Los Severos y la Anarquía Militar - El Imperio a finales del siglo III d.C. La transición hacia el Bajo Imperio
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18 de Febrero de 2006
Historia
3 - El Imperio a finales del siglo III d.C. La transición hacia el Bajo Imperio
3.1 Situación del Imperio al nombramiento de Diocleciano
Tras el período de anarquía militar con tantos sucesos peligrosos para Roma, se puede decir que el Imperio Romano fue salvado finalmente por una revuelta militar. Cuando en el 284 d.C. el ejército sublevado en Calcedonia proclama emperador al oficial dálmata Diocleciano, se abre el período en el que se logró superar la larga crisis política anterior y la elaboración de una serie de medidas que afectarían directamente a la evolución del mundo romano bajo-imperial.
Al llegar al poder, Diocleciano se encontró con múltiples problemas gestados en siglos anteriores. Por ejemplo, los ataques bárbaros al limes romano fueron frecuentes en todo el Alto Imperio, aunque de forma esporádica y sin poner en peligro la estabilidad política del Imperio hasta el siglo III d.C.
Pero con la ascensión de Persia a partir del 224 d.C. (refundación de la dinastía sasánida), con la confederación gótica formada en la cuenca del Danubio en el 248 d.C. y las bandas armadas en el Rin desde el 260 d.C., el Imperio vivía en medio de constantes guerras defensivas. Tal vez se hubieran podido atajar tales amenazas definitivamente, como se había hecho con anterioridad, pero mientras la presión de los pueblos bárbaros era ahora mucho mayor, el Imperio estaba peor preparado para tal empresa.
3.2 Remodelación del ejército
El ejército se había remodelado y sus efectivos eran impresionantes hacia el 290 d.C. La legión fue dividida en unidades más pequeñas, capaces de actuar y hacer frente a los ataques bárbaros en forma de razzias. Los destacamentos fronterizos se reforzaron con fuerzas de choque de caballería, y el mando militar ya no era asuimido por aristócratas, sino por profesionales experimentados destacados en empresas militares.
3.3 El coste de los gastos militares
El ejército debía ser costeado, y se vieron afectadas las clases bajas. El Estado los extorsionaba a través de una burocracia administrativa que frecuentemente actuaba por medio de la coerción y la delación. Se hizo frecuente el endeudamiento.
3.4 El control del Estado por el ejército. Los emperadores-soldados
Puesto que en el ejército recaía la defensa de la integridad del Imperio, a lo largo del siglo III d.C. fue ostentando el control del Estado. Estos emperadores, puestos por el ejército y mantenidos por él, eran autócratas que gobernaban al margen del Senado y las instituciones, de manera personalista y a menudo despótica.
3.5 Crisis de la burguesía urbana y decadencia de la vida urbana
La crisis del sistema esclavista afectó fundamentalmente a la burguesía, ya que la mayoría obtenían sus ingresos del cultivo de la tierra y, ante la escasez de mano de obra, se veían obligados a aumentar los salarios o rebajar sistemáticamente los alquileres, con lo que sus rentas descendieron desde finales del siglo II d.C.
El desarrollo de la gran propiedad en manos de unos pocos honestiores contribuyó a que la civilización urbana decayera, ya que estas haciendas actuaban como centros de producción industrial. El aumento de salarios provoca el alza de los precios y, consecuentemente, de los gastos municipales.
La decadencia de la vida ciudadana va unidad a la crisis de la burguesía urbana, y ambos factores incidirán de forma crítica en las estructuras del Imperio.
3.6 La crisis religiosa
Tampoco es ajena a este proceso la crisis religiosa, que se percibe a partir de mediados del siglo II d.C. La crisis de la religión romana tradicional se vió acelerada por la invasión de religiones orientales. La estrecha relación entre el sentimiento religioso y el Estado, la identificación entre derecho sagrado y derecho publico, hizo que la transformación de las estructuras del Estado afectase a la autoridad de las antiguas tradiciones. Los emperadores antoninianos, apoyados en el estoicismo y en el neoplatonismo, intentaron dotarla de un contenido moral-filosófico nuevo. Pero esta reforma no podía ser popular por su excesivo intelectualismo. De cualquier forma, tuvo una gran importancia porque creó las condiciones necesarias para que pudieran arraigar otras religiones, en concreto las orientales, y entre ellas el cristianismo.
La persecución de Diocleciano fue un intento vano de erradicación del peligro que, para la estabilidad del Estado, parecía implicar esta religión arrogante, en la que la creencia en su dios excluía y combatía a todos los demás.
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