nos narra la solemne decisión divina de crear al género humano, la mujer ya formaba parte de ese plan.
Resumiendo, podemos decir que la teoría de que el hombre tiene que ejercer el liderazgo porque fue creado primero, no se puede deducir ni implícita ni explícitamente del relato de Génesis 1 y 2. La primacía temporal por sí misma no confiere un rango superior. En ese caso, los animales deberían señorearse de los humanos, ya que fueron creados primero. Por otra parte, una aplicación honesta de dicha teoría requeriría que ningún hombre, excepto los primogénitos, tuvieran posición de liderazgo sobre sus hermanos en la iglesia y en la familia.
En los textos de la creación está visiblemente ausente cualquier referencia a un mandato divino en el sentido de que el hombre ejerza autoridad sobre la mujer. Si tal estructura hubiera formado parte del propósito de Dios, habría sido claramente ordenado como en los otros casos. La total ausencia de tal comisión indica que no formaba parte de la intención de Dios, por lo que antes de la Caída ambos disfrutaron de una relación de completa igualdad.