Algunas personas pueden tener poder mágico; se trata de poderes obtenidos de espíritus malos. Entre esas personas recordamos los sacerdotes de los ídolos, los espiritistas, adivinos y hechiceros. ¡Evitésmolo! En 1ª Co. 10:14, leemos: “Huid de la idolatría”; pues en la idolatría tenemos que vérnoslas con espíritus malos (v.20). No nos dejemos embaucar con prácticas de adivinación, buenaventura, etc. Debemos escoger entre el mundo de Dios, o el mundo de Satanás. Los dos a la vez no puede ser.
La casa habitada
En Mateo 12: 43-45, el Señor Jesús cuenta la historia de un hombre de quien salió un espíritu malo. Pero, cuando el espíritu malo regresó, encontró vacía la casa, en orden y barrida; y entonces entró en ella con otros siete espíritus. Pero, si alguien es hecho creyente, esa casa está habitada por el Espíritu Santo (1ª Co. 6:19; 1ª Jn. 4:4). Entonces, para un espíritu malo es imposible hospedarse en ella. Ese espíritu puede espiar, acechar a un creyente tanto que incluso a veces parezca como si él morara en esa persona cuando es invitado a ello por el pecado. Pero morar, habitar en un creyente es imposible (1ª Co. 6:19; 2ª Te. 3:3; 1ª Jn. 4:4 y 5:18).
Desandar el camino
Esto no obstante, si a sabiendas o en ignorancia (Lev. 4) hemos estado en el mundo de Satanás, ¿qué debemos hacer? - Aquello que la Biblia nos aconseja urgentemente en cada pecado: Ten visión del pecado, es decir, comprende que has pecado, y cómo has pecado; pide perdón, arrepiéntete; y, en la práctica de tu vida, sigue a Jesús. (Esto es conversión). Léase 1ª Jn. 1:8-9. La Biblia no hace diferencia entre idolatría y no-idolatría. Léase Gá. 5:19-21.
Temor del SEÑOR
Por consiguiente, no te dejes intimidar por ningún temor antibíblico a los demonios, sino ten una sobriedad bíblicamente fundada: los demonios son reales, su poder es real. ¡Pero Jesucristo es el Señor! Ciertamente debemos estar temerosos de pecar contra el SEÑOR; por tanto, sí “el temor del SEÑOR”; pero no el “miedo a Satanás”. ¿Qué es, pues, lo que necesitamos? Se necesitan un número de cosas: - una relación viva con el Señor Jesús; - conocer bien la Biblia, estudiarla y aferrarse a las verdades elementales; - orar y trabajar para conseguir facultad de discernimiento.
¿Cómo hacer todo esto?
-Pide al SEÑOR sabiduría y visión de las cosas; -estudia la BIBLIA y vive según lo que aprendas en ella; -sé un miembro viviente de la iglesia, incluso en la asistencia puntual a sus cultos. (VERA L. KERKHOF.)