Si no confiamos totalmente en Dios nuestro SEÑOR, enseguida venimos a caer en un clima de angustia, tal como lo vemos en los paganos. Entonces pensamos, por ejemplo, que debemos temer las maldiciones de enemigos y sus conjuros; o que espíritus moren en objetos muertos, y que esa es la razón para deshacerse de ellos, quemarlos, etc. Pero la buena nueva de Jesucristo es precisamente que El nos libera de esas angustias, porque El es el Señor (Ro.8:15.). Cuando en Hechos 19:19 leemos acerca de la quema de libros de magia, eso ocurre no para echar fuera o espantar a todos los espíritus malos, sino como muestra o testimonio del convencimiento de los jóvenes creyentes efesinos de que ellos ya no pertenecen más a ese mundo, y que rompen totalmente con él. En Isaías 44 leemos acerca de una burla a la impotencia de los ídolos: de un trozo de madera te haces una imagen, y con el resto te cueces tu comida. Así se expresa Dios el SEÑOR, hablando con un israelita: “Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol?” (v.19). Ese trozo de madera, en sí mismo, nada es; así nos lo confirma el apóstol Pablo en 1ª Co. 8:4, cuando escribe: “...sabemos que un ídolo nada es en el mundo...” Las cosas, en sí mismas, no tienen malos espíritus, y tampoco tienen poder de encantamiento. Pero, si pensamos que eso es así, entonces se abre una puerta a los espíritus malos, para que nos lo hagan entrever. Tan pronto como nosotros, en contra de la Palabra de Dios, nos disponemos a dar crédito a lo que son opiniones del reino de Satanás, entonces hay para Satanás una posibilidad de intervenir en el caso, y fortalecer esa fe falsa.