El término hebreo “nabi”, traducido “profeta”, significa uno que derrama ó vierte las comunicaciones recibidas de parte de Dios. En la Biblia española, el significado general de la palabra “profeta” que se ha tomado del griego, es uno que habla en lugar de otro; especialmente uno que expresa la voluntad de Dios. Así a Abraham se le llama profeta (Génesis 20:7), y a Aarón, el profeta de Moisés (Éxodo 7:1). El significado especial, pero más frecuente de la palabra, es uno que dice los acontecimientos futuros.
En la iglesia apostólica, los profetas eran una clase de personas, que habían recibido dones sobrenaturales, y ocupaban un lugar inmediato al de los apóstoles: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (1 Corintios 12:28). “Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4:11). Estos hablaron por inmediata inspiración, ya fuera con referencia al futuro, como Agabo: “En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio” (Hechos 11:27-28). “Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y entregarán en manos de los gentiles”), también con referencia al presente, como en la misión de Pablo y Bernabé: “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros..... Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:1-3)