Puntuación y estilística de lo que / lo cual - Aplicación de la escala enfatizadora

6 - Aplicación de la escala enfatizadora

Curso gratis creado por Miguel Ángel de la Fuente González. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero30/loque.html
19 de Agosto de 2006

Esta escala, teóricamente, incluye los siguientes signos: coma (signo débil) / punto y coma (anticuado) / dos puntos (signo prototípico) / punto (de uso moderno).

6.1. Coma. Habría que considerar este signo, prácticamente, como inadecuado por su debilidad. Sin embargo, lo incluimos aquí por dos motivos: porque algunos autores la usan (aunque ello sea cuestionable); y por motivos pedagógicos (mantener el concepto de escala de puntuación como conjunto de signos de fuerza progresiva).

Gómez Torrego (1999: 499) se refiere al uso de la dos puntos “cuando se quiere explicar algo que se anuncia (relación catafórica)”. Y pone estos dos ejemplos: Eso es lo bonito: que sepáis dialogar siempre; Me dijo lo de siempre: que me callara.

A continuación, algunos ejemplos en que se usa la coma, aunque opinamos que por el valor de anuncio o creación de expectativas (valor catafórico), lo propio serían los dos puntos. Se trata de casos inversos (lo que no explicativo):

Y este país quiere seguir siendo lo que peor puede ser, país agrícola (Unamuno 1973: 43).

Con él [con mi profesor de Historia de la Filosofía] me ocurría lo que luego con el malvado interpretado por Donald Southerland en el Novecento de Betolucci, que me resultaba repugnantemente simpático (Savater 2004: 195).

Es lo que tiene la política, que siempre gusta y que no se pasa (Lindo 2005B: 17).

[…] Me está matando a nivel salud, tanto física como mental. Y me pasa lo que no me ha pasado nunca, que me duermo en el metro (Lindo 2005C: 17).

Si, en estos ejemplos, cambiamos por dos puntos, la coma que va tras la construcción con lo que, tendremos unos resultados, en nuestra opinión, más satisfactorios.

Tampoco nos parecen muy adecuados otros casos en que precede palabra átona (y, o…), aunque podrían considerarse ejemplos de puntuación parcial (ver en 4.1; C: “Puntuación parcial”):

¿Vive nuestra juventud en el porvenir?; o lo que es lo mismo, ¿es nuestra juventud joven? (Unamuno 1973: 63).

Porque aquí apenas esa guerra estalló tomamos cada uno nuestro partido, los más sin estudio previo. Y lo que es peor, atendiendo no pocos, más que al derecho, a la eficacia (Unamuno 1973: 142).

¿En qué consiste mi error?, pregunta con espanto la niña. ¡Ahí es nada! Amar a un hereje (entonces no se sabe todavía que es judío), y lo que es peor, pretender amarle en Jesús, pensar que todos pueden salvarse profesando con sinceridad una religión, sea la que sea… (Alas 1971: 346).

No obstante las posibles dudas anteriores (de si se trata, en realidad, de casos de puntuación parcial tras átona), tenemos ejemplos inequívocos, con dos puntos:

¿Ha habido alba y nacer del sol de conocimiento para nosotros? O lo que es lo mismo: ¿hemos vivido nuestra historia? (Unamuno 1973: 148).

[…] Tomás Rodaja, que pensaba honrar a su patria y a sus padres haciéndose famoso por sus estudios, acabó en loco. Y en lo que es peor aún: en loco curado (Unamuno 1973: 156).

Toda vida, por fuerza, se “planea” a sí misma. O lo que es igual: al decidir cada acto nuestro nos decidimos porque nos parece ser el que, dadas las circunstancias, tiene mejor sentido (Ortega y Gasset 1982: 63-64).

Diremos que, si se hiperactiva patológicamente esa parte de tu cerebro, ves a Dios. O lo que es lo mismo: Dios vive dentro de nuestras cabezas (Montero 2004: 146).

“Los Triones son las estrellas de la Osa Mayor. Aquí, pues, Trión está empleado por Septentrión”. O lo que es igual: “El gerifalte, honor del Norte” (Guillén 1969: 64).

Sin embargo, no se suele considerar correcta la coma que aparece en este otro ejemplo:

O,* lo que es lo mismo: que un par de papanatas sepan amarse (Montero 2005: 63)

6.2 Punto y coma. Sería un uso, a nuestro modo de ver, un tanto anticuado (quizás decimonónico). Unos ejemplo (los dos últimos, quizás menos claros):

Y con él [con el ídolo] se hace lo que en no pocos lugarejos con la imagen milagrera a la que se pide algo; si no se pliega a la rogativa, ¡al pozo con ella! (de 1902; Unamuno 1973: 109).

Y lo que dije a mis paisanos, os lo digo hoy; la riqueza sin arte es barbarie (de 1902; Unamuno 1973: 120).

A pesar de lo dicho, creo, y la gratitud nos obliga a creer, que la restauración ha prestado al país un gran servicio; nos ha dado un período de paz relativa, y en la paz hemos visto claro lo que antes no veíamos; se decía que nuestros males venían de la guerras, revoluciones y pronunciamientos, y ahora sabemos que la causa de nuestra postración está en que hemos construido un edificio político sobre la voluntad nacional de una nación que carece de voluntad (de Ganivet, c. 1912; Unamuno 1973: 51).

6.3 Dos puntos. Se trata del signo prototípico del énfasis. Fernández Castillo (tomado de Polo 1974: 309-310) apunta su “carácter anunciativo”, ya que lo que aparece detrás de ellos suele ser “razonamientos, palabras, frases u oraciones a las que los dos puntos sirven como anuncio”. Por su parte, José Polo (1974: 310) apunta que, en comparación con la coma y el punto y coma, “con los dos puntos se crea una expectación mayor; a lo que sigue se le prepara un ambiente más de tensión”. Según la Real Academia (1999: 63), los dos puntos “detienen el discurso para llamar la atención sobre lo que sigue”. Algunos ejemplos explicativos:

Como si aquí no hubiera pasado nada, ni siquiera su propia dignidad en el papel de Rey: lo cual demuestra que, a veces, los gobernantes en España, cuando les conviene, tienen una memoria deplorable (Gala 1977: 345).

Tales fueron las palabras que pronunció Bernard Shaw cuando le comunicaron que se le había otorgado el tan codiciado Nobel, ante cuya noticia no se emocionó ni poco ni mucho, haciendo gala de despreocupación notoria, aunque para sus adentros le llenara de complacencia: lo cual no deja de ser muy humano (Llopis 1977: 99).

Los españoles son, si así se piensa, lo importante de España: lo que —debajo de ese nombre— bulle, se altera, cambia, se perfecciona, hace juegos de manos o se cae del trapecio después de un triple salto con fondo de tambores (Gala 1977: 395).

Sin embargo, quizás tengan mucha mayor fuerza (y frecuencia mayor) los casos inversos, aquellos en que los dos puntos van después del lo que (catafórico) y la construcción explicativa viene después. Por ejemplo:

Quizás a Bono le pase lo que al pasodoble: que la música es mejor de lo que suena (Rivas 2004: 72).

La prosa de Shiel es ágil, de una eficacia narrativa fuera de lo común y, además, le sucede lo que a Dostoievski: gana mucho con la traducción (Castanedo 2005: 15).

Jaime Capmany, que decía que sólo aspiraba a que sus amigos escribieran correctamente su apellido, era todo lo que se puede ser en periodismo: director de diarios y agencias, creador de revistas, corresponsal en Roma, articulista señero… (Alcántara 2005: 72).

Con esto del humor de izquierdas o derechas pasa lo mismo que con la novela negra: hay un género negro de izquierdas que pone el acento en la corrupción de los poderosos, y hay un género negro de derechas que subraya la abnegación de quienes se sacrifican por el triunfo de la ley (Esparza 2005B: 69).

Lo que nos conduce a Gógora es, en definitiva, lo que nos separa de él: su terrible pureza, el lenguaje poético (Guillén 1969: 70).

Hay también uso de dos puntos en ciertas construcciones elípticas:

A lo que estamos: yo me he reído mucho, porque mi santo también estuvo apuntado a un curso americano de gimnasia por correspondencia llamado Sansón […] (Lindo 2005: 15).

Pero a lo que iba, queridos amigos: ¿por qué elegí precisamente el himno de la Misa campesina al llegar a España? (Lindo 2005B: 17).

Lo que yo digo: si yo tuviera un programa [de televisión] de entrevistas tipo 59 segundos le llevaba [a mi marido] como un fenómeno de la creación a que cantara el himno CCC (Lindo 2005: 15).

Sin embargo, encontramos coma, en vez de dos puntos, en este texto de gran dramatismo, de Savater (2004: 143):

Mi reflexión había comenzado con una triste y excesivamente vívida certeza: mi abuelo y mis abuelas, mis padres, todos esos aparentemente invulnerables dioses tutelares de mi existencia, antes o después tenían que morir. Lo que es peor, yo iba a asistir al momento espeluznante de su muerte.

6.4. Con punto. Frente al signo de los dos puntos, José Polo (1974: 310) considera al punto como una “realización más enfática”. Con el punto, la frase queda ostensiblemente cortada, algo típico de los estilos más modernos. Desgraciadamente, los ejemplos que hemos localizado no son muy significativos. El primero (inverso):

Conviene repetir lo que todo el mundo sabe y a veces olvida de tanto saberlo. Madrid es el inconsciente escenario en que se actualiza de continuo la historia regular de España (Laín Entralgo 1987: 155).

En este otro caso (con lo que explicativo) quizás la extensión es la responsable del punto:

Aunque algo retórica como expresión, la marcha de la historia no es una frase falta de realismo en la medida en que se refiere a algo hasta cierto punto ajeno a la voluntad de sus protagonistas. Lo que, más allá de toda componenda, está pasando ahora mismo con Europa, por ejemplo; una Europa, se diría, demasiado abrumada por su propio pasado para acabar de levantar cabeza (Goytisolo 2004: 9).

1 opinión

super mal esta pagina

´pzz no encontre lo que buscaba muy mal

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