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Macedonia - EL MUNDO HELENÍSTICO

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CopyLeft Curso gratis de Creative Commons - 18 de Febrero de 2006
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3. EL MUNDO HELENÍSTICO
1.      LA SUCESION DE ALEJANDRO Y LA DIVISION DE SU IMPERIO


Alejandro no dejó heredero.  Poco después de su muerta nació Alejandro, el hijo de su esposa Roxana, pero antes ya de su nacimiento se había producido una gran pugna por su sucesión.


La lucha por el poder entablada de inmediato por los llamados Diádocos (sucesores) de Alejandro habría de prolongarse, con nuevas figuras, a lo largo de cincuenta años, hasta el 270 aproximadamente en que quedan consolidadas las monarquías antigónida, lágida y seléucida.


Se distinguen en ella varias etapas.  Primero tres años en los que Perdicas mantiene un compromiso, su muerte abre un período de casi veinte años, en el que Antígono intenta por su parte hacerse con el control del Imperio, hasta que muere en el 301 en Ipso, donde inicia la realidad de los dinastas independientes: Lisímaco para tracia y Anatolia, Seleuco para Siria y Babilonia y Ptolomeo para Egipto.


2. LA MONARQUÍA ANTIGÓNIDA

Desde la proclamación de Antígono II Gonatas en el 277 hasta la batalla de Pidna en el 168, que significa el fin de la dinastía antigónida ante la conquista romana, se suceden en Macedonia Demetrio II, Antígono III Dosón, Filipo V y Perseo.  La dinastía se mostraba heredera de la tradición monárquica macedónica.

El rey tenía un consejo de amigos elegidos por él entre macedonios y extranjeros, el pueblo seguía teniendo un protagonismo en la designación del sucesor y en los juicios de alta traición, y que la lealtad de esa nobleza era cuestión importante para el rey.

Los antigónidas tenían unos poderes fácticos similares a los de sus colegas orientales, el rey macedonio sigue siendo el jefe del ejército sobre todo y no aparece nunca como objeto de culto.


Durante el reinado de esta dinastía se produce un desarrollo urbanístico aunque la emigración que se produce hacia las nuevas ciudades del oriente en las décadas siguientes a la muerte de Alejandro, así como las guerras tan frecuentes, deben de haber influido negativamente en la prosperidad de Macedonia.


El desarrollo opera por las ciudades, mientras que el campo, no llegaba a alcanzar los índices de producción de Egipto y otras regiones.


Las relaciones de Macedonia con las ciudades griegas, con menos conflictos bélicos que en el siglo cuarto, son en el fondo no poco conflictivas.


El control de los griegos se ejercía, en el terreno militar, mediante el establecimiento de guarniciones macedónicas en puntos estratégicos, como Corinto o Atenas, y, en el terreno político, mediante las ligas, como la establecida por Filipo II en Corinto, todo ello compatible con una declaración de libertad y de autonomía para los sometidos a hegemonía, que funcionaba como una proclama para captarlos y evitar que se aliaran a otros.


La aparición en Esparta de la figura de Cleómenes III, con sus reformas sociales y su política de expansión hizo que se estableciera una nueva Liga o Alianza entre Grecia y Macedonia que no abarcaba ya ciudades-estado sino confederaciones.


Debido a la ambición del rey Filipo V, fueron contra la Liga Etolia, pero ésta se puso del lado de Roma en las guerras macedónicas de modo que después de la derrota de Filipo en Cinoscéfalos (197) Macedonia perdía todo el control sobre Grecia.  Con la tercera guerra macedónica el rey Perseo conoce el final de la dinastía (168).


3. LA MONARQUÍA LÁGIDA

Recibe su nombre de Lago, el padre del primero de los Ptolomeos, Ptolomeo Lágida, fundador de la dinastía, que alcanzó el poder en el momento del reparto de provincias que se hizo en Babilonia a la muerte de Alejandro.


La política exterior de Ptolomeo I fue expansionista, es probable que pretendiera tan sólo asegurarse el respeto de Siria y Macedonia, así como el abastecimiento de ciertos productos de los que carecía Egipto.

La ocupación de Chipre tenía importancia frente a Siria, la llevó a cabo enseguida, a partir del 294 y fue de Egipto.  Ptolomeo se hizo con algunos puntos de la costa de Asia Menor, poniéndose asimismo a la cabeza de la Liga de las ciudades insulares del Egeo y más importante aún fue la alianza con Rodas, la injerencia de Ptolomeo en los asuntos griegos fue en conjunto muy limitada.

Los fuertes gastos militares de esta política hizo necesario implantar un sistema económico absolutamente dirigista y con un control férreo de la producción.  La finalidad de esta política no era la de aumentar la producción sino la de obtener los mayores ingresos fiscales posibles, lo que implicaba la existencia de una burocracia abundante y eficaz.

Los cuarenta nomos en que se organizaba el país estaban subdivididos en topoi (lugares) y éstos en Komaí (aldeas).

La totalidad de la tierra egipcia se consideraba como propiedad personal de Ptolomeo, que tenía sobre ella un derecho de conquista, pero estaba sometida a formas de explotación diversas.  Una parte se denominaba propiamente “tierra del rey”, la cual era cultivada por “campesinos del rey”, contratados por largos períodos.

En segundo lugar estaba una gran cantidad de tierra en posesión de los templos, cultivada por esclavos sagrados, tenían sus cultivos controlados y sus rentas fiscalizadas.  El rey recibía una renta, aunque luego hubiera contribuciones de éste a los templos.

Los reyes también constituían lotes en condición de regalo, que cedían a sus funcionarios más importantes para que les sacaran más beneficio.  Tales propiedades privadas, fuera cual fuera su origen, estaban igualmente sujetas al pago de impuestos y al control de la siembra.

Estaban, en fin, las tierras de los Klerúchoi, parcelas, que eran entregadas a hombres normalmente de origen extranjero, con el doble deber de cultivarlas y de acudir a filas, a mediados del siglo tercero se hace la transmisión hereditaria ya finales del siglo segundo empiezan a ser asentados egipcios como clerucos.

Dos aspectos cabe destacar aún del llamado mercantilismo de estado de los Ptolomeos: las disposiciones monetarias y los monopolios.

Ptolomeo II impidió la circulación de moneda extranjera en el reino y las minas, las canteras y las salinas eran monopolios estatales.

El control ejercitado sobre la producción de aceites, lino, papiro y cerveza se acercaba al de un monopolio, como también las licencias para pescadores, apicultores y muchos comerciantes.

Lejos de buscar el bienestar de sus súbditos, el sistema ptolemaico tenía como mira que nada dejara de ser cultivado o explotado y que todo estuviera sujeto al control burocrático con vistas al mayor rendimiento fiscal.

La sociedad del Egipto lágida era peculiar.  Los egipcios seguían siendo la fuerza del trabajo, aunque se había superpuesto a ellos una clase dirigente greco-macedónica y una buena cantidad de clerucos que vivían diseminados por los campos.  No se fomentó la creación de ciudades, Naucratis, que se mantenía como algo aislado y especial, Ptolemaida, única fundación de los reyes helenísticos y desde luego Alejandría, centro cultural y administrativo, muy cosmopolita.

Los egipcios conservaron sus leyes y administración de justicia, pero hubo que crear jueces especiales para las controversias producidas entre unos y otros, y hay legislación que afecta a ambos.

A finales del siglo tercero, con el enrolamiento en el ejército de egipcios, que desemboca en una promoción de estos, combinada con un aumento de poder de los sacerdotes cambia la situación.

En conjunto se trata de una reactivación del nacionalismo egipcio en el marco de graves dificultades económicas que lleva a la independencia del Alto Egipto en el 207.

La tendencia más marcada es la egiptización de la propia clase dirigente griega, incluido el rey, la última fase de la historia de Egipto previa a la conquista romana (30 a. de C.) muestra una situación de anarquía, con una falta de control de los reyes sobre sus funcionarios y sobre los sacerdotes, un aumento de la corrupción y, en general, una decadencia.

4. LA MONARQUÍA SELÉUCIDA.


El territorio de la monarquía seléucida no sólo llegó a tener una descomunal extensión y una enorme complejidad étnica, sino que, por ello mismo, sus fronteras sufrieron a lo largo de su historia grandes fluctuaciones.

En la época de Seleuco I y Antíoco I se sumaron a los amplísimos dominios orientales el Asia Menor, Mesopotamia y casi toda Siria, pero en el siglo tercero, con el poder creciente de los partos, se perdió todo lo que quedaba al oriente de la línea que une el mar Caspio con el Golfo Pérsico, hasta quedar reducido, después de la muerte de Antíoco VII a una región del norte de Siria.

La iniciativa de Seleuco de crear dos centros de poder en el Imperio es el único intento de seguir las ideas de Alejandro sobre el gobierno de Oriente, luego ya con los monarcas únicos, el centro de gravedad se desplaza hacia occidente, los dos centros administrativos, Sardes en Asia Menor, Seleucia en el Tigris y la capital a la que estos complementan Antioquía en Siria forman el corazón del Imperio y los últimos territorios que conservó el reino Seléucida.

La existencia de una amplia burocracia y la creación de numerosas ciudades de carácter militar fueron los dos instrumentos utilizados en el gobierno del Imperio.  En cuanto a los elementos humanos, la elite de amigos del rey, en la que éste se apoyaba, era totalmente grecomacedónica, de  modo que los persas se vieron excluidos de la participación en el poder; y así mismo, fueron inmigrantes los asentados en las colonias.

El derecho de conquista que aplicaban los seléucidas al ejercicio del poder político sobre los territorios sometidos tenía igualmente una dimensión patrimonial: en teoría todas las tierras eran del rey y él podía hacer con ellas lo que quisiera.  Existía aquí una gran cantidad de tierras formalmente llamadas “del rey” que eran trabajadas por “campesinos del rey”, que vivían en aldeas y sobre su condición existe controversia.


Debían pagar un impuesto, que era una cantidad fija por aldea y también estaban obligados a prestaciones de carácter personal.

Los templos tenían asimismo propiedades con campesinos, algunas antiguas y otras como resultado de donaciones de particulares o de nuevas concesiones reales.

El reino seléucida contaba con tropas macedónicas, que probablemente tenían asignadas tierras en las colonias, que a diferencia de las fundadas por Alejandro, estas contaban con militares en activo, había también colonias con indígenas, alistables en caso de necesidad, pero sólo las habitadas por macedonios eran susceptibles de convertirse en ciudades.

Las nuevas ciudades griegas del reino seléucida se extendían por todo el ámbito del Imperio, algunas eran ciudades de nueva fundación como Seleucida, las había griegas refundadas, y había ciudades indígenas totalmente helenizadas.

En general, estas ciudades tenían la misma organización que las de Grecia, entre ellas se comportaban como unidades independientes y autónomas, pero estaban sometidas a la autoridad del rey.

5.      LA REALEZA HELENÍSTICA Y SUS BASES POLÍTICAS

En sus fases primitivas los griegos habían tenido manarquias patriarcalws pero el desarrollo de las polís, característico de la Grecia clásica, había venido a excluirlas.  Para los  griegos de época clásica la realeza, identificada con la tiranía y con la falta de libertad, era una institución típica del Oriente.

Con Filipo tuvieron de nuevo los griegos la monarquia como una realidad próxima, siempre en el terreno de la controversia.  Con Alejandro la institución se complica, con la tendencia de sus sucesores a consultar a les ejercites.


Al forjarse, los reinos las monarquias helenísticas se diversifican un tanto en razón de la población que someten, de sus antecedentes culturales y de sus formas de predisposición a la obediencia.


En general los reyes helenísticos tienen unos poderes personales semejantes a los tiranos griegos, basados exclusivamente en el derecho de conquista o en la herencia, sin plantearse en un principio cuestiones de legitimidad.


Característico de estos soberanos es el contar con un grupo de Amigos, personase cualquier rango o procedencia, cuya capacidad de ayuda valoraba el rey y que eran ampliamente compensados por su lealtad y cooperación.


El afianzamiento del principio dinástico corrió parejo con el desarrollo de la noción de legitimidad, que llevó a una institucionalización de los Amigos, organizados ahora en una estructura jerárquica.


6.      LA VIDA DE LAS CIUDADES HELENÍSTICAS

Los grandes cambios de la época helenística se refieren más bien a las relaciones externas entre las ciudades y los reyes, entre las ciudades entre sí o entre los individuos de unas ciudades y de otras.

La  debilidad de las ciudades dio lugar a que el proteccionismo de los reyes no se viera como algo humillante sino como algo humillante sino como un valor digno de alabanza y reconocimiento.


Algunas ciudades que se veían despobladas concedieron su ciudadanía a quienes quisieran asentarse en ellas, acordaban a veces dos ciudades la “isopoliteía”, en virtud de  la cual el que se trasladaba a vivir de una a otra adquiría la correspondiente ciudadanía.


La “sympoliteía” por la cual dos o más comunidades próximas, demasiado pequeñas para mantenerse por sí mismas, decidían compartir todo lo público con los mismos derechos y participar conjuntamente en la asamblea, en la elección de los magistrados y en la administración de justicia.


La institución de la “proxenía”, por la cual un ciudadano prominente de una ciudad recibía de otra en calidad de honor el deber de proteger a los ciudadanos de ésta mientras estuvieran en la suya de carácter hereditario se convierte en una concesión honorífica un tanto disociada de su primitiva función.


Para resolver los problemas de violencia que generaba la arcaica legitimación de la venganza, surgió la “asylia” un privilegio de asilo e inviolabilidad.


La peor calamidad que amenazaba a las ciudades eran las guerras entre ciudades por motivos concretos, el más común era la disputa por los terrenos fronterizos, en la época helenística es raro que tales diferencias acaben en conflicto armado, con frecuencia se recurría al arbitraje por parte de una tercera ciudad o de uno de los reyes.

7.      LAS LIGAS DURANTE EL HELENINISMO

Muchos griegos no vivían en poleís sino en una forma de organización distinta, llamada Koinón (comunidad, liga) o bien éthnos (pueblo), de tipo federal, que tenía siempre un centro religioso.

Hay tres tipos de ligas o estados federales: las creadas por un rey o lideradas por él, las nacidas de comunidades cantonales y las formadas por ciudades.


Las ciudades que se agregaban entraban en “sympoliteía” con las demás, salvo que estuvieran alejadas, en cuyo caso se constituían en aliadas, y la relación era de “isopoliteía”.


8.      ASPECTOS SOCIALES Y ECONOMICOS

En este terreno el mundo helenístico se muestra más bien heterogéneo, como auténticos denominador común tenemos que en todas partes se vivía básicamente del producto de la tierra.

Aunque en la época helenística se registran algunas mejoras, no se puede hablar sin embargo de un aumento significativo de la producción: básicamente se sigue produciendo lo mismo y de la misma manera.


Tampoco la industria o el comercio registran una transformación cualitativa, algunas ciudades lograron vivir sobre todo del comercio, pero el caso es que ni el comercio terrestre ni el marítimo habían mejorado sus medios, y este último debía afrontar un mal que se hizo endémico: la piratería.


Las ciudades que tenían una producción característica, parecen haber seguido haciéndolo todo de la misma manera, podemos pensar en un incremento por aumento de la demanda, pero no hay testimonios sobre formas de producción masiva.


En la agricultura, las unidades de producción siguen siendo pequeñas.


Un hecho característico de la época helenística es la propagación de la moneda por las ciudades de Asia, aunque no desapareció el trueque y el pago en especie en las aldeas, el comercio utilizaba moneda, si bien no de patrón único.


En las ciudades de la Grecia continental los conflictos originados por las grandes diferencias de riqueza parecen haber llegado a constituir una amenaza de la revolución social, con antecedentes incluso anteriores a Alejandro.


Las revoluciones que conocemos por las fuentes no preconizaban un cambio de sistema o de los modos de producción, sino una simple inversión de papeles entre los ricos y los pobres.

9.      RELIGION Y RELIGIOSIDAD

La época helenística presenta creaciones peculiares, esta evolución arranca de la crisis de la religión olímpica que empieza con el escepticismo desarrollado por la sofística; una crisis que afecta a la fe y al sentimiento religioso.  Se asiste ahora a una apertura a los cultos extranjeros, el culto al gobernante es otro aspecto característico de esta época.

En las dinastías que se consolidan como sucesoras de Alejandro observamos, en primer lugar, la vinculación a uno de los grandes dioses tradicionales: los Ptolomeos el culto a Dionisio, los Seléucidas eligieron a Apolo, los Antigónidas haciéndose pasar por descendientes de Heracles.


El paso siguiente es la adoración de los soberanos muertos, para llegar a su adoración en vida, siguiendo el precedente de Alejandro.


La auténtica piedad parece haberse volcado en esas religiones llamadas mistéricas o de salvación, porque a través  de unas complicadas y secretas ceremonias de iniciación-los misterios-producían la salvación individual.


El mundo griego se abre ahora a los misterios egipcios, con el culto de Serapis, y sobre todo la veneración de Isis, de Asia, como los misterios de Adonis, los de Cibeles o los de Atis.


Debemos referirnos, en fin, a ciertas formas de racionalización del pensamiento y de la vivencia religiosa aparecidas en esta época.  Una de ellas es el everismo, que explica el origen humano de los dioses en razón de una magnificación de sus proezas.  En otra línea está la divinización y veneración de las abstracciones, como la paz o la riqueza y sobre todo, la gran creación helenística, la diosa “Tyche”, la Fortuna.


10.  EL MUNDO DE LA CULTURA

En conjunto se pueden hablar de un aumento del nivel cultural en el mundo helenístico y de una difusión de la cultura, en la que influyó muy favorablemente la existencia de una lengua común, el griego llamado Koiné, el aumento de producción de papiros luego pergaminos y la utilización de esclavos, permitió publicar libros a una escala antes desconocida.


El número de personas que leían y escribían habitualmente era grande, aunque la cultura propiamente dicha se vincula a las ciudades donde mantiene la tradición de la educación griega superior.


En las grandes ciudades estaban los verdaderos centros de saber, las bibliotecas, debidas al mecenazgo de los reyes, surgieron en las cortes de Antioquía, Siracusa, Pela y Pérgamo, aunque el centro intelectual del mundo helenístico era indiscutiblemente Alejandría.


Un hecho característico de la época helenística es la fragmentación de la ciencia-de la antigua filosofía- en especialidades, debida a que ya nadie puede aspirar al enciclopedismo.  Otro es el interés por la observación de los fenómenos y por la experimentación, que impregna las disciplinas más teóricas.  Sin embargo, la ciencia helenística sigue siendo una ciencia aristocrática y elude, por denigrantes, las aplicaciones prácticas de los conocimientos alcanzados.


La excepción es la práctica de la medicina y el diseño de las máquinas de guerra.


En el siglo tercero se desarrollo la llamada escuela médica de Alejandría, Atenas siguió siendo la ciudad de los filósofos, continuando la tradición de los sofistas.


Las matemáticas, la física y la astronomía cuentan con primeras figuras en esta época.


En el terreno de las artes, la valoración de la época helenística es controvertida, para unos representa una decadencia del clasicismo, para otros una renovación con nuevos ideales y nuevos géneros.  Lo propiamente más destacable se encuadra en la poesía.


En artes plásticas, en una primera etapa, como continuadores del clasicismo, pero en el siglo tercero aparece lo más característico de la pintura y de la escultura helenísticas, con su tendencia al realismo, a lo anecdótico y a lo patético o caricaturescas.
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