La literatura de cordel brasileña y sus conexiones con la Edad Media - Folletos de tematica tradicional y orígenes del cordel brasil
2 - Folletos de tematica tradicional y orígenes del cordel brasil
Este grupo de folletos debemos subdividirlo a su vez en dos: Aunque todos ellos presentan particularidades propias de los poetas populares brasileños, hay folletos que toman una narración ya existente en la tradición occidental para únicamente versificarla y sintetizarla añadiendo innovaciones mínimas, mientras otros ofrecen una ficción completamente nueva pero que sigue básicamente los patrones de antiguos géneros europeos. Éstos pueden situarse en un pasado remoto o en un presente intemporal, mientras los primeros se fundan en clásicos de cualquier época: En este sentido, Francisca Neuma Fachine Borges [19] informa de la existencia de folletos basados en Romeo y Julieta, La dama de las camelias, Nuestra Señora de París, etc., mientras Diegues [20] recoge títulos de folletos como Historia da Donzela Teodora o Os últimos días de Pompéia.
Pero abordemos el asunto paso a paso y nuevamente por temáticas:
Los folletos de "tradición religiosa" (1.- e) tienen como fuentes principales los Evangelios, milagros de la Virgen y vidas de santos. Pero también se dan historias inventadas de Jesús, San Pedro o la Virgen enfrentándose al diablo, milagros ficticios (Romance do pescador que tinha Fé em Deus, de Joaquim Luiz Sobrinho), y en ocasiones se puede derivar hacia profecías apocalípticas que anuncian la proximidad del fin del mundo (A vinda de "Jesus", de Jotabê). Lo novedoso en este grupo es la conversión de figuras sagradas en personajes de ficción, algo inimaginable en España, donde hubiera sido tildado tal vez de herético. Otros folletos pueden considerarse completamente ortodoxos.
En cuanto a las historias de antihéroes, éstas tienen como claros antecedentes a la picaresca y el folclore peninsular: Del Pedro de Urdemalas español y el Pedro de Malas Artes portugués proviene toda una tropa de astutos antihéroes brasileños tales como Pedro Malagarte, João Grilo, João Lezo, Cancão de Fogo o João Cinceiro Papa Onça. Un caso especial es el de Camões, al que el pueblo atribuye ingeniosas anécdotas tal como en España se hacía con Quevedo. Luyten [21] también incluye a este último en el grupo de los amarelinhos anteriormente citados, que no considera como antihéroes sino como verdaderos héroes populares (de piel amarillenta a causa de las enfermedades) que se enfrentan a los poderosos y acaban ridiculizándolos gracias a su astucia.
Encuentro mayores dificultades en establecer las raíces peninsulares de las historias de animales mencionadas por Diegues, protagonizadas por bestias siempre "misteriosas" y parlantes. Hablan al ser humano, no entre ellas como sucede en las fábulas, y el hecho se presenta como sobrenatural. Un folleto de este género (Historia do papagaio misterioso e os sofrimentos de Jobão, de Luiz da Costa) cayó en mis manos, y la trama consiste en la vida de dos hermanos, uno virtuoso y otro malvado: El bueno escala puestos en la sociedad más lentamente pero con mayor firmeza al escuchar los consejos de un papagayo inteligente que al final resulta ser un ángel. Mendoza Díaz-Maroto [22] en su clasificación de pliegos de cordel, recoge algunos que hablan de proezas de animales prodigiosos, pero no creo que tengan el mismo carácter parlanchín y sobrenatural de los brasileños. Si en todos los casos el habla de los animales se debiese a una posesión angélica, se me ocurre un posible antecedente europeo, no directo, sino como muestra de una posible tradición: En El viaje de San Brandán, de Benedeit, el santo y sus compañeros visitan una isla con pájaros de voz humana que acabarán declarando ser los ángeles caídos.
Tampoco me queda muy claro a qué pueda llamar Diegues "cuento maravilloso" a través de los ejemplos que da: No reconozco la Historia de Marina y Alonso, y no hallo ninguna relación entre Aladim e a princesa de Bagdá y Os últimos días de Pompeia. La primera parece una historia sentimental ficticia, la segunda historia tiene de fondo Las mil y una noches, y la tercera es la adaptación de una novela del XIX del escritor inglés Edward Buwler Lytton. Quizá sólo encuentren unidad por oposición al primer grupo (el -a-), de manera que sólo se pueda dar de ellos una definición negativa: relatos ficticios que procedan de Europa u Oriente directa o genéricamente pero que no representen la Edad Media europea. Aquí es donde deberían incluirse pues los folletos que resumen clásicos europeos de todas las épocas (excepto los de procedencia medieval).
El último grupo (el primero mencionado por Diegues quizá por el éxito y la abundancia de estos folletos) tal vez sea el más interesante o curioso pues encuadra raras obras de procedencia medieval que han acabado por circular en el Brasil contemporáneo, y además entre las clases populares. Se trata de folletos que relatan episodios del ciclo artúrico, del ciclo carolíngeo y cuentos de origen oriental (entre los que yo incluiría el de Aladino que Diegues menciona en el grupo anterior). El éxito y la sorprendente difusión de este tipo de folletos queda patente con las más de cuatrocientas versiones que Fachine Borges [23] registró de los relatos tradicionales Historia de Roberto do Diabo, Historia de João de Calais, Historia de Donzela Teodora, Historia de la Emperatriz Porcina y la Historia de la Princesa Magalona y su amante Pierre. Estas dos últimas obras, según la propia Fachine Borges [24] , fueron las de éxito más restringido en Brasil, y tan sólo gozaron de una divulgación relativa hasta los años cincuenta de nuestro siglo, siendo hoy folletos difíciles de encontrar. Pero al resto de obras, realmente exitosas, hay que añadir las historias relativas a Carlo Magno y los doce pares de Francia, que tienen una importancia capital dentro de este grupo, y de las que Diegues cita dos títulos a manera de ejemplos: Batalha de Oliveiros com Ferrabrás, de Leandro Gomes de Barros, y Roldão no Leão de Ouro, de José Bernardo da Silva.
Todavía dentro de este grupo deben contarse los numerosísimos folletos que imitan las historias de caballerías medievales pero sin basarse esta vez en ninguna obra concreta anterior [25] . Se toman prestados los elementos típicos de las historias caballerescas para crear nuevos relatos y ambientarlos, y así los folletos se pueblan de reyes, princesas, caballeros, hechiceras, dragones, gigantes, monstruos y animales fabulosos. Se dan hechizos, metamorfosis, largos viajes, desiguales batallas, boda de los protagonistas y triunfo final del héroe y del Bien. Sin embargo, en ocasiones estas historias no son muy puristas y se actualizan en mayor o menor medida dando lugar a chocantes anacronismos: Así, en Historia do bicho de sete cabeças, las tropas del rey no pueden doblegar al monstruo ni siquiera con el empleo de cañones y ametralladoras. Y la más sorprendente de las mezclas se da en la Historia do pavão misterioso, en la que un turco enamorado de la hija de un conde griego finalmente se la acabará llevando en un gran pavo que luego resultará ser un engendro mecánico volador con motor eléctrico, historia en la que tampoco faltan fotógrafos ni hoteles. De la misma manera, Luyten confirma que, en ocasiones, en estos folletos el rey puede aparecer transmutado en patrón de una hacienda o de una fábrica de azúcar, y el caballero en vaquero. [26]
Resulta curioso apreciar que estas nuevas historias fantásticas brasileñas han coincidido con el auge mundial de la literatura de fantasía con fondo medieval. Sin embargo, las composiciones brasileñas demuestran vinculaciones más íntimas con sus remotos antepasados que, actualizados, se confunden con ellos bajo la forma de los folletos de cordel: Mientras la literatura anglosajona ha sacado a la luz obras con todas las características de los libros de caballerías pero situando la historia en mundos imaginarios, los folletos brasileños se limitan enmarcar sus relatos en un pasado remoto e indefinido, muy medieval, pero que no deja de estar enclavado en esta Tierra. Se trata, pues, de un fenómeno paralelo a la literatura fantástica mundial, pero que se mantiene mucho más fiel a sus orígenes por haber convivido estrechamente con ellos de manera que se ha buscado, más o menos conscientemente, ceñirse a unas pautas genéricas que habrían de englobar a las nuevas y a las viejas obras. Pero si bien los folletos que recrean fantasías nuevas se pueden relacionar con una corriente cultural que afecta a todo Occidente, el gran éxito de aquellas otras obritas que reproducen con fidelidad textos medievales sí puede considerarse un fenómeno aislado, singular e intrigante. Pues, ¿a qué viene la tremenda difusión entre el pueblo analfabeto brasileño de textos que le son tan alejados temporal y culturalmente? y, ¿cómo fue posible que tales historias medievales europeas arraigaran en el Nordeste brasileño? Sin duda resulta desconcertante toparse en el Brasil actual con recreaciones bastante fieles de raros textos europeos de más de cuatrocientos años, que a su vez reproducen antiguas historias medievales. Pero este resultado final proviene de un lento proceso que se corresponde con la historia y la transmisión del cordel, por lo que aquí se impone una brevísima relación del desarrollo de este tipo de literatura.
En principio, la literatura de cordel es un rasgo propio de Europa, pues allí es donde tuvo su origen y donde se desarrolló. Su más claro antecedente es la literatura oral juglaresca, pues la oralidad era el medio de difusión propio de la creatividad popular, estando reservada la costosa escritura a composiciones más elevadas y cultas. Con la aparición de la imprenta, su extensión por toda Europa y el consiguiente abaratamiento de las publicaciones, se propició el que tanto las más antiguas como las novedosas composiciones orales comenzasen a ser fijadas en papel en ediciones de muy bajo coste: las hojas volantes, los pliegos sueltos, etc. Éste es el origen de la literatura de cordel, que sirvió de vehículo no sólo a la literatura popular sino también a las composiciones cultas de poetas cortesanos. Esta nueva modalidad de difusión literaria fue muy bien acogida en toda Europa, y en el siglo XVII muchos países ya gozaban de una literatura de cordel muy desarrollada: Así Alemania, Holanda, Inglaterra (chap books, catchpennies y broadsiddes eran denominados los distintos tipos de folletos), Francia (donde se hablaba de literatura de colportage, venta ambulante de los livrets bleus) y también España y Portugal (donde el fenómeno estaba estrechamente relacionado con los romances de ciego).
El pliego de cordel más antiguo que se conserva en España data de 1482 (se trata del Regimiento de príncipes, de Gómez Manrique [27] ) esto es, diez años después de que saliese a la luz el primer documento impreso español del que se tiene noticia, las Actas del Sínodo celebrado en Aguilafuerte, por lo que se puede intuir que la aparición del cordel siguió de cerca a la de la imprenta [28] . De las imprentas del siglo XVI español se sabe que fueron pródigas en folletos de cordel, aunque los materiales fungibles y el descuido tan sólo permitieron la conservación de unos mil [29] . Los siglos XVII, XVIII e incluso XIX resultaron ser la época dorada de esta literatura popular, que entraría finalmente en una decadencia que alcanzó su máximo grado en las primeras décadas de nuestro siglo, con la práctica extinción de un cordel que hoy sólo sobrevive como caso raro y excepcional.
En cuanto a Portugal [30] , su literatura de cordel también se inició con fuerza en el siglo XVI, en el que destacó el poeta ciego Baltazar Dias, figura de gran importancia en esta literatura popular. El siglo XVII fue sin embargo menos fecundo ya que los ascéticos lograron desviar la atención del pueblo hacia los sermones, milagros y vidas de santos, y la literatura de cordel se vio considerablemente limitada por los Índices Expurgatorios de 1581 y 1624. El siglo XVIII fue nuevamente una próspera etapa para las manifestaciones literarias populares, que se centraron en lo picaresco y que, a partir de 1749, tuvo como divulgador exclusivo a la Irmandade do menino Jesus dos Homens cegos, a la que Juan V concedió privilegios en la venta de folletos. En cuanto al siglo XIX, en esta época la popularización de los periódicos hirió mortalmente a la producción literaria popular y, aunque se imprimieron enormes tiradas de folletos, frecuentemente no se hizo otra cosa que reeditar los éxitos de cordel de los siglos anteriores. Finalmente, en nuestro siglo los pliegos de cordel han acabado por ser un asunto de eruditos y coleccionistas.
En lo dicho queda retratada superficialmente la literatura de cordel en el marco europeo y peninsular, cuna y nodriza de los folletos populares que con el tiempo emigrarían como fenómeno a toda Latinoamérica. El proceso de transmisión del cordel fue parejo al avance de la colonización, pero se hizo irreversible con la afluencia masiva de pobladores españoles y portugueses al Nuevo Mundo: Los nuevos colonos tenían gustos y aficiones populares y, así, muy posiblemente los primeros folletos que visitaron América fueron los mismos que los primeros colonos portaron consigo en sus equipajes. Pero, además, pronto se crearía una masa de población suficiente como para ser considerada una demanda interesante que avivaría espíritus comerciales haciéndoles vislumbrar posibilidades de negocio en satisfacer los gustos populares de los colonos. Y de esta manera se iniciaron las importaciones de pliegos de cordel, de las que se han registrado veinte resmas de Pierres y Magalona y doce libros de la Doncella Teodora que, en 1600 y 1605 respectivamente, fueron destinadas al comercio americano [31] . De esta manera, gradualmente se iría haciendo habitual en América tanto la forma como el contenido de la literatura de cordel de la península; contenido que pronto inspiraría a una literatura oral colonial que desembocaría en los corridos, las payadas, los contrapunteos, la poesía criolla, etc., distintos nombres que albergan una misma esencia para toda Hispanoamérica.
Lo mismo sucedió en Brasil, donde acabó por crearse una saludable poesía oral típicamente brasileña de la que, con el tiempo, se desgajarían de manera perfectamente natural las formas escritas de esa literatura popular: los folletos de feria. Se ha dado la fecha de 1830 (año aproximado del nacimiento del primer cantador conocido, Ugolino de Sabugi, y de su hermano Nicandro) como el inicio oficial de la poesía popular nordestina [32] . Desde entonces hasta 1880 aparecieron los que se consideran "grandes nombres" del cordel brasileño, y desde esa fecha hasta 1920 hubo un impresionante incremento del número de cantadores, de manera que sólo en ese periodo se contabilizaron 2.500. Pero sólo comenzaron a editarse folletos hacia 1900 (el primer folleto que se conoce, conservado en la Casa "Rui Barbosa", data de 1902), momento en el que también se inició un boom impresor que llegaría hasta 1945, fecha en la que el cordel entra en cierta decadencia por la progresiva popularización de factores como la radio, el cine, la mejora del transporte o el progreso en general. Así, a fines del XIX, mientras se iniciaba la decadencia del cordel portugués, el brasileño tomaba el relevo con nuevas fuerzas, y la literatura popular se afincaba en el Nordeste del país, del que se ha dicho que presentaba características medievales. Y allí se formaría una literatura de cordel netamente brasileña al tiempo que pervivirían en el pueblo los gustos de los primeros colonos por las viejas historias europeas.
Pero se comprenderá mejor la existencia de historias medievales en Brasil si a esta explicación general le añadimos la historia concreta de algunos folletos.
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