Somos, pues, realmente divinos en nuestro interior más profundo, pero con eso aún no somos totalmente dios. Eso lo podemos lograr realmente por vía del movimiento circular de nacimientos, por la reencarnación. En cada siguiente vida obtenemos la ocasión de expiar los errores de nuestra vida anterior (de los que no tenemos consciencia en esta vida), para satisfacer nuestras culpas. Y asimismo tenemos la posibilidad de llegar a lo más alto en la escala de nacimientos. El objetivo deseado es ascender en el TODO divino, o bien en la NADA divina, o bien en la energía cósmica. Este es, de nuevo y totalmente, el pensamiento pagano de la autosalvación. Este mensaje ha sido proclamado en Occidente por muchos gurúes, y ha sido aceptado enseguida. Recuérdese, por ejemplo, los gurúes Bhagwan, Krishnamurti, Maharishi. Pero, comparada con esto, ¡cuánto más gloriosa es la salvación que tenemos en Cristo!. También algunos cristianos parecen dispuestos a creer en la reencarnación. Es evidente, pues, que el nombre de “cristiano” no siempre es usado en el sentido de cristianos fieles a la Biblia, sino de aquellos que se llaman cristianos, pero no lo son.