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Si recurrimos al origen etimológico de los vocablos “ética” y “moral”, el primero proviene del griego éthos, el otro del latín mores, no hay grandes diferencias entre uno y otro. El primero se traduce por carácter, el segundo por costumbre, pero el carácter no es, probablemente sino un conjunto de costumbres consolidadas.
A lo largo de la historia de la filosofía, hay autores que diferencia los dos vocablos, otros debido a que no coinciden en el sentido prefieren utilizarlos como sinónimos. Es frecuente que se utilice el término ética para designar la filosofía moral o filosofía práctica. Vale decir los aspectos morales. La ética sería así una teoría moral, pero de la moral en su conjunto y no de una moral determinada. Desde esta perspectiva, la ética no intenta dirigir la acción sino en forma indirecta, en la medida en que busca dar razón de la moral, en que la justifica a través de fundamentos válidos. La moral, es una reflexión que dirige directamente a la acción, que se califica de buena o mala, de correcta o incorrecta, en función de una imagen o ideal de hombre aceptado por una comunidad determinada y de las normas surgidas a partir de esa imagen o ideal. La moral, ha acompañado al hombre a lo largo de toda su historia. La ética en cambio, surge en Grecia junto con la filosofía.
“La bioética es una ética aplicada que, a diferencia de la ética propiamente tal no es una reflexión filosófica sobre la moral en su conjunto, sino una reflexión interdisciplinaria tendiente a la solución de los conflictos derivados de manipulación técnica de la vida y del medio ambiente que la sustenta, en una u otra forma representan una amenaza para la vida individual y colectiva. En su calidad de ética aplicada, más que la búsqueda de fundamentos, le interesa la definición de procedimientos conducentes a la solución de estos conflictos: ese carácter procedimental es el que a la vez- la diferencia de la moral, en cuanto no tiende a regular la acción en función de una imagen ideal de hombre aceptado por una comunidad específica, sino en función de la básica racionalidad de procedimientos comúnmente aceptados. [48]
La bioética surge en la segunda mitad del siglo XX. La expansión de los alcances de la acción humana se hace presente en las relaciones del hombre con la naturaleza y el de las relaciones del hombre con los otros. Estas a su vez tienen dos aspectos: las relaciones entre contemporáneos y las relaciones entre la generación actual y las venideras. Tanto para el hombre medieval como para el hombre moderno la naturaleza representaba lo estable, aquello sobre lo cual carecía de poder, y por ende de responsabilidad. Su acción sobre la naturaleza carecía de consecuencias, y si tenía alguna era de carácter transitorio.
Cuando el desarrollo técnico pone en manos del hombre el poder para alterar profundamente el medio ambiente y la biosfera completa, con el consiguiente riesgo para la vida en su conjunto, se percibe a si mismo como único fin en si, mientras todo el resto queda disponible para ser puesto al servicio de su voluntad de poder.
Como consecuencia del proceso de globalización, hoy conviven personas dentro de la misma sociedad con distintos ideales en lo que respecta al bien y a la felicidad, distintas creencias religiosas, distintas ideas políticas y filosóficas. Nuestras sociedades presentan una composición plural en lo étnico y en lo cultural que exige aprender a respetar las diferencias, descubriendo en ellas la riqueza la diversidad humana, y a salvaguardar los derechos de todos.
Por otro lardo, el nivel científico técnico alcanzado introduce un grado de complejidad no antes vista. Son interrogantes morales inéditas: la fecundación in vitro, la crío preservación de embriones, la manipulación genética de especies vegetales y animales, incluida la especie humana, la clonación, etc. Son situaciones que no pueden ser reguladas por la moral tradicional. Mediante su acción depredadora sobre la naturaleza, el hombre puede privar a las futuras generaciones de un medio ambiente y de una biodiversidad apta para una vida auténticamente humana. Mediante la manipulación de sus genes, puede transformar su propia especie, pudiendo hacerla desaparecer, por lo menos de la forma en que ella surgió producto de la evolución.
La bioética, hace de la naturaleza y de la vida en su conjunto objetos de interés moral. Al comprender que el destino del hombre está íntimamente entrelazado al de una naturaleza hoy vulnerable frente a su poder, esta ética aplicada pretende un imperativo de la ética tradicional, que se centra en el bien de la humanidad.
Los problemas éticos que introduce la biotecnología traen mayores conflictos morales, es decir, pensar que todo obedece causalmente a los genes, responsabilizándoles de un destino, y desconociendo a la cultura como cuna del hombre. La discriminación basada en la ciencia de la identidad genealógica, la estigmatización sexual, criminal y racial, clonación humana, terapia génica somática y germinal: la primera modifica al individuo, no a su descendencia, la segunda se transmite a la especie, planteando objeciones morales a la propiedad de la vida y nuestro derecho de intervención. Por otro lado, en cuanto al origen político del desarrollo de la Biología Molecular, éste estuvo al final de los años 20, época en que el darwinismo social era muy apreciado. Impulsados por la Fundación Rockefeller que llevó al descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN, en 1983 el Departamento de Energía de Estados Unidos entra en el mundo del ADN, provocando una politización de la ciencia. Como tercer elemento histórico, entra el rol de la globalización y los intereses económicos de las empresas que intentan obtener patentes y propiedad sobre semillas y genes de pertenencia y patrimonio de la humanidad completa.
La realidad del desarrollo científico y tecnológico al igual que la realidad del rechazo a los alimentos transgénicos no puede entenderse fuera del contexto histórico-político en el cual tuvieron lugar puesto que existe un proyecto de dominación político-genético-industrial que levanta, al igual que la revolución verde de los años 60, la misma bandera de la erradicación del hambre en el mundo mientras que homogeneiza la agricultura del sur, la hace cada vez más dependiente de sus pesticidas y de sus semillas poniendo en peligro la soberanía alimentaría de las Naciones y afecta la biodiversidad del planeta.
Nicolás Giuliani lo plantea: “Este biopoder se expresa a través de un prisma reduccionista occidental que otorga al predominio de la Ciencia sobre la Naturaleza, el cual favoreció la construcción de un camino donde la biotecnología y la biología molecular deja al científico desconectado de lo social, puesto que no se asume como ser cognitivo.”[49]
Estamos convencidos que la sociedad necesita apoyar el fortalecimiento y desarrollo de un núcleo de expertos que generen un conocimiento fiable y útil para resolver sus problemas, no responder únicamente a los intereses de los sectores empresariales o gubernamentales. Esto último queda explicitado en la entrevista que le realizamos a la nutricionista de la Universidad de Chile, Delia Soto, la cual nos indica que existen esfuerzos por elaborar soluciones a los problemas sociales en el ámbito de la alimentación, sin embargo, estos se ven empantanados por intereses políticos:
“Te pongo como ejemplo un estudio en Guatemala en que la población era deficitaria de Vitamina A en el año 1975, y se propuso incorporar el enriquecimiento del azúcar con que se preparaba el pan con palmitato de retinol, introduciéndole la vitamina A al azúcar, en Guatemala existía un 30% de la población que no consumía azúcar, el hábito del país era de consumir distintos tipos de pan, por lo que era muy difícil solucionar el problema nutricional. Le puse al proyecto “La lucha en el país”, un proyecto grande, se evaluó pero nos quedó la sensación de quedó un porcentaje importante en la población que no lo consumió, porque consumía otro tipo de azúcar, no la industrializada. Posteriormente, en una Reunión de Ministros de Salud de América Central, el Director del INCAP expuso vender el proyecto a otros países que tenían problemas de desnutrición y de déficit de vitamina A, a lo cual salió un ministro y el Sub-Secretario levanta la mano y dice “A mi esto no me da votos”, “porque eso no se ve”... Habría que mirarlo desde el punto de vista moral y eso tuvimos que aceptarlo, y así es el mundo entero…., te hablo del año 1975”. [50]
¿Podríamos decir que después de treinta años la situación ha cambiado?
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