Responsabilidad social en la alimentación transgénica - Las distintas posturas de los stakeholders
La literatura mundial plantea que las empresas agroindustriales multinacionales gozarían de una situación oligopólica en el mercado de las semillas transgénicas, éstas proceden de países industrializados y con patentes biotecnológicas, quienes estarían imponiendo sus condiciones a los países en desarrollo, cuya normativa en el tema OGM es muy básica o inexistente. En contraste con una Unión Europea en la que se debate la posibilidad de implementar una cláusula de responsabilidad civil para los causantes de daños a la salud o al medio ambiente, lo cual constituiría un fuerte incentivo para que la industria garantice la seguridad en la utilización de OGM, ya que correrían el riesgo de asumir los gastos de compensación por los eventuales daños provocados. La aprobación de tal disposición aplicaría los tres principios ambientales y de salud pública reconocidos a nivel mundial que son: cautela, acción preventiva y “quién contamina paga”.
Con relación a los agricultores, se sabe que la contaminación biológica en los cultivos de semillas se produce, que es riesgosa e irreversible, ya que los organismos se reproducen y diseminan, siendo imposible de erradicarlos. No es posible predecir los riesgos que implica la utilización de vectores virus atenuados causantes de graves enfermedades como el cáncer y tumores. Estos virus podrían recobrar su actividad una vez incorporados o ingeridos en productos alimenticios. Si bien con su utilización se reduciría el uso de pesticidas y fertilizantes, y supuestamente aumentaría el rendimiento por hectárea de los cultivos, hecho que se discute ampliamente, se cuenta con el elevado precio de las semillas transgénicas, además de crear un fuerte vínculo de dependencia entre cultivador y empresa abastecedora, lo que constituiría una amenaza a la biodiversidad agrícola. Autores plantean que es muy probable que la biotecnología agudice la tradicional disparidad agraria en América Latina.[89] Los agricultores deberán pagar más por las semillas patentadas y no podrán resembrarlas ya que se les ha introducido un gen Terminador que las hace estériles, poniendo en peligro la autonomía de decidir sobre sus sistemas productivos y la seguridad alimentaría.
Respecto a los consumidores y defensores del medio ambiente, la existencia de posibles daños a la salud humana y a los ecosistemas derivados del uso de los OGM han fomentado la constitución de asociaciones u organizaciones no gubernamentales, que agrupan ecologistas, consumidores cautelosos o simples ciudadanos. Cabe mencionar que el debate más intenso acontece en los países industrializados donde se han implementado políticas concretas de protección a los consumidores, ya que el argumento del principio precautorio pareciera ser razonable dada la falta de evidencia científica acerca de la inocuidad de los OGM, y a la solicitud de un sistema de etiquetado lo más transparente e inequívoco posible.
El argumento del aporte nutricional de los OGM, está siendo discutido, sin embargo la principal aplicación que estos productos tienen es en la resistencia a herbicidas, insecticidas o plagas, lo que sí se podría producir es una brecha entre dos categorías de consumidores: los que gozan de protección mediante instituciones eficientes y que podrán elegir mediante un sistema de etiquetado confiable y adquirir a mayor precio los productos orgánicos, frente a un grupo de consumidores condenados a consumir alimentos sin noción de la composición y proceso de elaboración del producto.
Respecto a este punto, nos parece pertinente hacer mención a la entrevista realizada a Patricia Araos, Encargada del Programa de Seguridad Alimentaría de ODECU (Organización de Consumidores de Chile), en la cual le preguntamos ¿Porqué en Chile los alimentos transgénicos no se rotulan?, y nos contestara: “Me consta que se ha debido a la presión que han ejercido los gobiernos en los cuales están insertas las más importantes transnacionales que se encuentran detrás de esta tecnología. Las que se han manifestado de diversas formas (foros internacionales, grupos de países, seminarios internos, etc.).”[90]
Desde el punto de vista de la sociedad, el uso de los transgénicos plantea el problema de la protección de la biodiversidad y de la seguridad alimentaría, entendido como garantía de la calidad de los alimentos y el acceso adecuado a los bienes alimenticios. La FAO argumenta que para poder abastecer a 8.000 millones de habitantes en el año 2020, sería preciso aumentar la producción agrícola y reconoce las posibilidades de las biotecnologías para esta tarea. Sin embargo, la Fundación de Sociedades Sustentables plantea lo siguiente: “Esta biotecnología ha sido creada fundamentalmente por intereses comerciales y aunque se presenta como la panacea para la solución de los problemas del mundo moderno – como el hambre – nunca fue diseñada para ello y no los soluciona, pues no va a las causas de fondo de los mismos y crea además nuevos problemas.“[91] Planteándose aquí el debate a las razones del porqué de un reparto tan inequitativo entre las distintas zonas de producción agrícola.
Por último, los responsables públicos que deberían hacerse cargo de dar elementos de respuesta a las numerosas interrogantes que abren los OGM. Estos son de particular interés para Chile y Latinoamérica, dado el peso y repercusión en su economía en las exportaciones de dichos productos, y de la importancia de realizar investigación científica seria para eliminar la dependencia de las empresas biotecnológicas, junto a la implementación de una normativa estricta vigilada por instituciones públicas confiables.
Estamos frente a un nuevo paradigma de sociedad, donde los hombres de una comunidad deciden donde invertir los dineros, forman los comités editoriales de las publicaciones, y deciden los proyectos de investigación, del cómo y del que se hará con la ciencia. Es un nuevo paradigma con nuevos valores éticos, nuevas morales y visiones de mundo, en donde las verdades de ayer no explican la realidad de hoy. En palabras del editor del diario inglés The Guardián, Charles P. Scott: “Las opiniones son libres, pero los hechos son sagrados”.[92] Si los hechos observables objetivos dejan de ser sagrados, la objetividad de los medios en la era de la información se centra en los métodos de la investigación para captar la realidad, para analizar los datos concretos, en un compromiso de saber “leer” a la sociedad e interpretarla. La importancia del “saber” como concepto de “conocimiento e información”, que de acuerdo al profesor Taichi Sakaiya, señala que los productos que se venderán mejor serán los que tengan un alto “valor conocimiento”, que es el precio que la sociedad le otorga a aquello que reconoce como saber creativo, en donde el tamaño del mercado será determinado por las opciones cada vez más personales de los consumidores.
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