



Al respecto, vamos a ocuparnos de seis aspectos: su denominación, función, tipología morfosintáctica, heterogeneidad, complejidad y localización (inmediata o lejana).
1.1. Sobre la denominación de ese elemento que cierra la enumeración, y al que la Real Academia se refiere con el término “anafórico”, hay otras posibilidades como la de “término acumulador” (Navarro Tomás 1974: 65); “elemento globalizador” (De Paula 1983: 149); “término sintético” (Grevisse; tomado de Paula 1983: 26) o “resunto” (Mourelle de Lema 1985: 265). Aquí usaremos (ya hemos usado) las denominaciones de La Real Academia y la de Navarro Tomás, ya que se complementan, pues no siempre son ambas cosas.
1.2. Sobre la función del término acumulador, advierte Navarro Tomás (1974: 65):
Los términos de la serie enumerativa van a veces seguidos de un último término que reúne y abarca el sentido de todos los términos precedentes. La enumeración aparece, en estos casos, como exposición analítica e incompleta del conjunto semántico acumulado en el grupo [o elemento] final.
Sin embargo, no siempre la enumeración que precede al término acumulador es “exposición analítica incompleta” (puede ser completa), ni parece necesario que lo sea, si observamos la realidad y los ejemplos que nos salen al paso.
Además, y sobre la función de ese anafórico o elemento acumulador, aparte de la de resumir o completar la enumeración, hay casos que parecen más bien seleccionar uno de sus elementos. Veamos algún ejemplo, no sin antes advertir que, a partir de aquí, marcaremos, con negrita nuestra, el anafórico o elemento acumulador de los ejemplos, aunque solamente su parte central (algunos de sus modificadores o complementos aparecerán sin negrita, para no recargar visualmente el texto). Unos ejemplos de selección:
¿Casarse de nuevo? ¿Redecorar la casa? ¿Operarse los párpados? ¿Cambiar de tónica? ¿Adelgazar diez kilos? ¿Viajar a la Amazonia? ¿Adoptar un niño? ¿Aprender chino? Cualquier cosa antes que prorrogar la fastidiosa monogamia del yo (Verdú 2001: 64)
El dedo inmenso y estúpido del maestro de primaria buscándome entre los pupitres con el pretexto de los afluentes de la margen izquierda del Tajo; la paciencia de mi madre intentando enseñarles piano Schmoll a mis manos sin gracia; el jardinero que mataba gorriones estrangulándolos con las manos en su espalda y me miraba riendo; la niña de la que me enamoré a los diez años, que iba a ser dentista y murió antes de serlo, en las sábanas de hierro de un coche atrozmente arrugadas, una cama de asientos, ruedas, chasis: ¿cuál de estas cosas me habrá lastimado primero? (Lobo Antunes 2001: 24).
Traición. Angustia. Pecado. Egoísmo. Esperanza. Dolor. Muerte. ¿Qué es el amor? (Anuncio de la película Amores perros en El País, 17-III-2001, pág. 34).
1.3. En cuanto a la tipología morfosintáctica del elemento (acumulador o anafórico), hay muchas posibilidades. Quizás las más frecuentes sean estas cuatro: sustantivos, pronombres, adjetivos y verbos (u oraciones).
1.3.1. Sustantivos, a veces con elementos cuantificadores como algún numeral, determinantes indefinidos ( todos, ninguno, etc) o demostrativos (estos, esos, etc.). Algunos ejemplos:
Cordial y educado. Bebedor y violento. Ególatra e impotente. Dos en uno. Alexander K., presunto asesino de Carabantes, llevaba doble vida (Trujillo 2003: 29)
Los franceses, en cambio, los italianos, los españoles, todos los latinos, no conciben una guerra sin héroes (Camba 1970: 157).
El comercio, la industria, la agricultura, todo el mecanismo de la vida, ha sido paralizado de pronto en Alemania […] (Camba 1970: 148)
Es dificilísimo, casi imposible, expedir un telegrama desde Alemania, desde Austria, desde Rusia, desde Inglaterra, desde Francia, desde Bélgica, desde ningún país beligerante (Camba 1970:144).
Inglaterra, Francia, Alemania, cada país publica su libro correspondiente (Camba 1970: 145).
Sobre los recuerdos sentimentales ha triunfado la vida, la alegría hecha dolor, el juego cotidiano: el circo (Amorós 1991: 245).
1.3.2. Pronombres y adverbios anafóricos (como entonces, así, etc.):
El pacto de Italia con Alemania y Austria era un pacto político muy hábil: pero contrario al sentimiento de Italia, a sus rivalidades históricas, a su raza, a todo (Camba 1970: 153).
La tela de nuestros trajes, los botones de nuestras camisas, los timbres de nuestras habitaciones, el cuero de nuestras botas, todo esto es extranjero; pero los palabras con que los denominamos son perfectamente castizas (Camba 1970: 108).
Las noticias comprometidas o perjudiciales, las que pueden descubrir un plan de campaña o producir un efecto pernicioso en la opinión, esas no las transmiten (Camba 1970: 144).
Cuando al llegar a cierta edad las ideas han adquirido en nosotros contornos definidos y sus matices se han fijado en colores, cuando el pensamiento, robustecida su osamenta, presenta esqueleto más duro aunque más quebradizo que en su infancia, cuando en la mente crecen vigorosas unas cuantas doctrinas entre ideas muertas, entonces es muy difícil representarse los albores de la propia razón (Unamuno 1954:104).
1.3.3. Adjetivos o sintagmas preposicionales:
Las banderas son religiosas, políticas, económicas: tornasoles (Arciniagas 1951: 197)
Con él -con ellos, pero, sobre todo, con él- venía un aire de inconformismo, de rebeldía, de libertad. Más sencillamente: de vida (Amorós 1983: 275).
1.3.4. Verbos (o proposiciones)
De vez en cuando les llevaban sillas y se les acercaban los botilleros, hombres graves a lo mejor, a servirles una copita y darles algunos inútiles consejos: a animarles (Unamuno 1964: 50).
Así es que preferían entenderse con ella que, aunque tampoco cedía, daba razones, discutía, ponderaba el género: en fin, hablaba (Unamuno 1964: 37).
Y, cuando hablan o escriben Fraga, Pío Cabanillas o Ricardo de la Cierva -por citar tres nombres ilustres-, sé muy bien quiénes son, de dónde vienen, qué pretenden: los entiendo (Amorós 1983: 284).
Y ahora no hay crédito, no hay trabajo, no hay producción, no hay importación, no hay nada (Camba 1970: 148).
Iba y venía. Comía y dormía. En definitiva, vivía (Trujillo 2003: 30).
1.4. Heterogeneidad
Por otra parte, el elemento que cierre la enumeración puede suponer cierta ruptura morfosintáctica; aunque nunca funcional. Así, en los casos que siguen, por ejemplo, una enumeración de sustantivos o de adverbios se cierra con una proposición:
Alemania y Austria le ofrecen a Italia concesiones territoriales: Trieste, Trento; la vista gorda sobre el Tesino, ¡quien sabe qué!... (Camba 1970: 153).
Unas [noticias] son falsas para despistar, para hacer creer, aquí, allí, donde sea, una cosa por otra (Camba 1970: 144).
Alemania tiene todavía mucho que comer, y cuando se agoten sus provisiones comerá gatos, ratas, piedras, lo que sea… (Camba 1970: 251).
1.5. Complejidad: elemento simple o múltiple
Los ejemplos vistos hasta ahora sólo contaban con un término acumulador; pero podemos encontrarlos de mayor complejidad, aunque sean menos frecuentes. Tres ejemplos dobles y uno triple:
Yo prefiero un toro, un león hambriento, un carro de mudanzas o un automóvil a ciento a la hora, prefiero cualquier fiera y cualquier vehículo a un ciclista o a un caballo en las calles de la City (Camba 1970: 76).
¡Cuántas gentes reunidas! Padres, hijos, nietos, abuelos y tatarabuelos, todos de gala y todos serios (Unamuno 1964: 19).
El frío o el calor, la literatura o la política, el suceso de ayer o las teorías de Einstein: con todo trabaja y a todo le saca chispa la musa del periodista (Camba 1955, 90).
Es un espectáculo fascinante: hombres y mujeres, jóvenes y viejos; empleados, obreros, dependientes de comercio, gentes vestidas pobremente o elegantemente, todos en una masa compacta, todos pendientes del reloj, todos apresurados, pero eso sí, en un orden perfecto, sin empujones, sin gritos, llenos de “usted perdone” a cada tropezón inevitable (Barea 2000: 324).
1.6. Localización: inmediatez o lejanía
Aunque el elemento anafórico o acumulador suele ir inmediatamente después de la enumeración, puede, a veces, retrasarse y aparecer tras el verbo u otros elementos, lo que provoca cierta sorpresa al lector. Por ejemplo:
El feudalismo alemán. La autocracia. El militarismo. Ríase usted de todo esto (Camba 1970: 195)
Sex-symbol, mito erótico. Se han manejado mucho estas etiquetas y conceptos, los últimos meses, refiriéndose a las dos famosas actrices […] (G. Salvador 1996: 46).
Spaghetti, ravioli, tagliarini, lasagne, tagliatelli… Comprenderán ustedes que estos nombres deliciosos no pueden designar ninguna cosa mala (Camba 1956: 47).
Perez de Ayala, Ortega y Gasset, Unamuno, Valle-Inclán, Baroja. ¿Qué importa la pureza del metal con que estos hombres elaboran su prosa? (Camba 1961: 72).
Levantarse, ducharse, vestirse, desayunar, desplazarse hasta el trabajo, entrar en el local, disponerse de cara a la faena. Para cumplir con estos gestos es preciso, durante años, un esfuerzo diario sobrehumano (Verdú 2000: 72).
Alta tecnología y los mejores vinos de EE. UU.; estrellas de Hollywood y pandilleros de Los Ángeles; mansiones en Beverly Hills y barrios marginales de “sin papeles”; San Francisco y Sacramento; surf, Disneyland y violencia policial. El estado que gobernará Schwarzenegger es la rica contradicción americana, pero está en crisis (Ruiz-Hermosilla 2003: 42).
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