por Rosa María Penable Conde La primera vez que oí hablar de la Comunidad Cristiana del Espíritu Santo fue por la radio (“Viva la Vida”, Radio lntercontinental AM 918 - Madrid). Estaba buscando un programa y me encontré con este del que hablaban de Jesucristo. Me alegré de poder conectar con un programa “cristiano”. Lo que me sorprendió fue que al final pedían a la gente que pusieran un vaso de agua cerca de la radio, ya que lo iban a bendecir y dicha agua tendría “poderes curativos”. Con el tiempo llegaron a mis oídos testimonios de personas que habían estado en dicha comunidad. Me hablaron del “aceite milagroso”, la rosa, el sobre rojo en el cual debían poner el precio de un cordero (en pesetas), un carnet que les hacen cuando las personas son bautizadas y que tiene un año de validez, luego caduca (puede renovarse) y así más cosas. Confieso que ante todo esto, adopté una postura cómoda. Me mantuve en medio. Prefería no juzgar sin conocerlo realmente. Seguí conociendo a personas que habían pasado por allí. Todas tenían algo en común: una dependencia al objeto que ellos les habían entregado-botellitas con agua, aceite, sal, etc.,etc... Objetos de los cuales dependen tanto que hasta una vez fuera de la les cuesta deshacerse de ellos. Estando en Fuenlabrada (Madrid), me encontré con la iglesia que tiene allí (Avenida de las Naciones, 16). Estuve hablando un buen rato con un “pastor” bastante joven que me invitó, a entrar. Le hablé de que sentía curiosidad por lo que hacían, ya que como creyente me gusta compartir con otros a Jesús. Me habló de que lo que predican es “sólo” a Jesucristo y que al aceite y demás le quitan importancia. Dijo que el aceite lo tienen escondido y sólo lo sacan al final. Para mi sorpresa vi que tenían una jarrita con aceite encima del púlpito y detrás había impresionante cruz de metal. Le comenté que alguien me había dicho que oraban por las personas cubriéndolas con un manto. El me aclaró que el manto lo había llevado un obispo de la “Comunidad” a Israel que lo había puesto sobre la tumba de Jesús y allí lo bendijo. Le pedí que me mostrara en que parte de la Biblia decía que hay que hacerlo así. No pudo hacerlo. En cuanto a bendecir el aceite, el agua, la sal y todo lo demás lo justificaba con un versículo de la Biblia sacado fuera de su contexto - 1ª Timoteo 4:4-5. Dice: “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado”. Sobre las sanidades, le dije que la gente hablaba de que el aceite podía sanar y le quitaban importancia a Jesús. Pregunté por qué usaban estas cosas y su respuesta fue que lo utilizaban como “gancho” para llevar a la gente allí y hablarles de Jesús. Que en España hay mucha idolatría y no se podía quitar esto a la gente de golpe. Ante mi pregunta de ¿porqué no hablarles primero de Jesús? contestó que una persona no puede alabar a Dios cuando esté enferma. Le contesté que el Señor nos puede capacitar para alabarle en medio de problemas y enfermedades y que debemos alabarle por lo que él es y no sólo por lo que nos da. Su respuesta fue que yo no creía que Dios puede sanar y que me gustaba vivir con problemas. Le contesté sí creo en que Dios puede sanar pero que el aceite no tiene poderes”. Ante mi pregunta de ¿qué pasaría si alguien es sanado y muere al día siguiente sin conocer y aceptar a Cristo? él me contestó que ellos ya habían cumplido “porque primero les hablan de Jesús y si la persona no lo entiende es porque es “. Yo doy gracias al Señor porque El no mira mi ignorancia. También me dijo que él podía estar días explicándome su doctrina y que yo nunca la entendería. En resumen, que yo no era lo suficientemente inteligente. Menos mal que hace tres años el Señor Jesús me sacó del pozo del ocultismo y de la depresión y que también quitó mis ideas del suicidio haciéndome una nueva persona y su hija. Si fuera como este señor me dijo, yo no tendría acceso al Trono de la Gracia de Dios. El remate final fue que me dijo que los dejaramos hacer las cosas a su manera, que ya sabían que un día tendrían que dar cuenta al Señor de lo que hacen. Que sus iglesias están llenas y que ¿cuántas personas había en mi iglesia? Lo que más me ha decidido a escribir todo esto y dejar mi postura cómoda ha sido que ahora me parecen más peligrosos de lo que creía antes. Bien porque mantienen a muchas personas atadas a la idolatría (“agua bendita”, “aceite bendito”, “mantos benditos”, etc.) y porque a los que salen han llegado a dudar alguna vez de si en realidad ellos están en la verdad o no. Por lo tanto, ponen tropiezo para que puedan acercarse libremente al verdadero Jesucristo que salva, sana y viene otra vez (1ª Corintios 10:l9-22).