El 3 de agosto el teniente general sir Hugh Stockwell llegó de Alemania para tomar el mando de la operación. El segundo en el mando era el general de división André Beaufre.
Stockwell no se dejó impresionar por la idea de un desembarco en Port Said y el 6 de agosto había diseñado un plan ‘’Mosquetero’’. Se fijó el desembarco para el 15 de septiembre.
Los franceses estaban menos preocupados que los británicos por la necesidad de minimizar las bajas, se sentían frustrados por la complejidad de la planificación británica.
Pese a la probabilidad de que se produjesen pequeñas guerras en sus lejanas posesiones, el Reino Unido no tenía capacidad para afrontar una acción rápida. No disponía de una fuerza <flexible, móvil, bien entrenada y versátil> y sus tropas estaban poco profesionalizadas.
La ‘punta de lanza’ de su fuerza militar estaba formada mayoritariamente por conscriptos (conscripción- servicio militar obligatorio, sistema de alistamiento forzoso de hombres y mujeres en las fuerzas armadas).
Al final de la Gran Guerra (1944-45) muchos oficiales regulares habían sido condecorados, por ello la promoción era muy difícil y los buenos soldados acababan por desilusionarse.
En 1956 muchos capitanes y comandantes eran muy mayores y la moral estaba muy debilitada.
Anthony Head, secretario de Estado para la Guerra, declaró que el Reino Unido tenía el ejército mejor equipado.
Su declaración expresaba una idea totalmente inexacta de la capacidad militar británica en 1956. La mayoría de equipamiento era obsoleto y databa de la segunda guerra mundial. Sus cañones antitanque quedaban superados por los tanques del enemigo. La ametralladora ligera se atascaba y era peligrosa. Sus camiones no disponían de piezas de recambio.
Las fuerzas británicas se veían obligadas a pedir prestado equipamiento a los otros ejércitos.
Los norteamericanos y los franceses tenían el Noratlas(fuerza militar aérea), que era la envidia de los británicos, que tenía hasta los pilotos desentrenados.
Recuperaron los vehículos que el mando de Oriente Medio había vendido por muy poco a los granjeros árabes y los enviaron a los talleres de reparación.
La capacidad de los tanques soviéticos de los egipcios era una incógnita y se temía que la atmósfera arenosa atascase los mecanismos de los cañones de retroceso británicos (BAT). Por eso, no se destinaron a Egipto y se tuvieron que retirar de los almacenes de la OTAN cañones de retrocarga de 106 mm norteamericanos. Se tuvo que recurrir también al desechado fusil número 4 que se había utilizado en los años cuarenta.
Precisamente estas operaciones ponían de manifiesto los aspectos menos brillantes de la capacidad militar del país, una larga lista de desastres y de fracasos precedía a la operación de Suez.
En 1956 la Royal Navy no tenía suficientes barcos especializados en las tareas de desembarco, ni lanchas de asalto, ni barcazas para los tanques. A duras penas se podía transportar un solo batallón de infantería y un escuadrón de tanques a la vez.
La preparación fue bastante torpe. No se consideró suficientemente la elección de la base desde donde realizar la invasión. Chipre era la posición británica más cercana (única ventaja): campos de aviación malos, no tenía talleres ni un puerto adecuado.
Malta estaba a 1.500 Km de distancia, un viaje de seis días, pero disponía de buenos campos de aviación y de un excelente puerto.