La Sociología y la sociedad - Veinte años de feminismo en España
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14 de Octubre de 2005
Ciencias sociales
12 - Veinte años de feminismo en España
A inicios de los ochenta, la democracia en España se había consolidado. Sin embargo, el movimiento feminista señalaba que la democracia aún estaba incompleta porque no había llegado a las mujeres, garantizándoles el pleno ejercicio de sus derechos.
Desde entonces se han producido cambios en la situación de las mujeres que han contribuido a su igualdad, pero han surgido nuevas formas de discriminación que plantean la necesidad de que las mujeres se movilicen para ejercer sus derechos.
La democracia incompleta (texto de 1986)
El actual sistema de género, que condiciona las relaciones entre los sexos y determina la discriminación y subordinación de las mujeres, es profundamente antidemocrático, pues su base social es la desigualdad. La situación femenina no refleja los principios democráticos que la sociedad española defiende.
Existen las limitaciones democráticas, especialmente acentuadas en la política. Primero, a las mujeres se les negó, en forma abierta, el derecho a votar. Cuando lo obtuvieron, la discriminación se hizo más sutil: en principio nadie les niega la igualdad. En la práctica, se establecen otros mecanismos que impiden la incorporación femenina a las actividades políticas y los puestos de poder.
A pesar de ello, el predominio ideológico de las concepciones patriarcales desapareció, lo que amplió las perspectivas a las mujeres de las siguientes generaciones.
Aires de renovación (1986)
La mayoría de mujeres rechaza los roles tradicionales. Para la mayor parte de las españolas, la actual división sexual del trabajo no es válida; las tareas no deberían ser consideradas como femeninas o masculinas, pues en realidad no tienen sexo.
Las españolas piensan que la política no es sólo tarea de varones y creen que su incorporación es necesaria y será beneficiosa. La presencia de la mujer en la política española es insuficiente y denuncian que se debe a que los partidos políticos prefieren candidatos masculinos. A pesar de ellos, los partidos han incorporado en los últimos años, la temática femenina en sus programas. Los partidos de izquierda fueron los primeros en hacer propuestas para eliminar la discriminación. Así, casi todos los partidos proponen medidas en las áreas de educación, salud, empleo y legislación sobre el tema.
El poder de las mujeres (1986)
Existe una diferencia entre democracia representativa y democracia participativa: en la primera, los representados solamente eligen a las autoridades y les delegan todo el poder; en la segunda, los ciudadanos lo ejercen directamente sin hacer ninguna cesión.
Las mujeres no forman parte de las elites políticas, por lo que la defensa de sus derechos e intereses queda en manos ajenas. Si las electoras utilizaran el voto para presionar, premiando a los partidos que llevan más mujeres para el senado, habría más representantes femeninas, puesto que los partidos reaccionarían.
Otras formas indirectas de poder con consecuencias para la política son las organizaciones ciudadanas, que pueden ser utilizadas para hacer presión sobre el estado y las organizaciones escolares, para desarrollar nuevos valores en las y los futuros ciudadanos.
Las españolas miran al siglo XX (texto de 2000)
Ahora es posible evaluar el impacto que la movilización de las mujeres y las políticas públicas han tenido. Ha habido importantes cambios en la situación de las mujeres, como su incorporación al ámbito público y la toma de conciencia de sus derechos ciudadanos. Al analizar los datos sobre la realidad de las mujeres al comenzar el siglo XXI, constatamos que ha aumentado la participación femenina en la educación, en el mercado de trabajo y en la política.
En los ochenta ha habido un cambio espectacular en los niveles educativos tanto de los hombres como de las mujeres, aunque éstas partían de un nivel más bajo. El avance en la universidad, un territorio fuertemente masculinizado ha sido muy importante, incluso en las carreras técnicas.
Los datos económicos muestran que también ha habido un importante acceso de las mujeres al mundo laboral. Si bien había comenzado a crecer en los setenta, el gran avance se produjo en los ochenta y noventa, y este crecimiento ha afectado sobre todo a las mujeres más jóvenes. Las mujeres comienzan a tener pocas diferencias con los hombres en cuanto al acceso al mundo laboral.
Las mujeres se han incorporado fuertemente a la población activa, pero allí se encuentran con el primer obstáculo: el desempleo, que afecta de modo especial a las mujeres jóvenes.
Las mujeres siguen encontrando trabajo en las profesiones femeninas, especialmente como secretarias y dependientas de comercio, y la feminización se acentúa más en el caso de las mujeres jóvenes.
En el campo de la política es donde ha habido un mayor avance de las mujeres a partir de los ochenta. Hay aproximadamente un 30% de presencia femenina en el Congreso de los Diputados, en el Senado, en los 17 parlamentos autonómicos y en el Parlamento Europeo. El aumento del nº de mujeres en el ámbito parlamentario también se ha producido, aunque en mucho menos escala, en el Gobierno. El porcentaje de mujeres en altos cargos es alrededor del 15%. La proporción de mujeres es menos en los más altos niveles que en los más bajos y además es irregular en algunos casos. Esto indica que el ejercicio directo del poder, que es de lo que se trata en el gobierno, parece haber estado menos abierto al cambio.
Podemos concluir que desde la transición en adelante, las mujeres españolas han comenzado a ejercer su ciudadanía en la parte que corresponde al acceso al mundo público. Han empezado a hacer valer sus derechos ciudadanos a la educación, al trabajo asalariado y a la participación política. Aunque no parece que esto haya hecho desaparecer la dimensión de género de la sociedad española. La discriminación continúa existiendo en todos estos ámbitos.
El cambio de la situación de las mujeres en el terreno público no ha cambiado el rol de las mujeres en el espacio doméstico, y esta dificultad para combinar trabajo y familia es uno de los factores que ha contribuido a la caída de la natalidad.
Nuevos desafíos en el ejercicio de la ciudadanía (2000)
Aun cuando todos estos cambios descritos son importantes y muestran el ejercicio de la ciudadanía por parte de las españolas, sólo se ha avanzado en algunos aspectos de la primera dimensión de la ciudadanía: el acceso al mundo público.
El desafío principal hoy es hacer que las mujeres consigan dos cosas: que este acceso no las deje como ciudadanas de segunda clase en el mercado de trabajo o en la participación política; y, más importante, que se asuma la dimensión de lo privado en una redefinición de la ciudadanía que permita que hombres y mujeres también compartan el trabajo que en él se realiza (trabajo doméstico)
Desde entonces se han producido cambios en la situación de las mujeres que han contribuido a su igualdad, pero han surgido nuevas formas de discriminación que plantean la necesidad de que las mujeres se movilicen para ejercer sus derechos.
La democracia incompleta (texto de 1986)
El actual sistema de género, que condiciona las relaciones entre los sexos y determina la discriminación y subordinación de las mujeres, es profundamente antidemocrático, pues su base social es la desigualdad. La situación femenina no refleja los principios democráticos que la sociedad española defiende.
Existen las limitaciones democráticas, especialmente acentuadas en la política. Primero, a las mujeres se les negó, en forma abierta, el derecho a votar. Cuando lo obtuvieron, la discriminación se hizo más sutil: en principio nadie les niega la igualdad. En la práctica, se establecen otros mecanismos que impiden la incorporación femenina a las actividades políticas y los puestos de poder.
A pesar de ello, el predominio ideológico de las concepciones patriarcales desapareció, lo que amplió las perspectivas a las mujeres de las siguientes generaciones.
Aires de renovación (1986)
La mayoría de mujeres rechaza los roles tradicionales. Para la mayor parte de las españolas, la actual división sexual del trabajo no es válida; las tareas no deberían ser consideradas como femeninas o masculinas, pues en realidad no tienen sexo.
Las españolas piensan que la política no es sólo tarea de varones y creen que su incorporación es necesaria y será beneficiosa. La presencia de la mujer en la política española es insuficiente y denuncian que se debe a que los partidos políticos prefieren candidatos masculinos. A pesar de ellos, los partidos han incorporado en los últimos años, la temática femenina en sus programas. Los partidos de izquierda fueron los primeros en hacer propuestas para eliminar la discriminación. Así, casi todos los partidos proponen medidas en las áreas de educación, salud, empleo y legislación sobre el tema.
El poder de las mujeres (1986)
Existe una diferencia entre democracia representativa y democracia participativa: en la primera, los representados solamente eligen a las autoridades y les delegan todo el poder; en la segunda, los ciudadanos lo ejercen directamente sin hacer ninguna cesión.
Las mujeres no forman parte de las elites políticas, por lo que la defensa de sus derechos e intereses queda en manos ajenas. Si las electoras utilizaran el voto para presionar, premiando a los partidos que llevan más mujeres para el senado, habría más representantes femeninas, puesto que los partidos reaccionarían.
Otras formas indirectas de poder con consecuencias para la política son las organizaciones ciudadanas, que pueden ser utilizadas para hacer presión sobre el estado y las organizaciones escolares, para desarrollar nuevos valores en las y los futuros ciudadanos.
Las españolas miran al siglo XX (texto de 2000)
Ahora es posible evaluar el impacto que la movilización de las mujeres y las políticas públicas han tenido. Ha habido importantes cambios en la situación de las mujeres, como su incorporación al ámbito público y la toma de conciencia de sus derechos ciudadanos. Al analizar los datos sobre la realidad de las mujeres al comenzar el siglo XXI, constatamos que ha aumentado la participación femenina en la educación, en el mercado de trabajo y en la política.
En los ochenta ha habido un cambio espectacular en los niveles educativos tanto de los hombres como de las mujeres, aunque éstas partían de un nivel más bajo. El avance en la universidad, un territorio fuertemente masculinizado ha sido muy importante, incluso en las carreras técnicas.
Los datos económicos muestran que también ha habido un importante acceso de las mujeres al mundo laboral. Si bien había comenzado a crecer en los setenta, el gran avance se produjo en los ochenta y noventa, y este crecimiento ha afectado sobre todo a las mujeres más jóvenes. Las mujeres comienzan a tener pocas diferencias con los hombres en cuanto al acceso al mundo laboral.
Las mujeres se han incorporado fuertemente a la población activa, pero allí se encuentran con el primer obstáculo: el desempleo, que afecta de modo especial a las mujeres jóvenes.
Las mujeres siguen encontrando trabajo en las profesiones femeninas, especialmente como secretarias y dependientas de comercio, y la feminización se acentúa más en el caso de las mujeres jóvenes.
En el campo de la política es donde ha habido un mayor avance de las mujeres a partir de los ochenta. Hay aproximadamente un 30% de presencia femenina en el Congreso de los Diputados, en el Senado, en los 17 parlamentos autonómicos y en el Parlamento Europeo. El aumento del nº de mujeres en el ámbito parlamentario también se ha producido, aunque en mucho menos escala, en el Gobierno. El porcentaje de mujeres en altos cargos es alrededor del 15%. La proporción de mujeres es menos en los más altos niveles que en los más bajos y además es irregular en algunos casos. Esto indica que el ejercicio directo del poder, que es de lo que se trata en el gobierno, parece haber estado menos abierto al cambio.
Podemos concluir que desde la transición en adelante, las mujeres españolas han comenzado a ejercer su ciudadanía en la parte que corresponde al acceso al mundo público. Han empezado a hacer valer sus derechos ciudadanos a la educación, al trabajo asalariado y a la participación política. Aunque no parece que esto haya hecho desaparecer la dimensión de género de la sociedad española. La discriminación continúa existiendo en todos estos ámbitos.
El cambio de la situación de las mujeres en el terreno público no ha cambiado el rol de las mujeres en el espacio doméstico, y esta dificultad para combinar trabajo y familia es uno de los factores que ha contribuido a la caída de la natalidad.
Nuevos desafíos en el ejercicio de la ciudadanía (2000)
Aun cuando todos estos cambios descritos son importantes y muestran el ejercicio de la ciudadanía por parte de las españolas, sólo se ha avanzado en algunos aspectos de la primera dimensión de la ciudadanía: el acceso al mundo público.
El desafío principal hoy es hacer que las mujeres consigan dos cosas: que este acceso no las deje como ciudadanas de segunda clase en el mercado de trabajo o en la participación política; y, más importante, que se asuma la dimensión de lo privado en una redefinición de la ciudadanía que permita que hombres y mujeres también compartan el trabajo que en él se realiza (trabajo doméstico)
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