La monarquía de Felipe II - El hombre y el rey
Curso gratis creado por Creative Commons. Extraido de: http://www.geocities.com/unedhistoria/
18 de Febrero de 2006
Historia
1 - El hombre y el rey
Los fracasos políticos, las dificultades financieras y el estado de salud llevaron a Carlos V a la decisión histórica de abdicar sus dominios de manera sucesiva en su hijo Felipe. En aquellos años, Flandes fue la principal base de actuación de Carlos V y Felipe II. Desde allí se negoció el matrimonio de Felipe con la última reina católica de Inglaterra: María Tudor (1554). Luego el emperador regresó a Castilla, donde murió en el monasterio jerónimo de Yuste (21-9-1558).
Felipe II reinó hasta su muerte en 1598. Durante buena parte de su reinado estuvo preocupado por el problema de sucesión. De su 1ª esposa Mª Manuela de Portugal (murió en 1545) tuvo un hijo, don Carlos, que murió encarcelado en 1568 por orden de su padre. De su 3ª esposa, Isabel de Valois (murió en 1568) sólo tuvo hijas. De su última esposa tuvo varios hijos, aunque sólo Felipe (nacido en 1578) vivió lo suficiente para suceder a su padre.
La personalidad de Felipe II ha dado lugar a dramas, óperas y estudios psicológicos. A diferencia de su padre no salió de la Península Ibérica, tras su retorno desde Flandes en 1559. Fijó su residencia en Madrid en 1562. Tampoco fue un jefe militar, sino fundamentalmente un burócrata, al que gustaba controlar los menores detalles de la administración. Fue un hombre de principios rígidos, imbuido de su dignidad real. Su reinado correspondió en Europa a la difusión del calvinismo de una parte y a la reforma tridentina de otra. Bajo su gobierno, la monarquía avanzó hacia la castellanización y el gobierno perdió el aire internacional que tenía bajo Carlos V.
El retorno de Felipe II a España (1559) coincidió con la persecución de los grupos protestantes. Intentó impermeabilizar España frente a las corrientes protestantes, como la que sus súbditos pudieran estudiar en universidades extranjeras (salvo las de Portugal e Italia). Tuvo un imp. papel en la 3ª y última fase del Concilio de Trento (1562-64) a través de la participación de obispos, teólogos y diplomáticos españoles, y posteriormente en la aplicación de la reforma tridentina en España. La sincera religiosidad de FelipeII no impidió que mantuviera relaciones tirantes con los pontífices por cuestiones de jurisdicción, defendió los derechos que creía le pertenecían como protector de la Iglesia y brazo armado de la Cristiandad en la lucha contra sus enemigos infieles y herejes.
Felipe II reinó hasta su muerte en 1598. Durante buena parte de su reinado estuvo preocupado por el problema de sucesión. De su 1ª esposa Mª Manuela de Portugal (murió en 1545) tuvo un hijo, don Carlos, que murió encarcelado en 1568 por orden de su padre. De su 3ª esposa, Isabel de Valois (murió en 1568) sólo tuvo hijas. De su última esposa tuvo varios hijos, aunque sólo Felipe (nacido en 1578) vivió lo suficiente para suceder a su padre.
La personalidad de Felipe II ha dado lugar a dramas, óperas y estudios psicológicos. A diferencia de su padre no salió de la Península Ibérica, tras su retorno desde Flandes en 1559. Fijó su residencia en Madrid en 1562. Tampoco fue un jefe militar, sino fundamentalmente un burócrata, al que gustaba controlar los menores detalles de la administración. Fue un hombre de principios rígidos, imbuido de su dignidad real. Su reinado correspondió en Europa a la difusión del calvinismo de una parte y a la reforma tridentina de otra. Bajo su gobierno, la monarquía avanzó hacia la castellanización y el gobierno perdió el aire internacional que tenía bajo Carlos V.
El retorno de Felipe II a España (1559) coincidió con la persecución de los grupos protestantes. Intentó impermeabilizar España frente a las corrientes protestantes, como la que sus súbditos pudieran estudiar en universidades extranjeras (salvo las de Portugal e Italia). Tuvo un imp. papel en la 3ª y última fase del Concilio de Trento (1562-64) a través de la participación de obispos, teólogos y diplomáticos españoles, y posteriormente en la aplicación de la reforma tridentina en España. La sincera religiosidad de FelipeII no impidió que mantuviera relaciones tirantes con los pontífices por cuestiones de jurisdicción, defendió los derechos que creía le pertenecían como protector de la Iglesia y brazo armado de la Cristiandad en la lucha contra sus enemigos infieles y herejes.
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