Otro herético del SIDA, Robert Root–Bernstein, no parece ir tan lejos como Duesberg a la hora de negar la relación del síndrome con el HIV. Éste parece pensar, en base a la revisión de la evidencia epidemiológica, que son precisos varios factores para que aparezca la enfermedad: malnutrición, uso de drogas intravenosas, factores de inmunosupresión, pero por lo visto sin excluir al virus. Todo esto excluye que los adultos sanos puedan adquirir la enfermedad. Root–Bernstein hace especial hincapié en lo que el llama la “paradoja de las prostitutas”: es extraordinariamente infrecuente que las prostitutas no usuarias de drogas intravenosas adquieran el SIDA (o el HIV) a pesar de practicar conductas de riesgo. De esto deduce que el SIDA no se comporta como una enfermedad de transmisión sexual corriente, y que es necesario “otro factor”. En apoyo a esta idea aduce que la enfermedad se transmite con mucha mayor facilidad a través de la cópula anal, y que la transmisión se produce con mucho más facilidad al miembro receptivo de la pareja que a partir de este. “Ninguna otra enfermedad transmitida sexualmente se conduce de esta manera”– concluye. Lamentablemente para su línea de argumentación, la transmisión de la Hepatitis B entre los hombres homosexuales sigue este mismo patrón, por lo que no resulta precisamente insólito. También es errónea la idea de que los adultos “sanos” no adquieren la enfermedad. Para adquirir la enfermedad el factor principal es pertenecer a un grupo de riesgo; es claro que en esos grupos la cantidad de individuos “no sanos” puede ser abrumadoramente superior al promedio de la población (piénsese, como caso extremo, en los usuarios de drogas intravenosas), pero dentro del mismo grupo se ha comprobado que pueden adquirir la enfermedad tanto los previamente “sanos” como los previamente “enfermos”. Se ha demostrado la transmisión en homosexuales sin ninguna deficiencia inmunitaria previa, y también en las parejas sanas (femeninas) de hombres hemofílicos; la única forma de hacerlos encajar en la teoría de Root–Bernstein sería ampliar el concepto de “enfermo” a unos límites tan exagerados que resultaría inútil.
Root-Bernstein también tiene algo que decir acerca del descenso de las células CD4. Tras revisar exhaustivamente la literatura médica encuentra tasas de células CD4 similares a las de los pacientes de SIDA en muchas categorías de pacientes de cáncer, pacientes trasplantados, usuarios a largo plazo de drogas intravenosas, niños con deficiencias inmunitarias congénitas, personas que sufren de malnutrición, receptores de transfusiones sanguíneas, personas recién operadas o sometidas a anestesia. Pero ¿qué tiene todo esto de especial? Muchos de los ejemplos citados simplemente tienen causas bien establecidas de inmunosupresión, conocidas desde mucho antes de la aparición del SIDA. En otros, como los usuarios de drogas intravenosas, son extraordinariamente infrecuentes los casos de niveles de CD4 bajos comparables a los del SIDA (y cuando esto ocurre, siempre existe otra causa de inmunosupresión). Otras patologías y estados fisiológicos pueden también disminuir el recuento, pero de modo transitorio y sin llegar a los niveles que se ven en el síndrome, y sobre todo, sin estar relacionados con infecciones oportunistas.
Por lo visto Robert Root–Bernstein es verdaderamente un moderado entre los herejes; sus opiniones parecen estar a medio camino entre Duesberg y la postura “oficial”. Pero sorprendentemente, como veremos a continuación, también la postura de Peter Duesberg resulta ser muy moderada, a pesar de toda su beligerancia. Duesberg piensa que la causa del SIDA es tóxica, y rechaza al HIV como agente causal, pero sin negar su existencia. Para algunos de los heréticos que encontraremos mas adelante, esto resulta muy poco.