¿Qué significa que la lengua «se corrompe»? Esta idea implica o presupone que hay previamente una lengua no corrompida, «en buen estado» —la que venimos llamando «El Idioma»—, que mantiene su núcleo intacto a lo largo de los siglos y que es corrompida por los cambios que puedan producirse por aparición de nuevas palabras, nuevos significados para palabras ya existentes, préstamo de palabras extranjeras, etc. Ahora bien, este fenómeno es connatural a toda lengua, como por ejemplo el inglés, que está repleto de extranjerismos sin que eso inquiete a nadie. Este fenómeno es el responsable de que los textos de Quevedo, de Cervantes, del Infante don Juan Manuel, o el Cid, suenen tan extraños a nuestros oídos: la lengua ha cambiado mucho desde entonces (se ha «corrompido»). El cambio no quita ni pone nada. La lengua no mejora ni empeora; simplemente cambia. La idea de que este cambio es peligroso sólo puede ser expresada por alguien que padece una absoluta ignorancia de todo lo referido al lenguaje humano. El cambio se producirá de todas maneras, le duela a quien le duela, y nada sucederá. ¿Cuál es el pretendido problema? Si hasta ayer comando significaba «mando militar» y hoy significa, además, «en informática, cualquier instrucción que genera varias acciones preestablecidas» (según el diccionario Larousse, prologado y encomiado por el muy académico sr. Francisco Rico), ¿diremos que se ha entorpecido la comunicación entre los hablantes del español? Si la corrupción es empobrecimiento, ¿por qué hemos ganado una acepción sin perder nada? Siempre habrá quien objete que se pierde precisión, pero esto es falso: el contexto eliminará toda imprecisión posible.
Si la corrupción de una lengua es vista en términos de invasión cultural, de lo que se está hablando básicamente es de una transferencia léxica de grandes proporciones, es decir, de todo un cuerpo léxico que pasa, generalmente por grandes campos temáticos, de una lengua a otra. La transferencia lingüística, generalmente léxica, responde a situaciones socio-culturales determinadas. El que se produzca de modo masivo puede ser debido a varias causas pero, excluidas aquellas situaciones de estrés sociolingüístico intenso, la causa más normal es la de un gran dinamismo en campos determinados por parte de una cultura. Esto quiere decir que en períodos determinados ciertas culturas son las que empujan más en campos como la ciencia, el arte, la tecnología o la política. Se trata de un hecho constatable a lo largo de todos los períodos históricos y no creemos necesaria su demostración. La creación o modificación de conceptos trae como consecuencia la producción de lengua nueva que con el tiempo pasa a las lenguas en contacto con la lengua fuente. La transferencia puede producirse de varios modos, pero el más corriente es del tipo fútbol, es decir, el préstamo total de una palabra. Si el préstamo presenta características fonéticas problemáticas para la lengua destino, pasará normalmente por ciertos procesos de adaptación. Es el caso de ordenador, cuya pronunciación es diferente a su hermana francesa. Este es un dato importante ya que nos indica algo sobre la lengua destino: no hay cambio en los sistemas más estructurados o menos permeables de la lengua, principalmente el fonológico y el sintáctico, es decir, el verdadero corazón de la gramática de una lengua. Si, contra todo rigor, aceptáramos el término corrupción dentro de nuestros criterios de análisis, deberíamos al menos redefinirlo como extralingüístico, situándolo probablemente en el terreno de la moral.
La situación resultante de un préstamo no es generalmente la sustitución de una palabra o expresión por otra; las dinámicas del cambio lingüístico nos muestran que los usos innovadores, incluidos los préstamos, obedecen principalmente a criterios de expresividad, es decir, a necesidades significativas aún no codificadas con precisión y economía en las lenguas. Esto quiere decir que uno de los factores fundamentales que influyen en el éxito de un préstamo es la no existencia en la lengua destino de una palabra que, en el momento de introducción de éste, tenga su mismo significado. El resultado es que no se produce una sustitución, ya que, o no hay nada relacionado en la lengua destino, o, si lo hay, la palabra o expresión nativa mantendrá su ámbito y significado originales, mientras la prestada será el recipiente de los nuevos significados.
En resumen, tanto en el caso de corrupción como en el de corrección, no nos enfrentamos a constructos teóricos rigurosos, sino a simples eslóganes o banderas o lo que sea que promueven el miedo y la culpabilidad en los hablantes. Una vez más estamos ante un uso ideológico de la lengua sirviendo, de manera consciente o inconsciente, a una determinada idea sobre lo que debe ser la cultura y la sociedad.