Se afirma con bastante frecuencia, que Dios es dependiente de nosotros, que nos necesita, que es tan grande y tan pequeño como se lo permitamos. Así pues, se llega a escribir y decir: “Quiero recalcarles, que las riquezas que necesitan las llevan en ustedes, no ayer, sino en este momento; ustedes tienen a Dios, el cual mora en ustedes. Dios está allí, no para dormir. Dios nunca ha venido para únicamente poner una tienda, y para gozar de vacaciones. Dios está ahí, para realizar la salvación de ustedes. Ustedes son el canal... Ustedes tienen toda la responsabilidad. Si ustedes no desarrollan su forma de creer, de manera que puedan colaborar con Dios, Dios será hecho limitado y reducido. Dios es tan grande como ustedes se lo permitan; y es tan pequeño como el espacio que El obtenga de ustedes”. ¿Dios es, pues, dependiente de nosotros? Lo contrario es lo que encontramos en las Sagradas Escrituras. Nosotros, Sus criaturas, dependemos de El. En Jeremías 18: 6- 10, Israel es comparado con el barro de los alfareros, del cual el alfarero hace una vasija, o la rompe, para hacer algo distinto con ella. Dios nos ha creado (véase Gn.1).