



Como ya se dijo, la escala de los incisos consta de tres signos: comas / rayas / paréntesis. Se utiliza, en principio, para delimitar aquellos segmentos que se encuentran en posición interior de la oración (aunque también a veces, en la parte final). Los tres signos los utilizaremos teniendo en cuenta la triple motivación: características del segmento (de su forma y su contenido), el contexto en que se encuentra y el estilo de autor (a veces, la alternativa entre rayas o paréntesis responde al simple gusto del redactor).
4.1. Coma
Como es sabido, la normativa de la Academia se refiere al uso de comas, rayas y paréntesis para incisos en general (1999: 73; nota a pie de página). Independientemente de lo anterior, hemos encontrado, en algunas normativas ortográficas, tres reglas concretamente para las construcciones que nos ocupan (lo que/cual). Así, Benito Lobo (1992: 92) nos advierte sobre cierto peligro de no puntuarlas (Benito Lobo 1992: 92):
Si no lo hacemos [poner coma], cambiaremos el antecedente, alteraremos la relación semántica de los elementos y, en no pocos casos, modificaremos la estructura sintáctica de la oración:
Estaba apesadumbrado por lo que habló [causa]
Estaba apesadumbrado, por lo que habló [consecuencia]
Ana Vigara (2001: 114) propone la siguiente norma:
Las proposiciones en las que figuran (el/la/lo) cual, (los/las) cuales son siempre explicativas (van, pues, entre comas), excepto si se les antepone una preposición:
Esto no significa que él esté de acuerdo, lo cual es poco probable, sino que lo tolera.
El motivo por el cual todos parecen resignados es una incógnita.
López y Maquieira (2002: 115) incluyen esta regla sobre la coma:
En relativos con antecedente oracional: delante de un relativo cuyo antecedente es toda la proposición principal, que siempre son explicativas: Y evitaba luego encontrarse a solas con su cuñada, para lo cual llevaba siempre algún niño delante (Miguel de Unamuno, La tía Tula).
Dos puntualizaciones antes de continuar. Como ya hemos advertido, lo que/cual explicativos pueden tener antecedentes de diversos tipos; sin embargo, no tendremos en cuenta tal distinción a partir de ahora, pues observan el mismo comportamiento ortográfico, que es lo que aquí nos importa. Además, la localización es un factor que no debe olvidarse, así como si le precede palabra tónica o átona.
A) Coma tras tónica:
Pero, aun suponiendo, lo que ya es suponer, que los andaluces de cada Andalucía fuesen todos idénticos, ¿qué relación cabe entre los naturales del “Santo Reino” de Jaén [...] y los gozosos y chirigoteros gaditanos [...]? (Gala 1977: 46).
No sé por qué andaré siempre mentando a Dios […]. Pero si existe ese señor, sobre lo cual tengo ciertas dudas después de todo con lo que me ha tocado apechugar, que le perdones [a Lenin]: Lenin sólo fue una víctima de su propia ignorancia […] (Merino 1999: 194).
Dejemos por ahora la segunda parte de lo citado, ésa de que el régimen español haya sido férreamente estatista, lo que me parece un error de Historia, sino que antes más bien lo que llamamos Estado o Poder Central —que ni es central— ha sido en España de una debilidad manifiesta (Unamuno 1973: 204).
Sin embargo, consideramos que estos casos, por su posición interior (en medio del elemento al que modifican), deberían mejor puntuarse con signo más fuerte e inequívoco que la coma, para que la delimitación fuera más clara y cómoda, especialmente si tiene cierta extensión.
B) Tras átona, con puntuación total:
Es decir: descartan de antemano toda lectura “complicada”, o, lo que es lo mismo, toda lectura que les haga pensar o suscite emociones perturbadoras (Goytisolo 2002: 124).
Se reedita en el sello Glossa The mariage of England and Spain o, lo que es lo mismo, la verosímil reconstrucción a carga de la Orchestra of the Renaissance dirigida por R. Cheetham, de la música que sonó en la catedral de Winchester en 1554 con motivo de la boda de Felipe II y María Tudor (Carrascosa 2004: 22).
Pero ella permanecía allí como un extraño, y, lo que es peor aún, todo le importaba un ardite (Blakanov 1962: 127).
Huelga declarar al lector que en la paráfrasis que precede he procedido con la mayor libertad; o, lo que es lo mismo, con la mayor complacencia (Pérez de Ayala 1985: 18).
Para muchos científicos el calentamiento ha empezado ya y, lo que es más preocupante, se incrementará sucesivamente en los próximos años (Ramírez Estévez 2005: 21).
Algunos autores llegan a puntuar con rayas incluso:
Dicho lo anterior, comprobamos —de verdad— que televisiones, diarios, libros, manuales de enseñanza y —lo que es peor aún— simposios, jornadas, seminarios, mesas redondas de monólogo unidireccional, etc. están plagados de errores, tergiversaciones y dislates sobre los árabes en general y acerca de al-Andalus en particular […] (Fanjul 2004: 238).
El premio consiste en la publicación del texto en la revista del colegio y —lo más importante de todo, lo más deseado— el privilegio único de una audiencia a solas con el jurado en cuestión (Fresán 2005: 3).
C) Puntuación parcial: Como no debe hacerse pausa detrás de una palabra átona, algunos redactores prefieren no poner la primera coma. Unos ejemplos:
Este incremento ha corrido paralelo a la industrialización, o lo que viene a ser lo mismo, con la utilización de combustibles fósiles (Ramírez Estévez 2005: 21).
Dos años después, Bush está firmemente en el poder y Blair es el dirigente más consolidado de los seis grandes países de la UE. Y lo que es más importante, Schröder y Chirac tienen a dos rivales atlantistas, Merkel y Sarkozy, esperando a ocupar sus puestos —la primera en sólo tres meses— (Pérez-Maura 2005: 6).
[Han proliferado] alimentos enriquecidos, alimentos funcionales o compuestos natracéuticos, o lo que es lo mismo, productos de valor añadido, que han conseguido reactivar sectores de la industria alimentaria ya maduros pero con necesidad de cambios en beneficio de la salud, por un lado, y de los beneficios empresariales, por otro (Pérez 2005: 6).
La oposición al orden natural —o lo que es lo mismo, al común— no trae siempre ventaja estética (Guillén 1969: 42).
Dicho de esta manera, la cuestión puede parecer —y lo que es peor, terminar siendo— puramente retórica mera sucesión de palabras huecas (Goytisolo 2002:169).
4.2. Rayas: Es un signo ya inequívoco de que estamos ante un inciso. Algunos ejemplos:
Yo creo más bien que hasta ahora existía una libertad reprimida y ahora —lo que es peor— existe una libertad dirigida (Gala 1977: 44).
Si cuento a mis lectores esta minúscula anécdota personal, es porque el pateo de una docena de disidentes se ha visto magnificado —lo cual agradezco— por la prensa, la radio y algunos otros medios de comunicación (Gala 1977: 401).
La confusión se ha instalado en todos los niveles. Desde los más egregios, que confundieron el artículo 11 y el 14 de la Ley Sucesoria —lo que, gramaticalmente, es un error idéntico a confundir un artículo indeterminado con otro determinado—, hasta los más ruines (Gala 1977: 411).
Un señor al que no le gusta ni pizca mi teatro —lo que no puede extrañar a nadie que conozca al señor y a mi teatro— dice que tiene la impresión de que mis personajes, si dejan de hablar, se morirían (Gala 1977: 265).
No obstante, la actitud probritánica de Barea reflejaba también un entusiasmo auténtico por el país, su pueblo, sus costumbres e incluso —lo cual es bastante chocante— su comida (Towson 2000: XXIII).
4.3. Paréntesis. También son signos más adecuados que la coma, para señalar un inciso interno:
Aquel editor se equivocó, no en no publicar mi novela (de lo que en el fondo me alegro y es favor que le debo), ni siquiera en el diagnóstico, sino en los términos en que dio su diagnóstico (Puértolas 1993: 56).
De hecho, en medio de esta polémica, han llegado a decir que “el préstamo bibliotecario fomenta el libro como ninguna otra institución lo hace (lo que es cierto) y que “el préstamo no mata ventas” (que es como decir que el topmanta no perjudica a la industria discográfica) (Álvarez 2005: 20).
Cuando se habla de viudas se piensa solo en subida de pensiones (lo cual, dicho sea de paso, está muy bien porque siguen cobrando pensiones de miseria), y más si se está en campaña electoral (Rey 2005: 26).
Sin ir más lejos, en la misma Barcelona (lo cual no impide al capital catalán instalarse en Francia o Inglaterra), según el Consejos Provincial de Trabajadores, hacen falta 116.695 puestos escolares, 33.000 camas de hospital y 140.000 viviendas (si bien consuela pensar que, en 1978, harán falta 310.000) (Gala 1977: 269).
La crítica convencional de La estepa ha tomado la autocrítica de Chéjov al pie de la letra (lo que casi siempre es un error) y ha perdido el dibujo de la alfombra que la lectura de Finke pone al descubierto (Malcolm 2004: 131).
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