La carne y el mundo
Como Satanás en el Paraíso comenzó induciendo a los hombres al pecado, así lo sigue haciendo aún hoy. De todas las maneras posibles intenta llevarnos a transgredir los Mandamientos de Dios. En la Biblia podemos leer, que tenemos que luchar contra nuestra propia carne, el mundo y el demonio (Mt. 26:41; 1ª Jn. 2:16-17; Ef. 6:11). Así pues, también vemos que el Diablo generalmente encuentra como aliados a nuestro propio corazón. Y, con frecuencia, también puede mezclar e implicar con aquellos las tentaciones del mundo.
Satanás y lo oculto
Pero Satanás también puede actuar “inmediatamente”, al instante. Entonces somos abordados e influidos directamente por el mundo de los espíritus malos, o dicho de otro modo, nos dedicamos al mundo oculto, a las atrocidades que Dios nos ha prohibido. En la Biblia se nos dice, que lo revelado es para nosotros, y lo oculto es para Dios. Esto se encuentra en Deuteronomio 29:29, y es una arenga de Moisés al pueblo de Israel: “Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre...” Por el contexto, es evidente que con “las cosas secretas” se quiere decir: los preceptos, métodos, prácticas de idolatría; y con “las (cosas) reveladas” se quiere indicar: las leyes y ordenanzas del SEÑOR nuestro Dios. Dios no prohibe caprichosamente lo “oculto”. Lo “secreto”, lo escondido u oculto le roba a Él, en primer lugar, Su honor, cuando nos introducimos en ese mundo ocultista; pero también es peligroso para nosotros. Por eso leemos en Apocalipsis 2:24, que el Señor escribe a la iglesia de Tiatira, advirtiéndola muy seriamente acerca de aquellos que han conocido las profundidades de Satanás.