Recién formado el sol a partir de la nebulosa solar en rotación, en el disco periférico de dicha nebulosa se iban disponiendo los materiales sobrantes que no se habían concentrado en el núcleo para formar el sol; los más densos permanecían más cerca del sol y los más ligeros más lejos; estos materiales fueron juntándose por atracción gravitatoria y se fueron formando los planetas. Este proceso de atracción gravitatoria se ha llamado acreción gravitatoria; de esta forma aparecieron embriones de pequeño tamaño (de hasta 100 m de diámetro) de planetas, los planetesimales, que se dispusieron en órbitas diferentes alrededor del sol y que comenzaron a colisionar entre sí por acreción; al cabo de unos miles de años de acreción de planetesimales se formaron cuerpos planetarios cada vez mayores, los planetoides, de hasta 5 Km de diámetro, con mayor capacidad de atracción gravitatoria, debido a su mayor masa; estos planetoides se fueron acrecionando a lo largo del tiempo y en menos de 100 mil años se formaron los planetas del sistema solar. Los que se formaron cerca del sol, a partir de materiales más densos, fueron los planetas interiores rocosos, es decir, Mercurio, Venus, La Tierra y Marte, por orden de cercanía a nuestra estrella; los que se crearon más lejos del sol, con materiales ligeros, fueron los planetas exteriores gaseosos, es decir, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, según su orden de alejamiento de la estrella. Los planetas rocosos, entre los que se encuentra nuestra madre Tierra, son cuerpos de roca en su mayor parte en estado sólido, pequeños, (desde 4.900 km de diámetro en Mercurio hasta 12.700 en La Tierra), con atmósferas escasas y delgadas, sin satélites a su alrededor (hay dos excepciones: La Tierra con la Luna y Marte, con Fobos y Deimos; estos últimos representan asteroides capturados). Las altas temperaturas de la zona, debido a la proximidad del sol, evaporaron el agua y otros compuestos volátiles (hidrógeno y helio, fundamentalmente), que fueron barridos hacia zonas más externas de la nebulosa por el viento solar; por esto los planetas rocosos están formados de elementos más pesados y son sólidos y apenas tienen atmósferas. Los planetas gaseosos son cuerpos de gran tamaño (desde 44.600 km de diámetro en Neptuno hasta 142.000 en Júpiter, el mayor). Están compuestos por un pequeño núcleo sólido (¡de dimensiones mayores que la Tierra!) y una gran envoltura gaseosa de hidrógeno y helio principalmente, ya que eran los gases que más abundaban en esa zona de la nebulosa. Además tienen densas y gruesas atmósferas y alrededor de ellos giran muchos satélites, algunos naturales y otros capturados (una media de 10 por planeta); algunos de setos satélites como Titán de Saturno y los satélites galileanos de Júpiter, es decir Io, Europa, Ganímedes y Calixto, tienen la envergadura y estructura de planetas rocosos. Los planetas exteriores, por otro lado, tiene anillos más o menos visibles (los más famosos son los de Saturno) que quizás representan materiales helados de planetesimales que no llegaron a formar satélites por su cercanía al planeta; como se podrá suponer, es la fuerza gravitacional de las grandes masas de estos planetas la que ha dado lugar al la gran cantidad de satélites y anillos alrededor de estos gigantes. ¿Y Plutón? En realidad, este cuerpo celeste tiene el tamaño (unos 2.200 Km de diámetro) de un pequeño planeta rocoso o un satélite galileano y una estructura como la de estos cuerpos. ¿Qué hace Plutón en la parte más externa del sistema solar? En estas regiones las temperaturas son muy bajas y la densidad de materia nebulósica menor, con lo cual gases como el amoniaco, metano y dióxido de carbono, además del agua, está helados. Además en estas zonas periféricas, las colisiones entre planetesimales son menos frecuentes, ya que escasean más. Esta región, en donde está Plutón, es el llamado “cinturón de Kuiper”. Se ha sugerido que Plutón no es un verdadero planeta, sino un planetoide, uno de los mayores de los cientos de objetos (planetesimales y planetoides) que existen en este cinturón periférico del sistema solar y que no han podido formar planetas. Mas allá del sistema solar se sitúa la “nube de Oort”: durante los primeros 500 mil años de su existencia, el sol emitió vientos intensos que despejaron el material de la nebulosa solar. Muchos planetesimales salieron despedidos fuera de la nebulosa y engrosaron esta nube de Oort. Además fueron los causantes de la intensa craterización que sufrieron los planetas rocosos en estos inicios, al impactar estos planetesimales contra ellos, en su escape hacia los confines de la nebulosa, y de otras acciones como perturbaciones orbitales, formación de la Luna, etc. Así, esta nube, junto con el cinturón de Kuiper, forman reservas de planetesimales, un congelador inmenso, donde se conserva el material original de aquellos tiempos de formación del sistema solar. Se considera que la nube de Oort es la fuente principal de los cometas.