También se propone, que no se debe decir ninguna oración vaga o indeterminada, sino que se debe pedir especificando muy detalladamente; que debes imaginarte lo que pides, y eso presentarlo claramente a Dios, y entonces Dios ayuda. Como alguien ha escrito: “Entonces surgió aquella pequeña y tranquila voz en mi alma, y el Espíritu dijo: “Hijo mío, he oído tu oración ya hace mucho tiempo”. Enseguida desembuché, diciendo: “¿Dónde están, pues, mi escritorio, silla y bicicleta? A lo cual el Espíritu dijo: “Si, ese es el problema contigo y con todos Mis hijos. Me suplican, hacen toda clase de ruegos, pero piden en términos tan vagos e inconcretos que Yo no puedo oírles favorablemente. ¿No sabes que hay docenas de clases de escritorios, sillas y bicicletas? Pero tú has pedido sencillamente un escritorio, una silla y una bicicleta. Nunca has pedido un escritorio, o una silla o una bicicleta determinadas”. Este fue un momento crítico en mi vida” (...) “Hasta ese momento, siempre había orado en términos vagos e inconcretos, pero desde ese instante hasta hoy día, jamás he sido vago e impreciso en la oración. Si Dios nunca hubiese escuchado tus oraciones imprecisas, nunca habrías notado que aquella oración fue escuchada por Dios. Así que debes pedir clara y específicamente”. “Yo pedí estas cosas en términos claros que Dios no pudo equivocarse en la entrega. Después noté brotar en mí la fe, y me gocé en el Señor; aquella noche dormí como un bebé”. Si observamos la oración que el Señor Jesús nos dio como ejemplo, en general no vemos que allí se formule o especifique muy detalladamente una lista u “Hoja de pedido” de deseos. Por el contrario, allí está, por ejemplo,: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mt.6:11). Allí no está, que además debamos decir si el pan debe ser blanco o integral, pan de centeno o de pasas: El Señor Jesús parte del principio que nuestro Padre celestial sabe lo que necesitamos. En nuestras oraciones también debemos tener presente, que lo que pidamos sea conforme a Su voluntad.