En Venecia se dieron dos grandes tendencias: una fue la pintura narrativa, que contaban los grandes hechos e historias de la ciudad, su finalidad era la propaganda de la riqueza y poder venecianos. Representante de esta pintura es Gentile Bellini. De la Segunda, más claramente influida por el nuevo sistema figurativo del Renacimiento: se constituye el espacio pictórico mediante la perspectiva, se estudian las formas en función de la luz y del color, se convierte en precedente de lo que será la pintura veneciana del XVI.
Gentile Bellini se inscribe dentro del género narrativo, sus obras son documentos históricos, “La Procesión de la Santa Cruz en la Plaza de San Marcos” es una de sus obras más conocidas, con un extraordinario paisaje urbano, su carácter descriptivo y el detallismo de esta obra nos permite conocer el hecho que se conmemora, así como a los personajes y grupos sociales de la ciudad. Tiene gran sentido escenográfico, que se acentúa en “San Marcos predicando en Alejandría” en la que recrea un exotismo de lugares lejanos.
Su pintura de retrato es normalmente estática que transmite sensación de melancolía que llega a la sensibilidad del espectador. En “La Pala de San Giobbe”, realizada desde un punto de vista bajo y una arquitectura renacentista, las figuras de la Virgen con el Niño y los Santos se hacen monumentales. En ella el valor de la línea es apreciable, pero el tratamiento del color y de la luz será precedente de la pintura veneciana del siguiente siglo.
También es importante en Venecia la figura de Antonello de Messina, que introdujo el uso de la pintura al óleo y funde la minuciosa objetividad de lo flamenco con el sentido clásico de la forma. Su técnica de gran precisión y delicadeza en el modelado de las formas influyó en Bellini.