Si lo que pides no lo puedes visualizar -y esto es ver con el ojo del espíritu (este concepto es explicado más ampliamente después)-, como si aconteciera, no creerás que lo recibirás (Mc.11:23-24). Si no tienes esa fe, nada puede hacer Dios, pues El es el dependiente de tu fe. Por eso, como regla general, en la oración debes pedir una sola vez, diciendo: ¡Por favor!, y después demandar y agradecer que lo has recibido. “Si tienes una petición clara, y realmente la ves ante ti, entonces puede ser otorgada... Debes ver ante ti tu objetivo tan viva y realmente que lo puedas sentir auténticamente con tus emociones. Si no sigues esta ley de fe, nunca puedes recibir verdaderamente una respuesta a todo lo que pides...” “Yo oré con seguridad. Mi fe se ensanchó y se incautó de aquellos cinco millones de dólares; eran míos. Tenía certeza, y una vez que tienes certeza -la escritura de propiedad-, esos asuntos deben llegar legalmente a tu propiedad, si los ves como si los ves, porque te pertenecen legalmente”. Sin embargo, la oración no es una técnica con la que podamos manipular a Dios. El Señor Jesús nos ha dado instrucciones acerca del orar. La más conocida está en Mt.6:5-13: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres: de cierto en cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así...”