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La República desde los Gracos a Sila - Las consecuencias de la expansión del siglo II a.C.

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CopyLeft Curso gratis de Creative Commons - 20 de Abril de 2005
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1. Las consecuencias de la expansión del siglo II a.C.
Polibio mantenía que en el 168-167 a.C. Roma era dueña del mundo conocido y daba poca importancia al hecho de que la mayor parte de él no fuese gobernado directamente por ella. La expansión era más hegemónica que territorial. Las victorias conducían a un relativo aumento territorial y a una acción más amplia de su diplomacia por medio de la clientela. El mantenimiento del poder indirecto sobre estos territorios ofrecía la ventaja de una economía de fuerzas para Roma. Pero durante la última fase de la República se elaboró una política distinta y se aceleró el ritmo de la expansión territorial, alcanzando el apogeo con Augusto.

Las guerras ultramarinas, entre otras, tuvieron dos consecuencias fundamentales:

-  La profesionalización estable del soldado romano, que tuvo gran repercusión en el problema de la propiedad y explotación de la tierra en Italia.

-  Un aflujo de riqueza a través de botines, indemnizaciones e impuestos, que revirtió en Roma e Italia, beneficiando en gran parte a la aristocracia, que pudo seguir invirtiendo en tierras en Italia. La amplia demanda de tierras llevó a estos grandes propietarios a vender al pequeño campesino, lo que supuso para la élite romana el actuar en contra de sus intereses, ya que amenazaba el suministro estable de hombres para las legiones que posibilitasen la continuidad de guerras en ultramar. Esta contradición estallaría pocos años mas tarde.

1.1  El desarrollo urbanístico


El aflujo de riquezas se empleo en gran parte en transformar las ciudades, sobre todo Roma, ya que su prestigio político no se reflejaba en sus construcciones hasta entonces. Hasta mediados del siglo II a.C. las construcciones no obedecían a una política urbanística, sino a intentos políticos-propagandísticos de las facciones de la nobilitas.

Se construyen numerosos templos en recordatorio de las victorias de los cónsules. Posteriormente se proyectó la unión de estos templo de Largo Argentina en un único complejo monumental, rodeado de tres templos. Los templos y los demás edificios del siglo II a.C. tienen como modelo al mundo helenístico.

A partir del finales del siglo III y principios del II a.C. se comienza una reorganización del Foro, con un carácter mucho más monumental e inspirado en el ágora helenístico. Se construye la primera basílica (Aemilia). Las basílicas tienen origen oriental y se dedicaban a hospedar las actividades de comerciantes, armadores y hombres de negocios. Su proliferación confirma el auge de la actividad económica, así como la construcción en el 193 a.C. del nuevo puerto comercial del Tiber (Emporium).

El aumento de obras públicas en la segunda mitad del siglo II a.C. supuso un aumento significativo de la mano de obra servil en Roma. El flujo de esclavos a Italia fue enorme entre 200-150 a.C., que en su mayoría fueron destinados a las grandes propiedades agrícolas del Sur de Italia. Roma también aumentó sensiblemente los esclavos en la construcción.

1.2  El sistema provincial Romano hasta mediados del siglo II a.C.


Tras las conquistas de Sicilia, Corcega y Cerdeña y de Hispania, tras la segunda Guerra Púnica, se plantea el problema de una administración extra-itálica. Estos territorios pasan a ser organizados en Provinciae, que en un principio significaba esfera de actividad de un magistrado y posteriormente pasa a aludir propiamente al territorio provincial, al quedar éste definido como entidad por límites geográficos, jurídicos y temporales.

Los pretores eran los magistrados que ejercían esta actividad. En un principio su misión era administrar justicia. Posteriormente se nombra un segundo pretor, el pretor peregrino, y en el 227 a.C. se crean dos más para Sicilia, Córcega y Cerdeña. En el 197 a.C. otros dos son nombrados para las provincias de Hispania. Su mandato era de un año.

Las funciones en cada provincia eran:

-  Dirigir las tropas asentadas por Roma tras la conquista (sucesor del jefe del ejército conquistador).

-  Administrar la justicia en asuntos de su competencia.

-  Sus poderes sólo son restringidos por la Lex provinciae, que es una lex data impuesta por el general vencedor asistido por una comisión del Senado.

En los pretores se reconcilia la unidad de los poderes jurídicos y militares. Representaban a Roma en todos los aspectos de la organización provincial y en esta época gozaban de una independencia completa. De ellos se esperaba que el territorio superara la fase de estado de guerra y, según su grado de romanización, adaptarla a las condiciones de paz.

Tuvieron muchas dificultades:

-  La falta de administración estable y cualificada no facilitaba su gestión.

-  Su escaso conocimiento en los problemas del teritorio que se les encomendaba, lo que sólo se solucionaba con la prórroga de su mandato. Ésto se notó sobremanera en las provincias hispanas, debido a la desorganización interna de sus poblaciones.

-  Los pretores aprovechaban su permanencia en provincias para adquirir el dinero que les permitera posteriormente proseguir su cursus honorum en Roma, por medio de extorsiones y abusos en la provincia. Este comportamiento se palió posteriormente con las leyes repetundarum, que obedecían a un cambio de actitud del Senado romano hacia las provincias, y posteriormente con los Gracos se desarrolló una mayor atención.

Hasta mediados del siglo II a.C., las provincias no estaban obligadas a suministrar contingentes militares, aunque estaban sujetas a pesados impuestos directos o indirectos. Para las cuestiones financieras los prétores estaban asistidos por los cuestores, que también eran magistrados.

1.3  La conquista y la nueva riqueza


La expansión por el Mediterráneo en los siglos III y II a.C. implicaron también profundas transformaciones en el plano económico. La creación de las provincias incidió sobre la agicultura itálica y dió lugar a la creación de nuevos mercados y al flujo de dinero a Italia, tanto en forma de botín como de indemnizaciones e impuestos.

i)  El sistema financiero.


Antes de la expansión era sencillo y frágil, siendo su principal fuente de ingresos, aparte de los beneficios del ager publicus, el tributum, que era un impuesto directo para todos los ciudadanos propietarios. La carga se repartía atendiendo a los datos del censo.

La expansión romana a partir de la segunda Guerra Púnica permitió que después de la guerra de Asia fuese reembolsado una parte del tributum pagado por los ciudadanos, y en el 167 a.C., tras la guerra de Perseo, el tributum fue suspendido indefinidamente. La carga fiscal paso a ser soportada por los aliados y los provinciales exclusivamente.

ii)  El comercio


Con la creación de las provincias se incrementaron las actividades comerciales. La unificación del mundo facilitó los intercambios y los negotiatores. La única forma de comercio en la que el estado romano ejerció un estrecho control fue el grano, para asegurar el mantenimiento del ejército y el abastecimiento de Roma. A partir de finales del siglo II a.C. comenzó la práctica de la frumentatio pública. En un principio, el aprovisionamiento de trigo venía de Sicilia y Cerdeña, y posteriormente se unieron Hispania y Africa.

El cultivo de vino y aceite se extendió en casi toda Italia, debido al aumento de capitales y la abundante mano de obra esclava. La producción permitió un flujo de exportaciones sistemático y en aumento en todo el siglo II a.C. por todo el Mediterráneo.

La protección del Estado sobre los intereses comerciales de Italia, aunque indirectamente, nunca estuvo ausente (prohibió a los pueblos transalpinos plantar viñas y olivos, evitando una posible competencia).

Los senadores no podían dedicarse al comercio, pero en su calidad de grandes terratenientes, no estaban ajenos a los beneficios que éste reportaba. Algunos comerciaban a través de sus libertos. Codiciaban los artículos suntuarioss procedentes de Oriente.

La protección del Senado al comercio dio lugar en 187 a.C. a que los comerciantes romanos y latinos estuvieran exentos de tasas portuarias en Ambracia. Se convirtió a Delos en puerto franco en el 167 a.C. Esta medida pudo ser tomada como castigo a Rodas por su apoyo en la guerra a Perseo. Delos floreció y se convirtió en un centro importante para el comercio de esclavos. En ella se situaron traficantes de esclavos, comerciantes importadores o exportadores de vinos, trigo y otros productos, y había también banqueros (generalmente libertos).

El crecimiento del comercio llevó a la construcción en 193 a.C. del puerto fluvial de Roma, frente a la isla Tiberina

iii)  La agricultura


Se transforma a partir del mediados del siglo III a.C. debido al enorme desarrollo de la economía romana y a la progresiva comercialización de sus productos y del incremento del número de esclavos.

Surgen las villas catonianas (aparecen en el manual de agricultura de Catón), que suponen un adelanto  respecto a las anteriores de tipo familiar-doméstico, ya que se organizan atendiendo a tipos de producción y unidades productivas. Su objetivo es obtener el máximo beneficio, partiendo de que el propietario debe ser vendedor, no comprador. El propietario es ahora un inversor y no un cultivador directo, e invierte su capital en la tierra buscando el máximo beneficio. Compra la hacienda teniendo en cuenta la proximidad de las vías de comunicación para la comercialización de los productos.

La nueva racionalización de la economía agraria prosperó a costa de la ruina de la pequeña y mediana propiedad, a partir de la segunda Guerra Púnica. La mayor parte de las tierras del sur de los pueblos que apoyaron a Aníbal fueron entregadas a ricos terratenientes, que disponían del dinero suficiente para explotarlos mediante el empleo de esclavos o con cultivos de tipo extensivo.

Los cultivos más extendidos eran el olivo y la vid. También se impulsa el cultivo de árboles frutales, el huerto de regadio y los pastos. El trigo y la cebada no desaparecen, sobre todo en regiones donde no llegaba el diezmo provincial, y servía para cubrir las necesidades familiares.

La agricultura se racionaliza y se hace más técnica. Hay una tendencia progresiva a la concentración de la propiedad, que no implica la generalización del latifundismo, ya que no desaparece la pequeña propiedad campesina o las pequeñas asignaciones de terreno coloniales. Los hechos posteriores demotraron que la extensión de la concentración de la propiedad había conducido a la crisis de los pequeños agricultores. Este problema posteriormente estará en la base de las reformas de los Gracos.
Autor y licencia de 'La República desde los Gracos a Sila - Las consecuencias de la expansión del siglo II a.C.'
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